Ha sido una de las temáticas favoritas de los filmes de ficción en las últimas décadas. Desde El Vengador del Futuro hasta el Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, la posibilidad de manipular la memoria del ser humano ha acaparado la atención de los directores y el público de la pantalla grande. Pero en este grupo de encantados con el tema se cuenta otro que se lo toma muy en serio, que vestido con sus delantales blancos y encerrados en los modernos laboratorios de la Universidad de California, EE.UU., llevan años intentando desentrañar los misterios de la memoria en el cerebro.
Lo cierto es que antes de que estos científicos comenzaran a investigar la memoria, se pensaba que una complicada red de neuronas, imposible de individualizar, era la responsable de todo lo que recordamos, una especie de disco duro demasiado complejo e interrelacionado con otras áreas como para que pudiésemos entenderlo. Pero recientes estudios han demostrado que no es así, que todo lo que recordamos se asocia a ciertas neuronas identificables, neuronas que pueden ser encendidas o apagadas según nuestra voluntad.
¿Y para qué?, dirá usted. Ni para borrar toda nuestra memoria ni para implantarle unas vacaciones alocadas en Marte como los filmes de Hollywood. Sino para eliminar fobias, miedos y condiciones, como el estrés postraumático. O al revés, en personas con problemas de memoria o enfermedades neurodegenerativas, como el alzheimer, para fortalecer sus recuerdos y contrarrestar los efectos de la enfermedad.
Ya a fines de siglo XIX que los científicos especulaban con la existencia del llamado enegrama, una suerte de "respaldo físico" de todo lo que experimentamos y recordamos. Pero sin evidencias concretas ni demostrable, el término acabó siendo usado por la pseudociencia y el esoterismo. Sin embargo, los científicos siguieron buscando y fue así como recientemente lograron sorprendentes resultados en experimentos con ratones de laboratorio.
Los especialistas se centraron en áreas específicas del cerebro, como la amígdala, la zona responsable de controlar las sensaciones del miedo en todos los mamíferos. El doctor Alcino Silva, codirector del Centro Integrado para la Memoria y el Aprendizaje en la Ucla, explica que tras apuntar a neuronas específicas, en la amígdala de los animales pudieron eliminar la respuesta de temor, que previamente habían desarrollado los animales ante un sonido que les provocaba una descarga eléctrica inducida en el laboratorio para generar miedo en las ratas. Los expertos no saben si los ratones olvidaron el sonido, pero claramente habían olvidado el sentimiento que les provacaba y se exponían sin temor alguno al sonido "del terror".
Dicho de otro modo, el trauma que habían desarrollado las ratas había desaparecido. Por eso, los especialistas están convencidos de que esta técnica podrá usarse para "disparar" a neuronas específicas que almacenan eventos traumáticos. Por ejemplo, víctimas de un delito: en teoría, sería posible desactivar las neuronas específicas en la amígdala, haciendo desaparecer el miedo, pero no el recuerdo. Esto es lo que se conoce como estrés postraumático, condición que en países desarrollado se estima afecta al 3,5% de la población.
Pero la misma técnica puede realizarse de manera inversa, para rescatar las áreas de información que permanezcan intactas en personas con enfermedades neurodegenerativas, como el alzheimer. De esta forma, se podría detener el avance de la enfermedad. O mejorar la memoria en personas sanas. El año pasado, investigadores de la U. de Toronto consiguieron mejorar la memoria en ratones con una condición equivalente a la del alzheimer en humanos: aplicaron la misma técnica empleada anteriormente en la amígdala para remover el miedo de los animales, pero esta vez trabajaron en el hipocampo, área crítica para la formación de recuerdos de largo plazo.
Dentro de un tiempo se podrán usar las áreas del cerebro que permanecen saludables en los enfermos de alzheimer para contrarrestar los efectos nocivos de la enfermedad.
Lo cierto es que antes de que estos científicos comenzaran a investigar la memoria, se pensaba que una complicada red de neuronas, imposible de individualizar, era la responsable de todo lo que recordamos, una especie de disco duro demasiado complejo e interrelacionado con otras áreas como para que pudiésemos entenderlo. Pero recientes estudios han demostrado que no es así, que todo lo que recordamos se asocia a ciertas neuronas identificables, neuronas que pueden ser encendidas o apagadas según nuestra voluntad.
¿Y para qué?, dirá usted. Ni para borrar toda nuestra memoria ni para implantarle unas vacaciones alocadas en Marte como los filmes de Hollywood. Sino para eliminar fobias, miedos y condiciones, como el estrés postraumático. O al revés, en personas con problemas de memoria o enfermedades neurodegenerativas, como el alzheimer, para fortalecer sus recuerdos y contrarrestar los efectos de la enfermedad.
Ya a fines de siglo XIX que los científicos especulaban con la existencia del llamado enegrama, una suerte de "respaldo físico" de todo lo que experimentamos y recordamos. Pero sin evidencias concretas ni demostrable, el término acabó siendo usado por la pseudociencia y el esoterismo. Sin embargo, los científicos siguieron buscando y fue así como recientemente lograron sorprendentes resultados en experimentos con ratones de laboratorio.
Los especialistas se centraron en áreas específicas del cerebro, como la amígdala, la zona responsable de controlar las sensaciones del miedo en todos los mamíferos. El doctor Alcino Silva, codirector del Centro Integrado para la Memoria y el Aprendizaje en la Ucla, explica que tras apuntar a neuronas específicas, en la amígdala de los animales pudieron eliminar la respuesta de temor, que previamente habían desarrollado los animales ante un sonido que les provocaba una descarga eléctrica inducida en el laboratorio para generar miedo en las ratas. Los expertos no saben si los ratones olvidaron el sonido, pero claramente habían olvidado el sentimiento que les provacaba y se exponían sin temor alguno al sonido "del terror".
Dicho de otro modo, el trauma que habían desarrollado las ratas había desaparecido. Por eso, los especialistas están convencidos de que esta técnica podrá usarse para "disparar" a neuronas específicas que almacenan eventos traumáticos. Por ejemplo, víctimas de un delito: en teoría, sería posible desactivar las neuronas específicas en la amígdala, haciendo desaparecer el miedo, pero no el recuerdo. Esto es lo que se conoce como estrés postraumático, condición que en países desarrollado se estima afecta al 3,5% de la población.
Pero la misma técnica puede realizarse de manera inversa, para rescatar las áreas de información que permanezcan intactas en personas con enfermedades neurodegenerativas, como el alzheimer. De esta forma, se podría detener el avance de la enfermedad. O mejorar la memoria en personas sanas. El año pasado, investigadores de la U. de Toronto consiguieron mejorar la memoria en ratones con una condición equivalente a la del alzheimer en humanos: aplicaron la misma técnica empleada anteriormente en la amígdala para remover el miedo de los animales, pero esta vez trabajaron en el hipocampo, área crítica para la formación de recuerdos de largo plazo.
Dentro de un tiempo se podrán usar las áreas del cerebro que permanecen saludables en los enfermos de alzheimer para contrarrestar los efectos nocivos de la enfermedad.