Juntar computadora de sobremesa y móvil no es solamente una valentía, si no un avance de lo que está llamado a ser el futuro.
Personalmente no me queda ninguna duda que en un futuro a medio plazo, nuestros smartphones van a convertirse (o, al menos, deberían) en nuestros sistemas informáticos para todo. Sí, ya sé que puede sonar a tópico manido aprendido de mil gurús de pacotilla que repiten como loros lo que dicen los grandes de la industria en eventos como el Mobile World Congress o el CES de Las Vegas y que luego difunden los medios, pero no me negarán que no es una imagen que la misma industria y su evolución transmiten sin mucha dificultad para quien sepa leer adecuadamente los avances que se producen.
Un muy buen ejemplo de este futuro lo pude ver personalmente en el CES del 2011, al posar mis ojos sobre el Motorola ATRIX (que entonces era presentado en sociedad), su entorno WebTop, y la base Laptop Dock (ahora con el nombre simplificado a Lapdock). Entonces ya escribí que aquello de poder conectar el teléfono a una pantalla grande, un teclado, un ratón, y poder trabajar como en cualquier computadora de sobremesa ya fuera con los periféricos de esta o utilizando un televisor en el salón de nuestra casa, era lo que debía esperarnos en el futuro.
Con Ubuntu for Android , Canonical da un paso más en el mismo sentido. Diferente, más universal si quieren –en el sentido que lo que se ejecuta es un sistema multipropósito al cual se le pueden instalar programas, no como WebTop– pero en el fondo el mismo espíritu de “métete el ordenador en el bolsillo y vete a trabajar y a disfrutar a donde quieras con él”.
Véase, para aquellos que están metidos en el mundo empresarial, como un cliente ligero ( thin client ) móvil, el equivalente a lo que fueron en su momento los portátiles para los sistemas informáticos.
Técnicamente, todo estaba dispuesto: las salidas de vídeo HDMI, las conexiones Bluetooth para teclados y ratones, o los procesadores móviles suficientemente potentes como para asemejarse en prestaciones a los de sobremesa (aunque vayan aún un poco por detrás). Aquí, a mi parecer, el mérito recae claramente sobre el software y, por lo tanto, sobre Canonical.
¡Bien por ellos!
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