Carlos Eduardo Robledo Puch
Carlos Eduardo Robledo Puch (Buenos Aires, 19 de enero de 1952)1 es un asesino serial y sociópata argentino. Es considerado uno de los mayores sociópatas y criminales en su país. Apodado El Ángel Negro o El Ángel de la Muerte por los diarios nacionales, se lo ha condenado por diez homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, diecisiete robos, una violación, una tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos raptos y dos hurtos. Se trata de la persona con más delitos graves imputados en el país. Está detenido desde 1972.
El día 15 de marzo de 1971, Puch y su cómplice Ibañez ingresaron al boliche Culpa Tuya (Espora 3285, Olivos), llevándose 350.000 pesos de la época. Antes de huir, Puch asesinó al dueño ("Chim Chim" Prodo) y al sereno del establecimiento ("La Chueca" Cabrera) con una pistola Ruby calibre 32 mientras dormían.
El 9 de mayo de 1971, a las cuatro de la mañana, Robledo Puch e Ibáñez ingresaron a un negocio de repuestos de automóviles Mercedes-Benz en Vicente López. Al entrar en una de las habitaciones, encontraron a una pareja y a su hijo recién nacido. Robledo Puch asesinó al hombre de un disparo e hirió a la mujer de la misma forma. Bocha intentó violar a la mujer herida -quien sobrevivió y posteriormente testificó en el juicio-. Antes de huir con 400.000 pesos, Robledo Puch disparó a la cuna donde lloraba un bebé de pocos meses, quien logró quedar con vida.
El siguiente 24 de mayo asesinaron al sereno de un supermercado en Olivos.
Por lo menos en dos ocasiones, a mediados de junio de ese mismo año, Robledo Puch ejecutó en la ruta a dos jóvenes mujeres que habían sido abusadas sexualmente (una de ellas pudo evitar ser violada) por Ibáñez en el asiento trasero del automóvil de turno.
El día 5 de agosto, en circunstancias bastante dudosas, Ibáñez falleció luego de un accidente automovilístico. Robledo Puch, quien conducía el vehículo, huyó ileso de la escena luego del accidente. Hay quienes sospechan que en realidad se trató de un ajuste de cuentas.
Con la muerte de Ibáñez hubo un receso en la actividad delictiva de Robledo Puch, la cual retomó en noviembre de 1971 junto con su nuevo cómplice, Héctor Somoza. El 15 de ese mismo mes asaltaron un supermercado en Boulogne, acribillando al sereno con una pistola Astra Cádiz calibre 32 que obtuvieron pocos días antes en el robo a una armería. Dos días después de este hecho, el 17 de noviembre, irrumpieron en una concesionaria de autos y asesinaron al cuidador. Pasada una semana, fue el turno de otra concesionaria en Martínez, redujeron al sereno, le quitaron las llaves y robaron un millón de pesos. Robledo Puch lo asesinó de un disparo en la zona occipital del cráneo.
El 1 de febrero, Robledo Puch y Somoza ingresaron en una ferretería de Carupá. Asesinaron al vigilante e intentaron abrir con las llaves la caja de caudales. En una situación confusa donde aparentemente Robledo Puch se sobresaltó, asesinó de un disparo a Somoza. Intentando dificultar la tarea de reconocimiento por parte de los investigadores policiales, tomó un soplete y quemó la cara del cadáver de Somoza. Luego de abrir el cofre de caudales con el mismo soplete, recogió el botín y huyó de la escena.
Luego de una ola delictiva impresionante, fue detenido el 4 de febrero de 1972 al encontrar la cédula de identidad en el bolsillo del pantalón de Somoza. Recién había cumplido 20 años.
Fue juzgado y condenado en 1980 a reclusión perpetua por tiempo indeterminado, la pena máxima en Argentina. Sus últimas palabras ante el tribunal de la Sala 1.ª de la Cámara de Apelaciones de San Isidro fueron "Esto fue un circo romano. Algún día voy a salir y los voy a matar a todos".
En la actualidad, Robledo Puch continúa privado de su libertad en un pabellón del penal de Sierra Chica. Desde julio de 2000 puede solicitar su libertad condicional, denegandole la corte varios pedidos realizados por sus abogados.
