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Hablemos de Democracia (desmintiendo mitos) Entra

Info•2/15/2017
Hablemos de democracia.



1984, una novela de ciencia ficción de George Orwell. En ella, un gobierno elimina palabras para controlarnos. Imagina que eliminas del diccionario palabras como “guerra”, “violencia”, “asesinar” y cosas así, pero dejas “paz”.

Cuando en un país no hay paz, ¿qué dirás? No puedes decir que hay guerra, esa palabra no existe. Acabaríamos diciendo que hay menos paz. Llamaríamos al problema con el nombre de la solución.

Una auténtica locura pero, ¿si en el mundo estuviera sucediendo algo parecido?

Buscando información sobre la democracia, me doy cuenta que en todas las fuentes la definición es más o menos la misma.



El poder puede ser visualizado como una pirámide. Arriba están los que mandan y abajo los que obedece. Así era como nos organizábamos hace doscientos años.

Antes de que se instaurara el modelo actual, en Francia a la cabeza de la pirámide se encontraba el rey. Y como ya saben, ser rey se hereda y solo podían ser reyes los hijos del rey. Las demás personas se encontraban en la base de la pirámide. Para que no fuese tan visible que los reyes tenían el poder absoluto, estos convocaban —de vez en cuando— a una asamblea conformada por los nobles, la iglesia y personas con oficios respetables (llámese burgueses).



Luego apareció Rousseau con su libro El contrato social. Rousseau dijo que todos debemos participar en hacer las leyes, así que lo que hacían los reyes no eran leyes. ¿Cómo lo solucionaron? Quitando al rey.

Rousseau dice que todos debemos participar en hacer las leyes pero hay muchas formas de hacerlo. Una de ellas es elegir representantes. No haremos las leyes nosotros pero nos consultarán y nos pedirán permiso para aprobarlas.



Las repúblicas que nacieron por ese entonces, como Francia y Estados Unidos, optaron por esta vía y se llamaron así mismas Repúblicas de Gobierno Representativo.

Pero, ¿quiénes podían elegir? Hombres, mayores de 25 años y que trabajaran, mayoritariamente burgueses. El problema nace en que los elegidos y los que eligen son del mismo grupo.

Entonces esto prueba de que la elección no es una conquista del pueblo sino una conquista de la élite.

Espera, rebobinemos. Antes de la Revolución Francesa el rey ya había creado elecciones para que el pueblo eligiera representantes y no negociar con millones de personas. ¿Recuerdas quién representaba al pueblo? Los burgueses, ¿no? Así que los burgueses ni siquiera conquistan las elecciones sino que mantienen un método creado anteriormente. Por tanto resulta bastante obvio que el pequeño grupo detrás de la Revolución la hicieron para ellos solos.

Tocqueville, uno de los primeros en analizar la república norteamericana, dijo “No le temo al sufragio. La gente votará por lo que se le diga porque si tienes que elegir entre varias opciones, quien tenga más dinero hará tan visibles las suyas que las convertirá en las únicas”.



Mientras tanto, la gente empezó a exigir que pudiera votar todo el mundo, así que más y más gente empezó a acceder a la posibilidad de votar.

Rousseau había advertido algo sobre los representantes. Para que una ley sea ley todos debemos participar en hacerla. Si no la hacemos todos y elegimos representantes para que las hagan necesitamos mecanismos para que nos hagan caso. Por ejemplo, tener la posibilidad de parar en todo momento una ley que no nos guste. Si no existen estos mecanismos, no hemos elegido representantes, sino jefes.



Así que de acuerdo con Rousseau hemos derribado una mentira acerca de la democracia. El poder no está en el pueblo, sino en los representantes.

¿Cuál es la consecuencia de no tener mecanismos para que nos hagan caso? Pueden hacer lo que quieran.

No podemos elegir gente en la que no confiamos teniendo en cuenta que elección significa también confianza total.

Volvamos al tiempo en el que solo votaban unos pocos. Los representantes eran conocidos personalmente por sus votantes. Pero como más y más gente accede a votar, resulta difícil que se conozca personalmente al representante. Ahí es donde aparecen los partidos, que clasifican a la gente por ideologías. No importa conocer a la persona si conoces sus ideas.



Con los partidos nacen los programas electorales, un paquete de promesas que los partidos les hacen a sus votantes. Así que recuerda que por más vivienda o seguro te hayan prometido, no hay manera en la que el representante te haga caso. Entonces, ¿qué hace la mayoría de la gente? Vota por otro partido. Cambia de ideología de elección a elección.



¿Qué quiere decir esto? Que los programas electorales no tienen importancia.

Paremos un poco acá para hablar un poco de cómo funcionan los partidos políticos. Eso también lo podemos representar en una pirámide.



Si quieres llegar a ser un representante tendrás que escalar en la pirámide de poder. ¿Y eso cómo se hace? Diciendo que sí a todo, alianzas, y cuando estés a punto de estar arriba juega tus cartas de promesas.

¿Quiénes suelen llegar a la cima? Los partidos políticos son una máquina para seleccionar mediocres. El que tenía las mejores ideas se ponía nervioso en los debates. El segundo mejor era un poco viejo y hay que ganar el voto joven. Y así nos quedamos con el que no era mejor para gobernar, sino con el mejor para ganar elecciones, aunque probablemente sea un inútil.

Tumbamos otro mito. ¿Es necesario estar preparado? No. Suele reinar la mediocridad.

Revisemos un poco el parlamento. El parlamento fue diseñado para ser un lugar donde se deliberaba, ante opiniones diferentes se trataba de convencer a los demás y se estaba abierto a ser convencido para llegar a un acuerdo.

Pero con la llegada de los partidos políticos el parlamento se vuelve un medidor de poder. Mientras más representantes tienes, más fácil será imponer tus ideas.



Hoy en día los partidos han perdido gran parte de su militancia, y los votantes se componen en su mayoría de personas sin afiliación política. Así que se estudian a esta mayoría y los partidos van moldeando sus ideologías de acuerdo a las necesidades colectivas.

Los partidos no solo tienen que atraer votantes sino que también deben evitar que te acerques a otros partidos. Así se crea la polarización, hemos dividido a la sociedad en polos opuestos. Nadie quiere ser un fascista pero tampoco un rojito, ¿cierto?



Ahora sí, volvamos al tema.

¿Vivimos en democracia? ¿Estamos llamando democracia a algo que no lo es? Si te fijas, desde el inicio no hemos nombrado la palabra democracia ni una sola vez y tampoco ha hecho falta pues nuestros gobiernos, cuando nacieron 200 años atrás, no se llamaban democracias sino Repúblicas de Gobierno Representativo. Podríamos pensar que el término democracia no se usaba entonces o no se conocía. Vamos a buscarlo. John Adams, segundo presidente de Estados Unidos y uno de sus padres fundadores, dijo que “la democracia degenera en anarquía” y que “la democracia nunca dura”. James Madison, cuarto presidente de Estados Unidos, dijo que “la democracia es incompatible con la seguridad personal y la propiedad privada”.

¿Ven? Sí que se conocía la democracia. Los padres fundadores de Estados Unidos concebían a la democracia como lo opuesto a los gobiernos representativos. La palabra democracia no aparece ni una sola vez en la Constitución de Estados Unidos y tampoco en la francesa.

Si tomamos en cuenta lo que decían los padres fundadores de Estados Unidos que la democracia es lo opuesto a gobierno representativo, ¿por qué llamamos a ambas igual? Si queremos saber lo que es la paz, no podemos llamar a la guerra con el mismo nombre.
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