InicioInfoLa murga nació para luchar contra la dictadura militar

La murga nació para luchar contra la dictadura militar

Info2/10/2016




link:






Uno de los tradicionales festejos universales más antiguos de la historia de la humanidad, persiste hoy, a pesar de las prohibiciones y ataques de parte de las autoridades. Desde las antiguas leyendas del dios momo expulsado del olimpo por sus burlas hacia lo establecido. Desde los incontrolables festejos en la edad media y sus ataques a los monarcas. El carnaval tiene sus distintas versiones y tradiciones adaptadas a sus poblaciones originarias y también migrantes. En distintas partes del planeta también atraviesa distintas resignificaciones, algunas completamente contaminadas por el mercado y vaciadas de contenido, en otros casos, solo parcialmente y también en otros se sigue luchando por mantener o recuperar esta tradición de crítica y expresión popular.
Hay una enorme y rica historia de los carnavales en Latinoamérica, que resultaría imposible contar en un artículo, también en el Río de La Plata. El carnaval Rioplatense está muy ligado al candombe y a la murga (tanto en su versión argentina como en la uruguaya), con influencias negras y europeas. En el interior de Argentina están muy presentes tradiciones folclóricas originarias, que desde las migraciones, se han hecho presentes también en Buenos Aires.
Algunas tradiciones rioplatenses cuentan con elementos de la época colonial, en donde la historia se mezcla con las leyendas, vinculadas a los esclavos y sus momentos de recreación, en donde lo tribal se mezcla con la crítica y la burla hacia sus amos. En las murgas porteñas, están presentes en los trajes de raso, cuya leyenda recuerda a negros esclavos que utilizaban las levitas de sus amos pero al revés exhibiendo el raso que esos trajes tenían en su interior. Sus pasos de baile recrean distintas situaciones: algunos pasos simulan en andar encadenado de los esclavos, los tres saltos (3 por los 30 latigazos, un castigo muy común en aquel entonces), el intento de sacarse las cadenas, y la matanza, el momento de mayor liberación. Los maquillajes y las máscaras, presentes en ambas orillas del Río de La Plata y en muchas otras partes del mundo, mas allá de lo pintoresco, representan y recuerdan a aquellos festejos en donde los esclavos, en esos pequeños momentos de libertad, ocultaban sus rostros detrás de los maquillajes para poder criticar a los poderosos y sin ser reconocidos y evitar posteriores castigos.











Existen numerosas estrategias de cada gobierno para controlar y “permitir” el festejo, de eclosión de emociones. Algunos de ellos están documentados en diversos documentos oficiales (edictos policiales, crónicas periodísticas y solicitadas públicas) que, pueden demostrar la voluntad de los diferentes gobiernos de cada época, de controlar, pero también de sancionar esos festejos restringiendo la subversión del orden durante unos días para que permanezca vigente el orden los demás días del año.
Una tradición de control y sanción por parte de las autoridades, que acompaña a estos festejos desde la Grecia antigua y ha contado con su versión local en el Río de la Plata en distintos momentos de la historia. Ya en 1770 durante el Virreinato del Río de La Plata, los carnavales ya eran foco de la atención oficial, dado que se trataba de festividades protagonizadas principalmente por los negros esclavos. Estas fiestas eran consideradas “escandalosas”, groseras, desenfrenadas; por lo tanto el Virrey Vértiz, quien detentaba en ese entonces el Gobierno de Buenos Aires, promulgó un bando por el cual establecía la prohibición de dichos festejos, con un castigo de 200 latigazos a quien intente llevarlas a cabo mediante “los bailes y toques de tambor”. El carnaval fue proscripto mediante dos órdenes reales de Carlos III, el 7 y 14 de enero de 1773, alegando que nunca “habían sido permitidos, y que debería dominarse el “escandaloso desarreglo de costumbres” que se estaba produciendo en la ciudad de Buenos Aires, gracias a los festejos carnavalescos.
Sin embargo, ya en ese entonces se aplicaban distintos dispositivos de control que no se limitaban solo a la prohibición y represión. “La Ranchería”, es un galpón de madera y paja inaugurado en 1783, en un principio para exponer obras teatrales, en la actual esquina de Perú y Alsina, en dónde posteriormente se realizaron bailes de carnaval luego de que Vértiz los autorizara nuevamente, algunos argumentos para justificar dicha autorización están ligadas a “poder controlar dichos festejos”. En la época del virreinato los carnavales fueron foco de atención de los distintos actores de la escena del poder en esos días. Por un lado, se convirtieron en un objeto de interés en la puja por el poder entre la corona y el Virreinato; por otro, se transformaron en “un ámbito de disciplinamiento de las almas y los cuerpos”.
Actualmente, también existe esta doble modalidad, en donde se combinan las prohibiciones directas con los controles y sanciones parciales, así como también los intentos de “cooptación” de dicho festejo por parte de punteros políticos y gobernantes. Desde el primer corsos en Buenos Aires, que tuvo lugar en 1869, en la calle Hipólito Irigoyen, entre Bernado de Irigoyen y Luís Sáenz Peña, existieron numerosas situaciones de festejos, controles, prohibiciones y permisos entregados con intenciones de obtener “réditos políticos”. Previo a ese corso, y a la creación de la primer comparsa en 1858, durante el Gobierno de Juan Manuel de Rosas, el carnaval había sido nuevamente prohibido el 22 de febrero de 1844. Las celebraciones se reanudaron recién en 1854, con Rosas fuera del poder. Pero el carnaval volvió muy reglamentado, se realizaban bailes públicos en diversos lugares, previo permiso de la policía. Había mucha vigilancia policial para prevenir los desmanes de las décadas anteriores.









Por otra parte existen en documentos referentes a la “Campaña al Desierto” menciones respecto al carnaval: Una nota del Diario La Nación, en 1872, revelaba el desvelo del Gobierno de la Provincia Y la Jefatura de Policía por el anuncio de una comparsa que se proponía representar la Expedición al Desierto. Las “súplicas” de la policía a los jóvenes de la comparsa hicieron que se desistiera del proyecto: “...Parece que la seriedad de la expedición al desierto iba a ser defendida, mejor que la frontera, en las calles de la ciudad y se temía una conflicto. En consecuencia, la comparsa “Expedición al Desierto” se ha disuelto; y queda allanada la cuestión de estado y el conflicto que tenía por base una broma de carnaval...” (Puccia: “historia del carnaval porteño”)

Durante el siglo XX existieron numerosas prohibiciones que lastimaron la historia y la tradición del carnaval porteño. La última prohibición es el decreto 21329/76, en el quese prohíben los feriados de carnaval y que sirvo de excusa a numerosos gobiernos locales en distintas partes del país para prohibir corsos e impedir que se realicen festejos, y en algunos casos, ensayos de murgas en espacios públicos. Dicho decreto fue implementado en 1976, durante la última dictadura militar.


link:


link:










"La dictadura no pudo taparnos la boca"






Datos archivados del Taringa! original
0puntos
1visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

j
Usuario
Puntos0
Posts4
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.