InicioInfoLa democracía; un regimen de Satanico


El tema de “Las bacantes” era nuevo. Lo habían tratado otros, y algunos con bastante anterioridad (por ejemplo, Tespis, el fundador de la tragedia, que parece haber escrito una obra, “Penteo”). Esquilo mismo había escrito varias obras, y otros autores griegos retomaron los motivos míticos, pero nos han quedado muy pocos fragmentos de las mencionadas tragedias.

Conviene detenernos unos instantes sobre el personaje principal. Dioniso. Dioniso o Bakos era el dios de la viña, del vino y del delirio místico o báquico. En la antigüedad se hablaba de varios Dionisos, que eran adorados en Creta, Egipto, Frigia, Tracia, etcétera. Herodoto cuenta que Dioniso era el más joven de los dioses griegos, y Homero relata un breve episodio de la vida del dios-cabrito. (...) Dioniso nació —según la mitología— de una aventura amorosa de Zeus con una mortal (Semele, que recibió un nombre de diosa, más tarde: “Tione”). Para encubrir el adulterio, Zeus lo transformó en cabrito, luego lo entregó a Hermes para que lo cuidase y éste le confirió a un rey de Orchómenos, quien lo vistió niña, para engañar a la esposa de Zeus, pero Hera descubrió el ardid, y Zeus se vio obligado a enviar al pequeño Dioniso fuera de Grecia, confiándolo a las Ninfas, que lo criaron. Existen por lo menos otras cinco versiones mitológicas acerca del dios de la embriaguez. Plutarco escribe que en su tiempo había una tumba con la inscripción “Aquí yace Dioniso, el hijo de Semele”. Además de ser considerado, por algunos, dios-profético, por otros era llamado “Au-loneus” (el dios de la música de flauta), “Choreus” (el dios de los coros de baile), etcétera. En cada región había un culto especial, para un Dioniso especial. Había una gran variedad de funciones, de cultos y ceremonias en honor de este dios importado.

Eurípides utiliza el tema, pero el desarrollo del mismo es algo distinto. El Licurgo de Eurípides se llama Penteo. En lugar de Tracia, la acción trascurre en Teba. El rey de Teba, Penteo, se niega a aceptar una divinidad extranjera —Dioniso— e, inclusive, duda de su “divinidad”: “¿Es que hay por allí algún Zeus, que engendra dioses nuevos,”. Penteo duda de la autenticidad del nuevo dios, por varias razones. En el mundo griego existía una religión estructurada con una jerarquía estricta, con funciones específicas bien definidas, y templos y cultos conocidos no solamente por el mundo griego, sino por todo el Mediterráneo. Según Herodoto: “...fue Melampo quien introdujo la procesión del falo en honor de Dioniso y, merced a él, los griegos aprendieron a hacer lo que hacen”. Demás está decir que en el tiempo de Herodoto las ceremonias en honor a Dioniso eran de carácter obsceno, y que el culto era de índole orgiástica, en ocasiones de una inmoralidad sin límite. Lo interesante de todo esto es que Eurípides no encubre nada. La personalidad de Penteo la perfila con descripciones escuetas. El lector la reconoce más bien, por sus respuestas dadas a Dioniso y a los otros personajes, que por medio de los dos Coros. Penteo es el defensor de la antigua ética, o de la ética tradicional. No quiere innovaciones. En Teognis, como en Píndaro, las enseñanzas coinciden: el ser humano ha de conducirse acorde a los principios elaborados a lo largo de los siglos, y en base a las xynai aretai (las virtudes comunes) y al “páthei mathos” (con el sufrimiento el saber). Entre Teognis y Píndaro hubo una leve innovación: se filtró la dolorosa idea de que el pertenecer a la aristocracia no implica ser exento de rasgos negativos. Empero, en lo demás, tanto para los aristócratas como para la plebe, no hubo cambios: se seguían las mismas costumbres, las mismas creencias religiosas, las mismas supersticiones y los mismos ideales.

