Publicado por Ricardo Lombardo , Viernes 19 de febrero de 2016
“Es necesario que los pobres vivan mejor, que sean felices, que no tengan para ellos solamente la tarea, en tanto para los demás queda el bienestar, eso es lo que deben hacer los gobiernos” escribió José Batlle y Ordóñez en EL DIA.
Frente a tanta confusión y alteración de los roles del estado, los ciudadanos podrían llegar a preguntarse para qué están los gobiernos.
El caso de ANCAP es un muestrario de las cosas que no deben hacerse.
Empezando porque se trata de una empresa monopólica de combustibles que arrojó pérdidas cuantiosas durante cinco años. Y lo que es peor, con la justificación de la senadora Topolansky de que las empresas públicas deben dar pérdidas.
Varias decisiones de ANCAP no resisten la menor discusión: son disparates. Produce perfume con pérdidas enormes. Tiene una colateral que elabora bebidas alcohólicas a costos que deben ser subsidiados. O sea que una empresa del estado, con el dinero de todos los ciudadanos, subsidia el consumo de alcohol.
Ha vuelto a desarrollar la producción de caña de azúcar en Bella Unión, después de que quedó comprobado hasta el hartazgo que el Uruguay no tiene condiciones para hacerlo de forma eficiente y sólo con grandes subsidios puede sobrevivir esta actividad. Adicionalmente, se liquidaron todos los esfuerzos desarrollados en Bella Unión para diversificar la zona y convertirla hacia producciones eficientes: Calagua, Calpica, Calvinor.
¿Tiene sentido que la sociedad haya tenido que capitalizar en más de 900 millones de dólares a ANCAP, para que siga haciendo estas cosas?
El gobierno debería tener otras prioridades. No tengo dudas que la primera prioridad es, como decía José Batlle y Ordóñez, hacer que los pobres vivan mejor.
, hemos dicho que es posible eliminar la pobreza en Uruguay, si el gobierno concentra sus energías en un plan destinado a tales efectos. Sin duda estamos sintonizando con Batlle y Ordóñez. No en vano somos batllistas.
Un gobierno con esa orientación debería dedicar su mayor esfuerzo a eso, en lugar de producir perfume, subsidiar bebidas alcóholicas, promover actividades probadamente ineficientes, rescatar empresas inviables, promover negocios ruinosos como el de Pluna, alentar el comercio con países que no van a pagar, como Venezuela, promovidos por sospechosos comisionistas.
En fin, cada gobierno asume las prioridades que quiere.
Ya nos ha quedado claro cuáles son las prioridades de los gobiernos frenteamplistas.