En este post, mi idea es detallar algunas historias de la Tierra Media. La intención es dividirlas por edad (3), por lo que este post va a hacer referencia a la Primera Edad.
Para un mayor conocimiento de las edades, visiten mi otro post:
[Beleriand, lugar de los acontecimientos de la Primera Edad o Días Antiguos. Si abren la imagen en otra pestaña, le pueden dar zoom]
1- De la Dagor Bargollach y el combate entre Fingolfin y Morgoth.
Se dice que de entre todos los hijos de Ilúvatar, Fëanor fue el más poderoso, y de los Noldor el más grande. Pero había uno que rivalizaba con él en poder y grandeza, y este era Fingolfin, su medio hermano.
El combate se sucedió luego de la Dagor Bragollach, la Batalla de la Llama Súbita o la Cuarta Batalla. Cuando llegó el invierno, Morgoth, que se había refugiado en su fortaleza Angband durante 400 años, envió ríos de llamas que se esparcieron por la llanura de Ard-galen, las tierras al exterior de Angband. Las montañas eructaron fuego y humo venenoso, que era mortal. Así, Ard-galen se convirtió en un baldío quemado, en una tierra yerma y sin vida, y se le llamó Anfauglith el Polvo Asfixiante.
La mayoría de los elfos Noldor que sitiaban la fortaleza fueron chamuscados, y sólo los terrenos elevados socavaron los incendios. Así comenzó la Cuarta Batalla. Glaurung, el Padre de los Dragones, avanzó con los Balrogs y multitudes de orcos negros que los Noldor no habían visto ni imaginado jamás. Atacaron las fortalezas de los elfos y rompieron el Sitio de Angband, matando elfos y hombres allí donde los vieran, y la fuerte embestida sólo terminó con la llegada de la primavera.
Tan grande fue el ataque que los hijos de Fëanor y Finarfin no pudieron contenerlo en el Este. La única fortaleza que resistió fue la Frontera de Maedhros, defendida por Maedhros primer hijo de Fëanor. Fingolfin y su hijo Fingon no pudieron socorrerlos desde el Oeste, Hithlum, porque sus ejércitos fueron rechazados con grandes pérdidas hasta sus fortalezas y apenas consiguieron defenderlas de los orcos. Hithlum no fue conquistada y amenazó el flanco del ataque de Morgoth, pero un mar de enemigos separó a Fingolfin de su gente. De esta forma, las tierras de Thargelion y Himlad fueron asoladas.
Con la derrota de los hijos de Finarfin y el exilio de los hijos de Fëanor de sus tierras, Fingolfin vio lo que era para él la ruina total de los Noldor, y la derrota de sus casas más allá de toda recuperación. Lleno de desesperación y de furia, montó en su caballo Rochallor y cabalgó "como un viento entre polvo", y aquellos que lo veían huían horrorizados creyendo que Oromë había regresado. Corría con una cólera enloquecida, y los ojos le brillaban como los ojos de los Valar. Llegó en solitario a Angband, e hizo sonar su cuerno, y golpeando las puertas de bronce desafió a Morgoth a un combate singular.
[Fingolfin, segundo Rey Supremo de los Noldor en el exilio luego de la muerte de Fëanor]
Aquella fue la última vez que Morgoth cruzó las puertas de su fortaleza, y se dice que no aceptó el desafío de buen grado, porque "aunque su poder era mayor a todas las cosas de este mundo, sólo él entre los Valar conocía el miedo", y no podía negarse a aceptar el desafío enfrente de sus capitanes, porque la música del cuerno de Fingolfin resonó hasta en los niveles abismales de Angband, y le llamó cobarde y señor de esclavos.
Por lo tanto Morgoth salió subiendo lentamente desde el trono profundo, y el sonido de sus pisadas era como un trueno bajo tierra. Estaba vestido con una armadura negra, y se erguía ante Fingolfin como una torre de hierro, y el vasto escudo, negro y sin blasón, arrojaba una sombra de nubes tormentosas. Pero Fingolfin brillaba debajo como una estrella, porque la cota de malla era de hilos de plata entretejidos, y en el escudo azul llevaba cristales incrustados, y desenvainó su espada, Ringil, que relució como el hielo.
Morgoth esgrimió el Martillo de los Mundos Subterráneos, llamado Grond, lo alzó bruscamente y lo hizo caer como un rayo de tormenta. Pero Fingolfin saltó a un lado, y Grond abrió un gran pozo en la tierra, de donde salían humo y fuego. Muchas veces intentó Morgoth herirlo pero Fingolfin esquivó los golpes, e hirió a Morgoth con siete heridas, y siete veces lanzó Morgoth un grito de angustia, mientras los ejércitos de Angband caían de bruces consternados, y el eco de los gritos resonaba en las Tierras Septentrionales.
Pero Fingolfin se fatigó, y Morgoth lo abatió con el escudo. Tres veces cayó el Rey Supremo de los Noldor de rodillas y tres veces se volvió a levantar con el escudo roto y el yelmo mellado. Pero la tierra estaba desgarrada en pozos todo alrededor, y tropezó y cayó de espaldas ante los pies de Morgoth, y éste le puso el pie izquierdo sobre el cuello, y el peso era como el de una montaña derrumbada. No obstante, en un último y desesperado intento, Fingolfin lo golpeó con Ringil para intentar liberarse y le rebanó el pie, y la sangre manó negra y humeante y llenó los pozos abiertos por Grond.
Quedó atrapado en un pozo, y murió ahogado, y "de este modo pereció Fingolfin, Rey Supremo de los Noldor, el más orgulloso y valiente de los reyes elfos de antaño". Morgoth levantó el cuerpo del Rey Elfo y lo quebró, y se lo habría arrojado a los lobos, pero Thorondor se precipitó desde su nido en las cumbres de Crissaegrim, y se lanzó sobre Morgoth y le desfiguró la cara. Recuperó el cuerpo de Fingolfin y se lo llevó a su hijo, Turgon rey de Gondolin, quien construyó un alto túmulo en la cima de una montaña.
Morgoth rengueó siempre de un pie desde ese día, y el dolor de las heridas no se le curó nunca y en la cara llevaba la cicatriz que Thorondor le había hecho. Grande fue el duelo en Hithlum cuando se supo de la caída de Fingolfin, y Fingon su hijo se convirtió en señor de la casa de Fingolfin y de todos los Noldor, pero a su joven hijo Ereinion (Gil-galad) lo envió a los Puertos con Círdan.
A diferencia de su hermano Fëanor, que permaneció en las Estancias de Mandos hasta que el mundo se consumiera en la Batalla de las Batallas, Fingolfin ascendió hasta la morada de Ilúvatar, y más tarde lucharía con Morgoth en la Dagor Dagorath, pero no sería él quien le de la muerte.
[Ilustración del combate a muerte entre Fingolfin y Morgoth]
2- De Beren y Lúthien.
"Entre las historias de dolor y de ruina que nos llegaron de la oscuridad de aquel entonces, hay sin embargo algunas en las que en medio del llanto resplandece la alegría, y a la sombra de la muerte hay una luz que resiste. Y de estas historias la más hermosa a los oídos de los Elfos es la de Beren y Lúthien."
Beren fue un hombre de la Casa de Bëor, habitante de los bosques de Dorthonion, hijo de Barahir. Luego de la Dagor Bragollach, Morgoth continuaba inseguro del poder de los elfos y de los hombres, y envió más espías a Beleriand. A traición, le revelaron a Sauron el escondite de los hombres de Dorthonion, del cual Barahir era señor. Sauron invade la guarida, pero Beren había sido enviado en una misión peligrosa para espiar los pasos del enemigo, y no se encontraba allí.
Mientras dormía, el traidor que se llamaba Gorlim se presentó en sus sueños y le confesó su traición. Entonces despertó y se apresuró en la noche a regresar a la guarida, pero Barahir yacía muerto. Allí le enterró y juró venganza. Siguió a los orcos que habían asesinado a su padre, y de noche encontró el campamento enemigo. Beren saltó detrás de una roca y mató al capitán orco, tomando el anillo de Barahir de su mano, y escapó "defendido por los hados".
Se hizo amigo de las bestias y aves que habitaban Dorthonion, y pasado un tiempo se convirtió en un verdadero peligro para Morgoth, y le puso un precio a su cabeza no menor que a la de Fingon, Rey Supremo de los Noldor. Envió un ejército comandado por Sauron en su búsqueda, y tanto le presionaron que debió abandonar Dorthonion. En la tumba de su padre, divisó los bosques de Doriath y decidió descender a ellos.
El camino fue largo y muy peligroso, porque atravesó terrenos muy escarpados y tuvo que enfrentarse a criaturas horribles, como las arañas gigantes de la prole de Ungoliant en Dungortheb, donde la hechicería de Sauron y la magia de Melian chocaban. Beren nunca quiso hacer referencia al viaje por los horrores que supuso, pero no fue la menor de sus hazañas. Fue el primer mortal en pisar los bosques de Doriath, protegidos por la Cintura de Melian, que causaba que todos aquellos que entraran sin su consentimiento, se perdieran en el bosque. Atravesó la Cintura como Melian había previsto, porque una gran maldición pesaba sobre él.
Errando en verano por los bosques de Neldoreth, se encontró con Lúthien, hija de Thingol y Melian. Todo recuerdo de su pasado dolor lo abandonó y cayó en un encantamiento, porque Lúthien era la más hermosa de todos los hijos de Ilúvatar. Pero ella desapareció de repente, y Beren la buscó durante mucho tiempo en los bosques, y la llamó Tinúviel, que significa Ruiseñor, hija del crepúsculo.
La encontró en una colina y la llamó gritándole Tinúviel, y Lúthien maravillada le escuchó y no huyó más. Lo amó a partir el momento en que lo vio, y desde entonces sus destinos estuvieron ligados, y Lúthien compartió el destino mortal de Beren. Éste se desmayó, pero Lúthien comenzó a hacerle visitas y paseaban por los bosques, y se dice que ningún hijo de Ilúvatar fue nunca más feliz.
[Beren y Lúthien]
Pero Daeron el Bardo, quien también estaba enamorado de ella, empezó a espiar los encuentros entre ambos y se lo contó a Thingol. Thingol se enfureció porque amaba a su hija sobre todas las cosas, y a los hombres ni siquiera los consideraba sirvientes. Ante el temor que Thingol asesinara a Beren o lo aprisionara, Lúthien lo fue a buscar y lo llevó como invitado de honor a Doriath. Thingol le habló en forma intimidante y furioso, pero Beren no soportó que menospreciara a sus antepasados y a los suyos, se tratase de un rey o no, y le habló en tono desafiante, diciendo Thingol que le habría matado de no haberle jurado lo contrario a Lúthien. Melian permaneció en silencio y observando a Beren, y le susurró a Thingol que no sería él quien le daría muerte, y que sus destinos estaban unidos.
Pero Thingol pensó que los hombres eran "desdichados, hijos de pequeños señores y reyes de corta vida", entonces vio que Beren portaba el anillo de Barahir que le había sido entregado a su padre por Finrod, hijo de Finarfin, tiempo atrás. No obstante le puso una prueba y un desafío: si tanto deseaba la mano de su hija, debía llevarle ante sus pies uno de los Silmarils que estaban en la corona de Morgoth, porque era la joya más ansiada por cualquier elfo que habitara en Beleriand.
Barahir había salvado la vida de Finrod en la Dagor Bragollach, y éste le obsequió, además de una promesa de su ayuda a él o sus descendientes, su anillo el cual había sido forjado en Aman, que desde entonces se le llamó el Anillo de Barahir.
De esta manera Thingol forjó el destino de Doriath y quedó atrapado en la Maldición de Mandos, y todos creían que había enviado a Beren a la muerte, porque ni todo el poder de los Noldor y sus reyes antes de quebrantarse el Sitio de Angband bastaron para quitarle los Silmarils a Morgoth, defendido por Sauron y los temibles Balrogs, y por incontables espadas.
