El presente trabajo analiza comparativamente la evolución de las relaciones de trabajo en la industria petrolera, a partir de momentos clave de su desarrollo histórico. Desde su inicio como industria en 1914, considerando la huelga petrolera de
1936
, el paro patronal de 2002, y su situación actual en 2015. Más que un estudio a profundidad de dichas relaciones laborales, hemos indagado en la conciencia que sobre esta evolución mantienen los actuales trabajadores de la industria petrolera venezolana, con miras a valorar las potencialidades existentes para nuevos procesos de transformación en el seno de la industria y en su vinculación con la sociedad nacional. Para ello se realizaron entrevistas a obreros petroleros en la Costa Oriental del Lago y a trabajadores de nómina mayor de PDVSA en Maracaibo y COL.
El trabajo se enmarca en la línea de investigación que estudia a los movimientos sociales venezolanos, y específicamente la evolución del movimiento de trabajadores en el último siglo.
La investigación está fundamentada en la metodología cualitativa, como expresión del nuevo paradigma de la complejidad que se abre paso en la ciencia contemporánea. Partiendo de la afirmación de que no hay hechos, sino interpretaciones, la investigación ha sido orientada mediante el método hermenéutico-dialéctico (Martínez, 2004: 101), considerando que las acciones del movimiento obrero y la evolución de las relaciones laborales se prestan a diferentes interpretaciones. Para ello se ha utilizado el procedimiento dialéctico del círculo hermenéutico (que va del significado global al de las partes, y viceversa).
1. LA INDUSTRIA PETROLERA EN VENEZUELA
El 31 de julio de 1914 con la apertura del pozo ZUMAQUE I se dio inicio definitivo a la industria petrolera en Venezuela (la cual había tenido antecedentes en la compañía Petrolia del estado Táchira, a fines del siglo XIX). Con el desarrollo de la industria petrolera se introdujo en el país un "complejo cultural extraño", según lo plantea Rodolfo Quintero[iv]. Esa penetración cultural extranjera que se produjo con el ingreso de las grandes compañías petroleras estadounidenses y anglo-holandesas, condujo al estancamiento y la destrucción de algunos de los rasgos culturales que se habían constituido en la sociedad venezolana desde el período colonial, fortaleciendo tanto los mecanismos de la dependencia económica como de la alienación cultural.
La industria petrolera se introdujo en una Venezuela agroexportadora, que poseía una economía considerablemente atrasada en términos tecnológicos y de productividad, que apenas alcanzaba exportar rubros de escasa relevancia en el mercado internacional, principalmente café y cacao, cuyo comercio y finanzas estaban dominados por Casas Comerciales extranjeras (principalmente de Inglaterra, Alemania, Francia, Holanda y Estados Unidos), una sociedad rural, sin mayor integración entre las distintas regiones agroexportadoras, en la cual las vías de comunicación seguían siendo el mar, los ríos y lagos, sin carreteras, sin servicios públicos como electricidad, acueductos y cloacas, con un escaso desarrollo de los servicios de salud y educación pública, sin mercado interno, con una mayoría de población campesina que laboraba sometida a bárbaros sistemas de explotación y opresión, con una dinámica política signada por el predominio de la lucha entre caudillos militares que si bien tenían su origen en procesos revolucionarios populares, terminaban confiscando los anhelos igualitarios de la población y subordinándose a las élites comerciales y bancarias nacionales y extranjeras.
La explotación del petróleo se inició en Venezuela empujada por las exigencias energéticas de la 1ra Guerra Mundial, a partir de las concesiones otorgadas durante los gobiernos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Aunque es necesario decir que desde mediados del siglo XIX Inglaterra y los Estados Unidos ya demostraban interés por explorar y explotar los hidrocarburos venezolanos (López, 1996). En 1914 se inició la producción comercial de petróleo con el pozo Zumaque 1°, en Mene Grande, Estado Zulia. Esta primera etapa de la explotación petrolera estuvo controlada totalmente por compañías extranjeras, siendo las principales la Shell (anglo-holandesa) y la Standard Oil (estadounidense).
La economía venezolana pasó de ser agraria a petrolera, pero siempre monoexportadora, ubicada en la fase de crecimiento simple o crecimiento hacia afuera, como exportadora de materias primas. Sólo que varió significativamente la relevancia de lo que exportábamos. El petróleo no varió el carácter subordinado de nuestra economía, como país periférico de los grandes centros capitalistas. Lo que se modificó fue el dinamismo de dicha subordinación, por la importancia del petróleo como principal fuente de energía a nivel mundial. A partir de los años 20, Venezuela se convirtió en uno de los centros receptores fundamentales de las inversiones de capital provenientes de los grandes centros imperialistas. Esta situación reforzó, profundizó y extendió los términos de dependencia en que se hallaba nuestra economía.
Particularmente, nuestro país pasó a formar parte del "patio trasero" del imperialismo norteamericano, quien hasta el presente continúa jugando un papel decisivo en las relaciones de poder de nuestra sociedad. La industria petrolera contribuyó a desarrollar progresivamente otras ramas industriales, como la electricidad, la construcción y la producción de alimentos. En este proceso, las relaciones propiamente capitalistas fueron sustituyendo las viejas relaciones propias de la sociedad agraria.
