"ES POSIBLE QUE EL PERSONAJE más analizado y discutido del siglo XX sea Adolf Hitler.
Su figura, unida al mayor desastre de la Historia, no puede pasar desapercibida.
Se ha escrito mucho sobre él, el Tercer Reich y la Segunda Guerra Mundial.
Uno siempre ha tenido curiosidad por saber las circunstancias que hicieron posible su trágico protagonismo.
Oyendo opiniones y leyendo algunas cosas, había formado la idea de que Hitler fue posible por las circunstancias sociales y políticas que siguieron a la Primera Guerra Mundial. Ian Kershaw, un destacado profesor de Historia Moderna, ha publicado una extensa biografía titulada simplemente: "Hitler".
En esta apasionante biografia se descubre la verdadera razón de la furia de Hitler.
Ni los banqueros, ni los judíos, ni el comunismo.
Simplemente, no podía cagar.
"Pero para un médico más preocupado por las enfermedades del cuerpo que del espíritu la causa pudo estar en su intestino.
Napoleón perdió Waterloo porque tenía un brote doloroso de hemorroides.
Hitler quiso imitarle, alcanzó el caudillaje y declaró la más espantosa guerra de todos los tiempos.
Y la perdió no por hemorroides, sino por su colon irritable, que intentó aliviar con un lubricante usado para las armas y terminó en manos de un médico homeópata.
Sufría espasmos intestinales, frecuentes ruidos de tripas.
Frustrantes deseos de defecación.
Quizá, todo ocurrió porque su vida transcurrió entre el deseo incontenible del intestino y el freno inhibidor del esfínter, y cuando alcanzó la cima de su orgullo y voluntad, con el esfínter vencido, ya se sabe.
El orgullo siempre precede a la caída. Que se lo pregunten a Lucifer, el primer orgulloso del mundo".
Su figura, unida al mayor desastre de la Historia, no puede pasar desapercibida.
Se ha escrito mucho sobre él, el Tercer Reich y la Segunda Guerra Mundial.
Uno siempre ha tenido curiosidad por saber las circunstancias que hicieron posible su trágico protagonismo.
Oyendo opiniones y leyendo algunas cosas, había formado la idea de que Hitler fue posible por las circunstancias sociales y políticas que siguieron a la Primera Guerra Mundial. Ian Kershaw, un destacado profesor de Historia Moderna, ha publicado una extensa biografía titulada simplemente: "Hitler".
En esta apasionante biografia se descubre la verdadera razón de la furia de Hitler.
Ni los banqueros, ni los judíos, ni el comunismo.
Simplemente, no podía cagar.
"Pero para un médico más preocupado por las enfermedades del cuerpo que del espíritu la causa pudo estar en su intestino.
Napoleón perdió Waterloo porque tenía un brote doloroso de hemorroides.
Hitler quiso imitarle, alcanzó el caudillaje y declaró la más espantosa guerra de todos los tiempos.
Y la perdió no por hemorroides, sino por su colon irritable, que intentó aliviar con un lubricante usado para las armas y terminó en manos de un médico homeópata.
Sufría espasmos intestinales, frecuentes ruidos de tripas.
Frustrantes deseos de defecación.
Quizá, todo ocurrió porque su vida transcurrió entre el deseo incontenible del intestino y el freno inhibidor del esfínter, y cuando alcanzó la cima de su orgullo y voluntad, con el esfínter vencido, ya se sabe.
El orgullo siempre precede a la caída. Que se lo pregunten a Lucifer, el primer orgulloso del mundo".
El inodoro de Hitler
Dramatización imaginada por un artista de Hitler cagando
