El peligro del teléfono móvil
El teléfono móvil, igual que la mayoría de electrodomésticos, emite ondas electromagnéticas que alteran al ser humano. No es nada nuevo. Hace años que se ha determinado que no es saludable tener el televisor. El ordenador o el equipo de música demasiado cerca. O en la cabecera de la cama. Las ondas que producen continuamente estos aparatos, tanto cuando están encendidos como cuando no están en funcionamiento, pueden alterar el organismo.
Pero, ¿Realmente la cantidad de ondas electromagnéticas que desprenden estos cotidianos aparatos es suficiente como para causar problema de salud?
La perversidad de los campos magnéticos en los que interfieren las personas depende de la potencia de las ondas, de la frecuencia de absorción y de la proximidad de la fuente emisora
La potencia de los móviles no alcanza los niveles de peligrosidad extrema. Las interferencias de los teléfonos celulares no se aproxima ni lo más mínimo a las que producen los rayos X o Gamma. Sin embargo, la alarma se ha generado, sobre todo, por la proximidad de la fuente generadora de las ondas. El teléfono actúa directamente sobre la cabeza y, por lo tanto, las sospechas sobre la posible acción cancerígena se han multiplicado.
No hay datos que confirmen los riesgos. Aunque nadie se atreve a desmentirlos rotundamente. Los estudios son muy recientes. Las cifras no pueden considerarse determinantes. En principio, la mayoría de investigaciones que han actuado en este ámbito han concluido de la misma manera: hay que descartar el alarmismo y proponer el uso racional del teléfono móvil.