Al mismo tiempo, la renta petrolera fortaleció al Estado como nunca antes, el cual dejó atrás sus permanentes crisis fiscales que vivió en todo el siglo XIX y comienzos del XX, y se convirtió en un Estado poderosamente rico, que sería promotor y organizador del desarrollo capitalista dependiente en la nación.
La economía venezolana aumentó su dependencia. Particularmente, las amplias facilidades dadas al capital extranjero por el gobierno de Juan Vicente Gómez afianzaron esos nexos de dependencia. Es por ello que algunos autores hablan de que pese a la muerte del dictador político en 1935, Venezuela heredó un dictador económico: la industria petrolera controlada desde el extranjero (De La Plaza, 1974).
La economía petrolera va a tener mayor integración con el exterior que con la economía interna no petrolera. En el país se realizaba la actividad primaria extractiva. La refinación y la comercialización de los hidrocarburos se realizaban en el exterior. Del exterior venían los equipos y la tecnología, y allá es que se realizaban los mayores beneficios del negocio petrolero.
La industria petrolera nació bajo el signo del entreguismo por parte del gobierno de Gómez hacia las grandes compañías extranjeras. Las leyes de hidrocarburos no sólo las beneficiaban ampliamente, sino que generalmente eran redactadas por abogados de las mismas empresas petroleras (González Abreu; 1980: 82). No obstante, personajes del gomecismo como Gumersindo Torres (Malavé Mata, 1975: 190), Ministro de Fomento en dos oportunidades, iniciaron desde la segunda década del siglo XX una lucha por lograr mayores beneficios para el Estado venezolano, proceso que se manifestó recurrentemente durante varias décadas, hasta culminar con la nacionalización del petróleo en 1976. Una nacionalización "chucuta", como la llamó Pérez Alfonzo, y que luego sería dejada de lado a partir de 1993 con la apertura petrolera neoliberal (Parra Luzardo, 1995: 18).
La apertura petrolera estuvo caracterizada por las grandes ventajas concedidas a las empresas extranjeras, en perjuicio de los intereses de la nación. Por ello ha sido criticada como profundizadora de la subordinación del país ante el capital trasnacional, pues se perdió parte del control sobre la principal actividad económica de la nación. Los objetivos de la apertura petrolera de aumentar significativamente la producción nacional, aun violando las cuotas establecidas por la OPEP, unido a esquemas similares que predominaron en los países árabes, generó el derrumbe de los precios del petróleo en 1998-99. Pero la llegada al gobierno de Hugo Chávez Frías modificó radicalmente la política petrolera del Estado venezolano. Aplicando una estrategia de reducción de la producción, de común acuerdo con la OPEP y con otros países productores fuera de la OPEP, se logró recuperar los precios y hacerlos sobrepasar la barrera de los 30 dólares por barril en marzo/2000. Al fortalecer la OPEP, nuestro país contribuyó a recuperar los deprimidos precios petroleros y retomar con ello el control del mercado mundial de hidrocarburos.
2. COMO SE TRABAJABA EN LA INDUSTRIA EN 1914 Y LOS AVANCES CONQUISTADOS MEDIANTE LAS LUCHAS OBRERAS
Las relaciones laborales al inicio de la industria petrolera no tenían mayores regulaciones en Venezuela . De la legislación existente sólo tenían un ligero contenido laboral la Ley de Cooperativas, de 1910, y la Ley de Talleres y Establecimientos Públicos, de 1917, referidas a disposiciones de seguridad industrial y duración de la jornada de trabajo. Sin embargo, la Ley de Tareas, de 1916, establecía que los trabajadores podían prestar servicio gratuito al Estado a cambio de exoneración del servicio militar. Este trabajo gratuito y el de los presos políticos fue utilizado compulsivamente para la construcción de carreteras durante el gomecismo (Lucena, 1998: 100).
Al ingresar Venezuela a la OIT en 1919 (Organización Internacional del Trabajo), el régimen gomecista se vio obligado a crear una Federación de Trabajadores, parapeto patronal que no se derivaba de la lucha obrera ni representaba sus intereses.
La primera Ley del Trabajo sería promulgada por el gomecismo en 1928, la cual establecía la jornada de trabajo de nueve horas (la Ley de Talleres de 1917 la limitaba a 8,5 horas). Esta ley respondía a las exigencias de la OIT, y su cumplimiento era impreciso, pues para 1936 aún subsistían regímenes laborales de 12 y hasta 16 horas diarias (Mata, 1985: 88).
El régimen laboral petrolero se asimiló en sus inicios al existente en los grandes latifundios de Venezuela . La jornada de trabajo era de sol a sol, desde las 6:00 a.m. hasta las 6 pm. Los obreros, particularmente los que venían de las migraciones internas (margariteños, falconianos, andinos), no poseían viviendas ni tenían posibilidades de alquilar alguna, por lo que vivían en chozas improvisadas construidas con palmeras o zinc, sin paredes, cocinaban allí mismo la comida, dormían en chinchorros, se bañaban en el lago de Maracaibo y hacían sus necesidades en la vegetación circundante (Villegas, 1988: 8) (Tennassee, 1979: 117).
