En este post hablaré de cómo la paranoia enfermiza por proteger a la mujer ha llevado a atacar principios básicos de justicia y de sentido común, en relación al tema del matrimonio y la familia; teniendo entre otras consecuencias que muchos hombres crean que el matrimonio se ha convertido en algo para su perjuicio; ya que se han hecho leyes que descaradamente buscan beneficiar a la mujer a costa del hombre y leyes descaradamente injerencistas y agresivas en la vida familiar; generando finalmente perjuicios no sólo para el hombre, sino de forma indirecta, también para la mujer.
El problema es que con la sobrevisibilización de los problemas de algunas mujeres y la difusión de la imagen de la mujer como víctima se ha tratado justificar el torcer principios que anteriormente se consideraban prioritarios, básicos e indiscutibles. Después de todo, el principio en el que se basa el feminazismo es: “Sólo me importa la mujer y no me importa quebrantar cualquier otro interés o principio (sin importar lo fundamental que sea) si este se interpone en mi objetivo de proteger a la mujer, que es vista básicamente como si fuera un menor de edad incapaz de responsabilizarse de su propia vida”. Desgraciadamente, por las razones que expliqué en mi post: “3ª Crítica al Feminazismo: "Mitos y Engaños Feministas"” a los feminazis les dieron poder y lograron imponer este principio en muchas leyes; violando muchos principios que nunca debieron ser violados; en el siguiente párrafo hablaré de algunos de esos principios que se han quebrantado en varias legislaciones.
1. El principio de presunción de inocencia. 2. El principio de la no retroactividad de las leyes. 3. El principio de que el hombre y la mujer son iguales ante la ley. 4. El principio del respeto a la privacidad de los problemas domésticos. 5. El principio de que tanto el hombre como la mujer tienen el mismo derecho respecto a los hijos. 6. El principio de que una familia se construye bajo los principios de buena voluntad y que cuando ésta no existe, lo único que debe poder exigirse a nivel legal (aunque a nivel moral se pueda exigir mucho más) es el cumplimiento de los padres de proveer en relación a las necesidades más básicas de supervivencia de los hijos. 7. El principio de la reciprocidad, que es entender que no se puede exigir que alguien de algo si este no está recibiendo algo a cambio; una persona no mantiene a su pareja de a gratis, lo hace porque recibe de ésta algo de igual valor; una persona no atiende (o hasta obedece) a su pareja de a gratis, lo hace porque recibe algo de igual valor; así también, un hijo no tiene por qué darle nada a un padre que no hace nada por él, mientras que tampoco un padre mantiene a un hijo de a gratis, lo hace porque este último le debe obediencia, respeto, amor, compañía, etc. 8. El principio del respeto a la propiedad privada como uno de los valores más prioritarios a proteger por el derecho; por ejemplo, no es admisible que alguien pierda propiedades después de un divorcio si el matrimonio se estableció bajo un régimen de separación de bienes (porque justamente para eso se generó ese régimen).
Ahora voy a hablar de un asunto que también se ha manipulado mucho y se relaciona con este tema: La violencia doméstica. El primer problema que surge con este tema, es que en ocasiones no se quiere ver que tanto el hombre como la mujer pueden ser violentos y que generalmente los problemas de violencia involucran acciones violentas de ambas partes. En parte por esta falta de reconocimiento, algunas personas se sesgan y terminan con una visión muy distorsionada de la realidad en la que sólo pueden ver a la mujer como víctima. Además desde el punto de vista legal no debe de haber diferencia en la forma de evaluar la violencia de parte de un hombre que de parte de una mujer, y ni siquiera importa que el hombre sea más fuerte (que además no siempre es así). Después de todo, no debemos olvidar que existen tanto personas grandes y fuertes, como enclenques y débiles; personas que son muy hábiles para pelear y personas que nunca se han peleado en su vida y no tienen ni idea de cómo meter las manos, y eso no quiere decir que no puedan terminar peleándose esas 2 personas, en donde uno de ellos supera ampliamente al otro; la lógica verdaderamente razonable en relación a esto, es la de evitar que alguien por tener más habilidad combativa se pase de lanza y haga un uso excesivo de la fuerza, pero ese criterio no tiene que ver con el género, sino con el hecho de generar un intencionalmente excesivo e innecesario daño unilateral.
