Cautivado por su característica planta triangular, Heinrich Himmler puso en el punto de mira el castillo de Wewelsburg, construido entre 1603 y 1609 en el norte del Estado federado alemán de Renania del Norte-Westfalia.
Y hoy día reabierto como museo de la historia de las SS, el primero del mundo dedicado a la materia.
Todo había comenzado cuando en 1934, el jerarca nazi Heinrich Himmler firmó un arrendamiento por 100 años con el distrito alemán de Paderborn. Allí organizó las reuniones como jefe supremo de la guardia de élite de Hitler con sus doce generales en una cúpula circular en torno a una llama eterna.
Tenía la intención de rehabilitar y remodelar el castillo de Wewelsburg para convertirlo en escuela para los líderes de las SS.
La escuela nunca llegó a inaugurarse, y en su lugar el castillo se convirtió en un centro arqueológico para la investigación sobre la raza aria.
En 1936, Himmler valoró la idea de ampliar el castillo para convertirlo en un centro ideológico modelo de las SS. En 1939, Himmler prohibió cualquier publicación acerca del castillo y desde ese año hasta 1943 los prisioneros de los campos de concentración de Sachsenhausen y Niederhagen realizaron trabajos de rehabilitación.
Un lugar ideal, para establecer la base de rituales y ceremonias que aún hoy en día no se tiene muy claro lo que eran, ya que Himmler era un declarado seguidor de lo oculto.
Concretamente la torre norte era el centro principal del castillo.
La Sala de los Generales (Obergruppenführersaal) , tenía en el suelo de mármol un mosaico en el que se representaba un sol cuyos doce rayos estaban compuestos por invertidas runas SS (conocido hoy como Sol negro).
En el extremo de cada rayo se situaba un nicho.
En el centro de la sala se diseñó una llama eterna alimentada mediante una tubería de gas y a su alrededor doce pedestales con doce nichos, cuyo significado se desconoce.
Las ceremonias, reuniones de los lideres de las SS, así como las planificaciones de operaciones militares se realizaban en el castillo.
Si un miembro de las SS mostrara cualidades excepcionales de liderazgo y valor en combate, se le entregaba un anillo de honor, (SS-Ehrenring), que debía regresaran al castillo en caso de muerte, de hecho se emitió una órden donde todo combatiente debería rescatar el anillo de un SS caído y regresarlo a Wewelsburg.
Según los planes de Himmler, el castillo debía ser el «centro del nuevo mundo» después de la victoria final. Poco antes del final de la II Guerra Mundial, las SS intentaron destruir el castillo, pero la falta de materiales explosivos evitó su demolición.
El castillo ha abierto sus puertas para mostrar como dice su directora “un lugar del crimen, no un memorial de las SS”. Aún así, ante la posibilidad de que se convierta en un lugar de culto neonazi –el centro exhibe la agenda del propio Himmler, entre cruces gamadas y uniformes– han puesto cámaras en las salas para evitar incidentes.
Este castillo es un claro componente del llamado nazismo mítico-épico, que tenían la firme creencia que su lucha no solo era política y militar si no también en la esfera espiritual contra las fuerzas del judaismo semita.