Pero Beren rió. "Por bajo precio –dijo– venden a sus hijas los reyes de los Elfos; por gemas y por cosas de artesanía. Pero si ésta es vuestra voluntad, Thingol, la cumpliré. Y cuando volvamos a encontrarnos, mi mano sostendrá un Silmaril de la Corona de Hierro; porque no veis por última vez a Beren hijo de Barahir". Miró a Melian la cual no dijo nada, se despidió de Lúthien y se inclinó ante los reyes. Apartó a los guardias que lo rodeaban y partió solo de Menegroth.
Por fin Melian habló, y dijo a Thingol: "Oh, rey, has concebido un plan astuto. Pero si mis ojos no han perdido la vista, será para tu mal, no importa que Beren fracase en su cometido o lo lleve a cabo. Porque has condenado a tu hija o te has condenado a ti mismo. Y ahora Doriath está sometida a los hados de un reino más poderoso". Beren partió a las tierras de Nargothrond, las cuales estaban muy bien vigiladas por arqueros expertos. Beren se percató de ello y levantó en alto su anillo, exigiendo que lo lleven ante el rey Finrod. Los guardias lo detuvieron, y al ver el anillo se inclinaron ante él, y luego lo llevaron al reino escondido.
Mantuvo un encuentro a puertas cerradas donde le narró a Finrod todo lo acontecido desde la muerte de su padre. Finrod cayó en la cuenta de que su juramento significaba su muerte, tal y como le había dicho años atrás su hermana Galadriel. Pero Finrod estaba al tanto del mal que pesaban sobre los Silmarils, y advirtió a Beren de que los hijos de Fëanor no lo tolerarían, y que llevarían a la ruina todos los reinos de los elfos y hombres con tal de recuperar las joyas, que estaban malditas por un juramento de odio.
Celegorm y Curufin, hijos de Fëanor, habitaban en Nargothrond luego de la caída de Himlad en la Dagor Bragollach, y habían ganado mucho poder en el reino de Finrod. Cuando el rey dijo que debía abandonar Nargothrond para cumplir su promesa, Celegorm se refirió a Beren y dijo que sea quien sea, aliado o enemigo de Morgoth, nadie lo defendería de los hijos de Fëanor si lograba recuperar uno de los Silmarils. Curufin habló en tono más amable, pero profetizó la futura caída de Nargothrond, lo cual hizo que los elfos del reino perdieran el coraje que antaño poseían, y se negaron a concurrir a batallas campales, como a la Batalla de las Lágrimas Innumerables, a la cual sólo acudió una pequeña compañía de Nargothrond.
[Celegorm y Curufin]
A Finrod lo siguieron sólo diez elfos que le eran fieles, y le entregó la corona de Nargothrond a su hermano Orodreth. Cuando Finrod abandonó su reino, Celegorm y Curufin rieron por lo bajo, mientras pensamientos de usupar el trono corrían por sus mentes.
Beren y Finrod partieron con la compañía, y bajo las Montañas de la Sombra encontraron un campamento de orcos y los mataron a todos. Por arte de Finrod, todos tomaron el aspecto de un orco y se aventuraron dentro de Dorthonion. Sauron los vio desde una torre y dudó, porque los orcos se detenían a dar cuenta de sus actos, cosa que ellos no hicieron, y ordenó detenerlos. Así se libró el combate entre Sauron, el más grande de los sirvientes de Morgoth, y Finrod, el muy poderoso rey, en el cual Sauron se impuso.
Sauron los despojó de sus disfraces pero no pudo descubrir cómo se llamaban ni qué se proponían. Los arrojó a un pozo oscuro y los amenazó con una muerte aterradora a menos que uno de ellos le dijera la verdad. Un licántropo devoró a uno de sus compañeros, pero todos se mantuvieron fieles. Al caer Beren en el foso, Lúthien sintió un terrible vacío en su corazón y dio cuenta donde estaba, y viendo que no tendría la ayuda de nadie, decidió ayudar por su cuenta a Beren.
Daeron le contó a Thingol lo que Lúthien quería hacer, y decide encerrarla en los bosques. Sin embargo Lúthien escapa a las planicies. Allí se encontró con Celegorm y Curufin quienes estaban dando caza a los orcos, y Celegorm se enamoró de ella. Creyendo que estaba a salvo con príncipes Noldor, fue traicionada y llevada a Nargothrond, donde la aprisionaron. Orodreth no pudo resistirse porque los corazones del reino estaban con ambos príncipes. Celegorm tenía pensado pedirle la mano de Lúthien a Thingol a cambio de liberarla y así convertirse en el príncipe más poderoso, para luego aunar los reinos de los elfos y recuperar los Silmarils.
Pero Huan, el gran perro de caza que el vala Oromë había obsequiado a Celegorm en Valinor, que también se había enamorado de Lúthien, le ayudó a escapar llevándola en su lomo. Llegaron a la fortaleza de Sauron cuando sólo quedaban vivos Beren y Finrod. Cuando el lobo fue en busca de Beren, Finrod se liberó de sus ataduras y le dio muerte, pero quedó gravemente herido. Se despidió de Beren y murió allí, en la torre que él mismo había construido y que Sauron había conquistado. De esta forma cumplió con su juramento a Barahir.
Lúthien llegó en ese momento y Sauron se propuso capturarla y envió uno de sus lobos, pero Huan le dio muerte en silencio. Sauron continuó enviando sus lobos uno a uno, a los cuales Huan tomaba por el cuello y los asesinaba. Finalmente envió al señor de los licántropos, Draugluin, y luego de un feroz y terrible combate, volvió con su amo Sauron y murió a sus pies, diciéndole que Huan estaba allí.
Sauron conocía el hado de Huan, en el cual moriría a manos del lobo más poderoso que hubiera caminado en la tierra. Por lo tanto se transformó en un temible lobo y corrió a su encuentro. Pero ni siquiera el poder de Sauron alcanzó, y Huan lo tomó por el cuello y Sauron no pudo liberarse. Lúthien lo amenazó con devolverlo desnudo a Morgoth y soportar un eterno tormento a menos que le entregase la torre y todo lo que había en ella. Sauron se rindió y Huan lo soltó, y tomando forma de vampiro huyó goteando sangre del cuello a Dorthonion, mientras que Lúthien se apoderaba de la torre.
[Huan derrota a Sauron]
Encontró a Beren que estaba desesperado por la caída de Finrod, y creyendo que estaba muerto lo abrazó, y Beren se levantó y volvieron a mirarse, y el día brilló sobre ellos. Enterraron el cuerpo de Finrod, el cual después de una corta estancia en las moradas de Mandos, volvió a caminar por Valinor al lado de su padre Finarfin. Así Beren y Lúthien volvieron a andar juntos por los bosques, pero Huan volvió a Nargothrond con sus amos, y el amor por Lúthien ya no era tan grande. Su llegada junto con la de los esclavos que habían estado prisioneros en la torre causó un tumulto en Nargothrond y todos cayeron en la cuenta del amor y valentía de Finrod, muerto por Sauron, y que lo que guiaba a los hijos de Fëanor era la traición, y entonces los corazones de todos pasaron a rendir cuentas a Orodreth.
Los hijos de Fëanor no fueron muertos, ya que Orodreth era consciente de la Maldición, pero no se les concedió ni paz ni descanso en el reino. Pero juró que habría poco amor entre su reino y los hijos de Fëanor. Celegorm y Curufin montaron a caballo y fueron en busca de sus hermanos del Este, pero nadie quiso acompañarlos. Celebrimbor hijo de Curufin repudió las acciones de su padre y permaneció en Nargothrond, pero Huan iba siempre tras el caballo de Celegorm.
Beren y Lúthien volvieron a los bosques de Brethil y allí se encontraron Celegorm y Curufin que huían exiliados acompañados por Huan. Celegorm les reconoció desde lejos e intentó atropellar con su caballo a Beren. Curufin tomó a Lúthien y la colocó en su montura sin detenerse, pero Beren saltó a un lado y se aferró al cuello de Curufin, provocando la caída de ambos, mientras que Lúthien cayó entre la hierba.
Beren comenzó a extrangular a Curufin pero Celegorm se acercó detrás con la espada en alto. Sin embargo Huan saltó y atacó a su amo y el caballo se detuvo por miedo al gran perro de caza. Celegorm los maldijo a ambos, y Lúthien se incorporó y evitó la muerte de Curufin, quien montó junto con Celegorm y se alejaron al Este. Pero Curufin lanzó dos flechas con destino a Lúthien. La primera la detuvo Huan con su boca, y la segunda la detuvo Beren con su pecho al interponerse entre la flecha y su destino. Huan persiguió a los hijos de Fëanor a gran velocidad, que huyeron atemorizados. El perro regresó con una hierba, con la cual Lúthien fue capaz de curar a Beren, y luego volvieron a los bosques de Doriath, donde Beren se despidió de Lúthien, y dejándola al cuidado de Huan, regresó a Dorthonion para continuar su misión.
Llegó hasta los polvos de Anfauglith donde vió la triple cumbre de Thangorodrim, y allí cantó desesperado y Lúthien lo escuchó. Huan permitió que lo montara otra vez, y tomó la forma de Draugluin y Lúthien la de un vampiro para pasar desapercibidos. Encontraron a Beren, y tomando éste ahora la forma de Draugluin, llegaron hasta las puertas de Angband, donde estaba Carcharoth, un lobo descendiente de Draugluin que había sido criado y alimentado por Morgoth con carne propia, y era tan grande que no cabía en los salones de Angband.
[Beren, Lúthien y Huan]
Carcharoth los detuvo porque sabía de la muerte de Draugluin, y olfateó un aroma extraño alrededor de ambos. Pero Lúthien removió su disfraz y con un poderoso hechizo lo puso a dormir, y así atravesaron las puertas de Angband y llevaron a cabo la hazaña más grande intentada por hombre o elfo alguno. Llegaron hasta el trono de Morgoth "en el más profundo de los recintos, un palacio sostenido por el horror, iluminado por el fuego, y repleto de armas de tormento y muerte". Beren se escabulló en forma de lobo bajo el trono, pero Lúthien perdió el disfraz por voluntad de Morgoth que le clavó la mirada.
Morgoth al verla concibió pensamientos de una malvada lujuria, y la dejó libre por un instante mientras se complacía en sus pensamientos. Lúthien dijo cómo se llamaba y se ofreció a cantarle como un trovador, y de pronto ella escapó de sus ojos y empezó a cantar desde las sombras una canción tan hermosa y enceguecedora que él no pudo dejar de escucharla y se quedó ciego, mientras buscaba en vano a Lúthien.
Toda la corte yacía dormida debido al canto, entonces Lúthien saltó al aire y echó su capa ante los ojos de Morgoth y lo sumió en un sueño formidable y tenebroso. Morgoth cayó y quedó postrado boca abajo sobre el suelo, y la corona se le soltó de la cabeza y rodó. Lúthien despertó a Beren que también estaba dormido, y éste se quitó el disfraz. Esgrimió el cuchillo Angrist y quitó uno de los Silmarils de la corona.
El Silmaril no rechazó la mano de Beren y no le hizo daño, entonces a Beren se le ocurrió llevarse de Angband los tres Silmarils, pero tal no era su destino, y el cuchillo se partió y un fragmento hirió la mejilla de Morgoth, el cual se agitó y todas las huestes de Angband se movieron de sus sueños.
[Beren en forma de Draugluin, y Lúthien durmiendo a Morgoth con su canto]
El terror le gano a Beren y a Lúthien quienes huyeron despavoridos sin disfraz, pero aunque nadie les impidió el paso, las puertas de Angband cerraban la salida porque Carcharoth había despertado y les saltó encima antes de que ellos se dieran cuenta. Beren alzó el Silmaril ante el lobo mientras cubría a Lúthien con su cuerpo, pero Carcharoth no tuvo miedo y le mordió el brazo, arrancándole la muñeca junto con el Silmaril, el cual ardió en sus entrañas y le quemó la carne maldita.
Aullando de terror y locura huyó, y allí por donde pasaba su locura causaba innumerables muertes a toda criatura viviente. Y se dice que de todos los terrores llegados a Beleriand éste fue el peor, porque el poder del Silmaril estaba escondido en él. Beren yacía desmayado y cercano a la muerte, ya que los colmillos de Carcharoth estaban empapados de veneno. Lúthien consiguió extraerle el veneno con sus labios, pero al mismo tiempo las huestes de Angband despertaron furiosas junto con su Señor.
