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Harry Potter y La Ruptura del Vinculo (libro parte 2)

Info9/3/2013
Aqui les dejo la segunda y ultima parte de "Harry Potter y la Ruptura del Vinculo". Si quieres ver la parte 1, aqui te dejo el link: http://www.taringa.net/posts/info/17108556/Harry-Potter-y-La-Ruptura-del-Vinculo-libro-parte-1.html#comment-1088808 Parte 2: 8 En el castillo de Adrimün Ginny había escapado. Después de la difícil batalla contra los carroñeros albanos, Harry, Teddy, Ron y Hermione permanecían apresados por unas enormes jaulas mágicas anti desaparición. La que ellos creían hasta el momento era Circe, comenzó a sufrir de una metamorfosis: poco a poco su cabello rubio y lacio se comenzó a rizar y teñir de negro. Además aumentó su estatura y se hicieron más anchas sus espaldas. Los brazos pasaron de ser huesudos y marmóreos a fornidos. Por un momento fue ridículo ver a aquel hombre vestido de mujer, sin embargo nada tenía que envidiarle a una: sus facciones eran suaves, no muy rudas; sus cejas parecían moldeadas con un pincel, y tenía espesas pestañas que hacían relucir un par de enormes ojos tan azules que lanzaban destellos violáceos al contacto con la luz solar. El apuesto hombre, hizo un movimiento con su varita y su ropa se transformó en una de aspecto más acorde a su sexo. —El famoso Harry Potter —dijo por fin. Su voz era profunda —La AMA nos alertó que querías interponerte en nuestros planes y te hemos esperado durante varios días. — ¿Quién eres? —preguntó entonces Hermione —Me llamo Rilindja, todos me llaman Lindja. Pertenezco al cuerpo de magos al servicio de Circe. Soy uno de los principales oficiales. — ¿Por qué no nos has matado? —preguntó Ron, furioso. —Porque Circe quiere que asistan a su ascenso…Además, ustedes serán nuestra mercancía. — ¿Mercancía? —preguntó Harry. —Sí. Pero dejaré que ella misma les explique. Dakerov, Gjul, Nikola, llévenselos. Los mencionados apuntaron con sus varitas a las jaulas y de ellas salió una especie de cuerda de luz violeta que las levantó del suelo. Ron se lanzó contra los barrotes más de una vez, pero ni siquiera logró que se desequilibraran las prisiones. Hermione, por su parte permanecía serena: de seguro tenía algo en mente. Teddy, al parecer había despertado de la maldición y, con culpabilidad en su rostro, miraba preocupado a Harry. Éste, por su parte, estaba algo triste… ¿y si Ginny era capturada sola en el bosque, o era asesinada? Pero no: él tenía la esperanza de que ella los salvara esta vez. En el pasado, Ginny Weasley y Harry Potter habían estado separados muy a pesar del amor que se tenían. Cuando la lucha contra Lord Voldemort, Harry estuvo cerca de un año apareciendo y desapareciendo en varios lugares, mientras ella resistía los peligros de estar en Hogwarts, controlada por los mayores enemigos de Harry, y por partidarios del mago más tenebroso conocido por la historia. Pero por más de 20 años habían estado muy unidos, incluso tuvieron a sus hijos y a pesar de las distancias que imponían sus respectivos trabajos (ella como jugadora de las Harpies y él como Jefe del Departamento de Aurores) siempre trataban de crear un espacio para ellos. Y ahora, después de 20 años, parecía que la pesadilla de la distancia comenzaba de nuevo. Así, por cerca de media hora Harry se dedicó a estudiar a sus captores para intentar ingeniárselas y escapar. Hermione lo miró y señaló con la vista la mano derecha del tal Dakerov. Estaba un poco inmóvil, tenía una pose antinatural. Es decir, que por más que intentara no podría manejar la varita correctamente, la herida estaba reciente, sería fácil derribarlo con la inteligencia suficiente. Por su parte, al que llamaban Gjul, de pelo rojizo y corto sería un oponente difícil, porque era menudo y podría moverse rápidamente. El llamado Nikola era muy parecido al tal Dakerov, parecían hermanos, por tanto saldría en su defensa y serían dos contra uno… ¿y si los separaban? El problema es que para llevar a cabo cualquier estrategia era necesario usar magia y dentro de aquellas prisiones sus varitas no funcionaban, pero…¿y si solo eran las varitas? Ellas actuaban como una especie de canalizador del poder del mago, la magia residía en él, no solo en la combinación de madera y animal. Muchas veces vio a Dumbledore hacer magia con solo gestos y hasta recordó cuando en quinto año desapareció en frente del Ministro sin usar un hechizo convencional o la Aparición tradicional. Quirrell lo había hecho también —o más bien Voldemort— donde estaba oculta la Piedra Filosofal: una columna de fuego lo había rodeado con el solo chasquido de sus dedos. Harry intentó concentrarse. Cerró los ojos, recordó cómo Hermione le dijo que se concentrara para lograr los hechizos inverbales y sintió que la varita no era una extensión de su mano, sino que su mano en sí era la varita. «Accio, piedra» se dijo, pensando en uno de los