Luego de que Lavalle depuso a Manuel Dorrego y lo mandara asesinar, aplico una política del terror sobre la Provincia de Buenos Aires, José María Rosa, la relata así:
"Calcúlanse en mil los asesinados por los unitarios en la campaña. No solamente en el medio rural, en la ciudad funcionan "comisiones" para reprimir sumariamente; hasta niños de siete años fueron degollados por 'andar con divisas federales'. El Pampero (diario de tendencia unitaria) comenta: "O el país ha de convertirse en un desierto o nuestra causa triunfar". Son tantos los crímenes que el año 1929 será el único en la demografía de la provincia (de Buenos Aires) donde las defunciones sobrepasan a los nacimientos."
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El secuestro o la incautación de las propiedades de los 'decentes' es usada como una norma revolucionaria. El 15 de diciembre (de 1828) Carril aconseja a Lavalle 'indemnizar a los propietarios que han sido víctimas de los bárbaros de Rosas (es decir, de la guerra en la campaña) con las propiedades del caudillo (Rosas) o interesarlos de esta manera'; agrega que pueden 'ponerse todas sus estancias en administración sin admitir reclamo alguno, y afectar su valor a responder de los prejuicios que pueda recibir la frontera por las hostilidades de los bárbaros'"
José María Rosa; "Historia Argentina"; tomo VI