Estas viviendas improvisadas se ubicaban en las afueras del campo petrolero. Las compañías sólo les garantizaban vivienda al personal anglosajón y a los trabajadores antillanos. Muchos obreros vivían alejados del lugar de trabajo, y las empresas no les proveían de ningún tipo de transporte, por lo que se veían obligados a caminar largas distancias para ir y venir de los campamentos. Las horas extras no eran pagadas, y tampoco había día de descanso semanal ni vacaciones pagadas (Tennassee, 1979).
Existía una clara diferenciación entre el trato preferencial dado por las compañías al personal gerencial y técnicos de alta calificación, los cuales eran en su casi totalidad provenientes de Estados Unidos, Inglaterra y Holanda; el que recibían los obreros y técnicos de origen antillano, provenientes de Trinidad, Jamaica, Aruba y Curazao principalmente, los cuales eran preferidos por dominar el inglés y facilitar así su relación con la nómina gerencial, además de su docilidad contrastante con los obreros venezolanos que comenzaron a reclamar derechos laborales. En el último eslabón de la cadena laboral estaban los obreros venezolanos, los cuales recibían un trato no muy distante de la esclavitud asalariada.
Los sueldos que pagaban las petroleras, 4 bolívares diarios, eran sustancialmente mayores a los que se devengaban en las haciendas latifundistas, en las cuales los sueldos más altos apenas llegaban a 2 bolívares diarios, pero que en muchos sitios oscilaban entre 0,50 y 1,50 bs. diarios (Lucena, 1998) (Quintero, 1976) (Tennassee, 1979). Esta oferta salarial fue el mayor atrayente para que se desarrollara la gran migración interna desde las zonas agrícolas a las nuevas explotaciones petroleras.
En este marco de sobreexplotación se produjeron las primeras huelgas de trabajadores que buscaban mejores condiciones de trabajo. En 1925 los trabajadores petroleros de Mene Grande realizan dos movimientos huelguísticos, el primero en el sector del transporte y el segundo entre los obreros de campo. La primera huelga fue de un solo día y generó el despido de varios de los participantes.
La segunda huelga petrolera abarcó a más de 10 mil trabajadores y paralizó las actividades en toda el área de Mene Grande, estalló en julio de 1925, y estuvo encabezada por Augusto Malavé. La huelga duró 12 días y conquistó un aumento de 2 bs en el salario diario (pasó de 5 a 7 bolívares diarios). Después de la huelga Malavé desapareció de Mene Grande, y se supone que fue secuestrado por los sicarios del régimen gomecista (Lucena, 1998: 156).
Sin embargo, las diferencias laborales seguían subsistiendo. Una misma labor era pagada con salarios muy distintos si el trabajador era extranjero o era venezolano. Esa diferencia de salario era de un 150 % aproximadamente. Como muestra, un perforador extranjero ganaba para 1932 42,25 bs. diarios, y uno criollo apenas alcanzaba los 18 bolívares (Tennassee, 1979: 119).
Cuadro 1: comparativo de salarios de trabajadores extranjeros y venezolanos
Rodolfo Quintero. Antropología del Petróleo. P. 129.
Para 1936 , la jornada laboral se extendía desde las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, con sólo media hora para almorzar. No se pagaba sobretiempo, a pesar de que se superaban las nueve horas establecidas en la Ley de 1928 (De La Plaza, 1980: 35).
Otro aspecto resaltante eran las muertes por accidentes y por enfermedades. Los medios de seguridad industrial no se conocían ni de nombre (Tennassee, 1979: 124). Algunos testimonios citados por Tennassee y provenientes de artículos del diario Panorama, hablan de uno o dos muertos diarios debido a los accidentes industriales y las enfermedades. Los trabajadores no poseían atención médica ni eran inmunizados contra enfermedades que hacían estragos en la época, como el paludismo, la tuberculosis, la disentería y las enfermedades venéreas, a lo que se juntaban las mordeduras de serpientes. El sector de trabajadores extranjeros euro-americanos tenía mejores condiciones para enfrentar esta situación, pues tenían atención médica, mejores habitaciones, recibían sueldos superiores y por tanto estaban mejor alimentados, y obtenían inmunizaciones contra las principales enfermedades.
Los accidentes generaban también muchos incapacitados debido a mutilaciones, los cuales no recibían ningún tipo de indemnización por parte de las compañías. A pesar de que la ley de 1928 contenía previsiones por accidentes de trabajo, las compañías ignoraban esta ley y los mismos trabajadores desconocían su existencia. La ausencia de previsiones de seguridad por parte de las empresas afectaba también a la comunidad de pescadores al generar la contaminación del Lago de Maracaibo debido a los constantes derrames de petróleo y otros aceites.