De repente aparecieron tres grandes aves en el cielo, siendo Thorondor y dos grandes águilas, las cuales tomaron a Beren y a Lúthien y los llevaron hacia el sur mientras el suelo retumbaba como un trueno, y temblaron las montañas. Thangorodrim echó fuego y humo arruinando los campos, y los Noldor en Hithlum se estremecieron. Pero Thorondor se dirigió al Valle de Tumladen, y allí Lúthien observó pequeña y pálida la gran ciudad de Gondolin de Turgon, pero creyó que Beren estaba muerto y se puso a llorar. Thorondor dejó a ambos en los bosques de Doriath y volvió a su nido en las Montañas Circuncidantes, y Beren despertó. A partir de ahí se le conoció como Erchamion, el Manco.
Mucho se apenaron en Doriath al no poder encontrar a Lúthien, y Daeron, el bardo de más renombre en toda la historia de Arda, incluso más que Maglor, fue en su búsqueda pero se perdió y erró por caminos extraños, y descendió al Este de la Tierra Media. Desde entonces durante muchas edades lamentó la suerte de Lúthien. Thingol se enteró de todo lo acontecido, y envió mensajeros a Maedhros con destino a Celegorm y Curufin, pero se toparon con Carcharoth, quien enceguecido por la ira y por el poder del Silmaril, irrumpió en Doriath y burló la Cintura de Melian. El capitán de los mensajeros escapó y le contó lo ocurrido a Thingol, y en ese momento Beren llego junto con Lúthien.
Entonces Beren reclamó su recompensa. Thingol preguntó por su cometido, y Beren le extendió su mano izquierda que estaba vacía y luego levantó el brazo derecho. Entonces el ánimo de Thingol se dulcificó y le cedió un lugar a la izquierda de su trono y a Lúthien a su derecha.
Sin embargo Carcharoth continuó haciendo desastres en el bosque, y el rey y sus súbditos fueron en su caza, entre los que se encontraban Beren y Huan, pero no Lúthien. Huan se adelantó a todos y alcanzó a Carcharoth, quien lo evitó y atacó a Beren mordiéndole el pecho y dejándolo malherido. Pero Huan saltó sobre el y comenzaron a luchar, "y nunca hubo batalla entre perro y lobo que igualara a ésta, porque en los ladridos de Huan se oía la voz de los cuernos de Oromë y la ira de los Valar, y en los aullidos de Carcharoth estaban el odio de Morgoth y una malicia más cruel que dientes de acero".
Huan mató a Carcharoth, pero estaba herido mortalmente por el veneno del gran lobo. Habló con Beren por tercera vez en palabras (podía hablar sólo 3 veces) y le dijo adiós antes de morir, cumpliéndose así la profecía de que moriría a manos del lobo más poderoso que hubo de pisar la tierra. El Silmaril estaba intacto, y un elfo puso la joya en manos de Beren quien exclamó que había cumplido con su cometido, y luego murió.
[Beren yace malherido mientras Thingol lo observa. A su izquierda está el cuerpo sin vida de Carcharoth, y a su derecha Huan agonizando]
Pero el espíritu de Beren se demoró en las Estancias de Mandos por petición de Lúthien, hasta que ella dejó su cuerpo y su espíritu voló lejos a Valinor. Se arrodilló ante Mandos y le cantó, y se dice que fue la única vez en todas las edades que Mandos se conmovió, y los Valar entristecieron. Por tanto, convocó a Beren a que se encontrara con Lúthien nuevamente en Beleriand, pero esto no estaba en su poder. Entonces acudieron a Ilúvatar, y éste ofreció una alternativa a Lúthien: "regresar a la Tierra Media y llevar consigo a Beren para morar allí otra vez, mas sin ninguna seguridad de vida o de alegría. Ella se volvería entonces mortal, y estaría sometida a una segunda muerte, lo mismo que él; y antes de no mucho abandonaría el mundo para siempre, y su belleza no sería más que un recuerdo en el canto"
Lúthien eligió ese destino y abandonó el Reino Bendecido y olvidó todo parentesco con los que allí habitan, y su vida quedó ligada a la de Beren. Sólo ella entre todos los elfos murió realmente, a excepción de Arwen quien sería la segunda en hacerlo. No obstante, con su elección los dos linajes se unieron, y la sangre de los Eldar llegaría incluso a los reyes de Númenor, hasta que ésta hubiera de renovarse con Aragorn y Arwen.
3- De Túrin Turambar.
Túrin era hijo de Húrin, que había defendido la retirada de Turgon a Gondolin cuando la Batalla de las Lágrimas Innumerables acabó en desgracia. Húrin hizo frente a los orcos sólo con su hacha, pero por órdenes de Morgoth fue capturado vivo, y lo condenó a una silla en lo alto de las montañas para observar la malicia que expandía por todo Beleriand. Luego de que fuera aprisionado, Túrin vivía con su madre Morwen en Dor-lómin. Los Hombres del Este que habían traicionado a Maedhros durante la guerra fueron confinados en Dor-lómin por Morgoth, debido a que el reino de Hithlum de Fingon ya no existía y tampoco su rey, y los hombres que habitaban allí fueron muertos durante la retirada de Turgon.
Sin embargo los Orientales no se atrevían a saquear a Morwen y a su gente porque creían que era una bruja peligrosa, y ella quiso que Túrin fuera a Doriath y que Thingol lo tomara como hijo propio en honor a Húrin. Thingol aceptó, y Túrin creció fuerte y hermoso en los bosques de Doriath.
A menudo le llegaban noticias de su madre, y en una de ellas supo que había dado luz a una niña de nombre Niënor. Pero un día los mensajeros de Thingol no regresaron y éste decidió no enviar más, y Túrin temió lo peor. Fue ante el rey y le pidió una cota de malla y una espada, y se colocó el yelmo dragón de Dor-lómin, el tesoro más preciado de su casa, y fue a la guerra en las fronteras de Doriath, donde se hizo amigo de Beleg Cúthalion, capitán de la guardia fronteriza de Thingol.
Tres años después regresó con sus ropas gastadas y rotas, y Saeros, quien le envidiaba por su posición frente al rey, insultó a su madre y Túrin le hirió de gravedad. Volvieron a enfrentarse y Saeros intentó huir aterrado a las fronteras pero Túrin le persiguió. Saeros cayó en un arroyo y el cuerpo se le quebró en una roca y murió. Sin embargo hubo testigos que vieron lo sucedido y le ungieron a volver a Doriath, pero Túrin temía ser tomado prisionero y huyó al norte, donde se unió a una compañía de proscritos y acechaban tanto a amigos como enemigos y pasó a llamarse Neithan.
A pesar de ello, Thingol se enteró de lo sucedido y le perdonó. Beleg fue en su búsqueda y dio con el campamento cuando Túrin, ahora capitán de todos ellos, no estaba en él. Fue tomado prisionero y tratado de manera muy cruel, pero cuando Túrin llegó, lo soltó y juró que sólo lucharían contra Morgoth. Beleg le contó que había sido perdonado pero Túrin se negó a volver. Beleg regresó con Thingol y le contó lo que había pasado, excepto el trato cruel. Pidió al rey una espada para defender a Túrin, ya que Thingol lo consideraba como hijo propio. Tomó la poderosa espada Anglachel, forjada con hierro proveniente del cielo forjada por Ëol, el Elfo Oscuro. Melian dijo que la espada estaba maldita como su creador, y le dio a Beleg una ración de lembas.
[Túrin, hijo de Húrin]
Ayudó a su gente en las guerras de la frontera desde el verano, y cuando la guerra cesó al comenzar el invierno, sus compañeros notaron de repente que no estaba allí. Túrin buscó una guarida más segura para los suyos al sur del valle del Sirion, pero de casualidad se encontró con 3 enanos a los cuales capturó. Uno de ellos se llamaba Mîm y prometió pagar su rescate. Llegaron hasta el hogar de los enanos en Amon Rûdh y Mîm vio que su hijo estaba muerto. Pagó su rescate y ofreció su hogar como refugio a Túrin y sus hombres, y estos aceptaron.
Largas conversaciones tuvieron Túrin y Mîm, más que nada del origen de los enanos. Mîm y su gente habían llegado de las casas más orientales de los enanos, cercanas a Utumno, y se habían exiliado al Oeste antes de que Morgoth llegara a Beleriand. Allí se hicieron más bajos y menos hábiles en herrería puesto que vivieron de la caza, pero cavaron en el valle del Narog antes de que llegara Finrod y creara el reino de Nargothrond. Los elfos no conocían a los enanos y a lo primero les daban caza y afeitaban las barbas, hasta que supieron quiénes eran, pero los enanos odiaban a los Noldor tanto como a los orcos por entonces.
El invierno llegó ese año más fuerte que los anteriores, porque se decía que crecía junto al poder de Angband. Un día se presentó una figura enorme y encapuchada en la puerta de la guarida, y todos tuvieron miedo pero la figura rió. Se quitó la capucha y se reveló como Beleg Cúthalion, y así volvió a reencontrarse con su amigo Túrin, y le traía su yelmo dragón.
Túrin se negó a partir nuevamente y Beleg permaneció a su lado, ayudando a los proscritos enfermos y hambrientos y transformándose en el segundo capitán, pero Mîm le odiaba. Cuando llegó la primavera, las fuerzas de Angband avanzaron y tomaron todas las fronteras al norte de Doriath, pero no se atrevían a entrar en Talath Dirnen, la Planicie Guardada, por temor a un poder oculto, que era Túrin y su compañía. Muchos que habían quedado sin guía fueron en busca de los dos capitanes, y Túrin cambió su nombre a Gorthol, el Yelmo Terrible.
Por el sobrenombre de Yelmo Terrible Morgoth supo quien era Gorthol, y llenó Amon Rûdh de espías, que capturaron a Mîm en uno de sus viajes, quien se ofreció a pagar su rescate revelando la ubicación de la colina y de los proscritos, pero Túrin no debía morir. Así los orcos llegaron de improvistos a la guarida y mataron a casi todos, pero a Túrin lo llevaron prisionero. Mîm subió a la colina donde se había librado el combate y vio a Beleg que estaba malherido. Tomó Anglachel pero Beleg se incorporó y se la arrebato y arrojó, y Mîm huyó chillando de la colina. Beleg buscó el cuerpo de Túrin y no lo encontró, y supo entonces que se lo habían llevado a Angband.
Siguió el rastro de los orcos hasta Dorthonion, y allí en un laberinto de rocas encontró a Gwindor, que había acudido a la Batalla de las Lágrimas Innumerables al mando de una pequeña compañía de Nargothrond, al cual Morgoth había capturado en la batalla y había puesto a extraer metales y joyas, pero Gwindor consiguió escapar por un túnel secreto.
[Beleg Cúthalion]
Gwindor acompañó a Beleg hasta que encontraron el campamento orco, al cual atacaron de noche mientras llegaba una tormenta. Mataron a los lobos centinelas y liberaron a Túrin, y Beleg usó Anglachel para romper sus grilletes, pero hirió a Túrin en el pie y éste despertó, y cegado por la furia y creyendo que se trataba de orcos, tomó Anglachel y mató a Beleg creyéndolo enemigo. Al ver la cara de Beleg, Túrin lanzó un grito que sonó como un relámpago y tras él comenzó a llover fuertemente. Gwindor le advirtió del extremo peligro porque los orcos habían despertado, pero Túrin no respondió y permaneció sentado junto al cuerpo de Beleg con los ojos secos.
Llegado el día y pasada la tormenta, los orcos creyeron que Túrin estaba ya lejos y marcharon a Angband, volviendo con las manos vacías. Pero Túrin yacía todavía junto al cuerpo de Beleg. Gwindor solicitó su ayuda para enterrarlo pero tomó para él Anglachor y las lembas, y sepultaron a Beleg junto con su gran arco Belthronding. "Así llegó a su fin Beleg Arcofirme, el más fiel de los amigos, el más hábil de todos cuantos se albergaron en los bosques de Beleriand en los Días Antiguos, y murió a manos de aquel a quien él más amaba; y ese dolor se grabó en la cara de Túrin y nunca más se le borró."