Bueno, pues hay legislaciones tan feminazis, que la forma de valorar la violencia depende del sexo que la ejerza y del sexo que la reciba; y aunque ésta es la parte más grave de todas, el problema no sólo se queda ahí. A veces también se olvida que la parte punitiva de las leyes es una forma de violencia más y que el estado puede incluso ser más violento que la misma gente, la cual puede a su vez estar siendo violenta también como una reacción a otro tipo de violencia. Voy a formular una simple pregunta que ejemplifica esto: ¿Qué preferirían, por ejemplo que los golpeen, pero causándoles un nivel de lesiones tal que 1 o 2 semanas después ya estén como si nada les hubiera pasado o estar en prisión unas 2 semanas (ya no digamos más tiempo) donde probablemente igual los puedan golpear y hasta violar, por no hablar de que tendrán un historial criminal que los perjudicará en su vida futura? ¿Qué dirían si una persona le hiciera como castigo a otro algo equivalente a eso? ¿Les parecería violento o atroz? Lo que trato de comunicar es que en temas de violencia es fundamental mantener la proporcionalidad entre las agresiones y las reacciones, para no terminar haciendo crecer los problemas, independientemente de que venga a ser un tercero, como el estado, quién quiera venir a tomar un papel de castigador.
Además quiero hacer una capsula informativa de otro hecho importante que para algunos tendrá relación con el tema: A lo largo de todo el mundo se han hecho estudios que demuestran que la cantidad de criminalidad (de cualquier tipo) es básicamente insensible al tipo e intensidad de las penas (eso quiere decir que se ha demostrado que el endurecer las penas es uno de los recursos más inútiles y falsos para prevenir los crímenes y delitos en la sociedad), mientras que por otro lado, existen indicios de que sobrecriminalizar tiende a incrementar los niveles de corrupción y de violencia en una sociedad (especialmente la violencia de alto impacto), además de que genera muchos más costos para el estado y un mucho mayor riesgo de mal uso debido a denuncias falsas en un tipo de cosas que por su falta de seriedad y trascendencia son difíciles de probar y fáciles de fabricar o manipular. Y eso por no hablar de que la sobrecriminalización ya implica en sí mismo algo desproporcionado e injusto. Un dato interesante que se relaciona con este tema, es que en España había menos mujeres muertas a manos de sus parejas en los 90s y empezando los 2000s, que después del 2004 cuando Zapatero endureció la legislación de violencia doméstica.
Bueno, pues precisamente el feminazismo, en su obsesión de sobreproteger a la mujer, también ha terminado cayendo en varias formas de sobrecriminalización; incluso hay legislaciones en las que se ha llegado al grado de terminar poniendo penas mayores para la misma violencia, cuando esta ocurre dentro del hogar que cuando ocurre fuera. En general, a lo que ha llevado el feminazismo es a imponer leyes que más que proteger, buscan dañar al agresor, aun cuando se sabe que los problemas de violencia no se resuelvan con más violencia, sino entendiendo al otro, aceptándolo cómo es y buscando la negociación, y ya si no hay remedio, con la separación como última salida. Y esto se vuelve muchísimo más delicado cuando a quién se pretende criminalizar es a alguien de la propia familia. Estos manejos tan equivocados venidos de leyes hechas con un espíritu revanchista en lugar de conciliador no hace otra cosa que alejar aún más al Estado de la gran mayoría de la gente y especialmente de aquellos que realmente sí necesitarían ayuda; cuando lo que le correspondería hacer al Estado es aproximarse al problema de una forma totalmente distinta, como es, ofrecer refugios, ayuda psicológica y apoyo para que la gente que quiera realmente salir de una relación violenta pueda independizarse, y eso sin importar el sexo, porque también está mal ver esta clase de problemas pensando en la mujer y no en cualquier persona que busque ese apoyo.