Walter Alfredo De Giusti
Walter Alfredo De Giusti (Rosario, 1962 - Rosario, 27 de mayo de 1998) fue un psicópata asesino, tristemente célebre por haber asesinado a las abuelas del músico Fito Páez (1963-). Su apellido también se puede encontrar escrito Di Giusti.
Estudió en la escuela secundaria Dante Alighieri, donde conoció a Páez. Walter De Giusti tocaba el bajo en una banda de heavy metal, mientras que Páez estudiaba piano y vivía con su padre y sus abuelas (que fungían como madres postizas, ya que la madre de Páez —la concertista de piano Margarita Zulema Ávalos— falleció cuando él tenía ocho meses de edad).
La cadena de crímenes de De Giusti comenzó el 31 de octubre de 1986, cuando, teniendo 23 años y acompañado por su hermano menor Carlos Manuel De Giusti (de 18 años de edad), ingresó a una vivienda de la calle Garay 1081 de la ciudad de Rosario con la excusa de efectuar tareas de plomería. Allí asesinó a golpes y puñaladas a dos mujeres: Ángela Cristofanetti de Barroso (de 86 años) y a su hija adoptiva Noemí (de 31).
Una semana después, el mediodía del 7 de noviembre de 1986, en calle Balcarce 681 de la misma ciudad los hermanos De Giusti cometieron otro brutal crimen. En esa oportunidad balearon y acuchillaron a Belia Delia Zulema Ramírez viuda de Páez, de 76 años (abuela paterna de Fito Páez), Josefa Páez, de 80 años (tía abuela paterna de Páez) y Fermina Godoy, de 33 años (empleada doméstica de la casa), que estaba embarazada. Se cree que De Giusti —de 24 años de edad por aquel entonces— conocía y frecuentaba la casa de sus víctimas.
Casi un año le llevó a la policía de Rosario descifrar los crímenes. Finalmente De Giusti fue delatado por una travesti de la zona, que lucía un collar que pertenecía a las abuelas de Páez y que declaró —ante un agente encubierto— que se lo había regalado su novio Walter.
La justicia declaró culpable del quíntuple asesinato a Walter De Giusti como autor material de los hechos. Durante el juicio se dejó entrever que De Giusti se trataba de un bajista frustrado que evidenciaba una actitud envidiosa contra Fito Páez. Ante el juez Benjamín Ávalos, De Giusti confesó la autoría de los cinco crímenes. El 24 de agosto de 1987 el juez Ávalos lo condenó a reclusión perpetua en la cárcel de Coronda (provincia de Santa Fe).
En 1997, requirió una conmutación y obtuvo un beneficio que le bajó la condena a 24 años y siete meses. Finalmente y teniendo en cuenta que en la cárcel había sido contagiado de SIDA, la defensa solicitó que Di Giusti cumpliera la pena en su casa-
Al violar la libertad condicional en1998 fue ingresado en la cárcel de Rosario para que cumpliera la debida condena. Cinco días después, Di Giusti se descompensó, por lo que fue internado en un hospital y luego trasladado al Sanatorio Americano de Rosario, donde falleció el 12 de junio de 1998 a causa de SIDA.
Florencio Roque Fernández
Florencio Roque Fernández (1935, Monteros, provincia de Tucumán, Argentina) fue un asesino en serie argentino que en la década de 1950 asesinó a alrededor de 15 mujeres, en su ciudad natal Monteros (era un asesino sedentario). Popularmente fue conocido como "El Vampiro argentino" o "el Vampiro de la ventana",-haciendo alusión a su modus operandi.
Florencio Fernández era un enfermo mental, sufría de delirios y alucinaciones que lo hacían creer firmemente que era un vampiro (posiblemente esquizofrenia), además poseía una atracción sexual hacia la sangre. Desde muy joven comenzó a vivir en las calles, víctima del abandono de su familia. Al momento de su arresto, se encontraba viviendo en una cueva aledaña a la comunidad; sufría de fotofobia.
Acechaba a su víctima durante varios días, se aseguraba de que estuviera sola en casa, y aprovechando las noches calurosas de primavera o verano, tiempo en que los residentes dejaban las ventanas de sus casas abiertas durante la noche, se introducía a la casa por medio de las mismas.
