Un punto culmine dentro de la historia del Sionismo fue la resolución 3379 de la Asamblea General de la ONU, aprobada el 10 de noviembre de 1975 lo explica; esa polémica resolución equiparaba al Sionismo y la sistemática situación de violencia para con Palestina con el apartheid sudafricano, considerando al Sionismo como una expresión del racismo.
El 1991, esta resolución fue revocada, es curioso señalar que el presidente de aquel entonces, el Dr. Luis Alberto Lacalle, fue uno de los principales promotores para que la resolución 3379 de 1975 se revocara.
El asunto del Sionismo, se había discutido con anterioridad, y el Dr. Lacalle se hizo vocero en varias oportunidades de los intereses sionistas, una de aquellas oportunidades, fue cuando debatió con el senador por la lista 10001 del Frente Amplio, el Sr. Francisco Rodríguez Camusso, que, deslumbrando con sus amplios conocimientos, comenzó a hablar no solo por nosotros, sino por la dignidad de todos los pueblos del mundo oprimidos por el Imperialismo, sea este nazi, norteamericano, británico, o sionista.
Imagen del ex-presidente Lacalle (Partido Nacional) en el congreso mundial judío (World Jewish Congress)
Reprodus un fragmento de la intervención de Rodríguez Camusso:
“SEÑOR RODRIGUEZ CAMUSSO - Debemos resaltar, también, simplemente para empezar a "hacer boca" con el tema, situándonos en su entorno, que entre quienes votaron en contra está, es cierto, Uruguay, con el gobierno de 1975, en fraternal coincidencia, por ejemplo con la Nicaragua de Somoza y entre quienes se abstuvieron se encuentran Argentina, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guatemala y Perú, para mencionar sólo algunos de los países con los cuales tenemos una vinculación más señalada y la teníamos ya, como país, entonces
En consecuencia, esto permite situar el tema. No fue una especie de confabulación de los árabes enfrentados o de los países comunistas, sino que fue la expresión de las tres cuartas partes de la humanidad, acertada o equivocada, pero es lo que fue.
(…)
Naturalmente que, en el momento en que se entierran vivos a opositores o se destrozan a garrotazos brazos de niños, no viene mal una movilización internacional que incluya todos los países posibles y que resucite a la consideración y a la atención general del mundo una resolución de 1975. Es un procedimiento. Tomamos nota de él, pero procuramos que no nos saque del trillo, del camino en el que nos queremos centrar. Porque además, nadie puede prescindir, para decirlo con lenguaje orteguiano, del aquí y del ahora.
Estamos en el Uruguay de la década del 80; en un Uruguay que financia con el dinero de su pueblo organizaciones culturales, por ejemplo, el SODRE y el SODRE realiza un concierto especial para conmemorar los cuarenta años de existencia de un estado asiático fundado por Naciones Unidas; pero no hace un concierto para conmemorar el aniversario de la independencia de alguna de las hermanas naciones latinoamericanas. ¿Por qué? Esta es la realidad.
Todos somos conscientes de la dirección en que apunta la mayoría de la prensa escrita, oral y televisiva y qué eso tiene o puede tener, cualquier definición política en este sentido o en el otro. Todos sabemos que la historia la escriben los vencedores. Quien tiene mejores armas y gana una guerra dispone de medios de difusión de los que no dispone quien la pierde. Las hecatombes, los crímenes colectivos, los holocaustos, son siempre repudiables; siempre. Nos estremece y nos confunde. En cuanto muestra rasgos de bestialidad que a esta altura no cabía suponer en nadie, lo que se practicó contra el pueblo judío en este siglo. Pero no aislamos ese hecho. No contamos los muertos, como con razón escribía una vez el eminente Arnold Toynbee, según su número. No somos como otros que dicen por ahí: ¡qué importan los desaparecidos uruguayos, si son unas decenas; miren en la Argentina cuántos fueron! A nosotros nos duelen igual, aunque fuera uno. Nos sentimos repugnados, más allá de cualquier ideología por lo que se practicó contra los judíos en este siglo. Pero, ¿qué se hizo contra los gitanos?
¿Cuántos marxistas, socialistas y comunistas fueron exterminados? ¿Cuántos católicos, inclusive, también lo fueron? ¿Qué le pasó a más de 300.000 habitantes de Indonesia cuando asumió el poder el actual gobierno? Sacaban de sus islas a familias enteras a la calle, el padre, la madre, los niños, por chicos que fueran y los exterminaban. Se estima que fueron muertos más de 300.000 en sólo un par de días. ¿Y cuántas veces se habla de eso? Ha pasado en muchas partes.
(…)
Nunca he visto mencionado, el drama de los tártaros de Crimea que fueron arrancados de su patria y pudieron subsistir precariamente en Tashkent, la capital de la República Uzbeka. Ello depende fundamentalmente de los medios de que se disponga, de la capacidad financiera que se tenga, de la posibilidad de penetración y de expansión más que de los hechos mismos. Claro que condenamos todo lo ocurrido, pero no lo referimos a un país ni a una época. El odio no nació en este siglo; el exterminio de la gente por razones de diferencias, de idiomas, de razas o de ideología no comenzó ahora. En todo tiempo y lugar las condenas por diferencias ideológicas han sido más implacables que las condenas por delitos comunes.
(…)
Todos los colegas saben que no practico ninguna religión, no tengo concepción deísta, aunque las respeto a todas porque estimo que cada una de las religiones es expresión de inquietudes humanas y de valores espirituales que tenemos todos la obligación moral de respetar. Pero la verdad es que a veces también en este plano se excitan odios y no solo en el político.Tengo aquí un libro de oraciones de uno de mis antepasados y allí esta lo que expresado en lugar de la misa el viernes santo, cuando el sacerdote habla pidiendo amparo para Dios, para las órdenes religiosas, para los creyentes, para los paganos, solo para los ateos y al final hay un paréntesis donde el público se sienta, porque hasta ese momento estaba arrodillado. Después que habló de todos, incluso de los ateos y de los paganos, sentado puede hablar de lo que llama "pérfidos judíos". Estas son expresiones que hemos leído, que hemos conocido y junto a las que nos hemos criado y que también han sembrado odio e incomprensión, que afortunadamente se van superando. Es el Evangelio, libro para los cristianos divinamente inspirado, el que dice lo que dice. Y es Pablo de Tarso o San Pablo en su primera carta a los tesalonisenses el que dice lo que dice. La historia está allí, la literatura también y las luchas también.”
Para ver toda la intervención y el debate, se puede hacer clic en la página del parlamento, en la última parte de la página se ve el debate entre Camusso y las intervenciones también de Lacalle:
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