Nací en octubre de 1996, ¿Qué significa eso?, se preguntaran ustedes, bueno, aquí en México eso significa que el año en que cumples 18 años debes llevar tu documentación a la junta de reclutamiento del servicio militar nacional -SMN- que te corresponde para seguir un proceso algo largo de liberar tu cartilla de identidad militar, que se instauro en los años 40's y tiene una larga historia en la que no pienso profundizar en este post.
Bueno, resulta que ese año en que cumplí 18 años fue el 2014, por ende el año que tenía que empezar ese riguroso proceso, bien, desde finales de 2013 mi madre me decía "Sergio, acuerdate que en enero lleva tus papeles", yo hice caso omiso, los lleve a fines de julio de dicho año, si no mal recuerdo como eso del 27-28 de julio, y es que la prisa de muchos es que en los sorteos de las grandes ciudades se empieza por los que llevan los papeles al final de la fecha -de enero a principios de octubre- y yo los lleve faltando 2 meses para el final de esta, bueno, me dieron mi precartilla, espere al día 9 de noviembre para ir al sorteo y saber cual sería el destino de 40 sábados de este moribundo 2015, y es que huelga decir que aquí en México el sorteo consta en lo siguiente; si te sale bola negra esperas un año a que te liberen la cartilla sin hacer nada, eso es, que no te toca hacer el servicio militar, si te sale bola blanca te toca hacer servicio militar con el éjercito, si te sale bola azul te toca hacer dicho servicio con la Marina Armada.
Bueno, prosigo luego de este pequeño preambulo, llegué ese 9 de noviembre al auditorio donde correspondía mi sorteo, desde muy temprano, en domingo... si, un calvario para nosotros los occidentales, y proseguí a formarme para entrar al recinto y posteriormente tomar mi lugar, sentarme y empezar a sufrir el nerviosismo que se vive en una final de fútbol, escuchando los nombres de los participantes y las bolas que les salían -las del sorteo-, las rechiflas y burlas de cuando les salía bola azul o blanca y el silencio envidioso cuando alguien le salía la negra -que le sale al 75% de los asistentes, pues cuando se terminan las bolas los que quedan tienen tal por default-, bueno, el militar a cargo del sorteo hizo callar tales burlas, afortunadamente antes de conocer mi destino, el cuál supe cuando oí mi nombre, sentí el cuerpo completamente frío, y después de mi nombre 2 palabras que de momento me devastaron como no tienen idea: "bola azul".
Me resigné de momento, pensé dentro de mi que aún tenía 3 meses de disfrutar de mis viernes y sábados como cualquier chavo de mi edad, lo feo comenzó cuando llegó el 2015, sabía que sólo me quedaban semanas hasta el 7 de febrero, día que comenzó mi instrucción militar en la marina, bueno, seguí con mi sufrimiento y berrinches silenciosos hasta que llegó en 6 de febrero, un viernes, me levanté en la mañana con la alegría de saberme en viernes cuando de repente me llegó el golpe de recordar que al día siguiente iniciaba mi servicio militar, y así, al día siguiente me fui, muy temprano, desde antes del amanecer a cumplir con mis deberes militares, enojado, ardido y sabiendo a mis amigos echados en sus camas como cangrejos y babeanso sus almohadas.
Bueno, así el primer mes fue duro para mi, después me fui acostumbrando a ir cada sábado a las instalaciones de la Marina, y es aquí donde empieza la parte principal del post.
Empecé el primer día en la marina, sufriendo por estar en una especie de escuelilla militar sabatina, algo enojado y deseando que llegara el primer sábado de diciembre lo más pronto posible con todas mis fuerzas, en ese instante un minuto me parecía un mes, bueno, ese día formamos las compañías y conocí a los que serían mis compañeros de servicio militar por 10 meses, empezamos aprendiendo movimientos básicos como el saludo, el saludar, flancos, como alzar el pie para marchar y esas cosas, y de entrada nos dijeron que cada sábado haríamos honores a la bandera al iniciar la sesión sabatina.
Bueno, siguiendo con el rito militar sabatino, después de rendir honores patrios procediamos a desayunar, podíamos llevar nuestro almuerzo preferido o pasar a desayunar al comedor de los marinos por una modica cooperación, yo elegí la primera opción en la totalidad de los sábados.
Y allí recibí instrucciones, cada sesión se dividía en 3 etapas, la primera era algo físico, la segunda era una "academa" y la tercera era la instrucción de orden cerrado, o sea, marchar como tropa y todo eso.