Gwindor se llevó lejos a Túrin, hacia el Sur, y no habló ni una vez mientras erraron juntos por los caminos, y caminaba sin deseos ni propósito, pero Gwindor lo protegía y lo guiaba. Túrin le preguntó quien era, y Gwindor le contó que una vez habitó en Nargothrond, y de como terminó prisionero en la batalla, y que había escuchado rumores de que el padre de Túrin, Húrin, había sido tomado prisionero pero que aún en Angband seguía desafiando a Morgoth, quien había maldecido a toda su parentela, lo cual Túrin creyó cierto. Guiado al valle del Narog, fue así que Túrin llegó a Nargothrond.
Allí tomó el nombre de Agarwaen, el hijo de Úmarth (que significa Manchado de Sangre, hijo del Hado Desdichado). La estima de Orodreth por Túrin creció mucho, y allí era considerado casi como un gran Noldor, y los habitantes de Nargothrond giraron sus corazones a él y le llamaron Adanedhel, el Hombre-Elfo. Los herreros volvieron a forjar Anglachel, y aunque su hoja seguía siendo negra, ahora brillaba sobre ella un fuego pálido, y Túrin la llamó desde entonces Gurthang, Hierro de la Muerte.
Los elfos conocían de sus hazañas en la Planicie Guardada y le creían imbatible, y en memoria de ello le dieron una cota de malla de los enanos, y en el arsenal encontró una máscara también de enanos enteramente dorada la cual usaba en la batalla, y el enemigo huía frente a ella. Gwindor le reveló a la hija de Orodreth, Finduilas, el verdadero nombre de Túrin, y ésta se lo dijo al rey. Mayores fueron los honores y mayor fue el poder que tuvo entonces en Nargothrond al saberse que era hijo de Húrin, y pasó a sentarse en el concilio del rey.
[Túrin con el yelmo dragón, la cota de malla de enanos y Gurthang]
Túrin menospreciaba las emboscadas y prefería la batalla a campo abierto, y comenzó a aconsejar sobre ello a Orodreth, y la gente de Nargothrond dejó de ocultarse y acudieron a la batalla abierta, y almacenaron numerosas armas. Por consejo de Túrin, los Noldor construyeron un puente sobre el Narog para el transporte más rápido de armas, y así se enteró Morgoth de la ubicación del reino. Gwindor aconsejaba siempre en contra de Túrin, pero había caido en la desgracia luego de la guerra y no era escuchado, y su habilidad con las armas no era la misma.
En ese tiempo, la madre de Túrin, Morwen, huyó de Dor-lómin con su hija Niënor y llegaron a Doriath, y se entristecieron al saber que Túrin ya no estaba allí. Thingol había escuchado rumores de Nargothrond por cierto, pero todos hacían referencia a la Espada Negra. Un día llegaron dos elfos provenientes de los puertos de Círdan, y hablando en nombre de Ulmo, le dijeron a Orodreth que sobre Nargothrond se cernía un gran peligro. Le aconsejaron derribar el puente y cerrar las puertas nuevamente, pero por consejo de Túrin no hizo caso.
Pasado un tiempo, Morgoth envió a un poderoso ejército al mando de Glaurung para destruir Nargothrond. El ejército de los elfos le hizo frente en las llanuras, y sólo Túrin resistió el avance de Glaurung. Pero los elfos fueron rechazados y allí murió Orodreth, y Gwindor fue herido de muerte aunque fue salvado por Túrin quien lo llevó a un bosque, y Gwindor le dijo que lamentaba el momento en que lo había rescatado, y que tenía que dejarlo morir.
Túrin volvió a la ciudad en busca de Finduilas por petición de Gwindor, pero llegó demasiado tarde y se encontró ante Glaurung en el puente de Nargothrond. Saltó sobre el con su espada y Glaurung lo hechizó con su mirada y lo dejó inmóvil y lo provocó: "Malas han sido todas tus acciones, hijo de Húrin. Hijo adoptivo desagradecido, proscrito, matador de tu amigo, ladrón de amor, usurpador de Nargothrond, capitán imprudente y desertor de tus hermanos. Sometidas viven tu madre y tu hermana en Dor-lómin, sufriendo miseria y necesidades. Tú llevas las galas de un príncipe, pero ellas están en harapos; y penan por ti, pero a ti eso no te importa. Feliz estará tu padre al enterarse de que tiene semejante hijo. ¡Y se enterará!".
[Túrin inmovilizado por Glaurung]
En ese momento Finduilas pasó por el puente como rehén y llamó a Túrin quien todavía estaba inmóvil y no podía taparse los oídos. Glaurung lo liberó nuevo, y Túrin lo atacó pero no pudo herirlo, y Glaurung le dijo que si quería redimirse tendría que salvar a su madre en Dor-lómin, de lo contrario sería nombrado con desprecio por elfos y hombres, o podría rescatar a Finduilas, pero su madre y hermana morirían y lo maldecirían.
Túrin marchó a toda prisa escuchando todavía los gritos de Finduilas, pero no se detuvo al pensar que su madre y hermana podrían ser torturadas. No las encontró en Dor-lómin, y un jefe oriental le dijo que habían escapado a Doriath hacía mucho tiempo. Tomado por la ira, Túrin y los mató a todos y llegó a los bosques de Brethil, donde habitó un tiempo con los hombres de Hador. Luego de un tiempo volvió tras el rastro de Finduilas pero no pudo encontrar nada, y regresó de nuevo a Brethil, donde le dijeron que tras cazar una partida de orcos, éstos habían asesinado a todos los prisioneros y que habían clavado a Finduilas con una lanza a un árbol, y le dejaron el mensaje a Túrin bajo el nombre de Morgemil. Entonces los hombres de Brethil vieron a Gurthang y cayeron en la cuenta que estaban ante Túrin. En ese momento, Túrin entendió que allí por donde pasaba dejaba una sombra que traía desgracias, y ello se debía a la maldición que Morgoth había echado en Húrin.
Sabiendo quien era, se conmovieron por su desgracia y lo llevaron a sus moradas y lo curaron. Pensando que habitaría en Brethil para siempre, tomó el nombre de Turambar que significa Amo del Destino, e hizo de las tierras próximas al bosque muy temidas para los orcos, pero dejó Gurthang a un lado y luchó con arco y lanza. Las noticias de la caída de Nargothrond llegaron a Doriath y allí Morwen se enteró que Túrin o bien había caído, o se encontraba hechizado por Glaurung. Cabalgó a toda prisa y Thingol envió escuderos tras ella, y uno de los escuderos resultó ser Niënor disfrazada. Ninguna de las dos aceptó volver, pero Glaurung salió de Nargothrond y mató a los escuderos, y de Morwen nunca se supo que pasó. Pero hechizo a Niënor y le impuso un hechizo de completa oscuridad y olvido, y luego se fue dejándola sola en Amon Ethir.
Mablung el jefe de los escuderos la encontró y la llevó a Doriath junto con tres compañeros, pero fueron atacados por orcos y ella escapó. Regresaron a Doriath sin Morwen y Niënor, y Melian se sintió muy triste. Niënor vagó por las tierras hasta llegar al bosque de Brethil, donde luego de pasar hambre y estar al borde de la muerte, fue encontrada por Turambar durante una fuerte tormenta cerca de los Cruces del Teiglin, porque había escuchado que muchos orcos andaban por el lugar. La alimentaron y le dieron calor, y al ver a Turambar ella se sintió consolada y no quiso separarse de él. Turambar le preguntó por su nombre, parentela e infortunio, pero ella se largó a llorar. Entonces la llamó Níniel, la Doncella de las Lágrimas.
[Túrin encuentra a Niënor, hechizada en el bosque]
Níniel enfermó de fiebre y se recuperó mucho después, y aunque no recordaba como había sido encontrada, ya había entregado su corazón a Turambar. Pasado un tiempo, el corazón de Turambar se volvió al suyo, y le propuso matrimonio. Brandir el capitán de los hombres de Brethil trató de disuadirla y le reveló el verdadero nombre de Turambar y el de su padre, y aunque ella no reconoció el nombre, una sombra le oscureció el corazón. A pesar de ello se casaron, y Turambar prometió no regresar a la guerra. Luego de un tiempo, Glaurung envió orcos a Brethil pero Turambar permaneció inactivo hasta que los hombres de Brethil fueron derrotados, y partió a la guerra portando a Gurthang.
Sabiendo que no derrotarían a Glaurung mediante la fuerza, se ofreció a ir en busca del dragón él solo. Supo que se encontraba en las altas orillas del Teiglin, y que era probable que se trasladara de noche. Descendió el desfiladero en el crepúsculo y cruzó las aguas turbulentas y trepó en la otra orilla. Antes de la medianoche Glaurung despertó, y dejó medio cuerpo fuera del acantilado, y Turambar trepó por el acantilado y llegó bajo el dragón. Desenvainó Gurthang, y con todo el poder de su brazo y de su odio la hundió en el vientre de Glaurung hasta la empuñadura.
Glaurung cayó del precipió, lanzó un potente grito, se retorció y murió. Turambar cruzó nuevamente el río para recuperar Gurthang y ver a su enemigo, y lo encontró extendido a lo largo, y en venganza por la provocacion de Glaurung en Nargothrond, dijo: "¡Salve, Gusano de Morgoth! ¡Feliz encuentro de nuevo! ¡Muere ahora y que la oscuridad te reciba! Así queda vengado Túrin hijo de Húrin." Arrancó la espada y un chorro de sangre le bañó la mano y se la quemó, y Glaurung abrió los ojos y con un potente hechizo lo desmayó y yació como muerto.
Níniel, que había partido tras Turambar con una gran compañía de hombres, oyó el grito de Glaurung. Al ver el paisaje de destrucción tras la caída del dragón, creyó que Glaurung había triunfado. Llegó a la colina y vio el cuerpo del dragón, pero no hizo caso de él porque había un hombre a su lado, y corrió hacia Turambar y lo llamó en vano. Glaurung se agitó por última vez y dijo: "¡Salve, Niënor hija de Húrin! Juntos otra vez antes de terminar. Te ofrezco la alegría de que por fin hayas encontrado a tu hermano. Y lo conocerás ahora: ¡el que apuñala en la oscuridad, traidor de sus enemigos, infiel a sus amigos, y maldición de sus hermanos, Túrin hijo de Húrin! Pero la peor de todas sus acciones la sentirás en ti misma."
[Níniel encuentra "muerto" a Túrin luego de asesinar a Glaurung]
Al oír ésto, el hechizo sobre Níniel se deshizo y recordó quien era. Se despidió de Túrin y se arrojo a las aguas y murió. Brandir que había presenciado todo esto, regresó con su gente y contó lo sucedido, y en ese momento Túrin apareció ante ellos. La esposa de Dorlas, jefe fronterizo a quien Brandir había matado a traición, acusó al capitán de loco. Entonces Túrin se enojo mucho, y creyendo que lo que había dicho era mentira por despecho ya que Brandir amaba a Níniel. Entonces Brandir le reveló la identidad de Níniel a Túrin y le dijo que había muerto, y luego le repitió las palabras de Glaurung. Túrin se enfureció más, y tras sentir que el destino lo alcanzaba, mató a Brandir y huyó a los bosques.
Allí se encontró con Mablung quien le saludó y se alegró de que estuviera vivo, y le advirtió de Glaurung. Túrin le dijo que había matado al dragón y todos lo alabaron, pero él pregunto por sus hermanos, y Mablung le contó que Niënor había sido hechizada y que vivía en un olvido. Entonces supo Túrin que el destino lo había alcanzado y que había matado a Brandir injustamente y que las palabras de Glaurung se habían hecho verdaderas. Túrin empezó a reír como un loco, y le dijo a Mablung que regresara a Doriath con una maldición sobre ella.
Corrió hasta el lugar en que yacía muerto Glaurung y donde Níniel se había suicidado, y preguntó a Gurthang, su única pertenencia que le quedaba, si deseaba darle muerte. Por locura o por magia, la espada respondió que deseaba su sangre, y Túrin se lanzó sobre ella y murió. Mablung llegó con sus elfos y vieron a los cuerpos de Glaurung y de Túrin. Quemaron el cuerpo del dragón, y levantaron un túmulo y sepultaron a Túrin y cantaron un lamento por los hijos de Húrin.