Con la muerte del dictador Gómez se abre un proceso de gran participación social, en el marco de una relativa apertura política que permite la legalización de varios partidos políticos y de un centenar de sindicatos en el año de 1936 . Es en ese contexto de lucha por la democracia que sobreviene la gran huelga petrolera de 1936 -37 (Brett, 1986). Dicho conflicto tuvo como antecedente la huelga general de junio de 1936 en protesta contra una ley que regulaba las manifestaciones y que se le llamó la Ley Lara, la cual terminó en derrota. La huelga de junio tuvo como epílogo el asalto policial contra una asamblea de trabajadores petroleros reunida en el cine San Felipe de Mene Grande, en el cual resultaron asesinados cinco trabajadores[v] (Lucena, 1998: 267).
La huelga que estalla en diciembre de 1936 tenía entre sus principales objetivos (tomados de los pliegos reivindicativos de los sindicatos SOEP-Lagunillas y SOEP-Cabimas): reconocimiento del sindicato; reintegro de los trabajadores despedidos en la huelga de junio; salario mínimo en 10 bs. y aumento proporcional para los que ganan más; descanso remunerado, días feriados y domingo, pago doble si se trabaja esos días; jornada de 8 horas; casas cómodas e higiénicas para los trabajadores y sus familias; hospitalización, tratamiento y cirugía; hospitalización para familiares; indemnización en caso de enfermedades y accidentes profesionales; existencia de dispensarios y botiquines; transporte con techo y asiento; agua potable con hielo; instalación de baños en los campamentos (Lucena, 1998:270).
La huelga duró 43 días y terminó con un decreto de López Contreras ordenando la reanudación de faenas, decreto que fue producto de las presiones que las compañías extranjeras hicieron sobre el gobierno lopecista. Las conquistas de la huelga se redujeron al aumento de un bolívar diario en los salarios de los trabajadores y el compromiso de colocar agua fría con hielo en los centros de trabajo.
Pero más allá de las conquistas materiales de la huelga petrolera, se manifestó por primera vez la fortaleza del movimiento obrero venezolano y la enorme solidaridad popular que se desarrolló en todos los rincones del país (Rangel, 2007: 133).
Luego de la huelga petrolera de 1936 -37 arreció la persecución hacia los sindicatos y sus dirigentes, pues había representado una demostración de fuerza que amenazaba los enormes privilegios de explotación con los cuales las compañías extranjeras se habían desempeñado desde 1914. En marzo de 1937 el gobierno de López Contreras decretó la expulsión del país de 47 dirigentes políticos acusados de ser comunistas, entre los cuales se encontraban varios líderes de la huelga petrolera (como Rodolfo Quintero, Juan Bautista Fuenmayor, Isidro Valles y José Antonio Mayobre); además, son disueltos los partidos políticos progresistas (ORVE, PRP y FEV) y se detienen a más de 100 dirigentes en el Castillo de Puerto Cabello (Castro, 1982).
Los salarios se mantuvieron por una década sin mayores variaciones, y los que percibían los obreros y empleados extranjeros eran aproximadamente el doble de los venezolanos. En otra comparación, mientras los salarios promedios de los trabajadores en los estados agrícolas eran de unos 2 bolívares diarios, en el Zulia era de 6 y en el Distrito Federal de 7, mientras en las petroleras era de 8 bs.
Las condiciones de inseguridad en los campos petroleros se mantuvieron, y originaron el incendio de la comunidad lacustre de Lagunillas, el 13/11/1939, en el que murieron entre 50 y 800 personas (según las diferentes cifras aportadas por la prensa y por las compañías), además de dos mil heridos.
En febrero de 1936 se habían legalizado los primeros sindicatos, que fueron de trabajadores petroleros. El SOEP Cabimas (27/02/ 1936 ) y el SOEP de Mene Mauroa (28/02/ 1936 ). Un mes más tarde es legalizado el SOEP de Lagunillas. Luego de la conformación de otros sindicatos de trabajadores petroleros, el 10/10/ 1936 se constituyó la primera Federación, la Unión Sindical Petrolera (USP), controlada por los comunistas (Lucena, 1998: 263). Pero el alto número de sindicatos legalizados luego de la muerte del dictador Gómez (113 en 1936 ; 199 en 1937; 230 en 1938 y 245 en 1939) contrastó con los casi 300 sindicatos disueltos por el gobierno en el período 1940-1944.
En la etapa posterior a la huelga petrolera, si bien las compañías mantienen su política de desconocer cualquier tipo de organización sindical y de no aceptar negociar peticiones de los trabajadores, en la práctica comienzan a generar mejores condiciones para esos mismos trabajadores, al proceder a construir viviendas para los obreros petroleros, escuelas para que estudien sus hijos, campos deportivos y otros centros de recreación. Su objetivo es evitar que las bárbaras formas de explotación laboral continúen incentivando la organización de los trabajadores en sindicatos y el estallido de conflictos huelgarios. En cierta forma, son consecuencias indirectas de la misma huelga petrolera del 36.