Cada dos semanas nos tocaba defensa personal y con igual regularidad nos daban activación física, en la que podíamos salir a correr por la pista de las instalaciones, o ejercicios tipo pilates, o barras.
En la academia recibimos clases de ética, civismo, educación sanitaria y ambiental, derecho y nociones de ingeniería naval, acerca de como funcionaban y como eran diseñados los barcos, sus motores, las comunicaciones navales, las rutas, la logística y eso, las cuales eran mis clases favoritas, obviamente.
Aunque esperaba también que nos enseñaran a manejar armas y todo eso, dispararlas, desarmarlas... en fin, en esa parte quede decepcionado, sólo nos enseñaron a marchar portando un mosquetón de las épocas de López Mateos, el mero apogeo del priísmo en México, y ya.
Otra cosa que nos enseñaron fue a tirarnos en rapel, hacer algunos nudos, montar casas de campaña, cruzar puentes improvisados con o sin arnes, y nociones básicas de supervivencia. Y así es fue que sabado a sábado el servicio militar me fue pareciendo menos malo cada vez y me fui acostumbrando.
Ah, cuando algún compañero no hacía caso de las instrucciones o no las acataba correctamente, o toda la compañia o varios elementos el instructor a cargo nos ponía algun castigo, el castigo favorito de los instructores eran las llamadas lagartijas, pero algunos otros nos ponían sentadillas, posisión de pensador, caminar de patito, "estrellitas", levantarse y acostarse pecho tierra en repetidas ocaciones, etcétera, allí se veía que instructor era gandalla y quien no, para mi fortuna el de mi compañia era estricto, pero estaba lejos de ser gandalla o arbitrario, algunos de mis compañeros y amigos de otras compañias no corrían con tanta suerte.
Una cosa importantísima, tenías que ir cada sábado con el cabellos bien cortado, bien rasurado, bien boleado y uñas cortas, al que no, se le ponía reporte, a los 5 reportes eras dado de baja del servicio, también a las 5 faltas injustificadas, esto nos era recordado a través de la lectura de una orden cada
sábado al final de la sesión.
En ocaciones especiales asistiamos a ceremonias del gobierno federal, por ejemplo el 5 de mayo y en julio, cuando fuimos a la secretaría de Marina porque nuestro ilustre presidente iba a ser no se que cosa en una campaña contra las adicciones, y fuimos, y vi de cerca al presidente de esta gran nación, lo cuál no me causo ninguna emoción postiva naturalmente, también vi de cerca al alcalde de la Ciudad de méxico y el jefe de mi delegación Xochimilco, en ambas ocaciones con la misma impresión para con el ejecutivo, en fin, volviendo a cosas agradables e interesantes en dichas ceremonias teníamos que ir con un uniforme de gala, el cual era el mismo de cada sábado pero con un pantalón azul marino de no recuerdo que material distinto a los de mezclilla, teníamos que seguir las instrucciones del clarín a pie juntillas, y nos daban unos guantes como de Mickey Mouse.
Bien, en 10 meses del servicio militar pase a tener otra visión de las cosas, hice nuevos amigos, y comprendí un poco mejor la vida militar de los marinos, lo duro que es para ellos, sus aventuras y desventuras, su forma de trabajar y lo que hacen por salvaguardar la seguridad nacional, lo cual no es fácil como dije, y que lo que hacemos en el servicio militar cada sábado es nada en comparación a lo que ellos hacen, algunos de mis amigos del servicio militar se están animando a enlistars een la marina, otros como yo tenemos planes de seguir con nuestas vidas civiles, aunque en algún momento del medio año pensé meterme a estudiar ingeniería en la Marina.
En resumen, fue todo una experiencia que al principio hice muy mal en satanizar, aprendí cosas de los marinos y ellos de nosotros.
El día 5 de diciembre llegó, un día que quería que llegara, pero cuando llego el día me di cuenta de que tal vez querría estar otros sábados en la Marina, pero la ceremonia de graduación empezó, con disrcurso de nuestro capitán en jefe, música de la orquesta para despedirnos y para entonar el himno de la marina y el nacional, debo confesar que derrame unas pocas lágrimas cuando canté por última vez el himno de la Marina y cuando grité el último exhorto del servicio nacional, espero que solamente yo me haya dado cuenta de como mi voz se quebraba y mis ojos brillaban cuando ejecuté tal acción, y me tomé las fotos del recuerdo con mis amigos y los marinos en el lugar, y recogí mi cartilla y mi diploma y ahora estoy pensando que haré los sábados a partir de febrero...