Penteo no admitía la incorporación de un dios bárbaro, ni la asimilación de costumbres extrañas al alma griega. Como guardián y rey de su pueblo, y símbolo de la areté, estaba sujeto a la censura de su grey. Los súbditos hubieran sido los primeros en reprocharle la introducción de una innovación contraria a la antigua ética. Aún cuando hubiera sabido, aún cuando hubiese tenido la certidumbre absoluta de que el personaje-intruso era verdaderamente un dios bárbaro, con poderes sobrenaturales, no podía ni debía permitir ser infiel a los dioses que toda Grecia respetaba, adoraba y divinizaba desde un principio. La negativa de Penteo irritó al dios bárbaro. Eurípides no explica las motivaciones de la conducta de Dioniso, sino que lo deja al mismo Dionisio que explique la causa de sus crueldades. Los fundamentos del comportamiento del dios bárbaro son unívocas, lógicas y claras: ningún mortal puede oponerse a una fuerza sobrenatural, aún cuando ésta pertenezca a un dios bárbaro. Penteo comete pues, una “impía violencia” (ouk hosian hybrin), ya que no respetó escrupulosamente el culto y la veneración que se debe a un dios, Eurípides, por intermedio de uno de los Coros exalta los ritos y los gozos dionisíacos y describe el éxito que tuvo la campaña proselitista del dios-bárbaro entre los más respetados ancianos de la ciudad (Cadmo y Tiresias). Penteo habíase ausentado un breve tiempo de Tebas, y mientras tanto Dioniso ya había ganado terreno, y había ejercitado sus poderes magnéticos y mágicos sobre las mujeres tabanas. Estas, en un rapto de éxtasis báquico, habían abandonado sus hogares, sus hijos y sus deberes hogareños, internándose en los bosques de Citérón. Dioniso dio su primera prueba de poderes sobrenaturales. Penteo, al desconocer los verdaderos recursos sobrenaturales o extra-naturales de Dioniso, sigue actuando como un rey ignorante, máxime cuando Dioniso se “metamorfosea” en simple ciudadano (“extranjero”) y se deja preso por los guardias, con la esperanza de convencer a Penteo. A partir de ahí, Eurípides ofrece una serie de aspectos y datos antinómicos, con la deliberada intención de confundir, ocultando sus verdaderos propósitos, pero al mismo tiempo ofreciendo algunas pistas al lector perspicaz.

Dioniso, por intermedio de su “doble” (“Extranjero), de sus aliados (Tiresias y Cadmo), de las centenares bacantes de su Coro y con la ayuda de las mujeres tebanas que formaron el nuevo Coro, ofrece nuevos datos sobre su naturaleza de dios bárbaro. Ejerce sus “dones” y sus poderes por intermedio de un invento: “Inventó la bebida fluyente —dice Tiresias — del racimo y se la aportó a los humanos. Esta calma el pesar de los apurados mortales, apenas se sacian del zumo de la vid, y les ofrece el sueño y el olvido de los males cotidianos. “¡No hay otra medicina para las penas!". Para Penteo, el “brillanse fruto de la vid" era un pretexto para la introducción de “estos cultos perversos” , y un factor de desestabilización, desorden y anarquía. Tiresias ensalza la figura de Dioniso, resaltando continuamente el hecho de que éste es el hijo de Zeus y de que posee cualidades superiores (adivino, profeta, “cuando el dios penetra con plenitud en el cuerpo, hace a los poseídos por la capacidad de predecir el futuro, infunde pánico”, etcétera).

Los datos que ofrece Eurípides a partir del Episodio I, sobre la figura de Dioniso no dejan lugar a dudas de que se trata de un anti-dios o un contra-dios. En primer lugar la figura del dios bárbaro aparece como “dios de cuernos de toro”, que además, tenía una “corona de serpientes”. En el instante de su nacimiento, su madre falleció y fue llevada al Hades (el infierno), puesto que había pecado con un hombre casado (Zeus). En muchas leyendas antiguas y mitologías, se lo describe también como dios-cabrito. Casi en todo el mundo, el diablo está representado por dos cuernos y las patas de una cabra. El diablo o satanás está representado, a veces a través de un dragón: “Muéstrate a mi vista como un toro o un dragón, de muchas cabezas...”



