El objetivo de este post es criticar la sobrecriminalización del hombre que ha traído el feminazismo y explicar algunos ejemplos de esto, como en el caso del acoso sexual.
En mi post anterior “3ª Crítica al Feminazismo: "Mitos y Engaños Feministas"” explico las razones por las que desgraciadamente los feminazis llegaron al poder. Los feminazis son personas que no están bien de la cabeza, son personas traumadas que sobreestiman de una manera irracional, tóxica y enfermiza lo que ellos entienden como problemas de las mujeres; son personas que les encanta hacer una tormenta en un vaso de agua y que van a hacer hasta lo imposible para obligar a los demás a reconocer ese hecho como una verdadera tormenta; son personas que de una manera obsesiva sólo pueden ver a las mujeres como víctimas y a los hombres como diablos, y son personas que están en contra de la igualdad del hombre y la mujer ante la ley, ya que ellos luchan porque las leyes protejan más a las mujeres de lo que protegen a los hombres.
A partir de esta lógica enfermiza de sobreprotección de la mujer, nacida de la tóxica cultura del victimismo, se crearon leyes tan absurdas que es difícil de creer que se hubiesen aceptado antes de haber echado por tierra el principio más fundamental del derecho de la era moderna: “La igualdad de todos los ciudadanos ante la ley”. Entonces empezaron a sustituir las leyes de carácter general por leyes aplicables sólo sobre una parte de la población, increíblemente ridículas, demenciales e injustas. Estás leyes no sólo representan el peor tipo de discriminación que puede existir, que es la discriminación por ley; sino que al tratar a unos y otros de manera distinta se rompe el seguro que limita el nivel de absurdez al que pueden llegar las leyes; porque no importa lo parcial que seas, si con las mismas leyes que juzgas a los que quieres perjudicar, también tienes que juzgar a los que quieres beneficiar, vas a tener que tener algún límite.
A continuación voy a dar uno de muchísimos ejemplos análogos, de cómo está lógica busca convertir trivialidades en delitos penales. Tomemos como ejemplo el caso de un hombre que le agarra el trasero a una mujer sin su permiso. No pongo en duda que esto pueda ser molesto e incorrecto en muchos casos, pero ¿en qué cabeza sensata cabe hacerlo un crimen? Y si estoy dando este ejemplo es porque a mí ya me ha pasado y sé lo que significa. Es algo que no te lastima, es algo que 5 minutos después no tienes ni por qué acordarte y sobretodo es algo que no será perjudicial para tu vida ni tu futuro, que es el significado de algo intrascendente. Vamos, ella tiene derecho a reclamarle o hasta darle una cachetada si no le pareció lo que él hizo, y seguro ha habido casos en que más de uno ha terminado golpeado después de una riña producto de algún atrevimiento así con la persona equivocada, pero en cualquier caso este tipo de problemas no tienen por qué trascender y esa es la razón por la que es ridículo convertirlo en un crimen. Además el criterio debe ser el mismo sin importar el sexo, porque también si un homosexual o una mujer le agarra el trasero a un hombre sin su consentimiento, este último podría incluso devolverles un golpe, aunque sería mejor que antes tomara alternativas más suaves; pero en cualquier caso, el punto es que no tiene por qué pasar a mayores; ese es el punto central de todo esto y por lo que es nociva y absurda su criminalización.
Uno de los ejemplos más arqueotípicos de la sobrecriminalización feminazi del hombre es en el tema del acoso sexual. Cualquier tipo de acoso es algo que claramente en principio las personas deben resolver por sus propios medios y además debe de existir cierto grado de tolerancia a los comportamientos de otras personas que nos molestan. Cuando el acoso se vuelve algo realmente lo suficientemente grave como para considerarse desde un punto de vista jurídico, lo que menos debería importar es el género de los involucrados, sino la seriedad real del problema. Y además no hay diferencia en la importancia entre unos tipos de acoso u otros; no es menos importante, por decir algo, el joven que es acosado por un grupo de jóvenes al grado que le avientan cosas por la espalda mientras va pasando por la calle, que el acoso de una joven que le suceda lo mismo o que cualquier otro tipo de acoso de la misma intensidad; el que un acoso sea de tipo sexual no lo hace más importante, ni merecedor de una criminalización especial, no importa cuántos feminazis digan lo contrario, de otro modo se estaría siendo injusto.
Desde un punto de vista jurídico no debe haber diferencia en cómo tratar a hombres y mujeres; si quieren analizar cuál es el manejo razonable de los conflictos y transgresiones, consideren la misma situación cambiando el sexo de los involucrados y pregúntense qué es lo que es razonable; en particular pueden imaginarse el caso general en el que tanto el “agresor” como la “víctima” son hombres. Y este criterio tampoco es ajeno a ningún tipo de violencia, porque además, otra de las cosas que tampoco debemos olvidar es que existen tanto hombres grandes y fuertes, como enclenques y débiles; hombres que son muy hábiles para pelear y hombres que nunca se han peleado en su vida y no tienen ni idea de cómo meter las manos; y sin embargo la realidad es que aun si eres débil, a la larga todos tienen formas para hacerse respetar, por medios propios o de terceros. Lo que sí es importante cuidar es que no se haga un uso excesivo de la fuerza, pero para eso ya hay cosas desde el punto de vista jurídico, como por ejemplo las demandas por lesiones (cuando éstas son serias y unidireccionales) y para esto no importa el género de los involucrados, sino únicamente los resultados finales.
Si alguien no quiere tratar de la misma manera a hombres y mujeres en su vida privada puede hacerlo, ya que en la vida privada toda la gente tiene derecho a un margen de libertad, e incluso puede ser racista, sexista, discriminativa, violenta u lo que quiera, siempre y cuando no rebase ciertos límites que están dados según el contexto. Pero a nivel legal la ley debe ser neutra con respecto a género, raza, condición social o cualquier otra cosa, y eso es lo único que nunca debería prestarse a discusión. Además de la importancia de la igualdad ante la ley, también es importante no caer en la sobrecriminalización, es decir convertir una agresión menor en un asunto penal. Porque aun cuando la ley no sea discriminatoria (es decir, que sea la misma para todos), la sobrecriminalización no sólo es en sí misma abusiva e injusta (tal como lo sería romperle la nariz a alguien como castigo por habernos dicho tontos), impráctica y costosa para el estado, e irónicamente promotora de violencia en la sociedad (especialmente la de alto impacto); sino que además, al estar generando el estado una reacción desproporcionadamente violenta a conflictos donde usualmente se termina con un problema del tipo, la palabra de uno contra la palabra de otro, porque la naturaleza intrascendental de esa clase de problemas no suelen dejar pruebas completas y suficientes para resolver los casos, se corre el riesgo de que si no se usa a raja tabla el principio de presunción de inocencia, sea muy fácil mentir y criminalizar a cualquiera. Y espero que sea claro el enorme peligro que esto implica.
En conclusión el feminazismo ha traído un combo de 3 males que han convertido a las leyes en anti-hombre: la falta de igualdad ante la ley, la sobrecriminalización, y la violación al principio de presunción de inocencia. En este tercer punto no profundicé en esta crítica pero también es un problema muy grave, porque en muchas legislaciones se le da un valor preponderante al dicho de la víctima o aún peor, en específico al dicho de la mujer.