Bueno, resulta que ese año en que cumplí 18 años fue el 2014, por ende el año que tenía que empezar ese riguroso proceso, bien, desde finales de 2013 mi madre me decía "Sergio, acuerdate que en enero lleva tus papeles", yo hice caso omiso, los lleve a fines de julio de dicho año, si no mal recuerdo como eso del 27-28 de julio, y es que la prisa de muchos es que en los sorteos de las grandes ciudades se empieza por los que llevan los papeles al final de la fecha -de enero a principios de octubre- y yo los lleve faltando 2 meses para el final de esta, bueno, me dieron mi precartilla, espere al día 9 de noviembre para ir al sorteo y saber cual sería el destino de 40 sábados de este moribundo 2015, y es que huelga decir que aquí en México el sorteo consta en lo siguiente; si te sale bola negra esperas un año a que te liberen la cartilla sin hacer nada, eso es, que no te toca hacer el servicio militar, si te sale bola blanca te toca hacer servicio militar con el éjercito, si te sale bola azul te toca hacer dicho servicio con la Marina Armada.
Bueno, prosigo luego de este pequeño preambulo, llegué ese 9 de noviembre al auditorio donde correspondía mi sorteo, desde muy temprano, en domingo... si, un calvario para nosotros los occidentales, y proseguí a formarme para entrar al recinto y posteriormente tomar mi lugar, sentarme y empezar a sufrir el nerviosismo que se vive en una final de fútbol, escuchando los nombres de los participantes y las bolas que les salían -las del sorteo-, las rechiflas y burlas de cuando les salía bola azul o blanca y el silencio envidioso cuando alguien le salía la negra -que le sale al 75% de los asistentes, pues cuando se terminan las bolas los que quedan tienen tal por default-, bueno, el militar a cargo del sorteo hizo callar tales burlas, afortunadamente antes de conocer mi destino, el cuál supe cuando oí mi nombre, sentí el cuerpo completamente frío, y después de mi nombre 2 palabras que de momento me devastaron como no tienen idea: "bola azul".
Me resigné de momento, pensé dentro de mi que aún tenía 3 meses de disfrutar de mis viernes y sábados como cualquier chavo de mi edad, lo feo comenzó cuando llegó el 2015, sabía que sólo me quedaban semanas hasta el 7 de febrero, día que comenzó mi instrucción militar en la marina, bueno, seguí con mi sufrimiento y berrinches silenciosos hasta que llegó en 6 de febrero, un viernes, me levanté en la mañana con la alegría de saberme en viernes cuando de repente me llegó el golpe de recordar que al día siguiente iniciaba mi servicio militar, y así, al día siguiente me fui, muy temprano, desde antes del amanecer a cumplir con mis deberes militares, enojado, ardido y sabiendo a mis amigos echados en sus camas como cangrejos y babeanso sus almohadas.
Bueno, así el primer mes fue duro para mi, después me fui acostumbrando a ir cada sábado a las instalaciones de la Marina, y es aquí donde empieza la parte principal del post.
Empecé el primer día en la marina, sufriendo por estar en una especie de escuelilla militar sabatina, algo enojado y deseando que llegara el primer sábado de diciembre lo más pronto posible con todas mis fuerzas, en ese instante un minuto me parecía un mes, bueno, ese día formamos las compañías y conocí a los que serían mis compañeros de servicio militar por 10 meses, empezamos aprendiendo movimientos básicos como el saludo, el saludar, flancos, como alzar el pie para marchar y esas cosas, y de entrada nos dijeron que cada sábado haríamos honores a la bandera al iniciar la sesión sabatina.
Bueno, siguiendo con el rito militar sabatino, después de rendir honores patrios procediamos a desayunar, podíamos llevar nuestro almuerzo preferido o pasar a desayunar al comedor de los marinos por una modica cooperación, yo elegí la primera opción en la totalidad de los sábados.
Y allí recibí instrucciones, cada sesión se dividía en 3 etapas, la primera era algo físico, la segunda era una "academa" y la tercera era la instrucción de orden cerrado, o sea, marchar como tropa y todo eso.
Cada dos semanas nos tocaba defensa personal y con igual regularidad nos daban activación física, en la que podíamos salir a correr por la pista de las instalaciones, o ejercicios tipo pilates, o barras.