Para un mayor conocimiento de las edades, visiten mi otro post:
[Beleriand, lugar de los acontecimientos de la Primera Edad o Días Antiguos. Si abren la imagen en otra pestaña, le pueden dar zoom]
1- De la Dagor Bargollach y el combate entre Fingolfin y Morgoth.
Se dice que de entre todos los hijos de Ilúvatar, Fëanor fue el más poderoso, y de los Noldor el más grande. Pero había uno que rivalizaba con él en poder y grandeza, y este era Fingolfin, su medio hermano.
El combate se sucedió luego de la Dagor Bragollach, la Batalla de la Llama Súbita o la Cuarta Batalla. Cuando llegó el invierno, Morgoth, que se había refugiado en su fortaleza Angband durante 400 años, envió ríos de llamas que se esparcieron por la llanura de Ard-galen, las tierras al exterior de Angband. Las montañas eructaron fuego y humo venenoso, que era mortal. Así, Ard-galen se convirtió en un baldío quemado, en una tierra yerma y sin vida, y se le llamó Anfauglith el Polvo Asfixiante.
La mayoría de los elfos Noldor que sitiaban la fortaleza fueron chamuscados, y sólo los terrenos elevados socavaron los incendios. Así comenzó la Cuarta Batalla. Glaurung, el Padre de los Dragones, avanzó con los Balrogs y multitudes de orcos negros que los Noldor no habían visto ni imaginado jamás. Atacaron las fortalezas de los elfos y rompieron el Sitio de Angband, matando elfos y hombres allí donde los vieran, y la fuerte embestida sólo terminó con la llegada de la primavera.
Tan grande fue el ataque que los hijos de Fëanor y Finarfin no pudieron contenerlo en el Este. La única fortaleza que resistió fue la Frontera de Maedhros, defendida por Maedhros primer hijo de Fëanor. Fingolfin y su hijo Fingon no pudieron socorrerlos desde el Oeste, Hithlum, porque sus ejércitos fueron rechazados con grandes pérdidas hasta sus fortalezas y apenas consiguieron defenderlas de los orcos. Hithlum no fue conquistada y amenazó el flanco del ataque de Morgoth, pero un mar de enemigos separó a Fingolfin de su gente. De esta forma, las tierras de Thargelion y Himlad fueron asoladas.
Con la derrota de los hijos de Finarfin y el exilio de los hijos de Fëanor de sus tierras, Fingolfin vio lo que era para él la ruina total de los Noldor, y la derrota de sus casas más allá de toda recuperación. Lleno de desesperación y de furia, montó en su caballo Rochallor y cabalgó "como un viento entre polvo", y aquellos que lo veían huían horrorizados creyendo que Oromë había regresado. Corría con una cólera enloquecida, y los ojos le brillaban como los ojos de los Valar. Llegó en solitario a Angband, e hizo sonar su cuerno, y golpeando las puertas de bronce desafió a Morgoth a un combate singular.
[Fingolfin, segundo Rey Supremo de los Noldor en el exilio luego de la muerte de Fëanor]
Aquella fue la última vez que Morgoth cruzó las puertas de su fortaleza, y se dice que no aceptó el desafío de buen grado, porque "aunque su poder era mayor a todas las cosas de este mundo, sólo él entre los Valar conocía el miedo", y no podía negarse a aceptar el desafío enfrente de sus capitanes, porque la música del cuerno de Fingolfin resonó hasta en los niveles abismales de Angband, y le llamó cobarde y señor de esclavos.
Por lo tanto Morgoth salió subiendo lentamente desde el trono profundo, y el sonido de sus pisadas era como un trueno bajo tierra. Estaba vestido con una armadura negra, y se erguía ante Fingolfin como una torre de hierro, y el vasto escudo, negro y sin blasón, arrojaba una sombra de nubes tormentosas. Pero Fingolfin brillaba debajo como una estrella, porque la cota de malla era de hilos de plata entretejidos, y en el escudo azul llevaba cristales incrustados, y desenvainó su espada, Ringil, que relució como el hielo.
Morgoth esgrimió el Martillo de los Mundos Subterráneos, llamado Grond, lo alzó bruscamente y lo hizo caer como un rayo de tormenta. Pero Fingolfin saltó a un lado, y Grond abrió un gran pozo en la tierra, de donde salían humo y fuego. Muchas veces intentó Morgoth herirlo pero Fingolfin esquivó los golpes, e hirió a Morgoth con siete heridas, y siete veces lanzó Morgoth un grito de angustia, mientras los ejércitos de Angband caían de bruces consternados, y el eco de los gritos resonaba en las Tierras Septentrionales.
Pero Fingolfin se fatigó, y Morgoth lo abatió con el escudo. Tres veces cayó el Rey Supremo de los Noldor de rodillas y tres veces se volvió a levantar con el escudo roto y el yelmo mellado. Pero la tierra estaba desgarrada en pozos todo alrededor, y tropezó y cayó de espaldas ante los pies de Morgoth, y éste le puso el pie izquierdo sobre el cuello, y el peso era como el de una montaña derrumbada. No obstante, en un último y desesperado intento, Fingolfin lo golpeó con Ringil para intentar liberarse y le rebanó el pie, y la sangre manó negra y humeante y llenó los pozos abiertos por Grond.
Quedó atrapado en un pozo, y murió ahogado, y "de este modo pereció Fingolfin, Rey Supremo de los Noldor, el más orgulloso y valiente de los reyes elfos de antaño". Morgoth levantó el cuerpo del Rey Elfo y lo quebró, y se lo habría arrojado a los lobos, pero Thorondor se precipitó desde su nido en las cumbres de Crissaegrim, y se lanzó sobre Morgoth y le desfiguró la cara. Recuperó el cuerpo de Fingolfin y se lo llevó a su hijo, Turgon rey de Gondolin, quien construyó un alto túmulo en la cima de una montaña.
Morgoth rengueó siempre de un pie desde ese día, y el dolor de las heridas no se le curó nunca y en la cara llevaba la cicatriz que Thorondor le había hecho. Grande fue el duelo en Hithlum cuando se supo de la caída de Fingolfin, y Fingon su hijo se convirtió en señor de la casa de Fingolfin y de todos los Noldor, pero a su joven hijo Ereinion (Gil-galad) lo envió a los Puertos con Círdan.
A diferencia de su hermano Fëanor, que permaneció en las Estancias de Mandos hasta que el mundo se consumiera en la Batalla de las Batallas, Fingolfin ascendió hasta la morada de Ilúvatar, y más tarde lucharía con Morgoth en la Dagor Dagorath, pero no sería él quien le de la muerte.
[Ilustración del combate a muerte entre Fingolfin y Morgoth]
2- De Beren y Lúthien.
"Entre las historias de dolor y de ruina que nos llegaron de la oscuridad de aquel entonces, hay sin embargo algunas en las que en medio del llanto resplandece la alegría, y a la sombra de la muerte hay una luz que resiste. Y de estas historias la más hermosa a los oídos de los Elfos es la de Beren y Lúthien."
Beren fue un hombre de la Casa de Bëor, habitante de los bosques de Dorthonion, hijo de Barahir. Luego de la Dagor Bragollach, Morgoth continuaba inseguro del poder de los elfos y de los hombres, y envió más espías a Beleriand. A traición, le revelaron a Sauron el escondite de los hombres de Dorthonion, del cual Barahir era señor. Sauron invade la guarida, pero Beren había sido enviado en una misión peligrosa para espiar los pasos del enemigo, y no se encontraba allí.
Mientras dormía, el traidor que se llamaba Gorlim se presentó en sus sueños y le confesó su traición. Entonces despertó y se apresuró en la noche a regresar a la guarida, pero Barahir yacía muerto. Allí le enterró y juró venganza. Siguió a los orcos que habían asesinado a su padre, y de noche encontró el campamento enemigo. Beren saltó detrás de una roca y mató al capitán orco, tomando el anillo de Barahir de su mano, y escapó "defendido por los hados".
Se hizo amigo de las bestias y aves que habitaban Dorthonion, y pasado un tiempo se convirtió en un verdadero peligro para Morgoth, y le puso un precio a su cabeza no menor que a la de Fingon, Rey Supremo de los Noldor. Envió un ejército comandado por Sauron en su búsqueda, y tanto le presionaron que debió abandonar Dorthonion. En la tumba de su padre, divisó los bosques de Doriath y decidió descender a ellos.
El camino fue largo y muy peligroso, porque atravesó terrenos muy escarpados y tuvo que enfrentarse a criaturas horribles, como las arañas gigantes de la prole de Ungoliant en Dungortheb, donde la hechicería de Sauron y la magia de Melian chocaban. Beren nunca quiso hacer referencia al viaje por los horrores que supuso, pero no fue la menor de sus hazañas. Fue el primer mortal en pisar los bosques de Doriath, protegidos por la Cintura de Melian, que causaba que todos aquellos que entraran sin su consentimiento, se perdieran en el bosque. Atravesó la Cintura como Melian había previsto, porque una gran maldición pesaba sobre él.
Errando en verano por los bosques de Neldoreth, se encontró con Lúthien, hija de Thingol y Melian. Todo recuerdo de su pasado dolor lo abandonó y cayó en un encantamiento, porque Lúthien era la más hermosa de todos los hijos de Ilúvatar. Pero ella desapareció de repente, y Beren la buscó durante mucho tiempo en los bosques, y la llamó Tinúviel, que significa Ruiseñor, hija del crepúsculo.
La encontró en una colina y la llamó gritándole Tinúviel, y Lúthien maravillada le escuchó y no huyó más. Lo amó a partir el momento en que lo vio, y desde entonces sus destinos estuvieron ligados, y Lúthien compartió el destino mortal de Beren. Éste se desmayó, pero Lúthien comenzó a hacerle visitas y paseaban por los bosques, y se dice que ningún hijo de Ilúvatar fue nunca más feliz.
[Beren y Lúthien]
Pero Daeron el Bardo, quien también estaba enamorado de ella, empezó a espiar los encuentros entre ambos y se lo contó a Thingol. Thingol se enfureció porque amaba a su hija sobre todas las cosas, y a los hombres ni siquiera los consideraba sirvientes. Ante el temor que Thingol asesinara a Beren o lo aprisionara, Lúthien lo fue a buscar y lo llevó como invitado de honor a Doriath. Thingol le habló en forma intimidante y furioso, pero Beren no soportó que menospreciara a sus antepasados y a los suyos, se tratase de un rey o no, y le habló en tono desafiante, diciendo Thingol que le habría matado de no haberle jurado lo contrario a Lúthien. Melian permaneció en silencio y observando a Beren, y le susurró a Thingol que no sería él quien le daría muerte, y que sus destinos estaban unidos.
Pero Thingol pensó que los hombres eran "desdichados, hijos de pequeños señores y reyes de corta vida", entonces vio que Beren portaba el anillo de Barahir que le había sido entregado a su padre por Finrod, hijo de Finarfin, tiempo atrás. No obstante le puso una prueba y un desafío: si tanto deseaba la mano de su hija, debía llevarle ante sus pies uno de los Silmarils que estaban en la corona de Morgoth, porque era la joya más ansiada por cualquier elfo que habitara en Beleriand.
Barahir había salvado la vida de Finrod en la Dagor Bragollach, y éste le obsequió, además de una promesa de su ayuda a él o sus descendientes, su anillo el cual había sido forjado en Aman, que desde entonces se le llamó el Anillo de Barahir.
De esta manera Thingol forjó el destino de Doriath y quedó atrapado en la Maldición de Mandos, y todos creían que había enviado a Beren a la muerte, porque ni todo el poder de los Noldor y sus reyes antes de quebrantarse el Sitio de Angband bastaron para quitarle los Silmarils a Morgoth, defendido por Sauron y los temibles Balrogs, y por incontables espadas.
Pero Beren rió. "Por bajo precio –dijo– venden a sus hijas los reyes de los Elfos; por gemas y por cosas de artesanía. Pero si ésta es vuestra voluntad, Thingol, la cumpliré. Y cuando volvamos a encontrarnos, mi mano sostendrá un Silmaril de la Corona de Hierro; porque no veis por última vez a Beren hijo de Barahir". Miró a Melian la cual no dijo nada, se despidió de Lúthien y se inclinó ante los reyes. Apartó a los guardias que lo rodeaban y partió solo de Menegroth.
