La inesperada victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses no tiene una explicación sencilla. El voto de castigo de la corriente 'antiestablishment', el sistema electoral, la incapacidad de Hillary Clinton de sintonizar con sus votantes potenciales o el peso de las noticias falsas y el feroz uso de las redes sociales por parte de Trump han sido algunas de las razones destacadas por los analistas. Sin poder ponderar el peso de cada uno de estos motivos, lo cierto es que la importancia del debate generado por los candidatos en los 'social media' ha sido incuestionable. El pionero en implementar el uso de Twitter como parte estratégica de su campaña fue Barack Obama -que ya tenía más seguidores en el 2012 que los candidatos del 2016 durante la última campaña-, pero la intensidad y polarización con la que se ha planteado la comunicación política cara a estos comicios ha sido inédita. CLINTON Y TRUMP EN REDES SOCIALES Según el Pew Research Center, el 44% de los adultos estadounidenses afirmaba haberse informado de la campaña electoral a través de los medios sociales. En un estudio realizado en mayo del 2016 se trazaban las señas de identidad de los dos candidatos en Facebook y Twitter, se afirmaba que ambos usaban redes sociales en cifras similares pero con muy diferentes estilos. Trump contaba, en noviembre de 2016, con más de 16 millones de seguidores en Twitter frente a los 11 de la demócrata. Ella usaba Facebook para 'postear' información oficial elaborada por su equipo de campaña; él ponía enlaces a medios alternativos o, entre los grandes, solo a los afines Fox News y el 'Daily Mail'. En Twitter, él retuiteaba al público en general - que alentaba su estilo de campaña-. Clinton estaba sustentada en la estructura del Partido Demócrata y no descuidaba la búsqueda de fondos en sus retuits. Trump, del que relegaron grandes sectores republicanos, no tenía un partido detrás ni necesitaba recaudar apoyos económicos. Mientras que Hillary Clinton había recibido el respaldo público de famosos como Madonna, Ricky Martin, Beyoncé, Sigourney Weaver… e intercambió algún tuit con ellos; las únicas menciones de Trump eran a periodistas a los que acusaba de maliformar sobre su campaña. Todo ello da idea de que para el presidente electo, el uso de las redes se planteó como una carrera en solitario en la que su estridente personalidad era el mejor cartel frente a la estrategia de partido, más clásica, de Clinton. TRUMP AGITA TWITTER Y RECOGE LOS FRUTOS A pesar de tener un gran presupuesto para invertir en publicidad (se estima que unos 56 millones de dólares en Facebook), la campaña le ha salido barata a Trump: incendiaba las redes sociales con comentarios populistas, demagogos y agresivos de tal forma que obtenía eco en todos los medios. Para Schwartzmann y Johnson, del Washington Post, lejos de ser improvisada, se trataba de una estrategia muy meditada. Según estos periodistas, el 11% de sus tuits han sido insultos a oponentes, medios de comunicación o críticos republicanos con su campaña. Steve Coll, decano de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, declaraba que, en un primer momento, los medios bajaron la barrera y permitieron que el personalismo y el estilo agresivo de Trump se colara porque generaba audiencia. Hasta que se dieron cuenta de que la candidatura iba en serio habían pasado meses haciéndole el juego -y soportando sus embestidas en campaña con el juego de palabras: “'Press-ti-tutes, press-ti-tutes'”. Así, desde 'The Guardian' advertían al 'New York Times', el periódico más crítico con el republicano, de que este había conseguido aprovecharse gratuitamente de su lista de suscriptores porque el diario se hacía eco al momento de sus estridencias en Twitter. Sin lugar a dudas no se trata de un debate periodístico sencillo. Siempre que se recoge un tuit deliberadamente falso, como el referido a los votantes ilegales, aunque sea para intentar desmontarlo se está ampliando la cobertura del mensaje. Era su estrategia para dominar la agenda con declaraciones frente a hechos. En 140 caracteres es más sencillo soltar un titular estruendoso que refrendarlo con datos, a pesar del esfuerzo de portales como BuzzFeed dedicados al 'fact-checking' sobre cada una de las inciertas afirmaciones del político. El problema para los grandes medios tradicionales es que, a pesar de la intensa labor de investigación desarrollada en campaña sobre las mentiras de Trump - el 'New York Times' destapó que no había pagado impuestos durante 18 años, sacó a la luz sus machistas declaraciones sobre las mujeres e, incluso, recopiló las 282 personas, lugares y cosas a las que había insultado durante su campaña- y su importante implantación en la opinión pública norteamericana, los ciudadanos se decantaban por canales menos periodísticos para informarse en campaña. No extraña que, una vez electo, este periódico siga siendo objeto de la más severa crítica de Trump pero ahora toca preguntarse qué consecuencias negativas puede tener esta actitud cuando se ejerza con todos los mecanismos de presión con que cuenta la Casa Blanca. LAS ‘ECHO CHAMBERS’ Y LOS 'FAKES' Durante la campaña se difundió que Bill Clinton había abusado de una menor de 13 años y que el auge de Hillary venía misteriosamente acompañado de varias muertes, entre ellas, las de un agente del FBI que la estaba investigando y un empleado del Partido Demócrata que iba a declarar contra ella ante un juez. De estas muertes informó el 'Denver Guardian', un diario que ni existía. También se dijo que el Papa había apoyado la candidatura de Trump. Todo ello resultó ser falso. Pero los bulos corren muy rápido por la red. Más aún en un país con 300 millones de habitantes donde 200 entran usualmente a Facebook. Según BuzzFeed, las 20 noticias inventadas sobre las elecciones más virales generaron casi 9 millones de reacciones en Facebook por algo más de 7 millones de las informaciones reales. Las redes sociales son el terreno idóneo para que arraiguen estas mentiras nada inocentes. Y no lo son porque persiguen una doble finalidad clara: por una parte, ir contra Clinton. Por la otra, generar ingresos: un grupo de jóvenes de Macedonia creó más de un centenar de páginas con noticias inventadas que perjudicaban a Clinton porque comprobaron que los bulos se difundían con mayor facilidad entre republicanos y ello, por tanto, le generaba más beneficios en publicidad al correr como la pólvora por Facebook.
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