Como veremos, en otra parte del presente libro, el dragón ha sido siempre la personificación del espíritu maligno, o de Levlathan (el dios mortal), el dios de las muchedumbres irracionales, de la soberbia, cólera, furia y crímenes horrendos. Eurípides ofrece más datos sobre la verdadera naturaleza de Dioniso cuando pone en boca de Agave y del Coro estas palabras: “Baco (Dioniso), cazador hábil, hábilmente azuzó a las monadas contra esta fiera”; Coro: “¡Cómo que es cazador nuestro señor!”. Se trata en la tradición mediterránea, de la existencia de un dios “doble” de Dioniso, llamado Zagreus, que en una interpretación cretense sería un cazador de seres vivos. La preferencia de Dioniso por la noche es evidente. Cuando Penteo le pregunta cuándo tienen lugar las “ceremonia” . Dioniso le responde: “La mayoría de noche la oscuridad guarda un carácter venerable”. Según Hesíodo. "la Noche parió a la diosa Muerta", y la preferencia de Dionisio, de que las ceremonias en su honor se celebran durante la noche, indica su identificación con el sueño, los sueños y las pesadillas, o sea: la, no consciencia y la inconsiencia, la noche, la muerte, la inconsciencia, las pesadillas, forman una cadena útil, porque afirman la existencia del día, la vida, la consciencia del Yo, la conciencia moral y la transparencia de la alegría, pero —simultáneamente— pertenecen al reino de la Sombra, en la que gobierna la fuerza satánica, la irracionalidad y la muerte de las virtudes, o la derrota de las mismas por el poder de los no valores.

Eurípides no se detiene allí. Continúan con las descripciones de Dioniso y de su séquito. En ningún instantes deja de mencionar a Dioniso como hijo de Zeus, pero — simultáneamente— ofrece al lector un sinnúmero de rasgos de situaciones y caracterizaciones de las bacantes, queno dejan lugar a dudas acerca de la índole de “dios”, y sugiere que se trata de un simulacro de dios, o una imagen falsa de dios (“eídolon”). La idea que filtra Eurípides, de que se trataría de un falso dios o un simulacro de dios, se ve apoyada por varias afirmaciones. Una de ellas la manifiesta Penteo, cuando se asombra de que el anciano sacerdote de Tebas, Tiresias, juntamente con su abuelo Cadmo aceptan imitar a las bacantes y se visten como si fueran una de ellas. (...) Al insinuar la falibilidad de los augurios y los presagios, Eurípides deja a entender que se trata de un “eídolon” (imagen falsa de dios) o un simulacro de dios; en el mejor de los casos de un anti-Dios, o un dios caído al que Zeus permitió reaparecer entre los humanos, para castigaros por sus debilidades.

Las bacantes, o acompañantes del dios-dragón, llevaban coronas de yedra y de nueza (brionia) y se ceñían “‘las moteadas pieles con serpientes, que lamían sus mejillas”. En su mano tenían un tirso, con el cual eran capaces de realizar verdaderos prodigios. (“He venido —dice el mensajero hipnotizado por Dioniso, dirigiéndose al rey Penteo— porque quería comunicarte a ti y a la ciudad, señor, cuán tremendos prodigios realizan, por encima de los milagros”), y algunas llevaban en sus brazos “lobeznos salvajes” “y les daban su blanca leche todas aquellas que de un reciente parto tenían aun el pecho rebosante y habían abandonado a sus recién nacidos. El aspecto de las bacantes, especialmente su cara, recuerda a los perros (...) Al alcoholizarse, las bacantes se dedican a los más siniestros bailes y cometen las más tremendas “amathias” (brutalidades irreductibles, groserías, impiedades). El delirio y el frenesí se combinan con los ataques de furia. En “Las bacantes” de Eurípides, inclusive las neófitas tebanas, hechizadas e hipnotizadas por Dioniso y su ejército de. bacantes, parecen adquirir los rasgos y las características de las auténticas acompañantes de “cara perruna”. La locura rabiosa del ejército de Dioniso se manifiesta a través de actos de una ferocidad perteneciente al reino de las más frondosas fantasías. La escena del asesinato de Penteo merece algunas líneas.