guijarros del camino. «Accio piedra» se repitió una y otra vez, hasta que la furia lo venció. Parecía una tarea imposible, por eso era que Voldemort deseaba con tanto afán dominarlo. De seguro creía que solo él podría hacer algo tan difícil como aquello. —Hemos llegado —anunció Lindja. Luego movió su varita delante de su rostro, trazando un arco y dijo: —Éste es el palacio de Adrimün. Ante Harry apareció de la nada un edificio enorme, negro, muy parecido a una catedral gótica. Era perfectamente simétrico y estaba lleno de arcos y ventanas circulares. A cada lado había un par de torres puntiagudas que se elevaban por encima del castillo por muchos metros, por alrededor de las cuales había buitres volando de manera circular. El final de las torres no se veía: parecían dagas clavadas en el pecho del cielo, y las nubes permanecían quietas ahí. Hermione miraba boquiabierta majestuosidad del castillo, y Ron sentía que la construcción se lanzaría encima de él en cualquier momento. El castillo de Adrimün estaba rodeado por altas rejas metálicas que terminaban en forma de saeta. La entrada era tan majestuosa como el resto del emplazamiento y tenía talladuras de símbolos arábigos. Lindja tocó tres de los símbolos en un orden determinado, y luego pronunció un verso en lengua antigua. Las puertas comenzaron a rechinar y se abrieron lentamente, como movidas por una mano invisible. Dakerov movió su varita, abrió una de sus manos y como atraídas por una fuerza magnética, las varitas de Ron, Hermione y Harry salieron disparadas hacia él, y las atrapó al vuelo. —No necesitarán eso ahí dentro —dijo— ¡Incarcera! ¡Incarcera!…— repitió hasta que estuvieran atados los cuatro. Teddy permanecía quieto y en silencio, y Harry estaba seguro de que tramaba algo. Las jaulas se abrieron y pudieron caminar, guiados por Lindja y escoltados por Gjul, Nikola y Dakerov. A cada lado del sendero por el que iban había estatuas en poses horribles, águilas comiéndose los cuerpos de bebés y magos con cabezas de muggles en sus manos. El castillo no tenía foso, pero había una presencia extraña que hacía neblinoso el camino…Eran Dementores, y se reproducían allí, parecía como si fuera un criadero de esos malvados seres desalmados preparándose para la batalla. —Harry —dijo Hermione en voz baja— esto es terrible. ¿Qué piensa hacer Circe con estos Dementores? ¿No lo sientes? —Hasta en los huesos… Teddy iba detrás de ellos, un poco más alejado, seguido muy de cerca por Gjul. Fue entonces que llegaron hasta la puerta de entrada al castillo en sí. —Dakerov, Nikola, acompáñenme —dijo Lindja. Ante él había una especie de rueda dentada que debían mover manualmente y era tan grande que aún con los músculos del jefe de los carroñeros albanos no se movería. Dakerov y Nikola se acercaron y cada cual tomó un diente de la rueda y comenzaron a empujarla. En ese instante sintieron un golpe seco y, al voltearse, Gjul estaba en el suelo y Teddy libre. —¡¡¡Periculum!!! —gritó y de su varita salió un chorro de luz que se convirtió en brillantes chispas en el cielo. Acto seguido fue barrido por un hechizo triple de los carroñeros que intentaban mover la rueda dentada. Harry intentó ir en su socorro per tan atado como estaba solo logró caer al suelo y retorcerse como un gusano de seda prisionero en el capullo. — ¡Ya basta! ¿Por qué no se enfrentan a nosotros decentemente? —gritó. — ¡Cállate! —dijo Dakerov. —Cuidado como le hablas, ¿eh? —Le dijo Ron— Ya verás cuando esté libre como te daré tu merecido. Dakerov movió su varita sobre su cabeza y quedó convertida en un látigo que golpeó el rostro de Ron dejándole una profunda herida. Hermione hizo un gesto, como si a ella le hubiera dolido, y se le salieron un par de lágrimas. —Este se había quedado con una varita extra —exclamó el llamado Nikola acercándose a Teddy. Luego recogió la varita que había a su lado y la guardó en el interior de su túnica. «Accio piedra, Accio piedra» se repetía Harry, pero nada sucedía. Por fin la puerta del castillo de Adrimün quedó abierta. Harry se incorporó con mucho trabajo y logró caminar detrás de Ron y Hermione. Subieron los escalones y, por fin accedieron al interior del castillo. Era lúgubre. Una gigantesca lámpara colgante de cristal iluminaba el recinto. Había más estatuas de las horripilantes a cada lado. Una escalera alfombrada en blanco llegaba hasta el segundo piso y luego se dividía como una serpiente de dos cabezas. Siguieron adentrándose en el castillo y, tras varios pisos llegaron a una especie de elevador mágico que los transportó hasta el final de una de las torres puntiagudas. Cuando se abrió, encontraron un recinto todo de cristal, en forma de círculo. Había vitrales que contaban una antigua historia de muggles cercenados y magos quemados en hogueras que finalizaban con el cuerpo de un mago anciano, de cara malvada. Un haz de luz descendía directamente al centro del salón, iluminando una especie de trono retorcido, que se asemejaba a espinos en forma de mano que sostenían a una muchacha rubia, fría. —Bienvenido, Harry —dijo esta vez la verdadera Circe— asistirás al inicio de una nueva era. Luego se volteó y dijo a Lindja: —Que lo preparen todo. El rito debe comenzar. 