InicioInfo7 Seres Mitológicos Andinos Más Tenebrosos
La cosmovisión andina y su gran bagaje cultural poseen numerosas expresiones, dentro de ellas están los mitos y leyendas. Estos mitos y leyendas son narrados por pobladores que en algunos casos fueron protagonistas de aquellos, y en otros les fueron transmitidos de generación en generación. Algunos nos expresan fenómenos sociales, miedos o deseos de un pueblo, otros simplemente son destellos de la imaginación del poblador andino.
Dejémonos sumergir entre la realidad y la ficción y disfrutemos de un viaje entre demonios, duendes, espíritus y otros seres fantásticos que habitan el mundo Andino.

7 Seres Mitológicos Andinos Más Tenebrosos


EL AMARU
El Amaru es un ser en donde se combina la forma de una gran serpiente, la cabeza de un camélido, un par de alas membranosas, fuertes garras y la cola de un pez. Sus ojos poseen un característico color morado, que revelan la ferocidad de su ser.
Cuando se ve acercar una nube cargada de tormenta, el Amaru intenta llegar a ella para así esparcir su granizo sobre los sembríos, dañándolos irreparablemente. Solamente en esos momentos es vulnerable; es cuando se le puede ver, bajo la forma de una inmensa serpiente sinuosa que busca alcanzar lo alto del cielo. Apenas logra distinguirlo, el campesino agitará su sombrero para dar aviso a sus héroes salvadores. Entonces, llegan presurosos el rayo y el viento serranos y, tras una descomunal batalla, logran vencerlo y partirlo en dos, para confinarlo otra vez a las profundidades del lago.
La formación del valle del Mantaro ha sido interpretada por el desborde de un antiguo lago, causado por la caída de dos enormes amarus que, además de presentar los elementos más comúnmente descritos para estos monstruos, poseían un grueso cuerpo de sapo. En la puna o estancias de la sierra todavía se dice que está ligado a desastres naturales y enfermedades e incluso que se encuentran dentro de minas y lagunas.

EL MUQUI
El muqui es un duende relacionado directamente con el mundo subterráneo, habita en el interior de las minas y se inmiscuye en el destino de los trabajadores de los socavones, premiándolos o castigándolos, según sea la circunstancia.
Las tradiciones andinas, detallan al muqui como un ser que nunca llega al metro de altura, fornido y desproporcionado. Sus cabellos son largos, de color rubio brillante y su rostro es colorado y está cubierto por una larga barba blanquecina.
Su voz es grave y ronca, no concordante con su estatura. Dicen que su mirada es agresiva, penetrante y hasta hipnótica. En algunas tradiciones mineras, se afirma que tiene dos pequeños cuernos en la cabeza, que utiliza para romper rocas. Suele vestir como minero, calza botas de agua, abrigado por un poncho de lana de vicuña y usa casco de protección. Además, dicen que lleva una lámpara de carburo o eléctrica.
También usa una soga en base a pelos de caballo, atado a la cintura. A veces se transforma en un animal o un hombre blanco y rubio, para engañar a los mineros y presentarse entre ellos.
Suele ser el responsable de extraños ruidos en las minas, pérdidas de herramientas sin explicación lógica, el agotamiento o el cambio de sentido de una veta de mineral sin motivo aparente. Sin embargo, se le atribuye el generar potentes silbidos, para anunciar el peligro y salvar mineros de su simpatía.
El muqui es un duende con un poder ilimitado. Puede entorpecer y endurecer el trabajo a manera de castigo, como aliviarlo y ablandar las vetas de mineral, dependiendo de la simpatía que tenga por ciertos mineros. Otorga castigos para los mineros que no hayan cumplido con sus pactos, tal como lo acordaron. Casi siempre, el duende pide un pago en hojas de coca y alcohol por realizar el trabajo del minero.

EL SUPAY
Originalmente era un espectro vinculado al mundo de los muertos y lo extraordinario, entonces, como todos los duendes autóctonos, no eran tan malvados. Los pobladores andinos sabían muy bien cómo hacer tratos con él. Su comportamiento respondía a sus volubles estados de ánimo o a la simpatía que sintiera por la persona que lo invocaba.
Cuando llegaron los españoles, decidieron arbitrariamente considerar a todos los espíritus autóctonos como aliados del demonio y, entre todos ellos, eligieron al Supay para personificar al más malo de todos. Le otorgaron un poder superior, pero a cambio lo obligaron a usar nuevas vestiduras. Desde entonces, luce cuernos, cola y patas de cabra. Con esta transformación sufrida, el Supay adquirió el hábito de comer gente y robar almas. En muchas zonas, los campesinos le temen a tal extremo que evitan siquiera mencionar su nombre.
Ciertas noches ronda el mundo de los vivos tomando la forma de algún animal, generalmente un toro, cerdo o chivo; este a su paso dejará su característico olor a azufre. Otro indicio a considerar es la presencia de cadenas. Si las lleva, es sin duda un Supay.