Después de haber decidido el castigo de Penteo, Dionisio le insufla al primero una “la ligera locura” , y otorga las cosas de tal modo que la propia madre de Ponteo, juntamente con sus hermanas y todas las mujeres y adolescentes de Tebas, degüellen al rey. Este, a las instancias del dios-cabrito, se viste de mujer y se adorna como bacante, con la intención de espiar los bailes y las danzas de las bacantes neófitas. Estas lo descubren y deciden “lyncharlo”.(...)

La justicia que pide a la muchedumbre de las mujeres, no es la justicia divina, la justicia inmanente (la dikaiosyne) (...) En cambio, en “Las bacantes” la muchedumbre femenina ignora la justicia de Zeus, y acude a una “justicia manifiesta” que caracteriza al vulgo enfurecido, que toma decisiones irracionalmente, sin la intervención de Zeus. Sin la decisión del dios supremo. Se trata de una justicia por cuenta propia, inmediata y a la vista de todos: un lynchamiento. La decisión de la turba de hacer justicia por cuenta propia, es propia de los que se sienten oprimidos, o de los que se sienten “aprisionados” o sometidos a una fuerza superior. En el caso de las bacantes embriagadas, el Yo consciente estaba anulado por el doble efecto de la hipnosis y el vino. Las fuerzas irracionales: la ira, la rabia, la furia, el odio habían estado sometidas y dominadas por la esfera intelectiva. El poder del pensamiento y del razonamiento objetivos aprisiona, domina, guía, encauza, persuade y dirige las fuerzas irracionales pero al ser anulado por el alcohol las drogas o la hipnosis, el poder del pensamiento se desvanece, y aquéllas afloran con violenta impetuosidad. Cuando el mensajero exclama dolorido, que su amo ha muerto (el rey Penteo), el coro de las bacantes contesta: “Grito mi ovohé, como extranjera, con cantos bárbaros. Ya no más me estremeceré por miedo a las prisiones

Las bacantes se refieren a dos clases de miedos: los que se refieren a estar sometidas por la cordura y la sensatez de la lucidez mental, cuando no están alcoholizadas, o drogadas, y los miedos referentes a la jerarquía de los “justos y los buenos”, como decía Homero. Tanto la esfera mental, como los themis y nomoi (leyes y normas) de la antigua ética significan para la multitud una opresión y sensaciones de ser aprisionado, puesto que la masa, en situación de turba, se siente liberada y “libertada” del dominio de las fuerzas morales. Es digno de subrayar que la justicia manifiesta o el lynchamiento, no puede ser castigado, a causa del contagio irracional, acompañado por la consiguiente anulación de los procesos mentales (1). (...) Ya no tienen “miedo” de la prisión de la consciencia y de la reflexión. Se sienten dueñas; es decir, sienten que la irracionalidad se adueñó del Yo consciente y se derrumbaron los muros de la prisión.

La alegoría que utiliza Eurípides es evidente. Las bacantes son, en realidad, el démos o el mayor número, como le agradaba decir a Pericles. Las bacantes son, pues la masa, la muchedumbre o la plebe. ¿Por qué, entonces Eqrípides, por medio de Dioniso, las bacantes y los dos ancianos reitera hasta el cansancio, que el “nuevo dios”, el “dios bárbaro” o el “dios-cabrito” representa la quinta esencia de la piedad, la justicia, la bondad, la ecuanimidad, la paz, la tranquilidad, el placer la alegría y las “leyes tradicionales”? ¿Por qué afirma simultáneamente, por boca de los mismos que Penteo —rey de Tebas—, es antípoda de las virtudes, a pesar de que éste sostiene constantemente que es el guardián de los nomoi tradicionales y que es deber de los seres humanos amar el bien, y no, como pregona el dios-simulacro, o la “imagen falsa” (eídolon), amar por igual el bien y el mal, el día y la noche? Eurípides filtra, sin embargo, algunos conceptos acerca del “villano” Penteo, que podrían ser la clave de las paradojas y antinomias, cuando Tiresias, para convencer al rey le dice: “No te ufanes de que tu autoridad te da poder sobre los hombres; ni porque te has forjado una creencia (...) No será Dionisio quien obligue a las mujeres a la continencia en el amor. .

