HÉCATE era una diosa lunar, una de las trinidades originales conectada con las tres fases de la luna que gobernaba el cielo, la tierra y el submundo.

A diferencia de Artemis, que representaba la luz lunar y el esplendor de la noche, Hécate representaba su oscuridad y sus terrores. La diosa Hecate no es mala ni buena, es dual, posee un caracter violento y cruel, si se la ofende.. Está relacionada también a la sangre menstrual que originalmente era considerada sagrada y misteriosa. Es la energia vital, consciente y primigenia de la tierra, se la identifica como la Señora de las Bestias. Era la diosa viajera, la diosa cazadora, la patrona de las tierras salvajes.

El principal templo de Hécate se encontraba en Lagina, donde la diosa era servida por eunucos, y en Grecia se celebraban festivales en su honor el 13 de Agosto y el 30 de Noviembre, mientras que los romanos le consagraron el 29 de cada mes lunar (luna negra).



La diosa Hecate era uno de los nombres principales de la Madre Primigenia, la Anciana, la hechicera, la bruja , la enigmática diosa del paleolítico. La abuela de la triada de la Madre. El nombre Hécate deriva de la diosa-comadrona egipcia Hequit, Heket o Hekat. El Heq era el matriarcado tribal del Egipto predinástico, presidido por una mujer sabia. Heket era una diosa con cabeza de rana conectada con el estado embrionario en el que el grano muerto se descomponía y comenzaba a germinar. Era también una de las comadronas que asistía cada mañana al nacimiento del sol.

A la energia de esta Madre Primigenia, cada territorio la ha llamado diferente, Heket en el Egipto Ancestral, Hecate en la Grecia Antigua, Trivia en Roma, Ixchel,… son algunos de los nombres por los que se la conoce. Pero sus caracteres personales son casi los mismos. En principio aparece en La Teogonía como hija de dos titanes: Perses y Asteria. Heródoto la llama Atena y nos cuenta que a sus sacerdotisas, de la tribu de los pedaseos, les salía la barba cuando tenía que ocurrir un desastre. En el Himno homérico a Demeter aparece ayudándola. También ayudará a Perséfone. En Hesíodo no tiene ningún carácter infernal.

En la Alejandría ptolemaica terminaría adquiriendo sus connotaciones de diosa de la hechicería y su papel como «Reina de los Fantasmas», bajo cuyo aspecto triplicado fue transmitida a la cultura post-renacentista. Se creía que, en las noches sin luna (luna negra o luna nueva invisible), ella vagaba por la tierra con una jauría de perros fantasmales y aulladores que precedían su aparición. Como “perra negra” su estrella es Sirio y se la asocia también con los perros que ladran a la luna.



Era responsable de los cruces de caminos y ganó notoriedad en Grecia como fuente de brujería. Se creía que Hécate y su jauría de perros aparecían en esos espacios apartados, que eran para los viajeros lugares demoníacos y espectrales. Allí se levantaban estatuas en forma de una mujer de triple cuerpo o bien tricéfala. Eran muy abundantes, antiguamente, en los campos, y a su pie se depositaban ofrendas. Por estar en el cruce de caminos puede mirar al pasado al presente y al futuro. Uno de sus aspectos es representado en la Trivia romana.

La mitología también nos habla a veces de Hécate como una de las diosas menos conocidas, hija menor de Zeus, que había sido diosa de la Luna. Zeus reconoce sus poderes y sus antiguos privilegios. Extendía su benevolencia a todos los hombres concediendo los favores que se le piden en todos los ámbitos (prosperidad material, don de la elocuencia, victoria en las batallas y juegos, etc) pues su poder es inmenso.
En el Hades gozaba de gran autoridad, porque era conocida como la reina invencible y presidía las ceremonias de expiación y purificación de las sombras a las que se les permitía reparar las malas acciones de su vida pasada. Ferea era un sobrenombre de Hécate. Entre sus numerosas sacerdotisas estaban Medea y Circe.



Con el tiempo, la anterior Hécate se difumina y aparece una Hécate oscura e inquietante vinculada al mundo de las sombras. Hecate pasa a ser la diosa de la hechicería y lo arcano, y la veneraban especialmente magos y brujas, quienes le ofrecían en sacrificio corderos y perros negros al final de cada lunación. A los videntes se les aparecía con una antorcha en la mano o en forma de distintos animales: yegua, perra, loba, etc.

La rana, criatura anfibia que vive en dos elementos (tierra y agua) , está también consagrada a Hécate y a la diosa rana egipcia Heqet, con la que a menudo se la asocia. Como diosa triple, a veces aparecía representada con tres cabezas: de perro, caballo y oso, o de perro, serpiente y león. En los llamados Oráculos caldeos Hécate fue también asociada a un laberinto serpentino alrededor de una espiral, conocido como “rueda de Hécate” (el «Strophalos de Hécate»). El simbolismo alude al poder de la serpiente para renacer, al laberinto de conocimiento a través del cual Hécate guíaría a la humanidad y a la llama de la propia vida. El arte representa también a Hécate a menudo con tres cuerpos o tres cabezas y con serpientes entrelazadas alrededor de su cuello ya que es una divinidad triforme: lunar, infernal y marina. Los marinos la consideraban su numen titular y le pedían que les asegurase buenas travesías.