Mientras su víctima dormía comenzaba a golpearla. Luego, le mordía el cuerpo, llegando en algunas ocasiones a diseccionarle la traquea y la carótida, y así al mero estilo estereotipado de los vampiros bebía la sangre de su víctima. Luego de experimentar un orgasmo al beber la sangre, dejaba a su víctima desangrándose hasta morir, de no ser que hubieran muerto ya antes.
Florencio fue detenido el 14 de febrero de 1960 a la edad de 25 años; en un operativo policíaco, que la prensa calificó como "pintoresco", ya que se llevó a cabo en la cueva donde el asesino vivía. Fernández no opuso resistencia al arresto, al menos no hasta que la policía lo hizo salir a la luz del sol.
Fue declarado inimputable y recluido en una institución psiquiátrica, donde moriría de causas naturales unos años después.
Cayetano Domingo Grossi
Cayetano Domingo Grossi (??? - 6 de abril de 1900) fue el primer asesino serial de la historia argentina. Asesino a sus 5 hijos recién nacidos que tuvo como fruto de las violaciones a las cual eran sometidas sus dos hijastras. Por ello fue condenado a muerte y se lo ejecuto por fusilamiento el 6 de abril de 1900.
El 29 de mayo de 1896, se encontró cerca de una fabrica de grasa, una bolsa conteniendo un brazo de una criatura recién nacida. El titular de la comisaria 12 informo el hallazgo, ordeno una inspección ocular de lugar hallándose entre la basura un cráneo destrozado, piernas, y el brazo restante, dejando bajo vigilancia el sitio, ese mismo día cuando uno de los carros recolectores descargo residuos apareció el tronco, completándose así, el cadáver del bebe.
Dos años después, el 5 de mayo de 1898, se encontró en el mismo lugar, un nuevo cadáver de un recién nacido con el cráneo destrozado y en avanzado estado de descomposición.
En la investigación, alguien notó que el cadáver había aparecido envuelto en arpillera y trozos de saco de un hombre, de casimir negro, bastante usado y en el que se podían ver muchas composturas y arreglos. Por algunas direcciones postales que entre los desperdicios rodeaban el cuerpo, pudieron establecer que un carro había recogido esa basura y los restos humanos.
Revisados exhaustivamente los elementos recogidos, las pesquisas notaron que el pedazo de saco con numerosos remiendos hechos con género de luto, tenían un notable desgaste en las espalderas, como si lo hubiera usado un vendedor ambulante portando canastas con correas y que en sus bolsillos, había restos de cigarrillos y granos de anís, lo que hizo considerar a las autoridades, la posibilidad de que su portador último fuese español o calabrés, ya que éstos solían tener el hábito de las semillas de anís.
Así, los policías, tomando como zona de rastrillaje la misma que recorría diariamente el carro de la basura y orientando la búsqueda a gente de escasos recursos; pudo localizar y tomar conocimiento el 9 de mayo de 1898, que en una casa de la calle Artes 1438 (hoy Carlos Pellegrini) en el barrio de Retiro en Buenos Aires, vivía una familia que vestía siempre de luto.
La citada familia estaba compuesta por una mujer, llamada Rosa Ponce de Nicola, su cónyuge, Cayetano Domingo Grossi (un acarrero de profesión); dos hijas mayores de Rosa, Clara y Catalina y otros tres niños menores de edad. La Policía pudo saber por testimonios de los vecinos, que Grossi mantenía relaciones íntimas con sus hijastras.
Un día después,una comisión policial con orden de revisar la habitación ocupada por la familia, encontró debajo de una de las camas, una lata conteniendo el cadáver de un bebé, envuelto en trapos. Las sospechas se habían confirmado. Grossi explicó que el saco que envolvía a una de las criaturas asesinadas, hallada en el basural pertenecía a su hijo "Carlos" y que él había matado al bebé a pedido de Clara, señaló, además, que el otro bebé había nacido muerto.