La creencia a la que se refiere Tiresias la antigua ética, basada en los nomoi tradicionales. En el párrafo 779, Penteo le contesta a Corifeo: “Ya se propaga, como un fuego, aquí el frenesí de las bacantes. ¡Gran afrenta para Grecia!”. Luego da las órdenes para la defensa de la ciudad contra la invasión de las bacantes, que traen nuevas ceremonias y con ellas, una nueva ética. Es muy probable que Eurípides haya querido hacer un paralelismo, entre los intentos del Strategos autokrator (Pericles), que quiso extender la democracia en todas las polis, cleruquías y colonias atenienses, y el si-mulacro de dios o el dios-dragón (Dioniso) que quiso imponer su religión con los mismos métodos de prepotencia, que ha caracterizado la ekklesia. (...)

La exaltación de los valores tradicionales y de las virtudes más excelsas por parte de Dioniso y las bacantes, alcanza un nivel tal de exageración —en comparación con los actos totalmente antagónicos y antinómicos —, que la intención de Eurípides de resaltar lo absurdo, es muy evidente. Existen algunas frases, filtradas entre los conceptos de exaltación (así, como por descuido), que señalan la verdadera intención de Eurípides de juzgar severamente el régimen democrático, por intermedio de “Las bacantes”. Por ejemplo: la obsesiva repetición de la idea de que Dioniso “ama la paz", que “es diosa de la prosperidad’”lo cual sucede con la misma insistencia en los discursos de Pericles. Así pues, en el discurso dirigido a los miembros de la Asamblea del pueblo (ekklesia), después de la epidemia y de haber sufrido unos cuantos contrastes en Tracia y contra Potidea, Pericles, menciona la palabra paz y pacifismo varias veces en un solo párrafo, lo mismo que la idea de prosperidad y riqueza o “progreso” (que son los ideales democráticos de antaño y de la época modernista o de la Edad de la Práxis, actual).Y entre conceptos como “¡Llévame allí, Rromio, báquico guía, dios del evohé! Allí están las Gracias, allí el Deseo.. y otros como "... vivir, a lo largo del día y por las noches amables, una existencia feliz...”

Eurípides introduce e intercala las ideas que señalan y demuestran que las "Las bacantes” es una simple alegoría, destinada a revelar los desastres que hizo la democracia en Atenas, a la que abandonó, “huyendo de una atmósfera irrespirable”, como dice Murray. Para ilustrar nuestra aseveración he aquí algunos ejemplos: “Lejos de tí el sutil ingenio y los pensamientos de los muy sabios; lo que el humilde vulgo sigue y apruebe será también mi divisa”

Se trata de la misma identificación que resalta Pericles (con el mayor número o el démos) y afirma Dioniso (con su deseo de "liberar” a la multitud o a los marginados, ya que Dioniso es, por esencia, un liberador (“lysios”) de los instintos, de las fuerzas irracionales, oprimidos y marginados por el Creador, o sea por la Divinidad. La religión del nuevo dios, o del dios-dragón es, en realidad, la democracia, o el reino de la cantidad sobre la calidad. El reino de la Sombra. Es muy probable que después de haber sido procesado por el demos, Eurípides haya recordado toda la serie de procesos democráticos y juicios que se hicieron a las instancias de los distintos strategos autokrator, y la justicia del demos, que había condenado a su maestro Anaxágoras de Clazomene dos veces (en el año 456/5 a.C., y la segunda vez, a causa del continuador de Pericles (Cleón) en el año 433-430 a.C.), y los más horrendos castigos infligidos a los adversarios, cuando “huyó de la atmósfera irrespirable”. Suerte que compartieron Platón y Aristóteles, pero no pudo compartir Sócrates. El Leviathan nunca perdona, a las personas que piensan. Lo mismo sucede con el démos en situación de masa-turba: es inexorable y despiadado.



REFERENCIA

(1) Respecto de la reacción de las muchedumbres irracionales, y del contagio de la emotividad negativa, entre los individuos que en determinado momento forman parte de una masa en situación de turba, se pueden consultar a los siguientes autores: Gustavo Le Bon, Henri de Man, Mitscherlich, Sprott, May, Scheler, Mannheim, R. Guardini, Jaspers, Ortega y Gasset, Unamuno, Croce, Gentile y otros psicólogos, sociales y filósofos.

(Extraído de “Autopsia de la democracia” de Stan M. Popescu)
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