Aprovechando las Fiestas, me tomé la libertad de elaborar un pequeño relato . Probablemente cuando lo acaben de leer quedarán un tanto escépticos, pero sí prestan atención, tiene un significado oculto. Aún así, a continuación del texto, hay algunas imágenes que podrían llegar a ayudarles a elaborar una conclusión (o hipótesis, dado el caso).

Todo oscuro. Todo frío. Todo rojo.
Quizás esas son las 3 frases necesarias para describir ésta situación, para describir LA situación. Oh sí, claro que sí. Algo como esto no se presencia todos los días, es por eso que debe ser llamado con propiedad, como un acontecimiento que quedará por siempre grabado con fuego en nuestras cabezas, meciéndose en nuestros pensamientos. Por ahí lo ignoras, pero recuerdas la Muerte y… ¡Pum! Este acontecimiento se cuela en tu cerebro.
Aquellos dos extravagantes individuos aún se mantienen allí (un hombre y una mujer), de pie, junto al Árbol de Navidad , curiosamente decorado con diferentes órganos humanos. Ambas personas se encuentran desnudas, sólo una de ellas (el hombre, de 40 años de edad, sí se me permite tirar al azar un número) llevaba algo puesto: un gorro de Navidad , como el que Papá Noel suele usar. Miraban el árbol con mucho interés, sin siquiera darle importancia hacía lo que yacía detrás de ellos; ¿Qué yacía detrás? Montones de cuerpos, cada uno acuchillado en una zona diferente (algunos en varias zonas ¡Qué ridiculez! Mal gastar tantas vidas en un acto satánico). Como se podrán imaginar, el cuarto era una bañadera de sangre.
Afortunadamente, la habitación era iluminada por un pequeño foco de luz, el cual apenas escupía iluminación. Dado esto, muchas partes el cuarto (y más que nada, tres de sus rincones) yacían en penumbras. Por el momento, estaba a salvo.
Los oía platicar sin ninguna pronunciación curiosa, ni mueca, ni ningún acto que indicará que se arrepentían de lo que acababan de hacer. También parecían pasar por alto el hecho de que estaban desnudos (¡Vaya a saber uno en donde estaba la ropa!). Pues, yo también pasé por alto su conversación. No la ignoré, sabía a la perfección que ellos intercambiaban palabras y risas, pero no me esforzaba en comprenderlos. Por lo contrario, concentré mi inteligencia (si es que cabía espacio para ella en mi cabeza) en hallar una salida.
Será mejor que me des el ascenso que necesito, Sheila.
Escuché un ruido, no sé de dónde provino exactamente. Pero estoy seguro que no del interior de la casa, ¿Acaso hay alguien allí afuera? No lo sé. Oh, mi querido lector, no lo sé. Es posible que sus nervios estén hasta el techo en éste momento (imagínese los míos, ¡Ja!)
¡La puta madre! Hice ruido. No puedo confirmar si me oyeron o no, pero es capaz.
Viene hacía aquí, el hombre se acerca. No porta el cuchillo, pero aún así se aproxima hacía mi posición, echando miradas hacía la misma. Me oyó. No, no, no. Sí, sí, sí.
“Nos falta un último adorno”; Musitó hace tan sólo segundos. Me habla a mí. Me vió. Moriré. Oh, ¡Cuánto lo siento!

27/12/1980
Éste trozo de papel fue hallado en la escena del crimen. Las últimas oraciones se ven borrosas y debajo de ésta hay gotas de un líquido que fue distinguido como sangre humana.
Han sido hallados cinco cuerpos en la escena del crimen. El del autor de la nota que acaban de leer yacía cerca del árbol navideño, y su corazón había sido bruscamente retirado a puñaladas.
La sangre hallada sobre el papel no pertenece a ninguna de las víctimas encontradas. El ADN es completamente incompatible.
El paradero de los asesinos sigue siendo incierto. El caso queda pendiente.