La figura de Hécate siguió estando asociada a la brujería mucho después de la desaparición de la Grecia Clásica y el Imperio Romano. El cristianismo rodeó la figura de Hécate de un aura maléfica y connotaciones negativas, a menudo asociándola a Lilith y al diablo.



En este sentido debemos aclarar que si bien desde la Grecia helenística Hécate estaba asociada a la oscuridad, la hechicería y la muerte, no podemos ver estos atributos desde un punto de vista cristiano, pues entre las culturas paganas tanto el inframundo como la muerte, o la brujería, estaban exentos de las connotaciones maléficas que recibieron posteriormente, poseyendo un carácter, aunque sobrenatural, mucho más neutral, lejano a la concepción del bien y el mal cristiana.

Algunos mitógrafos modernos, como Karl Kerényi , Carl AP Ruck y Danny Grapas interpretan las diosas Deméter la «madre», Perséfone la «hija» y Hécate la “vieja”, como aspectos de un ex Gran diosa identificada por algunos como Rhea o como Gaia. Gaia y Hecate son energias teluricas diferentes que estan entrelazadas.

Hécate, Diosa de la Luna Oscura, es una diosa con origen arcaico y muy compleja y misteriosa puesto que sus atributos fueron cambiando con el tiempo, siendo asimilada con otras diosas lunares. Aunque empieza abrir su campo de visión con la luna menguante, es la diosa de la fase oscura de la luna, es decir la luna negra, ella es quien brinda luz sobre lo desconocido, lo que nos aterra. Pero la diosa lunar ha pasado a ser sólo fuente de inspiración a la acción, no puede actuar directamente. Experta en el arte de la adivinación, concede a los mortales sueños y visiones que, si se interpretan correctamente, les proporciona una mayor claridad para resolver los problemas.



Los Strophalos de Hécate es un antiguo símbolo mencionado en los Oráculos Caldeos. Strophalos haber sido un laberinto serpentino alrededor de una espiral central o la rueda y es representativo del poder del conocimiento y la divinidad femenina. Se asocia con un curioso diseño en forma de rueda, conocido como rueda de Hécate, o los “Strophalos de Hécate”. Es un círculo que encierra un laberinto serpentino con tres pestañas principales, que a su vez se encuentra a alrededor de un espiral de fuego central. El simbolismo se refiere al poder de la serpiente de la regeneración, al laberinto de conocimiento a través del cual Hécate podía guiar a la humanidad, y la llama de la vida misma, Quizá haya también alguna relación entre este laberinto o rueda de Hécate y Ariadna, a la que se consideraba “Señora del Laberinto”.

En el paganismo actual, Hecate es la Anciana que prefiere jugar a adivinanzas y entretenerse con nuestros sueños. aunque odia que la molestemos por banalidades y menos que no respetemos la jerarquia y el poder ejecutor de su hija y heredera: Gaia. Hecaté, al ser la espiral más antigua es muy sabia, pero se desequilibra, porque se agota con facilidad, asi que es mera observadora de los humanos.

Solo las ancianas videntes conectan con el espíritu de Hecate con el tacto y protocolo que la diosa requiere. Se debe dirigir a ella con el respeto que ser vieja significaba: tener la sabiduría, la bondad y la generosidad que sólo da la experiencia del paso del tiempo. Sabe más la bruja por vieja que por bruja, no en vano se la considera la Gran Hechicera. Ofenderle podría tener consecuencias terribles. Es capaz de hacer enloquecer al causante de su enfado pues puede enviar a los mismos malos espíritus de los que se pide la intervención para que aullen al oído del incauto. Oír voces es un castigo de Hecate. Y es que aveces, la Anciana se aburre y se entretiene jugando con la estupidez humana.



El tejo, el ciprés, el álamo negro y el sauce estaban consagrados a Hécate.
Los cipreses estaban asociados a la muerte, y siguen estando presentes en los cementerios del área mediterránea. Las hojas del álamo negro, oscuras por una cara y claras por la otra, simbolizarían la frontera entre los mundos mientras que el Tejo, quizá por sus hojas y semillas venenosas, estaba fuertemente asociado al inframundo, a la muerte y el renacimiento: La poción del caldero de Hécate contenía «esquejes de tejo» y las bayas de este árbol se creía que, por el poder de Hécate, podían dar sabiduría o la muerte (esto estaba relacionado con la preparación de sustancias alucinógenas a partir de la cantidad correcta de bayas de tejo, que en caso de ser demasiada provocaría la muerte).

Muchas otras hierba y plantas estaban asociadas a Hécate, probablemente debido a su papel como reina de las brujas y diosa de la hechicería, pues las “brujas” o curanderas de la antigüedad eran mujeres que poseían un extenso conocimiento de las hierbas y sus propiedades: el ajo, las almendras, la lavanda, el tomillo, la mirra, la artemisia, la menta, el diente de león…entre otras, habrían estado consagradas a Hécate, además de varios venenos y alucinógenos como la belladona, la cicuta, la mandrágora, el acónito (conocido como “hecateis”) o el opio.
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