La división entre adecos y comunistas ocurrida en el Congreso de Trabajadores de marzo de 1944, que llevó al retiro de los delegados de Acción Democrática (41 delegados de un total de 130; el resto eran comunistas) y a la denuncia pública de ese partido contra el Congreso al denominarlo "comunista" (las actividades comunistas estaban prohibidas por la constitución), llevó al gobierno de Medina a decretar la disolución de 93 sindicatos y 3 federaciones, entre ellos 12 de los 14 sindicatos petroleros (Godio, 1986: 28) (Lucena: 1998: 286) (Ellner: 1997: 5) (Arrieta: 1995:23) (Moncada, 1982).
El trabajo se enmarca en la línea de investigación que estudia a los movimientos sociales venezolanos, y específicamente la evolución del movimiento de trabajadores en el último siglo.
La investigación está fundamentada en la metodología cualitativa, como expresión del nuevo paradigma de la complejidad que se abre paso en la ciencia contemporánea. Partiendo de la afirmación de que no hay hechos, sino interpretaciones, la investigación ha sido orientada mediante el método hermenéutico-dialéctico (Martínez, 2004: 101), considerando que las acciones del movimiento obrero y la evolución de las relaciones laborales se prestan a diferentes interpretaciones. Para ello se ha utilizado el procedimiento dialéctico del círculo hermenéutico (que va del significado global al de las partes, y viceversa).
1. LA INDUSTRIA PETROLERA EN VENEZUELA
El 31 de julio de 1914 con la apertura del pozo ZUMAQUE I se dio inicio definitivo a la industria petrolera en Venezuela (la cual había tenido antecedentes en la compañía Petrolia del estado Táchira, a fines del siglo XIX). Con el desarrollo de la industria petrolera se introdujo en el país un "complejo cultural extraño", según lo plantea Rodolfo Quintero[iv]. Esa penetración cultural extranjera que se produjo con el ingreso de las grandes compañías petroleras estadounidenses y anglo-holandesas, condujo al estancamiento y la destrucción de algunos de los rasgos culturales que se habían constituido en la sociedad venezolana desde el período colonial, fortaleciendo tanto los mecanismos de la dependencia económica como de la alienación cultural.
La industria petrolera se introdujo en una Venezuela agroexportadora, que poseía una economía considerablemente atrasada en términos tecnológicos y de productividad, que apenas alcanzaba exportar rubros de escasa relevancia en el mercado internacional, principalmente café y cacao, cuyo comercio y finanzas estaban dominados por Casas Comerciales extranjeras (principalmente de Inglaterra, Alemania, Francia, Holanda y Estados Unidos), una sociedad rural, sin mayor integración entre las distintas regiones agroexportadoras, en la cual las vías de comunicación seguían siendo el mar, los ríos y lagos, sin carreteras, sin servicios públicos como electricidad, acueductos y cloacas, con un escaso desarrollo de los servicios de salud y educación pública, sin mercado interno, con una mayoría de población campesina que laboraba sometida a bárbaros sistemas de explotación y opresión, con una dinámica política signada por el predominio de la lucha entre caudillos militares que si bien tenían su origen en procesos revolucionarios populares, terminaban confiscando los anhelos igualitarios de la población y subordinándose a las élites comerciales y bancarias nacionales y extranjeras.
La explotación del petróleo se inició en Venezuela empujada por las exigencias energéticas de la 1ra Guerra Mundial, a partir de las concesiones otorgadas durante los gobiernos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Aunque es necesario decir que desde mediados del siglo XIX Inglaterra y los Estados Unidos ya demostraban interés por explorar y explotar los hidrocarburos venezolanos (López, 1996). En 1914 se inició la producción comercial de petróleo con el pozo Zumaque 1°, en Mene Grande, Estado Zulia. Esta primera etapa de la explotación petrolera estuvo controlada totalmente por compañías extranjeras, siendo las principales la Shell (anglo-holandesa) y la Standard Oil (estadounidense).
La economía venezolana pasó de ser agraria a petrolera, pero siempre monoexportadora, ubicada en la fase de crecimiento simple o crecimiento hacia afuera, como exportadora de materias primas. Sólo que varió significativamente la relevancia de lo que exportábamos. El petróleo no varió el carácter subordinado de nuestra economía, como país periférico de los grandes centros capitalistas. Lo que se modificó fue el dinamismo de dicha subordinación, por la importancia del petróleo como principal fuente de energía a nivel mundial. A partir de los años 20, Venezuela se convirtió en uno de los centros receptores fundamentales de las inversiones de capital provenientes de los grandes centros imperialistas. Esta situación reforzó, profundizó y extendió los términos de dependencia en que se hallaba nuestra economía.
Particularmente, nuestro país pasó a formar parte del "patio trasero" del imperialismo norteamericano, quien hasta el presente continúa jugando un papel decisivo en las relaciones de poder de nuestra sociedad. La industria petrolera contribuyó a desarrollar progresivamente otras ramas industriales, como la electricidad, la construcción y la producción de alimentos. En este proceso, las relaciones propiamente capitalistas fueron sustituyendo las viejas relaciones propias de la sociedad agraria.
Al mismo tiempo, la renta petrolera fortaleció al Estado como nunca antes, el cual dejó atrás sus permanentes crisis fiscales que vivió en todo el siglo XIX y comienzos del XX, y se convirtió en un Estado poderosamente rico, que sería promotor y organizador del desarrollo capitalista dependiente en la nación.
