Feminismo Fascista. Hegemonía del Marxismo Cultural
El progresismo o marxismo cultural (fabianismo, gramscismo…) es una antimoral convertida en la nueva ética cívica de la globalización, inyectada con fervor religioso.
Así como el Cristianismo tiene como meta la salvación y la vida eterna (el Cielo), el progresismo llegará a su meta cuando “progrese” hasta un nivel que subvierta por completo los valores naturales y tradicionales, degenerándolos por completo. Así es común percibir como “progreso social” la normalización y promoción de valores antinaturales como el aborto, destrucción de la familia, homogeneidad sexual, intercambio de roles, homosexualidad, transexualidad, mestizaje a gran escala etc.
Todos ellos valores tradicionalmente amorales, pero convertidos hoy en día en la nueva moral mundialista, homogénea, universal y globalizante.
La construcción exitosa de un entramado de dominación mundial tiene que llevar aparejado una economía global (capitalismo neoliberal, plutocrático y especulativo), una nueva población mundial homogénea (mestizaje racial) que tenga unas características físicas y psíquicas comunes para una mayor standarización global, y una nueva moral-religión universalista en consonancia con los valores anteriores. Necesita además de una cultura y un arte simples y directos, alejados de una consecución de valores elevados, que funcione como núcleo cultural de una nueva masa aborregada y gris. Música como el reggaeton (y demás modas MTV), el involucionista “arte contemporáneo”, las películas de Hollywood o los aberrantes dibujos animados de los canales universalistas de animación infantil (Nickelodeon, Disney Channel, Cartoon Network…), que van moldeando a los seres humanos ya desde su niñez.
Las mujeres son apartadas de su principal misión biológica, la maternidad, esclavizadas en un mercado de trabajo cada vez más precario, y donde la falta de tiempo y la desestructurización familiar, facilitan que los hijos reciban menos estímulos y valores paternos y adquieran más valores en la televisión, internet, videojuegos etc. que el gran capital maneja extraordinariamente a su antojo.
El hombre sufre un proceso de desmasculinización tanto en lo físico, debido a una alimentación industrializada que provoca desajustes hormonales y pérdida de fertilidad, como en lo mental, promoviendo roles afeminados y sometidos a un nuevo matriarcado, donde los valores femeninos como la pasividad, falta de agresividad, mayor consumo material etc. son promovidos como parte de un modelo que encaja en el nuevo sistema global. Hombres pasivos que no se rebelan, que consumen como una mujer y que tienen menos hijos. Incluso hombres que están con otros hombres y que no crean unidades familiares, que actúan como células independientes con alto consumo per cápita. Los homosexuales son la gallina de los huevos de oro, por eso se les facilita la creación de barrios propios (Chueca), días del orgullo, turismo gay… incluso por parte de partidos denominados “conservadores”, que obviamente y a estas alturas son parte del sistema globalizante.
Por eso todo aquel que quiera hacer una íntegra y certera crítica al sistema actual, no sólo se debe centrar en los aspectos económicos (como hace la izquierda), sino también en sus estructuras morales degenerantes y especialmente adaptadas a ese sistema económico y social mundialista.
El progresismo como nuevo dogma de fe no se puede contrariar, ni siquiera con explicaciones lógicas y detalladas, porque quien critica un dogma es un hereje.
El hereje, generalmente denominado fascista aunque disienta de esa ideología política, es condenado al ostracismo social. Su postura y su discurso, aún siendo ejemplarmente respetuoso y científicamente probado, no tiene cabida en una ideología que, sin embargo y con enfermiza obsesión, se declara cínicamente “abierta, respetuosa y democrática”. El “fascista”, el hereje, no es considerado un sujeto moral, y por tanto su opinión carece del más mínimo valor. Como en las ramas más radicales del Islam donde aquel que, declarado infiel, no tiene derecho ni a la vida y debe ser ejecutado para mayor gloria de Allah. El progresismo es una especie de “Santa Inquisición” del siglo XXI. Temas tabú como la investigación genética, la homogeneidad étnica, la defensa de la identidad ancestral, la cultura patriarcal o la revisión de la historia son parte de la nueva “brujería”, donde en analogía con la época medieval una mujer podía ser considerada una bruja tan sólo por ser pelirroja. Ahora cualquiera que no sea excesivamente contundente en la defensa de los valores morales igualitaristas, mesticistas, feministas… que nos han obligado a aceptar, puede ser acusado de “brujería”.
A los que no aceptamos la nueva moralidad esclavizante sólo nos queda decir “Eppur si muove”, a pesar de la tendencia general a aceptar los dogmas de la nueva Inquisición progre.
Recordad que sólo es libre aquel que cuestiona las cosas y plantea dudas cuando ve algo incongruente, y no acepta por sistema todo lo que le dicen como si fuera la única verdad incuestionable. Como decía Unamuno “Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe“.
Y es que progresismo (marxismo cultural) y neoliberalismo forman parte del mismo troquel socio-económico. Como ya apuntara Alberto Buela, ambos comparten:
La adopción a raja tabla de la democracia liberal, rebautizada como discursiva, de consenso, inclusiva, de derechos humanos, etc.
La economía de mercado, a pesar de su discurso en contra de los grupos concentrados.
La homogeneización cultural planetaria (globalismo), más allá de su discurso sobre el multiculturalismo.
El marxismo cultural se compone de una serie de subconjuntos ideológicos como resultado del trabajo de deconstrucción llevado a cabo por Lukacs, Gramsci y la Escuela de Frankfurt con el propósito de invertir los valores tradicionales y desintegrar la sociedad occidental. Subconjuntos ideológicos financiados por el neoliberalismo y usados como ariete por el progresismo, bandera de lo políticamente correcto:
– Feminismo
– Multiculturalismo
– Homosexualismo
– Inmigracionismo
– Ataque a la tradición
– Endofobia (auto-odio)
– Ataque a la figura paterna
– Xenofilia
– Ataque a la familia
– Cosmopolitismo
– Ataque a la religión (cristiana)
– Antirracismo (racismo antiblanco)
– Ataque a la natalidad (abortismo, prop. malthusiana solo para Occidente)
– Individualismo
– Ataque al espíritu patriótico
– Separatismo (en el caso de España especialmente)
– Ataque a la meritocracia
– Pacifismo/afeminamiento del varón
– Globalismo
– Igualitarismo por lo bajo