
Comerse la propia placenta, ¿es sano o solo una frikada?
Existe una corriente creciente de mujeres que no dudan en comerse su propia placenta tras dar a luz. Hay hasta un libro con recetas .


El milagro de la vida: una mujer da a luz, una nueva vida surge… y hay un festín con su placenta. Supongo que con la última frase habéis flipado. Bien, pues no lo hagáis: en los últimos 10 años ha crecido muchísimo el número de mujeres que deciden comerse su propia placenta cocinada con su pareja, amigos y familiares.
La placenta es un órgano que desarrollan las mujeres (y la mayoría de los mamíferos) durante la gestación y que gestiona el intercambio de sustancias nutritivas entre la madre y su hijo. Quizá por eso, muchas personas lo ven como un ‘superalimento’ y no dudan en recuperarlo al expulsarlo durante el parto para cocinarlo y comerlo en alegre cuchipanda. Esto es relativamente habitual en los partos en casa que, además, se han popularizado durante los últimos tiempos.

Pero, ¿es sano comer la placenta?, ¿aporta nutrientes o es solo lo más friki que un ser humano puede hacer? Los expertos aún no tienen datos –el fenómeno es relativamente reciente-, pero señalan que es posible que, además de hormonas, tenga un alto contenido en hierro, aunque también en mercurio, que no pasa de la madre al hijo y que puede acabar en la placenta.
Sin embargo, los buscadores de nuevas tendencias gastro ya van más rápidos que tú leyendo este artículo. Ya existen, a precios absurdos, píldoras de placenta con supuestos efectos milagrosos. Por supuesto, hay ‘celebrities’ que cantan a los cuatro vientos sus virtudes como Kourtney Kardashian, del clan que está en todos los saraos.
Por haber hay hasta un libro con recetas de placenta . Lo ha escrito Katie DiBenedetto, que explica en sus páginas cómo hacer trufas, ‘smoothies’ o guisos a partir de este órgano. Si tenéis alguna amiga en estado de buena esperanza, puede ser el regalo que estaba esperando.