La economía venezolana aumentó su dependencia. Particularmente, las amplias facilidades dadas al capital extranjero por el gobierno de Juan Vicente Gómez afianzaron esos nexos de dependencia. Es por ello que algunos autores hablan de que pese a la muerte del dictador político en 1935, Venezuela heredó un dictador económico: la industria petrolera controlada desde el extranjero (De La Plaza, 1974).
La economía petrolera va a tener mayor integración con el exterior que con la economía interna no petrolera. En el país se realizaba la actividad primaria extractiva. La refinación y la comercialización de los hidrocarburos se realizaban en el exterior. Del exterior venían los equipos y la tecnología, y allá es que se realizaban los mayores beneficios del negocio petrolero.
La industria petrolera nació bajo el signo del entreguismo por parte del gobierno de Gómez hacia las grandes compañías extranjeras. Las leyes de hidrocarburos no sólo las beneficiaban ampliamente, sino que generalmente eran redactadas por abogados de las mismas empresas petroleras (González Abreu; 1980: 82). No obstante, personajes del gomecismo como Gumersindo Torres (Malavé Mata, 1975: 190), Ministro de Fomento en dos oportunidades, iniciaron desde la segunda década del siglo XX una lucha por lograr mayores beneficios para el Estado venezolano, proceso que se manifestó recurrentemente durante varias décadas, hasta culminar con la nacionalización del petróleo en 1976. Una nacionalización "chucuta", como la llamó Pérez Alfonzo, y que luego sería dejada de lado a partir de 1993 con la apertura petrolera neoliberal (Parra Luzardo, 1995: 18).
La apertura petrolera estuvo caracterizada por las grandes ventajas concedidas a las empresas extranjeras, en perjuicio de los intereses de la nación. Por ello ha sido criticada como profundizadora de la subordinación del país ante el capital trasnacional, pues se perdió parte del control sobre la principal actividad económica de la nación. Los objetivos de la apertura petrolera de aumentar significativamente la producción nacional, aun violando las cuotas establecidas por la OPEP, unido a esquemas similares que predominaron en los países árabes, generó el derrumbe de los precios del petróleo en 1998-99. Pero la llegada al gobierno de Hugo Chávez Frías modificó radicalmente la política petrolera del Estado venezolano. Aplicando una estrategia de reducción de la producción, de común acuerdo con la OPEP y con otros países productores fuera de la OPEP, se logró recuperar los precios y hacerlos sobrepasar la barrera de los 30 dólares por barril en marzo/2000. Al fortalecer la OPEP, nuestro país contribuyó a recuperar los deprimidos precios petroleros y retomar con ello el control del mercado mundial de hidrocarburos.
2. COMO SE TRABAJABA EN LA INDUSTRIA EN 1914 Y LOS AVANCES CONQUISTADOS MEDIANTE LAS LUCHAS OBRERAS
Las relaciones laborales al inicio de la industria petrolera no tenían mayores regulaciones en Venezuela . De la legislación existente sólo tenían un ligero contenido laboral la Ley de Cooperativas, de 1910, y la Ley de Talleres y Establecimientos Públicos, de 1917, referidas a disposiciones de seguridad industrial y duración de la jornada de trabajo. Sin embargo, la Ley de Tareas, de 1916, establecía que los trabajadores podían prestar servicio gratuito al Estado a cambio de exoneración del servicio militar. Este trabajo gratuito y el de los presos políticos fue utilizado compulsivamente para la construcción de carreteras durante el gomecismo (Lucena, 1998: 100).
Al ingresar Venezuela a la OIT en 1919 (Organización Internacional del Trabajo), el régimen gomecista se vio obligado a crear una Federación de Trabajadores, parapeto patronal que no se derivaba de la lucha obrera ni representaba sus intereses.
La primera Ley del Trabajo sería promulgada por el gomecismo en 1928, la cual establecía la jornada de trabajo de nueve horas (la Ley de Talleres de 1917 la limitaba a 8,5 horas). Esta ley respondía a las exigencias de la OIT, y su cumplimiento era impreciso, pues para 1936 aún subsistían regímenes laborales de 12 y hasta 16 horas diarias (Mata, 1985: 88).
El régimen laboral petrolero se asimiló en sus inicios al existente en los grandes latifundios de Venezuela . La jornada de trabajo era de sol a sol, desde las 6:00 a.m. hasta las 6 pm. Los obreros, particularmente los que venían de las migraciones internas (margariteños, falconianos, andinos), no poseían viviendas ni tenían posibilidades de alquilar alguna, por lo que vivían en chozas improvisadas construidas con palmeras o zinc, sin paredes, cocinaban allí mismo la comida, dormían en chinchorros, se bañaban en el lago de Maracaibo y hacían sus necesidades en la vegetación circundante (Villegas, 1988: 8) (Tennassee, 1979: 117).
