La palabra "aguacate" es de origen náhuatl y se compone de dos palabras: "ahuacátl" (testículo) y "cuáhuit" (árbol). Se le llamó así por su forma y la manera en que cuelga de la rama.
La historia de este alimento e remonta al territorio que hoy abarca el estado de Puebla. Este delicioso fruto es conocido desde hace milenios y las evidencias más lejanas de su consumo provienen de una cueva en Coxcatlán, en Tehuacán, con una antigüedad de 7000 a 8000 años.
Estos datos indican que el aguacate fue uno de los alimentos básicos, así como una fuente nutritiva para los seres humanos, desde su arribo a Mesoamérica cuando aún eran cazadores-recolectores, por el poco procesamiento que necesita para ser consumido.
Estudios arqueológicos señalan que los habitantes del valle de Tehuacán ya se dedicaban de tiempo completo a la agricultura, entre 2300 y 1500 a.C., y que los árboles de aguacate se encontraban entre las plantas que cultivaban. Los grupos humanos ya habían aprendido que al dejar caer una semilla en el suelo nacía una nueva planta, por lo que el cultivo debió ser una tarea fácil. Así comenzó el proceso de domesticación de este árbol.
Las culturas precolombinas contaban con buen conocimiento sobre el aguacate y así se observa en el Códice Florentino, donde se mencionan tres tipos principales: aoacatl, quilaoacatl y tlacacoloacatl, mismos que podrían equivaler a las especies: mexicana, guatemalteca y antillana.
Fue en las partes altas del Centro y Este de México donde se inició el cultivo de este fruto, el cual se convirtió en uno de los tributos que los aztecas recibieron de los pueblos conquistados en Mesoamérica, particularmente del poblado de Ahuacatlán (“lugar donde abunda el aguacate”). El hecho de que este alimento fuera utilizado como pago de tributo indica el valor que las antiguas culturas le daban.
En la época de la Conquista, fueron los mismos españoles los que llevaron este producto a Europa. Pero fue hasta 1911 cuando su cultivo cobró auge, cuando se introdujo una variedad proveniente de Atlixco, Puebla, a California.
Para la década de los 30 el cultivo se popularizó más, y fue precisamente Atlixco una de las poblaciones que destacó en la producción, convirtiéndose en la base de la industria aguacatera. De hecho, fue hasta la década de los 50 cuando Michoacán comenzó a destacar en la producción de este fruto.
La historia de este alimento e remonta al territorio que hoy abarca el estado de Puebla. Este delicioso fruto es conocido desde hace milenios y las evidencias más lejanas de su consumo provienen de una cueva en Coxcatlán, en Tehuacán, con una antigüedad de 7000 a 8000 años.
Estos datos indican que el aguacate fue uno de los alimentos básicos, así como una fuente nutritiva para los seres humanos, desde su arribo a Mesoamérica cuando aún eran cazadores-recolectores, por el poco procesamiento que necesita para ser consumido.
Estudios arqueológicos señalan que los habitantes del valle de Tehuacán ya se dedicaban de tiempo completo a la agricultura, entre 2300 y 1500 a.C., y que los árboles de aguacate se encontraban entre las plantas que cultivaban. Los grupos humanos ya habían aprendido que al dejar caer una semilla en el suelo nacía una nueva planta, por lo que el cultivo debió ser una tarea fácil. Así comenzó el proceso de domesticación de este árbol.
Las culturas precolombinas contaban con buen conocimiento sobre el aguacate y así se observa en el Códice Florentino, donde se mencionan tres tipos principales: aoacatl, quilaoacatl y tlacacoloacatl, mismos que podrían equivaler a las especies: mexicana, guatemalteca y antillana.
Fue en las partes altas del Centro y Este de México donde se inició el cultivo de este fruto, el cual se convirtió en uno de los tributos que los aztecas recibieron de los pueblos conquistados en Mesoamérica, particularmente del poblado de Ahuacatlán (“lugar donde abunda el aguacate”). El hecho de que este alimento fuera utilizado como pago de tributo indica el valor que las antiguas culturas le daban.
En la época de la Conquista, fueron los mismos españoles los que llevaron este producto a Europa. Pero fue hasta 1911 cuando su cultivo cobró auge, cuando se introdujo una variedad proveniente de Atlixco, Puebla, a California.
Para la década de los 30 el cultivo se popularizó más, y fue precisamente Atlixco una de las poblaciones que destacó en la producción, convirtiéndose en la base de la industria aguacatera. De hecho, fue hasta la década de los 50 cuando Michoacán comenzó a destacar en la producción de este fruto.