Si podemos expresar verbalmente todo lo que pensamos, y también si hay un límite a la cantidad de cosas pensables. Y una vez más, se ha producido una auténtica avalancha de comentarios para todos los gustos (y para todos los disgustos), como no podía ser de otra manera, ya que la compleja relación entre lenguaje y pensamiento es objeto de controversia al menos desde los tiempos de Aristóteles, que dijo que de haber podido elegir qué hacer por el bien de la humanidad, habría unificado el significado de las palabras, de modo que todas las personas las entendieran de la misma manera. Lo cual sugiere una primera pregunta: ¿Sería deseable que las palabras significaran exactamente lo mismo para todo el mundo? Y al hablar de lenguaje y de mundo es inevitable citar a Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. ¿Cómo hay que entender esta frase? ¿Estamos de acuerdo? Por cierto, en ocasiones la cita aparece formulada de esta otra manera: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”. ¿Son equivalentes ambas versiones? ¿Cuál nos convence más? El poder de la imaginación Reflexionar sobre los límites del lenguaje y del pensamiento nos lleva inevitablemente a preguntarnos por los límites de la imaginación. ¿Los tiene? Y si los tiene, ¿cuáles son? No es una pregunta equivalente a las anteriores, pues en la imaginación podrían caber más cosas (¿muchas más?, ¿infinitas?) que en el lenguaje y en el pensamiento conceptual. Y además de inmensa, la imaginación (“la loca de la casa”, como la llamaba Santa Teresa) es enormemente poderosa, tanto que los poderes establecidos siempre la han temido, controlado e incluso perseguido. Recientes experimentos científicos parecen indicar que nuestro espacio peripersonal puede solaparse con el espacio de la imaginación, como en una experiencia espontánea de realidad aumentada (el espacio peripersonal es el que hay alrededor de nuestro cuerpo más o menos al alcance de la mano, nuestra “burbuja” invisible). En cierto modo, nuestra imaginación no solo imagina la realidad, valga la redundancia, sino que la conforma. Y como colofón a estas inquietantes consideraciones, un acertijo relacionado con el poder de la imaginación:
Cuán poderosa es nuestra imaginación Puede llegar a matarnos
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