Otra cosa que desgraciadamente el feminazismo ha deteriorado mucho es el concepto del respeto a la privacidad y a la soberanía de la familia, como un microestado formado por gente que se une libremente para compartir una vida. Hay muchas razones intrínsecas por las que es importante respetar la vida privada de la pareja o familiar, al menos mientras ésta no se haya disuelto. Voy a empezar hablando de 2 de ellas en este párrafo y en los siguientes párrafos me referiré a otras de otro tipo. Primera razón: Las interferencias externas (principalmente cuando estás son agresivas) en una pareja (al menos mientras ésta no se haya disuelto) pueden muy fácilmente empeorar las cosas e incrementar peligrosamente la violencia dentro de su relación. Segunda razón: Este tipo de problemas vistos desde fuera muchas veces suelen convertirse en problemas del tipo “la palabra de uno contra la palabra de otro”, y aun cuando se tuviera la prueba de alguna cosa, la naturaleza privada de estos conflictos hace prácticamente imposible conocer con certeza los antecedentes que permitan entender el problema en su justa dimensión, y juzgar con imparcialidad lo que sucede dentro de la relación, y menos en términos del tipo de personas que son, sus usos y costumbres, y las reglas sobre las que fundaron su relación.
Por otro lado tenemos que entender que la pareja y la familia se basa en un vínculo creado y mantenido voluntariamente, y que independientemente de que desde nuestro punto de vista a alguien lo maltraten, si un hombre o una mujer deciden permanecer juntos en una relación, es porque se conocen y aun así han decidido estar juntos, y en consecuencia debemos respetarlo y aceptar que ellos deberán pagar los costos que impliquen sus elecciones. Lo único que podemos hacer por esa gente es aconsejarlos y apoyarlos en caso de que quieran cambiar a otro tipo de vida; pero lo que nunca se debe de hacer, es pensar que puede relevárseles de la responsabilidad de sus propias decisiones, porque ese es precisamente el significado de reconocerlos como personas adultas. En caso de que una persona adulta no sea capaz de tomar las decisiones correctas, tampoco puede quejarse de las consecuencias de éstas.
Además, si alguien está dispuesto a aceptar una situación, aun cuando otros la vean como abusiva, es generalmente porque esta persona, después de poner todo en la balanza, juzgó que obtiene más de lo que pierde de esa relación (independientemente de la naturaleza de lo que esté ganando de ella); después de todo una relación no sólo se conforma de las cosas negativas que alguien pueda ver desde fuera; también implica beneficios, complicidades y compensaciones, o incluso muestras de sacrificio y generosidad que podríamos no estar viendo, pero que finalmente ellos podrían estar anteponiendo a los costos que nosotros pensamos que están pagando en esa relación. Este es el tipo de cosas que pueden incluso explicar esos dichos como: “Pégame pero no me dejes”.
Por otro lado también debemos entender que hay todo tipo de gente, hay gente a la que le gusta el amor apache, gente a la que le gusta el sadomasoquismo, gente para la que no es violencia lo que para otros sí, gente a la que le gusta sentirse dominada y que lo que va a buscar en una pareja es precisamente un tipo de trato, que para otros podría ser violento o muy violento, pero para ella es atractivo; gente que debido a su formación necesita de un trato fuerte (por no decir duro) para no perderse y funcionar dentro de una pareja; etc. El punto es que al final cada persona vivirá con sus propios valores y se relacionará con el tipo de gente que los compartan; y estoy convencido de que todas las personas tienen derecho a vivir su vida a su manera, aunque otras personas piensen que están mal; ya que esa es precisamente la función de la vida privada, el que cada persona tenga un pequeño mundo en el que pueda vivir a su manera. Por lo mismo no creo que pueda prohibírseles nada a la gente en su vida privada, excepto tal vez cuando llegamos a los casos más extremos, como aquellos en los que juega la vida y la muerte.
Voy a terminar recalcando que no quiero que vaya a confundirse la importancia de respetar la autonomía, soberanía y privacidad de la pareja y la familia, con que el Estado deba mantenerse al margen cuando suceden casos en los que se está manteniendo prisionero a alguien en contra de su voluntad. Si una persona quiere dejar una relación y está dispuesta a perder los beneficios que ésta le proporcionaba, siempre debe tener derecho a dejar esa relación, y en ese caso al estado sí le corresponde proteger ese derecho en caso de que alguien trate de impedírselo, pero esto, de nuevo, es algo independiente al género.