En el ensayo titulado Nadie acabará con los libros, Jean -Claude Carrière nos refiere que “toda lectura modifica el libro, es verdad, al igual que nos modifican los acontecimientos que vivimos. [...] nuestros caminos vitales, nuestras experiencias personales, la época en que vivimos, las informaciones que recibimos, todo, incluso nuestros accidentes domésticos o los problemas de nuestros hijos, influyen en nuestra lectura de las obras antiguas”.
Por mi parte, opino que el texto escrito no toma sentido hasta que es leído y comprendido por el lector; al mismo tiempo, no es comprendido de la misma forma por todos los lectores. De ahí nace la diversidad de gustos. Un texto no es escrito para todas las personas en todos los momentos de su vida, sino para aquellas que tienen la llave de la comprensión. Como decía Bruno Munari, “cada uno ve lo que sabe”, frase que podría aplicarse también a la lectura,diciendo que uno lee lo que sabe, y que va llenando el texto de sentido, como dice Jean -Claude Carrière, según sus experiencias de vida.
También en Nadie acabará con los libros, Umberto Eco asegura que "no leemos a Shakespeare tal como escribió él. Nuestro Shakespeare es mucho más rico que el que se leía en sus tiempos. Para que una obra maestra lo sea, debe ser conocida, es decir, debe haber absorbido todas las interpretaciones que ha estimulado, que contribuyen a hacer de ella lo que es. Una obra maestra desconocida no ha tenido bastantes lectores, lecturas, interpretaciones”.
Nunca se lee el mismo libro dos veces. Entre lectura y lectura se va ganando experiencia, y se le va dando un nuevo sentido al texto interpretado. El mejor ejemplo que puedo dar desde mi experiencia es el de El principito,leído por primera vez a mis 12 años de edad, como lectura obligatoria para la primaria, y releído a mis 20 años solo por placer. En la primera lectura de la historia, comprendí solo lo que la profesora me pidió y "enseñó";pero en mi segunda lectura, siendo mayor, logré llenar de sentido al texto gracias a mis experiencias vividas. Del mismo modo que una persona no lee dos veces el mismo libro, dos personas no leen nunca el mismo libro. Cada uno le da un sentido personal a la lectura.
“El escritor le da el pie al lector para que llene de sentido ciertos espacios vacíos. El autor prevé que estos espacios serán rellenados y los deja en blanco por dos motivos: en primer lugar, porque un texto se escribe con la intención de que alguien lo actualice, es un mecanismo perezoso que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario le introduce; y en segundo lugar, porque a medida que pasa de la función didáctica a la estética, el texto deja al lector la iniciativa interpretativa”.