Esa noche, Rosa y su hija Clara declararon que ésta última había tenido dos hijos con Cayetano Grossi. Grossi, negó inicialmente haber mantenido relaciones sexuales con sus hijastras, responsabilizando de sus embarazos a los novios de las mismas. Por fin algunos días después, confesó haber matado al primer bebé hallado en 1896; a la vez que reconoció haber incinerado a varios bebés más, pero sin asumir haberlos asesinado.
En posteriores interrogatorios, Grossi reconoció haber tenido un hijo con Catalina y cuatro con Clara, estrangulando a tres, siendo quemados los dos restantes por su concubina y sus hijastras. Rosa, Clara y Catalina, aceptaron los cinco crímenes pero culparon a Grossi de las muertes de los recién nacidos.
La concubina de Grossi, Rosa Ponce de Nicola y sus hijastras, Clara y Catalina, fueron consideradas “encubridoras” de los homicidios y fueron condenadas a 3 años de prisión efectiva y pago de costas procesales. Finalmente, la pena de Catalina se redujo a 2 años de prisión.
Habiéndose establecido las responsabilidades de cada uno de los acusados, Cayetano Domingo Grossi fue hallado culpable como autor material de los asesinatos de los bebés. Y fue condenado por el juez, Ernesto Madero, a pena de muerte.
El teniente primero Rosa Burgos, el teniente primero Calisto García y el capitán Manuel Medrano fueron los encargados de la ejecución, Grossi fue puesto en el banquillo, se les vendaron los ojos, fue atado de pies y manos y finalmente fue ejecutado por fusilamiento el 6 de abril de 1900 a las 8 a.m. (UTC-3), el sargento segundo, Emilio Lascano, se acercó a él y le disparó un tiro de gracia.
Francisco Antonio Laureana
Francisco Antonio Laureana (Corrientes, 19521 -San Isidro, 26 de febrero2 de 1975) fue un joven argentino muerto por la policía bonaerense, que afirmó que era el violador y asesino en serie «Sátiro de San Isidro», que durante un lapso de seis meses ―entre 1974 y 1975― violó a 15 mujeres, de las cuales asesinó a 13. Solía matar a casi todas sus víctimas los miércoles y jueves cerca de las 18:00 horas.
La policía reconstruyó los hechos de lo que creen que pudo ser la serie de asesinatos y el perfil psicológico del asesino. Francisco Laureana, de 22 años, había sido interno en un colegio católico en la ciudad de Corrientes (en el norte de Argentina). La policía afirmó que Laureana había huido de la ciudad de Corrientes porque en el colegio religioso había violado y ahorcado a una monja en las escaleras del establecimiento. En julio de 1974 se mudó a la ciudad de San Isidro (en el norte del Gran Buenos Aires) donde trabajó como artesano vendiendo aros, pulseras y collares. Se juntó con una mujer que tenía tres hijos
Antes de salir a la calle a trabajar le decía a su esposa: «No saques a los pibes por que hay muchos degenerados sueltos»
Casi todos los días miércoles y jueves cerca de las 6 de la tarde desaparecían una mujer o una niña en la ciudad y sus cuerpos sin vida eran encontrados poco tiempo después en baldíos, con signos de haber sido violadas y asesinadas salvajemente, en algunos casos estranguladas y en otros asesinadas con un revólver calibre 32. Sus víctimas eran mujeres que tomaban sol en los chalés o que esperaban en paradas de colectivo. El «sátiro» siempre robaba algo a su víctima, como un anillo, una pulsera, una cadenita, etc., que nunca vendía, sino que guardaba en una bota en su casa para mantenerlos como trofeos. En ocasiones regresaba semanas después al mismo lugar para revivir el momento del crimen.
Después de cometer uno de los homicidios, un testigo lo vio huyendo por los techos de una casa, pero el homicida le disparó con su arma. El testigo resultó ileso y fue clave para confeccionar un identikit del sospechoso que empezó a circular por toda la ciudad. Una nota periodística, en cambio, afirma que los tres hijos eran de él, y que se había casado hacía doce años.
El miércoles 26 de febrero de 1975 a la tarde, una niña de ocho años vio a Francisco Laureana y le pareció igual al asesino del identikit (que su familia tenía fijado a una heladera) y le contó a su madre; la mujer disimuló llamar a su marido para dar aviso a las autoridades. Francisco Laureana pasó por el frente, sonrió, y siguió de largo.
