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La Argentina según los Kirchner

Info11/19/2008

Este post lo puse a la madrugada de anteayer.
Dado el horario, parece que no hubo mucha gente que lo leyó.
Quiero saber que les parece el artículo y ver el comentarios de la comunidad taringuera.
NO ARMEN BARDO!!!!!!



LA ARGENTINA SEGÚN LOS KIRCHNER
Noviembre 16, 2008.


Si no media algún imprevisto, en los próximos días el Congreso Nacional aprobará la expropiación de los fondos privados de las AFJP y prorrogará, por otro año más, la ley de emergencia económica que otorga poderes extraordinarios al poder ejecutivo. En esta ocasión, el oficialismo utiliza el pretexto de la crisis financiera internacional para justificar tal prórroga, un argumento pueril si se toma en cuenta que ninguna de las otras naciones del mundo que sufren la crisis le ha otorgado semejante poder a sus gobernantes, y que esta declaración de emergencia se viene aplicando en la Argentina desde hace seis años.



En la política de hoy, parecería ser que es mucho más importante lo que se dice, y cómo se lo dice, que el accionar posterior de sus actores. Recordemos la frase del director de estudios latinoamericanos de la Universidad de Texas, Nicolás Shumway: “La cultura política argentina tiene una extraña fe en las palabras; se cree que ellas resuelven los problemas”.

En reiterados discursos, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner hace referencia, con tono irónico y despreciativo, a todos aquellos que han pronosticado desdichas y males para la economía argentina. Con esta actitud envía el siguiente meta-mensaje: “los que no nos querían anunciaban el apocalipsis pero se equivocaron porque ¡miren lo bien que nos fue!”. Lo hace desde un imaginado atril del éxito, sostenido por los números que semanalmente el INDEC vuelca a la sociedad. Es que, si nos guiamos por estos índices, es verdaderamente asombroso el resultado positivo de la marcha de la economía argentina y, ni qué hablar de sus beneficios sociales.



Si nos guiáramos por los índices del INDEC, es verdaderamente asombroso el resultado positivo de la marcha de la economía argentina y, ni qué hablar de sus beneficios sociales.



Repasando los datos del INDEC de los últimos dos años, comprobamos que este organismo nacional no aportó ninguna estadística negativa: siempre hubo más trabajo, menor pobreza, menos indigencia, mayor inversión, menos desocupación, más consumo, casi nada de inflación, aumentos del PBI, de la industrialización, de las exportaciones, etcétera, etcétera. Con todos estos excelentes resultados no parecería tener sentido alguno el hecho de que, año tras año, en el Congreso Nacional se prorrogue la calificación de emergencia económica para la Argentina.

Pero, claro, si descendemos del atril presidencial, nos encontramos con una realidad muy diferente, tan distinta a la que pregonan los KK que hasta podríamos afirmar que hubiera sido insensato eliminar la situación de emergencia económica que desde hace seis años rige para el país.



UN MUNDO AL REVÉS

¿Cómo es posible que los gobernantes de una nación puedan crear un mundo tan irreal?

Lo hacen instrumentando un sistema de desinformación constante. Una táctica sostenida por dos premisas:

1) La descalificación del denunciante. Si no es posible hacerlo en el plano profesional, se lo intenta aludiendo a algún aspecto ético o moral; y

2) La manipulación de las cifras. Si no es posible cambiarlas, se les da una distorsionada interpretación. Algunas de ellas pasarán, como en una caricatura, a la historia del país (como ejemplo vale recordar una de las más absurdas afirmaciones oficiales: “No hay un incremento de la inseguridad. Es sólo una sensación”).



Si repasamos la mayoría de las expresiones del oficialismo comprobaremos que esta táctica se extiende a todos los temas y personas que osan criticar, o perturbar las acciones o las intenciones del matrimonio presidencial. Mediante todo tipo de insultos, agravios y expresiones, los KK buscan desacreditar a sus opositores o desvalorizar las críticas a su gestión, pero casi nunca responden a los hechos en sí mismos.

Ejemplos abundan todos los días: “la plata de los jubilados no va a ser timbeada por cuatro o cinco vivos”, una frase dicha por Néstor Kirchner en defensa de la expropiación de los fondos ahorrados por los afiliados a las AFJP en la cual se infiere que los directivos de las AFJP son delincuentes que juegan con el dinero ajeno en beneficio propio.

