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Marchesini o creer o reventar

Paranormal5/31/2012

Marchesini o creer o reventar


Marchesini, generaba hechos que no tienen una explicación lógica o racional, de carácter médico o científico. Aunque jamás sustituyó la labor de un facultativo diplomado, no daba recetas o medicamentos, ni efectuaba curaciones. Hijo de inmigrantes italianos, Marchesini, había nacido en Cosquín el 8 de diciembre de 1906, “aspiraba a ser médico”, pero no llegó a diplomarse. En esta nota, una historia interesante que rescata el periodista ciudadano.



Eduardo Alberto Planas

Corría la década del cincuenta. A mi padre -Eduardo Manuel Planas- le había tocado hacer el servicio militar en la Marina, más precisamente en la ciudad de Bahía Blanca, caracterizada por su clima frío. Como recordarán, en esa época en la Marina se cumplían dos años de instrucción militar.

Al regresar, continuó con su trabajo en la fábrica de cemento Minetti, ubicada en Dumesnil, provincia de Córdoba como electricista. Trabajaba desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde. Luego tomaba el ómnibus de La Calera y se iba a la Universidad Tecnológica donde estudiaba Ingeniería Electromecánica., regresando a su casa alrededor de la una de la madrugada. Todos los días lo mismo.

En esa época estaba de novio con mi madre -Sara Elvira Gómez-, quién vivía en Villa Rivera Indarte, en esa época zona residencial de veraneo de las familias tradicionales de Córdoba.

Se veían sólamente los fines de semana.

Por ese tiempo, mi padre comenzó con dolores óseos. Los médicos le diagnosticaron "reuma".

Al pasar el tiempo y como los dolores persistían, mi madre le aconseja hacer una consulta con una especie de médico homeópata muy conocido en Córdoba, llamado Marquesinni, que vivía en Villa Rivera Indarte, pero tenía su consultorio en barrio General Paz, más precisamente en calle 24 de Setiembre al 1200.

Esa persona no atendía a la gente directamente, sino que había que llevarle un pañuelo del enfermo. El, diagnosticaba y daba unas de gotas. No recetaba, ya que no podía hacerlo: no era médico. Era más bien una especie de “vidente”.

Mi padre le dio el pañuelo a mi madre que se lo llevó a Marchesini. Al verlo dijo: "Este hombre tiene reuma, yo lo voy a curar, tiene que tomar veinte gotas todas las noches de este frasco durante un mes”.

Así las cosas mi padre recibió el frasco. A la noche tomaría lo recetado. Pero al regresar de trabajar y luego de cenar se dispuso a ingerir las gotas. Tomó el frasco pero se le cayó al suelo y se derramó el líquido.

No dijo nada a nadie.

Al sábado siguiente le entregó nuevamente un pañuelo a mi madre, sin decirle nada de lo sucedido.

Ella, llevó el pañuelo y cuando Marchesini abrió la puerta, tenía en sus manos un frasco y le dijo: “Tome, aquí está el frasco que se le rompió a su novio; dígale que esta vez lo tome íntegro y se va a curar”.

Sorprendida mi madre, ya que no sabía nada, tomó de todas maneras el frasco y se lo dio el fin de semana a mi padre.

Esta vez pudo cumplir con lo dicho por Marchesini, ingiriendo las gotas pertinentes durante ese lapso de tiempo.

Nunca más se habló de reuma. Se curó definitivamente.

Nota: Marchesini era famoso por ese tipo de cosas en todo Córdoba. Se hablaba de curaciones milagrosas, gente que estaba postrada y luego se recuperaba. No atendía a los enfermos directamente sino que se le debía llevar siempre algo personal del mismo: un pañuelo, una ropa que tuviera contacto con su cuerpo. Tantos fueron las curaciones que la gente recuperada le hizo labrar una placa que está actualmente en la vereda de la calle 24 de Setiembre, al lado de una Estación de Servicios.

Esta historia es verídica y fue relatada el 5 de agosto de 2010, por mi tío Cesar Augusto Planas Osorio. Su suegra, fue tratada también por Marchesini. Se encontraba postrada y los médicos no sabían que tenía. Fueron a lo de Marchesini en General Paz. Le llevaron uno o dos pañuelos que encontraron presuntamente de ella. Al tocar el pañuelo Marchesini dijo que a esa persona le quedaba poco tiempo de vida.

Flor de susto. Pero nada le pasó a aquella, pero al poquito tiempo falleció su suegro. Se habían equivocado de pañuelo. Su suegra fue longeva falleciendo mucho tiempo después.

Enrique Marchesini, de él se trata, era un verdadero personaje cordobés que en el siglo pasado y durante más de cuarenta años, colaboró con algunos médicos, en el barrio General Paz de esta ciudad, más precisamente en la avenida 24 de Setiembre al 1.200, casi esquina Jacinto Ríos.

Estos episodios hoy todavía se recuerdan y, por supuesto, no tienen una explicación lógica o racional, sea de carácter médico o científico. Eso sí, jamás sustituyó la labor del facultativo diplomado, no daba recetas o medicamentos, ni efectuaba curaciones. Hijo de inmigrantes italianos, Marchesini, había nacido en Córdoba (Cosquín) el 8 de diciembre de 1906, “aspiraba a ser médico”, pero no llegó a diplomarse, actuando “paralelamente a la ciencia médica”.

Colaboraba, incluso por pedido de los propios médicos, sin dar recetas ni efectuar curaciones, sobre la base de diagnósticos precisos respecto a las dolencias de quienes lo consultaban.

“Describía los rasgos más característicos de cualquier persona desconocida para él, bastándole que dicha persona trazase una raya cualquiera con un lápiz sobre un papel, al mismo tiempo que recorría con uno de los dedos de la mano el trazo del lápiz, y, previo un instante como de inspiración suscitado por la lectura de las estrofas de algunos versos que tenía escrito en una libreta”, producía su diagnóstico.

Su metodología “era simple y despejada de rituales” prefiriendo “que el enfermo no asistiera, para no ser influido por su presencia o por las noticias graves” que pudiera dar. Tocaba la prenda que le llevaban o -como ya se ha dicho- pasaba luego la mano en alguna escritura; después posaba la vista en un pequeño libro, lo que era un pretexto más que nada para concentrarse unos segundos y a veces inquiría algunos datos del enfermo para asegurarse del pronóstico o del diagnóstico.
Realizó diagnósticos por más de cuarenta años en esta ciudad, por lo que su fama excedió la provincia y el país, obteniendo el respeto de los propios médicos que a veces lo consultaban para confirmar sus propios diagnósticos.

Marchesini tuvo un 100% de aciertos.

Cabe destacar que Marchesini fue la única persona que sin ser médico fue autorizado oficialmente por la las autoridades sanitarias de la época para realizar diagnósticos.


Si uno entra caminando dentro de la actual estación de servicios ubicada en avenida 24 de Setiembre, esquina Jacinto Ríos, fácilmente descubrirá una inscripción que existe en el piso o en el cemento de la misma playa donde podrá leer lo siguiente: “Por este solar pasaron cientos de miles en busca del diagnóstico de sus dolencias. Enrique Marchesini, un ser excepcional, dejó sus huellas cósmicas aquí”.

Fotos: Eduardo Planas
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