Estas viviendas improvisadas se ubicaban en las afueras del campo petrolero. Las compañías sólo les garantizaban vivienda al personal anglosajón y a los trabajadores antillanos. Muchos obreros vivían alejados del lugar de trabajo, y las empresas no les proveían de ningún tipo de transporte, por lo que se veían obligados a caminar largas distancias para ir y venir de los campamentos. Las horas extras no eran pagadas, y tampoco había día de descanso semanal ni vacaciones pagadas (Tennassee, 1979).
Existía una clara diferenciación entre el trato preferencial dado por las compañías al personal gerencial y técnicos de alta calificación, los cuales eran en su casi totalidad provenientes de Estados Unidos, Inglaterra y Holanda; el que recibían los obreros y técnicos de origen antillano, provenientes de Trinidad, Jamaica, Aruba y Curazao principalmente, los cuales eran preferidos por dominar el inglés y facilitar así su relación con la nómina gerencial, además de su docilidad contrastante con los obreros venezolanos que comenzaron a reclamar derechos laborales. En el último eslabón de la cadena laboral estaban los obreros venezolanos, los cuales recibían un trato no muy distante de la esclavitud asalariada.
Los sueldos que pagaban las petroleras, 4 bolívares diarios, eran sustancialmente mayores a los que se devengaban en las haciendas latifundistas, en las cuales los sueldos más altos apenas llegaban a 2 bolívares diarios, pero que en muchos sitios oscilaban entre 0,50 y 1,50 bs. diarios (Lucena, 1998) (Quintero, 1976) (Tennassee, 1979). Esta oferta salarial fue el mayor atrayente para que se desarrollara la gran migración interna desde las zonas agrícolas a las nuevas explotaciones petroleras.
En este marco de sobreexplotación se produjeron las primeras huelgas de trabajadores que buscaban mejores condiciones de trabajo. En 1925 los trabajadores petroleros de Mene Grande realizan dos movimientos huelguísticos, el primero en el sector del transporte y el segundo entre los obreros de campo. La primera huelga fue de un solo día y generó el despido de varios de los participantes.
La segunda huelga petrolera abarcó a más de 10 mil trabajadores y paralizó las actividades en toda el área de Mene Grande, estalló en julio de 1925, y estuvo encabezada por Augusto Malavé. La huelga duró 12 días y conquistó un aumento de 2 bs en el salario diario (pasó de 5 a 7 bolívares diarios). Después de la huelga Malavé desapareció de Mene Grande, y se supone que fue secuestrado por los sicarios del régimen gomecista (Lucena, 1998: 156).
Sin embargo, las diferencias laborales seguían subsistiendo. Una misma labor era pagada con salarios muy distintos si el trabajador era extranjero o era venezolano. Esa diferencia de salario era de un 150 % aproximadamente. Como muestra, un perforador extranjero ganaba para 1932 42,25 bs. diarios, y uno criollo apenas alcanzaba los 18 bolívares (Tennassee, 1979: 119).
Cuadro 1: comparativo de salarios de trabajadores extranjeros y venezolanos
Rodolfo Quintero. Antropología del Petróleo. P. 129.
Para 1936 , la jornada laboral se extendía desde las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, con sólo media hora para almorzar. No se pagaba sobretiempo, a pesar de que se superaban las nueve horas establecidas en la Ley de 1928 (De La Plaza, 1980: 35).
Otro aspecto resaltante eran las muertes por accidentes y por enfermedades. Los medios de seguridad industrial no se conocían ni de nombre (Tennassee, 1979: 124). Algunos testimonios citados por Tennassee y provenientes de artículos del diario Panorama, hablan de uno o dos muertos diarios debido a los accidentes industriales y las enfermedades. Los trabajadores no poseían atención médica ni eran inmunizados contra enfermedades que hacían estragos en la época, como el paludismo, la tuberculosis, la disentería y las enfermedades venéreas, a lo que se juntaban las mordeduras de serpientes. El sector de trabajadores extranjeros euro-americanos tenía mejores condiciones para enfrentar esta situación, pues tenían atención médica, mejores habitaciones, recibían sueldos superiores y por tanto estaban mejor alimentados, y obtenían inmunizaciones contra las principales enfermedades.
Los accidentes generaban también muchos incapacitados debido a mutilaciones, los cuales no recibían ningún tipo de indemnización por parte de las compañías. A pesar de que la ley de 1928 contenía previsiones por accidentes de trabajo, las compañías ignoraban esta ley y los mismos trabajadores desconocían su existencia. La ausencia de previsiones de seguridad por parte de las empresas afectaba también a la comunidad de pescadores al generar la contaminación del Lago de Maracaibo debido a los constantes derrames de petróleo y otros aceites.
Con la muerte del dictador Gómez se abre un proceso de gran participación social, en el marco de una relativa apertura política que permite la legalización de varios partidos políticos y de un centenar de sindicatos en el año de 1936 . Es en ese contexto de lucha por la democracia que sobreviene la gran huelga petrolera de 1936 -37 (Brett, 1986). Dicho conflicto tuvo como antecedente la huelga general de junio de 1936 en protesta contra una ley que regulaba las manifestaciones y que se le llamó la Ley Lara, la cual terminó en derrota. La huelga de junio tuvo como epílogo el asalto policial contra una asamblea de trabajadores petroleros reunida en el cine San Felipe de Mene Grande, en el cual resultaron asesinados cinco trabajadores[v] (Lucena, 1998: 267).
