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"Argentina fue el único país que entregó todo"

Info•2/29/2016
"Argentina fue el único país que entregó todo"

El 24 de septiembre, el gobierno de Carlos Menem vendió YPF, empresa símbolo de la soberanía sobre los recursos naturales del país. El economista Alberto Müller, profesor en la UBA y director del Centro de Estudios para la Situación y Perspectivas de la Argentina (Cespa), analiza la fiebre privatizadora de un gobierno que remató gran parte del patrimonio de la Argentina.

Menem
"Argentina llegó a la década de la privatización total después de un período hiperinflacionario y con la idea de que todo lo que se había hecho antes no había servido para nada", explica Müller.


-¿Existió alguna lógica por detrás de las privatizaciones en la década del 90?

-En las reformas que se llevaron a cabo durante el menemismo no existió un programa encarado con algún tipo de perspectiva sectorial. Cada área tiene problemáticas distintas, por tanto lógicas e historias diferentes. Sin embargo, primó la posición de que cada una de ellas, en el fondo, tenía el mismo problema y, en consecuencia, la misma solución. Cualquier cuestión que se discutía, encontraba en la privatización y desregulación del sector su respuesta y salida. Recuerdo que, a modo de humorada, se decía en ese entonces que no valía la pena contratar los servicios de consultoras porque ya se sabía a la respuesta a la que iban a llegar: privatizar. Existía una especie de panacea. La norma imperante era siempre salvar la cuestión fiscal y ahí es donde entraba en juego la venta de las empresas públicas. Había que mantener equilibradas las cuentas, y no debemos soslayar que, debido al régimen de convertibilidad en el que nos habíamos metido, Argentina estaba impedida de emitir para cubrir necesidades fiscales. Era necesario arreglarse con lo que se tuviera a mano. De hecho, en el breve lapso que cerró la cuestión fiscal, las privatizaciones explicaron en gran medida el objetivo buscado. Incluso, hubo un exceso de angurria dentro de la propia lógica de la convertibilidad: la privatizacion del sistema previsional. Fue una tontería, se armó un negocio espectacular, de esos que sólo los financistas imaginan, que desfinanció por completo al Estado.


-¿Qué importancia se debe otorgar a organismos y potencias internacionales en la aplicación del plan económico neoliberal en Argentina?

-Me resulta más interesante pensar en la historia previa del país. El terreno para todo lo que sucedió en los 90 fue sembrándose en la década anterior. Incluso en el año 83 ya se hablaba de un agotamiento del sistema de sustitución de importaciones, y el discurso que inculpaba al Estado de todos los males económicos tenía un fuerte arraigo en gran parte de la intelectualidad. Argentina llegó a la década de la privatización total después de un período hiperinflacionario y con la idea de que todo lo que se había hecho antes no había servido para nada.


-Sin embargo, el Consenso de Washington delineó una política clara para los países latinoamericanos.

-Uno puede observar que en cada país sucedieron fenómenos distintos, por lo que es difícil pensar que todo se haya hecho por orden de los Estados Unidos. No daría mucha importancia a ciertas presiones externas en la cuestión de las privatizaciones. Si bien este consenso ordenó medidas, no todas las naciones las hicieron de la misma manera. En el caso del petróleo, por ejemplo, encontramos que en Chile, si bien no abunda este recurso, la empresa petrolera siguió siendo estatal. En Uruguay, en tanto, la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (ANCAP) no fue privatizada. Por su parte, Brasil privatizó sólo parcialmente Petrobras, manteniendo el control estatal. Argentina fue el único país que se abrió completamente al capital privado y entregó todo. De Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) lo único que quedó fue su nombre, y esto es notable, pues no se cambió a pesar de ser privado, porque el nombre tenía un peso simbólico muy grande. Si uno compara con otros países de América latina, Argentina fue la que más avanzó en las privatizaciones, si bien es difícil comparar porque se trata de situaciones distintas. En rigor, lo que los otros hicieron en algún lado, Argentina lo hizo en todos. Incluso en sectores donde inicialmente no se pensaba hacer nada, se hizo, como el ferrocarril metropolitano.


¿Qué impacto tuvo en las empresas privatizadas la devaluación de 2002?

Una parte importante de las privatizaciones se habían hecho con cláusula dólar en la tarifa. Esto implicaba una dificultad muy grande al momento de pensar en un proceso devaluatorio como salida a la crisis económica argentina. La cuota cambiara implicaba que, ante una devaluación del peso, Argentina se convertiría en un país importador de servicios porque los precios se dispararían fuertemente. Entonces el "mérito" de la salida a la crisis que tuvimos fue que se creó una situación tal que nadie pudo reclamar por la dolarizacion de las tarifas, porque le hubieran prendido fuego. Una salida suave hubiera sido utópica, pues si esa cláusula se ponía en marcha hubiese sido un desastre.

¿La degradación de las empresas continúa en la actualidad?

-Las concesiones interurbanas, que se siguen manteniendo hasta ahora, fueron nefastas. Se invertía sólo en el mantenimiento de mínima. El caso metropolitano fue diferente, ya que sí hubo obras, se amplió la Panamericana, se construyó el acceso oeste y la autopista La Plata-Buenos Aires, además de ampliar la Ricchieri. Se vio un aumento genuino de capacidad. Afirmaría que es de los sectores menos dañados. Lo que me queda clarísimo es que, sea cual fuere el proceso de privatización, siempre se necesita una asociación con el Estado. El sector privado no va a poner las vías que están hechas torta; eso los privados no lo van a poner nunca, ni en una concesión corta ni a largo plazo, eso lo tiene que hacer el Estado.

-Usted dijo que Chile, Uruguay y Brasil mantuvieron la presencia del Estado sobre las empresas petroleras. ¿Qué sucedió en la Argentina y qué observa actualmente, a la luz del acuerdo con Chevrón para la explotación de Vaca Muerta?

-El error en los 90 fue intentar alcanzar el equilibrio externo mediante la venta de petróleo (se vendía el 40 por ciento de la producción total). Incluso se llegó a hablar de la posibilidad de que Argentina integrara la Organización de Países Exportadores de Petróleo, algo irrisorio. YPF no invirtió jamás en exploración. Lo peor de todo es que con esas exportaciones se ayudó a sostener la convertibilidad. El kirchnerismo es un gobierno estatista de última instancia. En el caso de Repsol fueron muy pasivos; entre otras cosas, toleraron la compra de acciones del Grupo Eskenazi, pagadas con dividendos de la propia empresa. El punto de quiebre fue cuando en 2011 el país entró en déficit energético. La obtención de saldos exportables para la balanza de pagos, objetivo que se plantea en la ley de expropiación del 51 por ciento del paquete accionario de YPF, significa que la Argentina apueste de vuelta a un eventual derroche del recurso, ya que no somos un país ni petrolero ni gasífero. El acuerdo con Chevrón es una estrategia para acceder a tecnología y capital necesario, ausente en lo inmediato en nuestro país. Argentina podría dedicarse a producir equipos para esto, pero habría que ver dónde esta la capacidad de ahorro para poder lograrlo.


Gastón Godoy, Marcelo Silva de Sousa
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