Lenin en sus últimos días
Vladímir Ilich Uliánov, mejor conocido como Vladimir Lenin muere en enero de 1924 de un infarto cerebral, causado por una bala alojada en su cuello, muy cerca de su espina dorsal, secuela de un intento de asesinato. Además de padecer sífilis, enfermedad degenerativa que no le ayudaba en nada a su frágil estado y por la que además era tratado con algo tan fuerte como el arsénico.
Contrario a lo que muchos piensan Lenin no quería ser venerado en muerte, por lo que había dejado claras instrucciones de no ser venerado en muerte ni tener memorial alguno. Si embargo Stalin necesitaba un Mártir, por lo que decidió conservar el cadaver del responsable del triunfo socialista embalsamándolo para las futuras generaciones como símbolo de perduración y fortaleza del comunismo.
Y como si eso no bastar de paso le construyó un imponente mausoleo en la plaza roja de Moscuú que a día de hoy puede visitarse viendo el cuerpo del antiguo líder como centro dentro del mismo.
Video del proceso que realizan todos los años al cuerpo de Lenin (En ruso)
Tras la muerte, al cadáver se le había aplicado un sistema de conservación consistente en inyectarle en la aorta seis litros de alcohol, formol y glicerina, destinado a preservar el cuerpo. Pero el rostro de Lenin se resquebrajaba ante la mirada de los miles de soviéticos que confluían a diario en la Sala de las Columnas para despedir a quien siete años antes había encabezado la insurrección que llevó a los bolcheviques al poder y que fundó la Unión Soviética en 1922, tras una cruenta guerra civil cuyo triunfo apenas pudo saborear. Por ello, tres meses después del deceso se opta por otro sistema más radical de embalsamamiento.
A finales de marzo de 1924 los profesores Vorobiov y Zbarski sumergieron por primera vez el cadáver de Lenin en una viscosa mezcla de glicerina y acetato de potasio.
En las primeras sesiones le extrajeron los pulmones, el hígado y el bazo, tras lo cual se lavó por completo la caja torácica. Con el consiguiente permiso previo del Partido, se le practicaron incisiones por todo el cuerpo, en el vientre, en los hombros, en las piernas, en la espalda y en las palmas de las manos, para que el bálsamo penetrara y saturase bien todo el cuerpo. Sólo después sumergieron a Lenin en una bañera de caucho colmada del elixir, que estaba compuesto en su mayoría de glicerina y acetato de potasio, agua y cloro de quinina.
Los ojos fueron sustituidos por bolas de cristal y los labios cosidos por debajo del bigote. El cerebro fue extraído, analizado concienzudamente en el intento de encontrar algún indicio del supuesto talento de su propietario y desde 1928 se conserva en una solución de alcohol y formol, dividido en lóbulos y cubierto de parafina, dentro de una caja fuerte en el Instituto de Investigación Cerebral de la URSS.
Los conservadores aplicaban el líquido milagroso en la cara y en las manos, tres o cuatro veces por semana. Una vez al año, el mausoleo cierra durante mes y medio para poder sumergir el cuerpo en el baño e impregnarlo con el preparado químico. Como dato anecdótico cabe destacar que se deteriora más rápido el traje que viste que el cuerpo en sí, por lo que debe ser cambiado todos los años