Por fin Melian habló, y dijo a Thingol: "Oh, rey, has concebido un plan astuto. Pero si mis ojos no han perdido la vista, será para tu mal, no importa que Beren fracase en su cometido o lo lleve a cabo. Porque has condenado a tu hija o te has condenado a ti mismo. Y ahora Doriath está sometida a los hados de un reino más poderoso". Beren partió a las tierras de Nargothrond, las cuales estaban muy bien vigiladas por arqueros expertos. Beren se percató de ello y levantó en alto su anillo, exigiendo que lo lleven ante el rey Finrod. Los guardias lo detuvieron, y al ver el anillo se inclinaron ante él, y luego lo llevaron al reino escondido.
Mantuvo un encuentro a puertas cerradas donde le narró a Finrod todo lo acontecido desde la muerte de su padre. Finrod cayó en la cuenta de que su juramento significaba su muerte, tal y como le había dicho años atrás su hermana Galadriel. Pero Finrod estaba al tanto del mal que pesaban sobre los Silmarils, y advirtió a Beren de que los hijos de Fëanor no lo tolerarían, y que llevarían a la ruina todos los reinos de los elfos y hombres con tal de recuperar las joyas, que estaban malditas por un juramento de odio.
Celegorm y Curufin, hijos de Fëanor, habitaban en Nargothrond luego de la caída de Himlad en la Dagor Bragollach, y habían ganado mucho poder en el reino de Finrod. Cuando el rey dijo que debía abandonar Nargothrond para cumplir su promesa, Celegorm se refirió a Beren y dijo que sea quien sea, aliado o enemigo de Morgoth, nadie lo defendería de los hijos de Fëanor si lograba recuperar uno de los Silmarils. Curufin habló en tono más amable, pero profetizó la futura caída de Nargothrond, lo cual hizo que los elfos del reino perdieran el coraje que antaño poseían, y se negaron a concurrir a batallas campales, como a la Batalla de las Lágrimas Innumerables, a la cual sólo acudió una pequeña compañía de Nargothrond.
[Celegorm y Curufin]
A Finrod lo siguieron sólo diez elfos que le eran fieles, y le entregó la corona de Nargothrond a su hermano Orodreth. Cuando Finrod abandonó su reino, Celegorm y Curufin rieron por lo bajo, mientras pensamientos de usupar el trono corrían por sus mentes.
Beren y Finrod partieron con la compañía, y bajo las Montañas de la Sombra encontraron un campamento de orcos y los mataron a todos. Por arte de Finrod, todos tomaron el aspecto de un orco y se aventuraron dentro de Dorthonion. Sauron los vio desde una torre y dudó, porque los orcos se detenían a dar cuenta de sus actos, cosa que ellos no hicieron, y ordenó detenerlos. Así se libró el combate entre Sauron, el más grande de los sirvientes de Morgoth, y Finrod, el muy poderoso rey, en el cual Sauron se impuso.
Sauron los despojó de sus disfraces pero no pudo descubrir cómo se llamaban ni qué se proponían. Los arrojó a un pozo oscuro y los amenazó con una muerte aterradora a menos que uno de ellos le dijera la verdad. Un licántropo devoró a uno de sus compañeros, pero todos se mantuvieron fieles. Al caer Beren en el foso, Lúthien sintió un terrible vacío en su corazón y dio cuenta donde estaba, y viendo que no tendría la ayuda de nadie, decidió ayudar por su cuenta a Beren.
Daeron le contó a Thingol lo que Lúthien quería hacer, y decide encerrarla en los bosques. Sin embargo Lúthien escapa a las planicies. Allí se encontró con Celegorm y Curufin quienes estaban dando caza a los orcos, y Celegorm se enamoró de ella. Creyendo que estaba a salvo con príncipes Noldor, fue traicionada y llevada a Nargothrond, donde la aprisionaron. Orodreth no pudo resistirse porque los corazones del reino estaban con ambos príncipes. Celegorm tenía pensado pedirle la mano de Lúthien a Thingol a cambio de liberarla y así convertirse en el príncipe más poderoso, para luego aunar los reinos de los elfos y recuperar los Silmarils.
Pero Huan, el gran perro de caza que el vala Oromë había obsequiado a Celegorm en Valinor, que también se había enamorado de Lúthien, le ayudó a escapar llevándola en su lomo. Llegaron a la fortaleza de Sauron cuando sólo quedaban vivos Beren y Finrod. Cuando el lobo fue en busca de Beren, Finrod se liberó de sus ataduras y le dio muerte, pero quedó gravemente herido. Se despidió de Beren y murió allí, en la torre que él mismo había construido y que Sauron había conquistado. De esta forma cumplió con su juramento a Barahir.
Lúthien llegó en ese momento y Sauron se propuso capturarla y envió uno de sus lobos, pero Huan le dio muerte en silencio. Sauron continuó enviando sus lobos uno a uno, a los cuales Huan tomaba por el cuello y los asesinaba. Finalmente envió al señor de los licántropos, Draugluin, y luego de un feroz y terrible combate, volvió con su amo Sauron y murió a sus pies, diciéndole que Huan estaba allí.
Sauron conocía el hado de Huan, en el cual moriría a manos del lobo más poderoso que hubiera caminado en la tierra. Por lo tanto se transformó en un temible lobo y corrió a su encuentro. Pero ni siquiera el poder de Sauron alcanzó, y Huan lo tomó por el cuello y Sauron no pudo liberarse. Lúthien lo amenazó con devolverlo desnudo a Morgoth y soportar un eterno tormento a menos que le entregase la torre y todo lo que había en ella. Sauron se rindió y Huan lo soltó, y tomando forma de vampiro huyó goteando sangre del cuello a Dorthonion, mientras que Lúthien se apoderaba de la torre.
[Huan derrota a Sauron]
Encontró a Beren que estaba desesperado por la caída de Finrod, y creyendo que estaba muerto lo abrazó, y Beren se levantó y volvieron a mirarse, y el día brilló sobre ellos. Enterraron el cuerpo de Finrod, el cual después de una corta estancia en las moradas de Mandos, volvió a caminar por Valinor al lado de su padre Finarfin. Así Beren y Lúthien volvieron a andar juntos por los bosques, pero Huan volvió a Nargothrond con sus amos, y el amor por Lúthien ya no era tan grande. Su llegada junto con la de los esclavos que habían estado prisioneros en la torre causó un tumulto en Nargothrond y todos cayeron en la cuenta del amor y valentía de Finrod, muerto por Sauron, y que lo que guiaba a los hijos de Fëanor era la traición, y entonces los corazones de todos pasaron a rendir cuentas a Orodreth.
Los hijos de Fëanor no fueron muertos, ya que Orodreth era consciente de la Maldición, pero no se les concedió ni paz ni descanso en el reino. Pero juró que habría poco amor entre su reino y los hijos de Fëanor. Celegorm y Curufin montaron a caballo y fueron en busca de sus hermanos del Este, pero nadie quiso acompañarlos. Celebrimbor hijo de Curufin repudió las acciones de su padre y permaneció en Nargothrond, pero Huan iba siempre tras el caballo de Celegorm.
Beren y Lúthien volvieron a los bosques de Brethil y allí se encontraron Celegorm y Curufin que huían exiliados acompañados por Huan. Celegorm les reconoció desde lejos e intentó atropellar con su caballo a Beren. Curufin tomó a Lúthien y la colocó en su montura sin detenerse, pero Beren saltó a un lado y se aferró al cuello de Curufin, provocando la caída de ambos, mientras que Lúthien cayó entre la hierba.
Beren comenzó a extrangular a Curufin pero Celegorm se acercó detrás con la espada en alto. Sin embargo Huan saltó y atacó a su amo y el caballo se detuvo por miedo al gran perro de caza. Celegorm los maldijo a ambos, y Lúthien se incorporó y evitó la muerte de Curufin, quien montó junto con Celegorm y se alejaron al Este. Pero Curufin lanzó dos flechas con destino a Lúthien. La primera la detuvo Huan con su boca, y la segunda la detuvo Beren con su pecho al interponerse entre la flecha y su destino. Huan persiguió a los hijos de Fëanor a gran velocidad, que huyeron atemorizados. El perro regresó con una hierba, con la cual Lúthien fue capaz de curar a Beren, y luego volvieron a los bosques de Doriath, donde Beren se despidió de Lúthien, y dejándola al cuidado de Huan, regresó a Dorthonion para continuar su misión.
Llegó hasta los polvos de Anfauglith donde vió la triple cumbre de Thangorodrim, y allí cantó desesperado y Lúthien lo escuchó. Huan permitió que lo montara otra vez, y tomó la forma de Draugluin y Lúthien la de un vampiro para pasar desapercibidos. Encontraron a Beren, y tomando éste ahora la forma de Draugluin, llegaron hasta las puertas de Angband, donde estaba Carcharoth, un lobo descendiente de Draugluin que había sido criado y alimentado por Morgoth con carne propia, y era tan grande que no cabía en los salones de Angband.
[Beren, Lúthien y Huan]
Carcharoth los detuvo porque sabía de la muerte de Draugluin, y olfateó un aroma extraño alrededor de ambos. Pero Lúthien removió su disfraz y con un poderoso hechizo lo puso a dormir, y así atravesaron las puertas de Angband y llevaron a cabo la hazaña más grande intentada por hombre o elfo alguno. Llegaron hasta el trono de Morgoth "en el más profundo de los recintos, un palacio sostenido por el horror, iluminado por el fuego, y repleto de armas de tormento y muerte". Beren se escabulló en forma de lobo bajo el trono, pero Lúthien perdió el disfraz por voluntad de Morgoth que le clavó la mirada.
Morgoth al verla concibió pensamientos de una malvada lujuria, y la dejó libre por un instante mientras se complacía en sus pensamientos. Lúthien dijo cómo se llamaba y se ofreció a cantarle como un trovador, y de pronto ella escapó de sus ojos y empezó a cantar desde las sombras una canción tan hermosa y enceguecedora que él no pudo dejar de escucharla y se quedó ciego, mientras buscaba en vano a Lúthien.
Toda la corte yacía dormida debido al canto, entonces Lúthien saltó al aire y echó su capa ante los ojos de Morgoth y lo sumió en un sueño formidable y tenebroso. Morgoth cayó y quedó postrado boca abajo sobre el suelo, y la corona se le soltó de la cabeza y rodó. Lúthien despertó a Beren que también estaba dormido, y éste se quitó el disfraz. Esgrimió el cuchillo Angrist y quitó uno de los Silmarils de la corona.
El Silmaril no rechazó la mano de Beren y no le hizo daño, entonces a Beren se le ocurrió llevarse de Angband los tres Silmarils, pero tal no era su destino, y el cuchillo se partió y un fragmento hirió la mejilla de Morgoth, el cual se agitó y todas las huestes de Angband se movieron de sus sueños.
[Beren en forma de Draugluin, y Lúthien durmiendo a Morgoth con su canto]
El terror le gano a Beren y a Lúthien quienes huyeron despavoridos sin disfraz, pero aunque nadie les impidió el paso, las puertas de Angband cerraban la salida porque Carcharoth había despertado y les saltó encima antes de que ellos se dieran cuenta. Beren alzó el Silmaril ante el lobo mientras cubría a Lúthien con su cuerpo, pero Carcharoth no tuvo miedo y le mordió el brazo, arrancándole la muñeca junto con el Silmaril, el cual ardió en sus entrañas y le quemó la carne maldita.
Aullando de terror y locura huyó, y allí por donde pasaba su locura causaba innumerables muertes a toda criatura viviente. Y se dice que de todos los terrores llegados a Beleriand éste fue el peor, porque el poder del Silmaril estaba escondido en él. Beren yacía desmayado y cercano a la muerte, ya que los colmillos de Carcharoth estaban empapados de veneno. Lúthien consiguió extraerle el veneno con sus labios, pero al mismo tiempo las huestes de Angband despertaron furiosas junto con su Señor.
