Si bien la población civil es a menudo el blanco principal de las hostilidades, en particular en los conflictos armados no internacionales, las mujeres son en general las víctimas más fuertemente afectadas. Los tratados de derecho internacional humanitario contienen disposiciones especiales destinadas a proteger a las mujeres en la guerra, en particular contra los actos de violencia sexual. La autora de este artículo amplía el debate examinando también la situación de la mujer en su calidad de madre o de jefe de familia ya que, cuando los hombres están combatiendo, son las mujeres las que garantizan la supervivencia de la familia y de la comunidad. Se pasa aquí revista a las disposiciones de los Convenios de Ginebra y de sus Protocolos adicionales, para los conflictos armados tanto internacionales como no internacionales. Para concluir, la autora da una información provisional sobre el estudio relativo al tema, en curso de elaboración en el CICR, a solicitud de la XXVII Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. En general, los conflictos de hoy son internos - luchas al interior de un país entre diferentes grupos étnicos o políticos de la misma “nacionalidad”- más que internacionales, en los que se combate entre países y a través de las fronteras. Debido a esto, cada vez más la población civil se ve “atrapada” en el conflicto y/o se vuelve el blanco de los ataques de las partes en el conflicto armado, como parte de una estrategia deliberada. La guerra en el propio país en vez de en el extranjero ha tenido un importante impacto en las mujeres en su calidad de miembros de la población civil. Por otra parte, cada vez más las mujeres toman las armas como miembros de las fuerzas armadas. En estos últimos años, en los debates académicos y en los medios de comunicación de masas, se ha prestado mucha atención, por una parte, a la violencia sexual, en particular a la violación sexual, infligida a mujeres y niñas durante la guerra y, por otra, a la protección que brinda a las mujeres el derecho internacional humanitario. Como lo han ilustrado los conflictos -y lo han informado los medios de comunicación de masas- esta atención está plenamente justificada. Sin embarg o, se ha tendido a limitar ésta a la violencia sexual y a centrarse menos en otras cuestiones relativas al impacto del conflicto armado en las mujeres. En este artículo se pretende poner de manifiesto las múltiples maneras en que las mujeres experimentan el conflicto armado y, en cierta medida, algunas de las actividades del Comité Internacional de la Cruz Roja para asistir y proteger a las mujeres. Las mujeres que toman parte en las hostilidades Se ha tendido a clasificar a las mujeres, por un lado, en una sola categoría, denominada “mujeres y niños” y, por otro, como “vulnerables”. Sin embargo, la mayoría de las mujeres no son necesariamente vulnerables, y no cabe duda de que sus necesidades, experiencias y papeles en la guerra difieren de los de los niños (aunque hay que decir que en muchos conflictos se obliga a los niños a asumir papeles de adulto). Actualmente, las mujeres están participando activamente en muchos conflictos armados en el mundo entero y, a lo largo de la historia, han desempeñado un papel en las guerras. Desde entonces, las mujeres han asumido un papel mucho mayor y con más frecuencia están ingresando, voluntaria o involuntariamente, en las fuerzas armadas, en las que asumen papeles tanto de apoyo como de combate. Por dar sólo unos ejemplos, entre los militares de Estados Unidos “en total, el 14% del personal activo está co nstituido por mujeres” y de las fuerzas estadounidenses que sirvieron en la Guerra del Golfo de 1990-1991, 40.000 eran mujeres [2 ] . Se calcula que una quinta parte de las fuerzas armadas eritreas pertenecen al sexo femenino[3 ] y hasta una tercera parte de las fuerzas combatientes de los Tigres de Liberación de Eelam Tamil (LTTE) implicados en la guerra civil en Sri Lanka son mujeres . El papel de las “mujeres bombas” suicidas del LTTE ha subrayado asimismo hasta qué horrible punto las mujeres están preparadas para actuar en ese conflicto en curso. Irónicamente, mucho de su “éxito” en alcanzar sus blancos puede atribuirse al hecho de que, siendo mujeres, generalmente pueden acercarse más a su objetivo - quizá debido a la percepción de que son más vulnerables y, por lo tanto, es menos probable que lleven a cabo tales ataques. “Por muchas razones, las mujeres son la opción preferida de los grupos legos cuando se trata de misiones de infiltración y de ataque. En primer lugar, las mujeres despiertan menos sospechas. En segundo lugar, en las sociedades conservadoras del Medio Oriente y de Asia Meridional, se vacila en registrar corporalmente a una mujer. En tercer lugar, las mujeres pueden ocultar un dispositivo suicida debajo de su ropa y dar la apariencia de estar embarazadas . Las mujeres son tan capaces como los hombres de cometer actos de extrema violencia. Conclusión La guerra, sea o no internacional, causa sufrimientos extremos a quienes se ven atrapados en ella. Las mujeres viven la experiencia de la guerra de múltiples formas - desde la participación activa como combatientes hasta el convertirse en blanco de los ataques como miembros de la población civil, específicamente por su condición de mujeres -. Pero la guerra para las mujeres no acarrea solamente la violación sexual - afortunadamente muchas no experimentan esta nefasta violación -; también entraña la separació n, la pérdida de miembros de la familia y de los medios mismos de subsistencia: trae consigo heridas y privaciones. La guerra compele a las mujeres a desempeñar papeles no acostumbrados y a desarrollar nuevas destrezas para afrontarla. Hoy más que nunca, los Estados y las partes en el conflicto armado deben hacer todo lo posible para defender el respecto por la seguridad y dignidad de las mujeres en tiempos de guerra, y las mujeres mismas deben participar más estrechamente en todas las medidas que se tomen en su nombre. Todo Estado vinculado por los tratados de derecho internacional humanitario tiene el deber de promover las reglas de protección de las mujeres contra cualquier forma de violencia en la guerra, y si se cometen delitos, está obligado a enjuiciar a los responsables. Si las mujeres tienen que soportar tantos efectos trágicos del conflicto armado, esto no se debe a las deficiencias en las reglas que las protegen sino primordialmente al hecho de que con mucha frecuencia no se observan estas reglas. La protección general y específica a que tienen derecho las mujeres debe convertirse en una realidad. Se deben realizar esfuerzos constantes para promover el conocimiento del derecho internacional humanitario y el cumplimiento de sus obligaciones por parte de un público lo más amplio posible, utilizando todos los medios disponibles. La responsabilidad por mejorar la situación crítica de las mujeres en los tiempos de guerra debe ser compartida por todos.
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