La huelga que estalla en diciembre de 1936 tenía entre sus principales objetivos (tomados de los pliegos reivindicativos de los sindicatos SOEP-Lagunillas y SOEP-Cabimas): reconocimiento del sindicato; reintegro de los trabajadores despedidos en la huelga de junio; salario mínimo en 10 bs. y aumento proporcional para los que ganan más; descanso remunerado, días feriados y domingo, pago doble si se trabaja esos días; jornada de 8 horas; casas cómodas e higiénicas para los trabajadores y sus familias; hospitalización, tratamiento y cirugía; hospitalización para familiares; indemnización en caso de enfermedades y accidentes profesionales; existencia de dispensarios y botiquines; transporte con techo y asiento; agua potable con hielo; instalación de baños en los campamentos (Lucena, 1998:270).
La huelga duró 43 días y terminó con un decreto de López Contreras ordenando la reanudación de faenas, decreto que fue producto de las presiones que las compañías extranjeras hicieron sobre el gobierno lopecista. Las conquistas de la huelga se redujeron al aumento de un bolívar diario en los salarios de los trabajadores y el compromiso de colocar agua fría con hielo en los centros de trabajo.
Pero más allá de las conquistas materiales de la huelga petrolera, se manifestó por primera vez la fortaleza del movimiento obrero venezolano y la enorme solidaridad popular que se desarrolló en todos los rincones del país (Rangel, 2007: 133).
Luego de la huelga petrolera de 1936 -37 arreció la persecución hacia los sindicatos y sus dirigentes, pues había representado una demostración de fuerza que amenazaba los enormes privilegios de explotación con los cuales las compañías extranjeras se habían desempeñado desde 1914. En marzo de 1937 el gobierno de López Contreras decretó la expulsión del país de 47 dirigentes políticos acusados de ser comunistas, entre los cuales se encontraban varios líderes de la huelga petrolera (como Rodolfo Quintero, Juan Bautista Fuenmayor, Isidro Valles y José Antonio Mayobre); además, son disueltos los partidos políticos progresistas (ORVE, PRP y FEV) y se detienen a más de 100 dirigentes en el Castillo de Puerto Cabello (Castro, 1982).
Los salarios se mantuvieron por una década sin mayores variaciones, y los que percibían los obreros y empleados extranjeros eran aproximadamente el doble de los venezolanos. En otra comparación, mientras los salarios promedios de los trabajadores en los estados agrícolas eran de unos 2 bolívares diarios, en el Zulia era de 6 y en el Distrito Federal de 7, mientras en las petroleras era de 8 bs.
Las condiciones de inseguridad en los campos petroleros se mantuvieron, y originaron el incendio de la comunidad lacustre de Lagunillas, el 13/11/1939, en el que murieron entre 50 y 800 personas (según las diferentes cifras aportadas por la prensa y por las compañías), además de dos mil heridos.
En febrero de 1936 se habían legalizado los primeros sindicatos, que fueron de trabajadores petroleros. El SOEP Cabimas (27/02/ 1936 ) y el SOEP de Mene Mauroa (28/02/ 1936 ). Un mes más tarde es legalizado el SOEP de Lagunillas. Luego de la conformación de otros sindicatos de trabajadores petroleros, el 10/10/ 1936 se constituyó la primera Federación, la Unión Sindical Petrolera (USP), controlada por los comunistas (Lucena, 1998: 263). Pero el alto número de sindicatos legalizados luego de la muerte del dictador Gómez (113 en 1936 ; 199 en 1937; 230 en 1938 y 245 en 1939) contrastó con los casi 300 sindicatos disueltos por el gobierno en el período 1940-1944.
En la etapa posterior a la huelga petrolera, si bien las compañías mantienen su política de desconocer cualquier tipo de organización sindical y de no aceptar negociar peticiones de los trabajadores, en la práctica comienzan a generar mejores condiciones para esos mismos trabajadores, al proceder a construir viviendas para los obreros petroleros, escuelas para que estudien sus hijos, campos deportivos y otros centros de recreación. Su objetivo es evitar que las bárbaras formas de explotación laboral continúen incentivando la organización de los trabajadores en sindicatos y el estallido de conflictos huelgarios. En cierta forma, son consecuencias indirectas de la misma huelga petrolera del 36.
La división entre adecos y comunistas ocurrida en el Congreso de Trabajadores de marzo de 1944, que llevó al retiro de los delegados de Acción Democrática (41 delegados de un total de 130; el resto eran comunistas) y a la denuncia pública de ese partido contra el Congreso al denominarlo "comunista" (las actividades comunistas estaban prohibidas por la constitución), llevó al gobierno de Medina a decretar la disolución de 93 sindicatos y 3 federaciones, entre ellos 12 de los 14 sindicatos petroleros (Godio, 1986: 28) (Lucena: 1998: 286) (Ellner: 1997: 5) (Arrieta: 1995:23) (Moncada, 1982).