De repente aparecieron tres grandes aves en el cielo, siendo Thorondor y dos grandes águilas, las cuales tomaron a Beren y a Lúthien y los llevaron hacia el sur mientras el suelo retumbaba como un trueno, y temblaron las montañas. Thangorodrim echó fuego y humo arruinando los campos, y los Noldor en Hithlum se estremecieron. Pero Thorondor se dirigió al Valle de Tumladen, y allí Lúthien observó pequeña y pálida la gran ciudad de Gondolin de Turgon, pero creyó que Beren estaba muerto y se puso a llorar. Thorondor dejó a ambos en los bosques de Doriath y volvió a su nido en las Montañas Circuncidantes, y Beren despertó. A partir de ahí se le conoció como Erchamion, el Manco.
Mucho se apenaron en Doriath al no poder encontrar a Lúthien, y Daeron, el bardo de más renombre en toda la historia de Arda, incluso más que Maglor, fue en su búsqueda pero se perdió y erró por caminos extraños, y descendió al Este de la Tierra Media. Desde entonces durante muchas edades lamentó la suerte de Lúthien. Thingol se enteró de todo lo acontecido, y envió mensajeros a Maedhros con destino a Celegorm y Curufin, pero se toparon con Carcharoth, quien enceguecido por la ira y por el poder del Silmaril, irrumpió en Doriath y burló la Cintura de Melian. El capitán de los mensajeros escapó y le contó lo ocurrido a Thingol, y en ese momento Beren llego junto con Lúthien.
Entonces Beren reclamó su recompensa. Thingol preguntó por su cometido, y Beren le extendió su mano izquierda que estaba vacía y luego levantó el brazo derecho. Entonces el ánimo de Thingol se dulcificó y le cedió un lugar a la izquierda de su trono y a Lúthien a su derecha.
Sin embargo Carcharoth continuó haciendo desastres en el bosque, y el rey y sus súbditos fueron en su caza, entre los que se encontraban Beren y Huan, pero no Lúthien. Huan se adelantó a todos y alcanzó a Carcharoth, quien lo evitó y atacó a Beren mordiéndole el pecho y dejándolo malherido. Pero Huan saltó sobre el y comenzaron a luchar, "y nunca hubo batalla entre perro y lobo que igualara a ésta, porque en los ladridos de Huan se oía la voz de los cuernos de Oromë y la ira de los Valar, y en los aullidos de Carcharoth estaban el odio de Morgoth y una malicia más cruel que dientes de acero".
Huan mató a Carcharoth, pero estaba herido mortalmente por el veneno del gran lobo. Habló con Beren por tercera vez en palabras (podía hablar sólo 3 veces) y le dijo adiós antes de morir, cumpliéndose así la profecía de que moriría a manos del lobo más poderoso que hubo de pisar la tierra. El Silmaril estaba intacto, y un elfo puso la joya en manos de Beren quien exclamó que había cumplido con su cometido, y luego murió.
[Beren yace malherido mientras Thingol lo observa. A su izquierda está el cuerpo sin vida de Carcharoth, y a su derecha Huan agonizando]
Pero el espíritu de Beren se demoró en las Estancias de Mandos por petición de Lúthien, hasta que ella dejó su cuerpo y su espíritu voló lejos a Valinor. Se arrodilló ante Mandos y le cantó, y se dice que fue la única vez en todas las edades que Mandos se conmovió, y los Valar entristecieron. Por tanto, convocó a Beren a que se encontrara con Lúthien nuevamente en Beleriand, pero esto no estaba en su poder. Entonces acudieron a Ilúvatar, y éste ofreció una alternativa a Lúthien: "regresar a la Tierra Media y llevar consigo a Beren para morar allí otra vez, mas sin ninguna seguridad de vida o de alegría. Ella se volvería entonces mortal, y estaría sometida a una segunda muerte, lo mismo que él; y antes de no mucho abandonaría el mundo para siempre, y su belleza no sería más que un recuerdo en el canto"
Lúthien eligió ese destino y abandonó el Reino Bendecido y olvidó todo parentesco con los que allí habitan, y su vida quedó ligada a la de Beren. Sólo ella entre todos los elfos murió realmente, a excepción de Arwen quien sería la segunda en hacerlo. No obstante, con su elección los dos linajes se unieron, y la sangre de los Eldar llegaría incluso a los reyes de Númenor, hasta que ésta hubiera de renovarse con Aragorn y Arwen.
3- De Túrin Turambar.
Túrin era hijo de Húrin, que había defendido la retirada de Turgon a Gondolin cuando la Batalla de las Lágrimas Innumerables acabó en desgracia. Húrin hizo frente a los orcos sólo con su hacha, pero por órdenes de Morgoth fue capturado vivo, y lo condenó a una silla en lo alto de las montañas para observar la malicia que expandía por todo Beleriand. Luego de que fuera aprisionado, Túrin vivía con su madre Morwen en Dor-lómin. Los Hombres del Este que habían traicionado a Maedhros durante la guerra fueron confinados en Dor-lómin por Morgoth, debido a que el reino de Hithlum de Fingon ya no existía y tampoco su rey, y los hombres que habitaban allí fueron muertos durante la retirada de Turgon.
Sin embargo los Orientales no se atrevían a saquear a Morwen y a su gente porque creían que era una bruja peligrosa, y ella quiso que Túrin fuera a Doriath y que Thingol lo tomara como hijo propio en honor a Húrin. Thingol aceptó, y Túrin creció fuerte y hermoso en los bosques de Doriath.
A menudo le llegaban noticias de su madre, y en una de ellas supo que había dado luz a una niña de nombre Niënor. Pero un día los mensajeros de Thingol no regresaron y éste decidió no enviar más, y Túrin temió lo peor. Fue ante el rey y le pidió una cota de malla y una espada, y se colocó el yelmo dragón de Dor-lómin, el tesoro más preciado de su casa, y fue a la guerra en las fronteras de Doriath, donde se hizo amigo de Beleg Cúthalion, capitán de la guardia fronteriza de Thingol.
Tres años después regresó con sus ropas gastadas y rotas, y Saeros, quien le envidiaba por su posición frente al rey, insultó a su madre y Túrin le hirió de gravedad. Volvieron a enfrentarse y Saeros intentó huir aterrado a las fronteras pero Túrin le persiguió. Saeros cayó en un arroyo y el cuerpo se le quebró en una roca y murió. Sin embargo hubo testigos que vieron lo sucedido y le ungieron a volver a Doriath, pero Túrin temía ser tomado prisionero y huyó al norte, donde se unió a una compañía de proscritos y acechaban tanto a amigos como enemigos y pasó a llamarse Neithan.
A pesar de ello, Thingol se enteró de lo sucedido y le perdonó. Beleg fue en su búsqueda y dio con el campamento cuando Túrin, ahora capitán de todos ellos, no estaba en él. Fue tomado prisionero y tratado de manera muy cruel, pero cuando Túrin llegó, lo soltó y juró que sólo lucharían contra Morgoth. Beleg le contó que había sido perdonado pero Túrin se negó a volver. Beleg regresó con Thingol y le contó lo que había pasado, excepto el trato cruel. Pidió al rey una espada para defender a Túrin, ya que Thingol lo consideraba como hijo propio. Tomó la poderosa espada Anglachel, forjada con hierro proveniente del cielo forjada por Ëol, el Elfo Oscuro. Melian dijo que la espada estaba maldita como su creador, y le dio a Beleg una ración de lembas.
[Túrin, hijo de Húrin]
Ayudó a su gente en las guerras de la frontera desde el verano, y cuando la guerra cesó al comenzar el invierno, sus compañeros notaron de repente que no estaba allí. Túrin buscó una guarida más segura para los suyos al sur del valle del Sirion, pero de casualidad se encontró con 3 enanos a los cuales capturó. Uno de ellos se llamaba Mîm y prometió pagar su rescate. Llegaron hasta el hogar de los enanos en Amon Rûdh y Mîm vio que su hijo estaba muerto. Pagó su rescate y ofreció su hogar como refugio a Túrin y sus hombres, y estos aceptaron.
Largas conversaciones tuvieron Túrin y Mîm, más que nada del origen de los enanos. Mîm y su gente habían llegado de las casas más orientales de los enanos, cercanas a Utumno, y se habían exiliado al Oeste antes de que Morgoth llegara a Beleriand. Allí se hicieron más bajos y menos hábiles en herrería puesto que vivieron de la caza, pero cavaron en el valle del Narog antes de que llegara Finrod y creara el reino de Nargothrond. Los elfos no conocían a los enanos y a lo primero les daban caza y afeitaban las barbas, hasta que supieron quiénes eran, pero los enanos odiaban a los Noldor tanto como a los orcos por entonces.
El invierno llegó ese año más fuerte que los anteriores, porque se decía que crecía junto al poder de Angband. Un día se presentó una figura enorme y encapuchada en la puerta de la guarida, y todos tuvieron miedo pero la figura rió. Se quitó la capucha y se reveló como Beleg Cúthalion, y así volvió a reencontrarse con su amigo Túrin, y le traía su yelmo dragón.
Túrin se negó a partir nuevamente y Beleg permaneció a su lado, ayudando a los proscritos enfermos y hambrientos y transformándose en el segundo capitán, pero Mîm le odiaba. Cuando llegó la primavera, las fuerzas de Angband avanzaron y tomaron todas las fronteras al norte de Doriath, pero no se atrevían a entrar en Talath Dirnen, la Planicie Guardada, por temor a un poder oculto, que era Túrin y su compañía. Muchos que habían quedado sin guía fueron en busca de los dos capitanes, y Túrin cambió su nombre a Gorthol, el Yelmo Terrible.
Por el sobrenombre de Yelmo Terrible Morgoth supo quien era Gorthol, y llenó Amon Rûdh de espías, que capturaron a Mîm en uno de sus viajes, quien se ofreció a pagar su rescate revelando la ubicación de la colina y de los proscritos, pero Túrin no debía morir. Así los orcos llegaron de improvistos a la guarida y mataron a casi todos, pero a Túrin lo llevaron prisionero. Mîm subió a la colina donde se había librado el combate y vio a Beleg que estaba malherido. Tomó Anglachel pero Beleg se incorporó y se la arrebato y arrojó, y Mîm huyó chillando de la colina. Beleg buscó el cuerpo de Túrin y no lo encontró, y supo entonces que se lo habían llevado a Angband.
Siguió el rastro de los orcos hasta Dorthonion, y allí en un laberinto de rocas encontró a Gwindor, que había acudido a la Batalla de las Lágrimas Innumerables al mando de una pequeña compañía de Nargothrond, al cual Morgoth había capturado en la batalla y había puesto a extraer metales y joyas, pero Gwindor consiguió escapar por un túnel secreto.
[Beleg Cúthalion]
Gwindor acompañó a Beleg hasta que encontraron el campamento orco, al cual atacaron de noche mientras llegaba una tormenta. Mataron a los lobos centinelas y liberaron a Túrin, y Beleg usó Anglachel para romper sus grilletes, pero hirió a Túrin en el pie y éste despertó, y cegado por la furia y creyendo que se trataba de orcos, tomó Anglachel y mató a Beleg creyéndolo enemigo. Al ver la cara de Beleg, Túrin lanzó un grito que sonó como un relámpago y tras él comenzó a llover fuertemente. Gwindor le advirtió del extremo peligro porque los orcos habían despertado, pero Túrin no respondió y permaneció sentado junto al cuerpo de Beleg con los ojos secos.
Llegado el día y pasada la tormenta, los orcos creyeron que Túrin estaba ya lejos y marcharon a Angband, volviendo con las manos vacías. Pero Túrin yacía todavía junto al cuerpo de Beleg. Gwindor solicitó su ayuda para enterrarlo pero tomó para él Anglachor y las lembas, y sepultaron a Beleg junto con su gran arco Belthronding. "Así llegó a su fin Beleg Arcofirme, el más fiel de los amigos, el más hábil de todos cuantos se albergaron en los bosques de Beleriand en los Días Antiguos, y murió a manos de aquel a quien él más amaba; y ese dolor se grabó en la cara de Túrin y nunca más se le borró."