La policía lo encontró a pocas cuadras, y las características eran parecidas al identikit que tenían; se acercaron al sospechoso para pedirle que los acompañara para un interrogatorio. Según el informe de los policías, Francisco Laureana sacó entonces de una bolsa que llevaba en el hombro un arma de fuego y empezó a disparar a los oficiales, iniciando así un tiroteo en el que Francisco Laureana recibió un disparo en el hombro y luego escapó malherido, escondiéndose de la policía en el gallinero que se encontraba en los fondos de una mansión. Una perrita que cuidaba el lugar «marcó» a su dueño el lugar donde se escondía Francisco Laureana. Los policías bonaerenses se acercaron al gallinero y acribillaron a Francisco Laureana.
La policía lamentó haber tenido que matarlo, ya que hubieran querido interrogarlo sobre los motivos que lo llevaron a cometer los crímenes. Se encontraron en el gallinero dos gallinas muertas a tiros (se desconoce si de la policía o de Francisco Laureana que el asesino aparentemente no resistió de matar. Cuando se le informó a su mujer, ella atinó a decir "acá tuvo que haber un error. Mi marido no pudo haber hecho todo eso. Era un buen padre, un buen marido, un artesano que amaba lo que hacía".
Yiya Murano
María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano (20 de mayo de 1930) más conocida como Yiya Murano (la envenenadora de Monserrat) es una asesina y estafadora argentina. Condenada por tres homicidios, estuvo presa durante dieciséis años. Su caso policial es uno de los más famosos en la historia argentina, tomando mucha repercusión y manteniéndose a lo largo de los años.
El 24 de marzo de 1979, Carmen Zulema del Giorgio de Venturini, prima de Murano, sufre una caída y muere en la escalera del edificio de la calle Hipólito Yrigoyen donde vivía. Los médicos diagnosticaron paro cardíaco. La hija de Zulema, Diana María Venturini, se percató de que entre las pertenencias de su madre, faltaba un pagaré por un valor de 20 millones de los entonces pesos ley. El portero del edificio dijo que mientras la Sra. de Venturini agonizaba en el interior del edificio, la Sra. Murano había llegado a visitarla con un misterioso paquete en mano (que luego se descubriría que eran masas -petits fours-, una especie de galletas dulces muy comunes en Argentina), y de la manera más natural le había pedido una copia de las llaves del departamento de su prima, justificando su intromisión con un «necesito su libretita para avisar a los parientes». había entrado en la vivienda de la mujer y luego había salido rápidamente con unos papeles y un frasquito en la mano. Se lamentaba en voz alta «Dios mío, es la tercera amiga que se me muere en poco tiempo».
Se realizó una nueva autopsia. Los peritos descubrieron cianuro en el cadáver, los investigadores relacionaron el veneno con el supuesto frasco mencionado por el encargado. Entonces se supo que Nilda Gamba, vecina de Yiya, había muerto el 10 de febrero de 1979. Pocos días después, un infarto mató a Lelia Formisano de Ayala, otra amiga de Yiya. Murano les debía dinero a ambas mujeres y ambos cuerpos presentaban signos de haber sido envenenados con cianuro. El veneno era camuflado dentro de las masas.
El 27 de abril de 1979 la policía detuvo a la señora Murano en su hogar, en la calle México. En 1980, fue encontrada desmayada en el penal donde estaba presa (Ezeiza); luego de eso, se le extirpó un tumor. En el mes de junio de 1982 el juez de sentencia Ángel Mercardo la absolvió de todos los cargos y la dejó en libertad.
A mediados de 1985, en pleno juicio a los generales de la Junta Militar que había gobernado Argentina entre 1976 y 1982, Yiya había sido casi olvidada. Hasta que fue condenada. Ella insistía en que era inocente: «Nunca invité a nadie a comer», fueron sus palabras.
Por reducción de la condena y la ley del «dos por uno», salió de prisión después de 16 años. Se supo que a los jueces que intervinieron en su puesta en libertad les había enviado, como señal de agradecimiento, una caja de bombones.