Pero, si observamos el arqueo de inversiones de ANSES, vemos que el organismo administrador de las jubilaciones “timbea” de manera similar a la que se pretende impedir. Según sus cuentas, a fines de octubre casi el 75% de los fondos fueron invertidos en bonos, acciones, fideicomisos, fondos de inversión, obligaciones negociables y “otros”. De este porcentaje, más del 68% fue a parar a manos del gobierno nacional, sin incluir en él lo que está depositado en los bancos estatales, lo cual incrementaría ese porcentaje. Por otra parte, cuando los funcionarios califican de robo a las comisiones que las AFJP retienen para su administración, se hacen los distraídos respecto al hecho de que los gastos administrativos de la superpoblada y burocrática ANSES superan en siete veces y media a los gastos de las AFJP y de que, al igual que las comisiones de las AFJP, éstos se sostienen con los fondos que aportan los futuros jubilados.



Mediante todo tipo de insultos y agravios, los KK buscan desacreditar a sus opositores o desvalorizar las críticas a su gestión, pero casi nunca responden a los hechos en sí mismos.



Ni hablar si tocamos el tema de la valija de los u$s 800.000 que retuvo la aduana y que, según el juicio que se llevó a cabo en Miami, eran para la campaña de Cristina de Kirchner. Para el oficialismo, los argumentos para rebatir esa conexión se limitaron a calificar de “delincuente o facineroso” a Antonini, a denunciar que los Estados Unidos era una nación que no toleraba que a los argentinos nos vaya bien, y que en ese país la justicia no existe en realidad, porque al jurado y a los testigos los compra la CIA o el FBI.

Pero nadie del gobierno argentino sale a explicar o rebatir con claridad y exactitud los profusos hechos que, en sí mismos, los involucran fuertemente con ese dinero.



Esta política no es nueva. En el plano económico y social se llevó a cabo desde el momento en que Néstor Kirchner asumió la presidencia en el año 2003. Constantes manipulaciones que no quedaban en evidencia públicamente porque se le negaban al periodismo las esclarecedoras conferencias de prensa que un presidente debería estar obligado a enfrentar.

Como al pasar, recuerdo algunas de estas maniobras:

Para demostrar que las empresas invertían en el país, el gobierno informó a los diarios que Repsol había decidido invertir varios cientos de millones de pesos. Pero, al acceder a las memorias anuales de la empresa, descubrí que los cálculos de la inversión, que tenían programada para el futuro, arrojaban una cifra tres veces superior a la anunciada.

En realidad, lo que había sucedido era que Repsol no incrementaba sino que estaba recortando fuertemente sus inversiones en el país.

O cuando K informó con bombos y platillos que, para conquistar independencia y ahorrar intereses, no se iban a pedir más préstamos a los organismos financieros internacionales, cuando éstos, con anterioridad, ya habían anunciado la suspensión de tal ayuda debido a las dudas que les proporcionaba el funcionamiento de la economía argentina.

Otro ítem lo constituyen las comparaciones que el gobierno nacional hacía para demostrar el alto nivel de crecimiento y desarrollo. Siempre las realizaba con relación a las cifras del año 2002-2003. Obviamente, dada la situación inmediata al post diciembre del 2001, todas las estadísticas mostraban que todo iba mejor. Pero, si la comparación se efectuaba con los años anteriores al 2001, los datos del país –económicos a valores constantes, desocupación, empleo e inversiones entre otros- seguían dando cifras desventajosas para la administración Kirchner.

En mis archivos tengo acumulados una gran cantidad de ejemplos de cómo el gobierno de los KK transformaba una mala noticia en una buena, o peor aún, directamente inventaba la buena nueva. Claro que muchas de estas veces su imaginación “se pasó de revoluciones”, como fue el caso de los veinte mil millones que China iba a invertir en la Argentina (no previeron que los chinos desmentirían expresamente tal noticia).



MI QUERIDA CRISTINA, EL “APOCALIPSIS” YA LLEGÓ

La semana pasada mi equipo de trabajo recorrió los comercios del microcentro recabando información acerca del consumo. Los datos obtenidos indicaron que, al mes de iniciado el conflicto con el campo, las ventas habían disminuido entre un 10% y un 15% y que, en las últimas tres semanas, esta baja tuvo otro brusco descenso entre el 25 y el 30%, por efecto del avance estatal sobre los capitales privados (el conflicto con las AFJP) y la crisis internacional. Estas cifras significan –aquí como en cualquier parte del mundo- que ya nos encontramos frente a una grave y aguda recesión.