Gwindor se llevó lejos a Túrin, hacia el Sur, y no habló ni una vez mientras erraron juntos por los caminos, y caminaba sin deseos ni propósito, pero Gwindor lo protegía y lo guiaba. Túrin le preguntó quien era, y Gwindor le contó que una vez habitó en Nargothrond, y de como terminó prisionero en la batalla, y que había escuchado rumores de que el padre de Túrin, Húrin, había sido tomado prisionero pero que aún en Angband seguía desafiando a Morgoth, quien había maldecido a toda su parentela, lo cual Túrin creyó cierto. Guiado al valle del Narog, fue así que Túrin llegó a Nargothrond.
Allí tomó el nombre de Agarwaen, el hijo de Úmarth (que significa Manchado de Sangre, hijo del Hado Desdichado). La estima de Orodreth por Túrin creció mucho, y allí era considerado casi como un gran Noldor, y los habitantes de Nargothrond giraron sus corazones a él y le llamaron Adanedhel, el Hombre-Elfo. Los herreros volvieron a forjar Anglachel, y aunque su hoja seguía siendo negra, ahora brillaba sobre ella un fuego pálido, y Túrin la llamó desde entonces Gurthang, Hierro de la Muerte.
Los elfos conocían de sus hazañas en la Planicie Guardada y le creían imbatible, y en memoria de ello le dieron una cota de malla de los enanos, y en el arsenal encontró una máscara también de enanos enteramente dorada la cual usaba en la batalla, y el enemigo huía frente a ella. Gwindor le reveló a la hija de Orodreth, Finduilas, el verdadero nombre de Túrin, y ésta se lo dijo al rey. Mayores fueron los honores y mayor fue el poder que tuvo entonces en Nargothrond al saberse que era hijo de Húrin, y pasó a sentarse en el concilio del rey.
[Túrin con el yelmo dragón, la cota de malla de enanos y Gurthang]
Túrin menospreciaba las emboscadas y prefería la batalla a campo abierto, y comenzó a aconsejar sobre ello a Orodreth, y la gente de Nargothrond dejó de ocultarse y acudieron a la batalla abierta, y almacenaron numerosas armas. Por consejo de Túrin, los Noldor construyeron un puente sobre el Narog para el transporte más rápido de armas, y así se enteró Morgoth de la ubicación del reino. Gwindor aconsejaba siempre en contra de Túrin, pero había caido en la desgracia luego de la guerra y no era escuchado, y su habilidad con las armas no era la misma.
En ese tiempo, la madre de Túrin, Morwen, huyó de Dor-lómin con su hija Niënor y llegaron a Doriath, y se entristecieron al saber que Túrin ya no estaba allí. Thingol había escuchado rumores de Nargothrond por cierto, pero todos hacían referencia a la Espada Negra. Un día llegaron dos elfos provenientes de los puertos de Círdan, y hablando en nombre de Ulmo, le dijeron a Orodreth que sobre Nargothrond se cernía un gran peligro. Le aconsejaron derribar el puente y cerrar las puertas nuevamente, pero por consejo de Túrin no hizo caso.
Pasado un tiempo, Morgoth envió a un poderoso ejército al mando de Glaurung para destruir Nargothrond. El ejército de los elfos le hizo frente en las llanuras, y sólo Túrin resistió el avance de Glaurung. Pero los elfos fueron rechazados y allí murió Orodreth, y Gwindor fue herido de muerte aunque fue salvado por Túrin quien lo llevó a un bosque, y Gwindor le dijo que lamentaba el momento en que lo había rescatado, y que tenía que dejarlo morir.
Túrin volvió a la ciudad en busca de Finduilas por petición de Gwindor, pero llegó demasiado tarde y se encontró ante Glaurung en el puente de Nargothrond. Saltó sobre el con su espada y Glaurung lo hechizó con su mirada y lo dejó inmóvil y lo provocó: "Malas han sido todas tus acciones, hijo de Húrin. Hijo adoptivo desagradecido, proscrito, matador de tu amigo, ladrón de amor, usurpador de Nargothrond, capitán imprudente y desertor de tus hermanos. Sometidas viven tu madre y tu hermana en Dor-lómin, sufriendo miseria y necesidades. Tú llevas las galas de un príncipe, pero ellas están en harapos; y penan por ti, pero a ti eso no te importa. Feliz estará tu padre al enterarse de que tiene semejante hijo. ¡Y se enterará!".
[Túrin inmovilizado por Glaurung]
En ese momento Finduilas pasó por el puente como rehén y llamó a Túrin quien todavía estaba inmóvil y no podía taparse los oídos. Glaurung lo liberó nuevo, y Túrin lo atacó pero no pudo herirlo, y Glaurung le dijo que si quería redimirse tendría que salvar a su madre en Dor-lómin, de lo contrario sería nombrado con desprecio por elfos y hombres, o podría rescatar a Finduilas, pero su madre y hermana morirían y lo maldecirían.
Túrin marchó a toda prisa escuchando todavía los gritos de Finduilas, pero no se detuvo al pensar que su madre y hermana podrían ser torturadas. No las encontró en Dor-lómin, y un jefe oriental le dijo que habían escapado a Doriath hacía mucho tiempo. Tomado por la ira, Túrin y los mató a todos y llegó a los bosques de Brethil, donde habitó un tiempo con los hombres de Hador. Luego de un tiempo volvió tras el rastro de Finduilas pero no pudo encontrar nada, y regresó de nuevo a Brethil, donde le dijeron que tras cazar una partida de orcos, éstos habían asesinado a todos los prisioneros y que habían clavado a Finduilas con una lanza a un árbol, y le dejaron el mensaje a Túrin bajo el nombre de Morgemil. Entonces los hombres de Brethil vieron a Gurthang y cayeron en la cuenta que estaban ante Túrin. En ese momento, Túrin entendió que allí por donde pasaba dejaba una sombra que traía desgracias, y ello se debía a la maldición que Morgoth había echado en Húrin.
Sabiendo quien era, se conmovieron por su desgracia y lo llevaron a sus moradas y lo curaron. Pensando que habitaría en Brethil para siempre, tomó el nombre de Turambar que significa Amo del Destino, e hizo de las tierras próximas al bosque muy temidas para los orcos, pero dejó Gurthang a un lado y luchó con arco y lanza. Las noticias de la caída de Nargothrond llegaron a Doriath y allí Morwen se enteró que Túrin o bien había caído, o se encontraba hechizado por Glaurung. Cabalgó a toda prisa y Thingol envió escuderos tras ella, y uno de los escuderos resultó ser Niënor disfrazada. Ninguna de las dos aceptó volver, pero Glaurung salió de Nargothrond y mató a los escuderos, y de Morwen nunca se supo que pasó. Pero hechizo a Niënor y le impuso un hechizo de completa oscuridad y olvido, y luego se fue dejándola sola en Amon Ethir.
Mablung el jefe de los escuderos la encontró y la llevó a Doriath junto con tres compañeros, pero fueron atacados por orcos y ella escapó. Regresaron a Doriath sin Morwen y Niënor, y Melian se sintió muy triste. Niënor vagó por las tierras hasta llegar al bosque de Brethil, donde luego de pasar hambre y estar al borde de la muerte, fue encontrada por Turambar durante una fuerte tormenta cerca de los Cruces del Teiglin, porque había escuchado que muchos orcos andaban por el lugar. La alimentaron y le dieron calor, y al ver a Turambar ella se sintió consolada y no quiso separarse de él. Turambar le preguntó por su nombre, parentela e infortunio, pero ella se largó a llorar. Entonces la llamó Níniel, la Doncella de las Lágrimas.
[Túrin encuentra a Niënor, hechizada en el bosque]
Níniel enfermó de fiebre y se recuperó mucho después, y aunque no recordaba como había sido encontrada, ya había entregado su corazón a Turambar. Pasado un tiempo, el corazón de Turambar se volvió al suyo, y le propuso matrimonio. Brandir el capitán de los hombres de Brethil trató de disuadirla y le reveló el verdadero nombre de Turambar y el de su padre, y aunque ella no reconoció el nombre, una sombra le oscureció el corazón. A pesar de ello se casaron, y Turambar prometió no regresar a la guerra. Luego de un tiempo, Glaurung envió orcos a Brethil pero Turambar permaneció inactivo hasta que los hombres de Brethil fueron derrotados, y partió a la guerra portando a Gurthang.
Sabiendo que no derrotarían a Glaurung mediante la fuerza, se ofreció a ir en busca del dragón él solo. Supo que se encontraba en las altas orillas del Teiglin, y que era probable que se trasladara de noche. Descendió el desfiladero en el crepúsculo y cruzó las aguas turbulentas y trepó en la otra orilla. Antes de la medianoche Glaurung despertó, y dejó medio cuerpo fuera del acantilado, y Turambar trepó por el acantilado y llegó bajo el dragón. Desenvainó Gurthang, y con todo el poder de su brazo y de su odio la hundió en el vientre de Glaurung hasta la empuñadura.
Glaurung cayó del precipió, lanzó un potente grito, se retorció y murió. Turambar cruzó nuevamente el río para recuperar Gurthang y ver a su enemigo, y lo encontró extendido a lo largo, y en venganza por la provocacion de Glaurung en Nargothrond, dijo: "¡Salve, Gusano de Morgoth! ¡Feliz encuentro de nuevo! ¡Muere ahora y que la oscuridad te reciba! Así queda vengado Túrin hijo de Húrin." Arrancó la espada y un chorro de sangre le bañó la mano y se la quemó, y Glaurung abrió los ojos y con un potente hechizo lo desmayó y yació como muerto.
Níniel, que había partido tras Turambar con una gran compañía de hombres, oyó el grito de Glaurung. Al ver el paisaje de destrucción tras la caída del dragón, creyó que Glaurung había triunfado. Llegó a la colina y vio el cuerpo del dragón, pero no hizo caso de él porque había un hombre a su lado, y corrió hacia Turambar y lo llamó en vano. Glaurung se agitó por última vez y dijo: "¡Salve, Niënor hija de Húrin! Juntos otra vez antes de terminar. Te ofrezco la alegría de que por fin hayas encontrado a tu hermano. Y lo conocerás ahora: ¡el que apuñala en la oscuridad, traidor de sus enemigos, infiel a sus amigos, y maldición de sus hermanos, Túrin hijo de Húrin! Pero la peor de todas sus acciones la sentirás en ti misma."
[Níniel encuentra "muerto" a Túrin luego de asesinar a Glaurung]
Al oír ésto, el hechizo sobre Níniel se deshizo y recordó quien era. Se despidió de Túrin y se arrojo a las aguas y murió. Brandir que había presenciado todo esto, regresó con su gente y contó lo sucedido, y en ese momento Túrin apareció ante ellos. La esposa de Dorlas, jefe fronterizo a quien Brandir había matado a traición, acusó al capitán de loco. Entonces Túrin se enojo mucho, y creyendo que lo que había dicho era mentira por despecho ya que Brandir amaba a Níniel. Entonces Brandir le reveló la identidad de Níniel a Túrin y le dijo que había muerto, y luego le repitió las palabras de Glaurung. Túrin se enfureció más, y tras sentir que el destino lo alcanzaba, mató a Brandir y huyó a los bosques.
Allí se encontró con Mablung quien le saludó y se alegró de que estuviera vivo, y le advirtió de Glaurung. Túrin le dijo que había matado al dragón y todos lo alabaron, pero él pregunto por sus hermanos, y Mablung le contó que Niënor había sido hechizada y que vivía en un olvido. Entonces supo Túrin que el destino lo había alcanzado y que había matado a Brandir injustamente y que las palabras de Glaurung se habían hecho verdaderas. Túrin empezó a reír como un loco, y le dijo a Mablung que regresara a Doriath con una maldición sobre ella.
Corrió hasta el lugar en que yacía muerto Glaurung y donde Níniel se había suicidado, y preguntó a Gurthang, su única pertenencia que le quedaba, si deseaba darle muerte. Por locura o por magia, la espada respondió que deseaba su sangre, y Túrin se lanzó sobre ella y murió. Mablung llegó con sus elfos y vieron a los cuerpos de Glaurung y de Túrin. Quemaron el cuerpo del dragón, y levantaron un túmulo y sepultaron a Túrin y cantaron un lamento por los hijos de Húrin.