La autora argentina Marisa Grinstein la incluyó en su libro Mujeres asesinas con su caso, titulado «Yiya Murano, amiga» y en el año 2006, el programa de televisión de Canal 13 Mujeres asesinas, rindió una especie de homenaje al episodio, recreándolo en la serie, siendo Yiya interpretada por la actriz Nacha Guevara. Al final del episodio, se ve a la verdadera Yiya Murano añadiendo un comentario al respecto y defendiendo su supuesta inocencia, brindando pruebas a su favor.
En la segunda temporada de la adaptación mexicana de la serie, hay un capítulo recreando el caso titulado «Tita Garza, estafadora», interpretado por Patricia Reyes Spíndola.
Durante los últimos años residió en el barrio porteño de La Boca, y actualmente vive en una residencia geriátrica para ancianos y a veces da entrevistas para la televisión cuando se hacen especiales recordando su caso.
El Petiso Orejudo
Cayetano Santos Godino, más conocido por su apodo El Petiso Orejudo (Buenos Aires, 31 de octubre de 1896 – Ushuaia, 15 de noviembre de 1944), fue un joven asesino en serie, uno de los mayores sociópatas en la historia de Argentina, ya que a principios del siglo XX fue responsable de la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato, y el incendio de siete edificios.
Murió detenido en la cárcel del fin del mundo, en Ushuaia en 1944, tenía 48 años. De su muerte hay varias versiones, hay quienes dicen que fueron los mismos presos los que lo golpearon después que metiera al gato que tenían de mascota en la caldera del penal.
Godino vivió parte de su infancia en un instituto, porque sus padres no lograban contenerlo. Su padre lo golpeaba. A los 8 años, Cayetano llevó a un baldío a un niño de casi dos años y comenzó a pegarle en la cabeza con una piedra. Un vigilante salvó al bebé. Al año siguiente golpea a otra vecina.
Su primer crimen fue en 1906, según él mismo le contó a la policía años después, cuando fue detenido, que llevó a una niña de tres años a un baldío y la estranguló. Después la enterró viva en una zanja.
El 25 de enero de 1912 se encontró, en una casa vacía, de Pavón 1541, el cadáver de Arturo Laurora, de 13 años, golpeado y estrangulado. El 7 de marzo de 1912, una niña de 5 años miraba la vidriera de una zapatería, y le prendió fuego el vestido. Su abuelo cruzó la calle para ayudarla y lo mató un auto. La niña murió 15 días después.
El Petiso Orejudo sentía pasión por el fuego e incendió varios galpones. Atacó a varios niños, pero lograba escapar. El 3 de diciembre de 1912 atacó a un niño de 3 años que jugaba en la vereda. El niño fue estrangulado con un piolín y como no terminaba de morir, el homicida le perforó la sien derecha con un clavo de cuatro pulgadas, al que golpeó con una piedra hasta que la punta salió.
Dicen que Godino fue a su funeral. Cuando lo detuvieron lo llevaron a un hospital de Mercedes, nadie sabia qué hacer con él. Hasta se pensó en que sus grandes orejas podrían tener que ver con su maldad. Los médicos decidieron operarle las orejas y coserlas al costado de la cabeza, suponiendo que de esta manera concluiría su afección al homicidio.
Así lo dejaron en libertad y volvió a matar. Godino fue condenado en 1914 a prisión perpetua. En 1923, custodiado y engrillado, fue llevado a la cárcel del fin del mundo.
A Cayetano le pusieron el mismo nombre que al primogénito muerto. Su padre era alcohólico, tanto el petiso orejudo como su madre eran golpeados. Dicen que su baja estatura era consecuencia de la mala alimentación que había tenido. Era analfabeto. Fue muy poco tiempo a la escuela y andaba vagando por las calles.
Los incendios que iniciaba se quedaba para mirarlos. Un niño sin infancia que arruinó la de otros. La vida del múltiple asesino fue llevada al cine en la película “El niño de barro” (una coproducción Argentina-española), que fue dirigida por Jorge Algora. El filme, que se estrenó en 2007, mezcla realidad con fantasía, para recrear los crímenes perpetrados por Godino.