Carlos “Peteco” Carabajal, cantautor nacido en La Banda, renovó su romance con el Dulce al bautizar, ayer por la tarde, a sus hijos gemelos Benicio y María a orillas de este río tan emblemático y caro a los sentimientos de los santiagueños.
Cuando el crepúsculo asomaba, en una ceremonia religiosa presidida por el sacerdote Roberto “Tino” Figueroa, los pequeños recibieron los oleos bautismales ante la presencia de familiares y amigos de la familia, además de celebridades y curiosos.
Cuando el sol comenzaba a ocultarse, los padrinos de Benicio (Miguel Ángel Migueles) y María (Mario “Musha” Carabajal) ingresaron a una orilla del Dulce con sus ahijados en brazo para que el padre “Tino” (arremangado dentro del río), fueran bautizados.
A las 20.55, la primera en recibir a Dios fue María. Serena, hasta esbozando una sonrisa, posibilitó que el cura cumpliera con el ritual de estilo. Tres minutos más tarde, aunque con llantos permanentes, le tocó el turno al niño Benicio.
“Peteco” (camisa blanca, pantalón blanco con rayas negras y sandalias tipo pescador color negra) y Verónica (con un amplio vestido verde, hojotas claras y bijouterie hecha en piedra), contemplaban emocionados este momento tan especial de sus vidas.
De hablar pausado, sencillito y bien claro en sus expresiones, el padre “Tino”, en su sermón, revalorizó el concepto de la fe y el sentido profundo y vital que tiene el sacramento del bautismo para la feligresía cristiana.
El altar fue montado en la playa. Todos (primero lo hicieron los padres de las criaturas) tuvieron que quedar descalzos para caminar más cómodos. En ese marco fue que Figueroa resignificó ante los presentes el valor de la palabra, de la Biblia y de la fe.
Después pidió a los presentes que tomarán las algarrobas blancas y negras (estaban ubicadas en sendos canastos), la comieran y al resto lanzarlas al Dulce. Los primeros en hacerlo fueron “Peteco” y su hijo Homero Carabajal.
En estos frutos silvestres, Figueroa resignificó el maná y resaltó con gran unción:”La algarroba es la semilla de la dulzura”. Luego, realizó invocaciones y, en una de ellas, exhortó a cuidar el río y su entorno. Un mensaje ecológico al que todos adhirieron.
A cada invocación, la gente respondía:”Mishqui Mayu, Mishqui Mayu, las voces quichuas te llaman…”, una frase que corresponde a “Romance del Río Dulce”, de Dalmiro Coronel Lugones. Mientras lo hacían, el joven Guillermo ejecutaba la guitarra.
Después, la ceremonia del bautismo. Más tarde, la entonación de “El Tamborilero” en la voz de Gustavo. Seguidamente (con los cirios encendidos) la colocación de “vestidos blancos de fiesta” en los cuerpitos de Benicio y María. Y también el Padrenuestro.
Al hablar, “Peteco” agradeció a todos y, particularmente, se dirigió a doña Olga de Villalba, presente en esta ceremonia. Y, al final, cantó “Qué hermoso sueño soñé”, de su padre Carlos Carabajal y Pablo Raúl Trullenque, y “Chacarera del río Dulce”.
“Peteco” renovó ayer su romance con el abundante, copioso, exuberante y fecundo río Dulce. Como reconfirmación de ese idilio, elevó sus brazos al cielo como diciendo:”Y por quedarse en Santiago, fluvial presencia en su mapa, se desborda en los bañados, entre un malambo de garzas”, como lo expresa el sentido “Romance del río Dulce.
Toda la comunidad peñera de santiago del estero! jaa, cada caripela viejo!!
Fuente
Cuando el crepúsculo asomaba, en una ceremonia religiosa presidida por el sacerdote Roberto “Tino” Figueroa, los pequeños recibieron los oleos bautismales ante la presencia de familiares y amigos de la familia, además de celebridades y curiosos.
Cuando el sol comenzaba a ocultarse, los padrinos de Benicio (Miguel Ángel Migueles) y María (Mario “Musha” Carabajal) ingresaron a una orilla del Dulce con sus ahijados en brazo para que el padre “Tino” (arremangado dentro del río), fueran bautizados.
A las 20.55, la primera en recibir a Dios fue María. Serena, hasta esbozando una sonrisa, posibilitó que el cura cumpliera con el ritual de estilo. Tres minutos más tarde, aunque con llantos permanentes, le tocó el turno al niño Benicio.
“Peteco” (camisa blanca, pantalón blanco con rayas negras y sandalias tipo pescador color negra) y Verónica (con un amplio vestido verde, hojotas claras y bijouterie hecha en piedra), contemplaban emocionados este momento tan especial de sus vidas.
De hablar pausado, sencillito y bien claro en sus expresiones, el padre “Tino”, en su sermón, revalorizó el concepto de la fe y el sentido profundo y vital que tiene el sacramento del bautismo para la feligresía cristiana.
El altar fue montado en la playa. Todos (primero lo hicieron los padres de las criaturas) tuvieron que quedar descalzos para caminar más cómodos. En ese marco fue que Figueroa resignificó ante los presentes el valor de la palabra, de la Biblia y de la fe.
Después pidió a los presentes que tomarán las algarrobas blancas y negras (estaban ubicadas en sendos canastos), la comieran y al resto lanzarlas al Dulce. Los primeros en hacerlo fueron “Peteco” y su hijo Homero Carabajal.
En estos frutos silvestres, Figueroa resignificó el maná y resaltó con gran unción:”La algarroba es la semilla de la dulzura”. Luego, realizó invocaciones y, en una de ellas, exhortó a cuidar el río y su entorno. Un mensaje ecológico al que todos adhirieron.
A cada invocación, la gente respondía:”Mishqui Mayu, Mishqui Mayu, las voces quichuas te llaman…”, una frase que corresponde a “Romance del Río Dulce”, de Dalmiro Coronel Lugones. Mientras lo hacían, el joven Guillermo ejecutaba la guitarra.
Después, la ceremonia del bautismo. Más tarde, la entonación de “El Tamborilero” en la voz de Gustavo. Seguidamente (con los cirios encendidos) la colocación de “vestidos blancos de fiesta” en los cuerpitos de Benicio y María. Y también el Padrenuestro.
Al hablar, “Peteco” agradeció a todos y, particularmente, se dirigió a doña Olga de Villalba, presente en esta ceremonia. Y, al final, cantó “Qué hermoso sueño soñé”, de su padre Carlos Carabajal y Pablo Raúl Trullenque, y “Chacarera del río Dulce”.
“Peteco” renovó ayer su romance con el abundante, copioso, exuberante y fecundo río Dulce. Como reconfirmación de ese idilio, elevó sus brazos al cielo como diciendo:”Y por quedarse en Santiago, fluvial presencia en su mapa, se desborda en los bañados, entre un malambo de garzas”, como lo expresa el sentido “Romance del río Dulce.
Toda la comunidad peñera de santiago del estero! jaa, cada caripela viejo!!
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