A su vez, por el lado de la inseguridad, el aumento de la delincuencia juvenil ha generado un reclamo social en pro de bajar la edad de la imputabilidad de los menores, pero todos sabemos que eso no solucionaría el problema. Entre las muchas variables que tiene esta grave situación, la económica es una de las más importantes a resolver. Pero, sin inversión no hay desarrollo ni trabajo, y sin desarrollo y trabajo no hay ninguna posibilidad de revertir este aumento de la delincuencia infantil. Y, como desde hace muchos años no hay inversiones en el país, no existe, por lo tanto, la probabilidad de encontrar una solución a la inseguridad, ni siquiera a mediano plazo.



Con una derecha y una izquierda democrática, desorientadas y desunidas, la desesperanza invade a los argentinos que observan cómo los gremios aprietan más de lo que las circunstancias económicas lo permiten, que la izquierda radical y el nacionalismo popular prepara sus palos, que la derecha reaccionaria se agazapa esperando dar el salto en el momento apropiado, que los organismos financieros internacionales anuncian que han excluido a la Argentina de la ayuda económica programada, que los sindicalistas copan el manejo de los dineros estatales, sociales y de salud, que las empresas no sólo no toman personal sino que también comienzan a despedir o cesantear empleados, que la bolsa de valores funciona de mínima, que el riesgo país está a niveles similares a los de antes del colapso del 2002, y que los valores de numerosos productos de primera necesidad –convertidos en dólares- están igual o más caros aún que durante el año 2001 cuando regía el cambio del 1 a 1 (pero con el agravante que, en dólares, ahora ganamos muchísimo menos que en aquel entonces).

En fin, es larga la lista de los síntomas que están señalando la cercanía de una fuerte colisión.

Por lo tanto, cuando la escuchamos a Cristina K elogiar la marcha y el “proyecto” de país que conduce, muchos de nosotros nos preguntamos: ¿A qué país se refiere? ¿En qué piensa? ¿A quienes se dirige con su discurso?

Días atrás, un taxista me dio muestra de su sabiduría popular y simpleza conceptual al referirse a los dichos por nuestro matrimonio presidencial: “Mienten. No paran de mentir”.



TODO ES MENTIRA

Cuando el gobierno propone sustituir la carencia de inversiones privadas con inversiones estatales, olvida que, en ese caso, necesitaría redefinir su ideología económica, porque hay sólo dos sistemas que trabajan de esa manera: el comunista (en el que no existe la renta privada) y el fascismo (en el que el Estado es el motor principal de la economía). Ninguna de estas dos posibilidades tiene buena prensa en la Argentina.

En el capitalismo, es la inversión privada la que motoriza el desarrollo económico, aún si aplicáramos las políticas expansivas del gasto estatal sugeridas en 1936 para las épocas de crisis por el economista británico John M. Keynes.

Por lo tanto, al carecer de esas inversiones, el país no cuenta con un programa económico coherente (que es lo que ofrece la adhesión a un sistema ideológico). Su ministro de economía es, en realidad, Néstor Kirchner, un hábil y astuto político (tal como lo era Menem) pero incapaz para instrumentar profesionalmente un diseño económico confiable, además de ser intelectualmente un hombre muy limitado.



Los “mercados” consisten en un número infinito de ahorristas pequeños y medianos que, sumados a los grandes especuladores, reaccionan de manera imprevista, y compulsivamente, ante cualquier variación de las expectativas económicas.



El resultado se hace ya muy evidente: no sólo carecemos de inversiones desde hace muchos años, sino que ahora ya se están retirando cuantiosos fondos de los bancos y de las cajas de seguridad para transferirlos al exterior. Mientras tanto, Kirchner sigue con su habitual táctica descalificadora y acusa a los mercados de intentar desestabilizarlo. Es que él piensa que es posible manipularlos para lograr un determinado fin político. Evidentemente no tiene la menor idea de lo que son, porque si esta manipulación fuera posible, Estados Unidos y los demás países desarrollados, con su sabido poderío financiero, habrían podido evitar el colapso de los mercados internacionales.

No lo lograron porque, simplemente, los denominados “mercados” consisten en un número infinito de ahorristas pequeños y medianos que, sumados a los grandes especuladores, reaccionan de manera imprevista, y compulsivamente, ante cualquier variación de las expectativas económicas. No tienen ideología salvo su propio resguardo y beneficio.



Mientras esto sucede en la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner se fue a los Estados Unidos a dar cátedra sobre lo que hay que hacer para que un país se desarrolle económicamente.

En fin, no nos olvidemos de que se trata de la presidenta del país que tan bien describió Enrique Santos Discépolo, en 1934, con su canción “Cambalache”.



Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

16 de noviembre de 2008


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