LOS GENTILES
Los gentiles son seres de apariencia humana, finos y de gran altura; aparecen cuando cae la noche y sobre todo en las fiestas de los pueblos, donde bailan, celebran y conquistan a las mujeres; se cuenta que también existen gentiles hembras, que hacen lo mismo con los hombres; siempre tratan de cubrir su cuerpo, ya que dentro de esa apariencia esbelta, esconden solo huesos viejos.
Cuando empieza a amanecer, escapan hacia el monte en donde está su hogar, y ahí permanecen como restos o huesos de los primeros habitantes de un mundo ya extinto, aquel mundo en donde vivían en tinieblas, y habitaban junto a las serpientes, las fieras y los soqas o gentiles malignos.
Anteriormente los gentiles eran gigantes sin moral, caníbales y vivían en constante conflicto, lo que motivo su extinción por parte de una divinidad, los gentiles más sabios conocían su triste final, fue por eso que construyeron sus casas en ciertas montañas y cuando llegó el final, en el cielo se produjo una lluvia de fuego que extinguió a muchos de aquellos seres, los que lograron sobrevivir fueron exterminados cuando del cielo aparecieron dos soles, muchos de ellos se convirtieron en piedras, otros en huacas y los que murieron en puquios se convirtieron en soqa puquios. Acercarse al territorio de estos gentiles produce enfermedades a la piel incluso la muerte.

EL APALLIMAY

Por los caminos apartados de los andes es posible encontrar a esta engañosa criatura. Se manifiesta como un inofensivo bebe que suplica:- “¡Apallimay! ¡Apallimay! “- que significa “llévame a la espalda!”. Quien por compasión acude a su llanto y lo carga, no se imagina el grave peligro al cual se expone. Cuando logra acomodarse sobre la espalda de alguien, esta pérfida criatura comienza a crecer repentinamente hasta convertirse en una horrenda y pesada carga. Entonces, se puede conocer su rostro de anciano, de boca grande surtida de colmillos y facciones repugnantes que destilan ira y rencor. Obliga a su improvisada montura a pasearle de un lado para otro, hasta dejarla extenuada.
Con urgencia se requiere los servicios de un curandero para expulsarle, sino el apallimay absorberá la energía vital de su benefactor hasta producirle la muerte.

EL JARJACHA
Cuando una persona comete incesto o infidelidad, su alma se pone fea. Y tan fea, que por las noches puede escapar de su cuerpo y tomar las formas más aterradoras. No es necesario morir para que esto ocurra; la persona puede estar simplemente dormida. Al despertarse la mañana siguiente, pensará que tuvo pesadillas, pero era su alma la que realmente rondaba por los alrededores del pueblo.
En las alturas de los Andes, estas almas toman el nombre de jarjachas y suelen aparecer como una llama con una, dos o tres cabezas, según la frecuencia con que cometieron la falta. Otras variantes, según la intensidad del pecado, son la aparición de una llama con cabeza humana, o una combinación, mitad llama y mitad humano.
Escupen a todo aquel que se encuentran. Sus ojos hierven en fuego. Es muy peligroso encontrarse con una jarjacha, aunque grupos de comuneros logran organizarse para atraparlas. Es costumbre emprenderla a golpes contra ellas o pintarles la cara con hollín, de manera que a la mañana siguiente sea posible identificar a qué persona le pertenece.

EL PISHTACO
Esta gran y tenebrosa historia se basa en la figura de un extranjero que ataca a los pueblos de la sierra, más aún a las que se encuentran alejadas. Los pobladores Alto andinos no dudan al describir al Pishtaco como un ser solitario, sobrenatural y maligno que goza con el sufrimiento de la víctima; imposible de ahuyentar y mucho menos escapar de sus garras. Se cree que deambula en la sierra para castigar a quienes pecan y a quienes rondan solos por la noche, él ataca a sus víctimas por la espalda y corta sin piedad sus gargantas. Se dice que lleva a sus víctimas a una cueva donde rápidamente extrae su grasa y adereza la carne obtenida que le servirá de alimento.
Se cuenta que la grasa que extrae de sus víctimas las vende a comerciantes o industriales que las usan para elaborar jabones, o como lubricante industrial de grandes maquinas industriales y/o tecnológicas.
Existen muchos relatos que dan fe de la existencia de este ser; pues coinciden con las desapariciones y hallazgos de personas decapitadas en estas zonas; lo que si hay que tener en cuenta es que no es bueno caminar solos por altas horas de la noche, porque uno no sabe a los peligros que se expone o quizás sin darse cuenta tengan al frente al Pishtaco.
Otros manifiestan que se trata ni más ni menos de un asesino en serie o de un supuesto vampiro que ataca a altas horas de la noche a mujeres y hombres. Los relatos del Pishtaco son por demás sangrientos y atemorizantes, que llenan de suspicacia hasta el más incrédulo mortal.
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