En la academia recibimos clases de ética, civismo, educación sanitaria y ambiental, derecho y nociones de ingeniería naval, acerca de como funcionaban y como eran diseñados los barcos, sus motores, las comunicaciones navales, las rutas, la logística y eso, las cuales eran mis clases favoritas, obviamente.
Aunque esperaba también que nos enseñaran a manejar armas y todo eso, dispararlas, desarmarlas... en fin, en esa parte quede decepcionado, sólo nos enseñaron a marchar portando un mosquetón de las épocas de López Mateos, el mero apogeo del priísmo en México, y ya.
Otra cosa que nos enseñaron fue a tirarnos en rapel, hacer algunos nudos, montar casas de campaña, cruzar puentes improvisados con o sin arnes, y nociones básicas de supervivencia. Y así es fue que sabado a sábado el servicio militar me fue pareciendo menos malo cada vez y me fui acostumbrando.
Ah, cuando algún compañero no hacía caso de las instrucciones o no las acataba correctamente, o toda la compañia o varios elementos el instructor a cargo nos ponía algun castigo, el castigo favorito de los instructores eran las llamadas lagartijas, pero algunos otros nos ponían sentadillas, posisión de pensador, caminar de patito, "estrellitas", levantarse y acostarse pecho tierra en repetidas ocaciones, etcétera, allí se veía que instructor era gandalla y quien no, para mi fortuna el de mi compañia era estricto, pero estaba lejos de ser gandalla o arbitrario, algunos de mis compañeros y amigos de otras compañias no corrían con tanta suerte.
Una cosa importantísima, tenías que ir cada sábado con el cabellos bien cortado, bien rasurado, bien boleado y uñas cortas, al que no, se le ponía reporte, a los 5 reportes eras dado de baja del servicio, también a las 5 faltas injustificadas, esto nos era recordado a través de la lectura de una orden cada
sábado al final de la sesión.
En ocaciones especiales asistiamos a ceremonias del gobierno federal, por ejemplo el 5 de mayo y en julio, cuando fuimos a la secretaría de Marina porque nuestro ilustre presidente iba a ser no se que cosa en una campaña contra las adicciones, y fuimos, y vi de cerca al presidente de esta gran nación, lo cuál no me causo ninguna emoción postiva naturalmente, también vi de cerca al alcalde de la Ciudad de méxico y el jefe de mi delegación Xochimilco, en ambas ocaciones con la misma impresión para con el ejecutivo, en fin, volviendo a cosas agradables e interesantes en dichas ceremonias teníamos que ir con un uniforme de gala, el cual era el mismo de cada sábado pero con un pantalón azul marino de no recuerdo que material distinto a los de mezclilla, teníamos que seguir las instrucciones del clarín a pie juntillas, y nos daban unos guantes como de Mickey Mouse.
Bien, en 10 meses del servicio militar pase a tener otra visión de las cosas, hice nuevos amigos, y comprendí un poco mejor la vida militar de los marinos, lo duro que es para ellos, sus aventuras y desventuras, su forma de trabajar y lo que hacen por salvaguardar la seguridad nacional, lo cual no es fácil como dije, y que lo que hacemos en el servicio militar cada sábado es nada en comparación a lo que ellos hacen, algunos de mis amigos del servicio militar se están animando a enlistars een la marina, otros como yo tenemos planes de seguir con nuestas vidas civiles, aunque en algún momento del medio año pensé meterme a estudiar ingeniería en la Marina.
En resumen, fue todo una experiencia que al principio hice muy mal en satanizar, aprendí cosas de los marinos y ellos de nosotros.
El día 5 de diciembre llegó, un día que quería que llegara, pero cuando llego el día me di cuenta de que tal vez querría estar otros sábados en la Marina, pero la ceremonia de graduación empezó, con disrcurso de nuestro capitán en jefe, música de la orquesta para despedirnos y para entonar el himno de la marina y el nacional, debo confesar que derrame unas pocas lágrimas cuando canté por última vez el himno de la Marina y cuando grité el último exhorto del servicio nacional, espero que solamente yo me haya dado cuenta de como mi voz se quebraba y mis ojos brillaban cuando ejecuté tal acción, y me tomé las fotos del recuerdo con mis amigos y los marinos en el lugar, y recogí mi cartilla y mi diploma y ahora estoy pensando que haré los sábados a partir de febrero...