9 Magia y conspiración El Ministro de Magia había convocado urgentemente a una reunión. La situación con Albania se había vuelto un caos. Los representantes de la AMA declararon la guerra abiertamente a Inglaterra en caso de que no quisieran liberar a los Mortífagos que estaban en Azkaban. Les había llegado un águila desde Albania con la declaración: Comunicado Oficial de la Alianza Mágica Albanesa a Ministerio de Magia de Gran Bretaña e Irlanda del Norte Señor Ministro: Por medio del siguiente comunicado le hacemos oficial nuestra intención de que sean liberados todos los llamados anteriormente Mortífagos para acogerlos como parte del cuerpo diplomágico de nuestra nación. Consideramos que deben ser exonerados de sus crímenes y enviados a nuestra tierra donde serán recibidos con los brazos abiertos. Nuestra intención no es obtenerlos de manera gratuita: pretendemos dar a cambio íntegramente a sus compatriotas Ted Lupin, Ronald B. Weasley, Hermione J. Granger y Harry J. Potter quiénes están acusados de espionaje e invasión de territorio sin los permisos mágicos correspondientes. Suponemos que dados los rangos que poseen dichos funcionarios, no pueden tratarse como si fueran simples emigrados, sino que podemos dilucidar ciertas intenciones políticas en su actuar. Primeramente, el apellidado Lupin permanece en nuestras tierras desde hace algún tiempo, por lo que al arribar más de sus coterráneos no nos quedó otra opción que apresarlos preventivamente. En caso de no hacerse efectiva nuestra petición, espero que comprenda la necesidad que tendremos de utilizar nuestra fuerza en contra de su nación ya que se trata de un asunto de seguridad nacional. Sus enviados han perseguido a nuestra actual Primera Secretaria desde hace meses con amenazas y hasta agresiones. Consideramos una agresión directa a nuestra soberanía semejante presencia en nuestro país. Los llamados Mortífagos serán de momento controlados en nuestras fronteras para armar nuestro ejército, en caso de que alguien intente en el futuro atacarnos. Tienen 72 horas a partir de este mensaje para responder a nuestras demandas. Esperando entiendan nuestras razones, Consejo de Ancianos AMA El Ministerio era un hervidero. En el salón de reuniones se habían agolpado los más altos funcionarios junto a Ginny, que había logrado escapar sana y salva. Ella era la encargada de contar cómo había sucedido todo. EL Ministro estaba presidiendo la reunión en el mismo recinto que testificara Harry una vez cuando se hallaba en quinto año. —La sesión comienza —anunció un mago de largas barbas. El Ministro se puso en pie y dio la palabra a Ginny. —Quizás muchos de ustedes estén enterados de los sucesos de las familias Potter y Weasley en los últimos meses. — ¿Se refiere a los hechos del Sextante de Plata? —dijo una voz. Ginny se volteó a mirar y, furiosa, se dirigió al Ministro: — ¿Qué hace ella aquí? —Pues Rita Skeeter es la única que tenemos capacitada para tomar las actas en reuniones como esta. La Secretaria Oficial se fue muy enferma a casa anoche y no quedó más remedio —respondió Kingsley algo apenado. Ginny sabía que de seguro la Skeeter había hechizado o mandado a hechizar a la Secretaria con tal de tener la primicia. Algo le sugería que estaba trabajando para alguno de los diarios privados que se dedicaban a publicar chismes ministeriales. —Muy bien. Tras los sucesos del sextante, protagonizados por Circe, una muchacha que al parecer logró burlar varios sistemas y se coló en Hogwarts supliendo a otra alumna, mi familia se vio en la necesidad de encontrarla para frenar la locura que había desatado. »Nuestro ahijado Teddy Lupin, quien además había tenido una relación sentimental con ella le siguió la pista y fue a parar a Albania. Una vez allí nos alertó de los elementos conspirativos y peligrosos que se desataban. Rápidamente, al ver que hasta su correo había sido interceptado en el aire, nos vimos en la necesidad de ir hasta donde se hallaba, para rescatarlo. »El estreno en Albania fue una lucha contra Dementores, que por alguna razón se han mudado a ese lugar y se reproducen vertiginosamente. Luego fuimos perseguidos por magos albanos, y logré escapar. Téngase claro que ellos nos agredieron primero, aún sin saber quiénes éramos. —Muy bien, Ginny —dijo Kingsley— Ya hemos escuchado. Ahora debemos ponernos de acuerdo en tomar una decisión. ¿Alguien tiene opinión? Una bruja de largo pelo negro se puso en pie y tomó la palabra: —Ministro, es inaceptable que los Mortífagos sean liberados. Sin embargo, no me parece tan mala idea. »Podemos desterrarlos de Inglaterra y prohibir su entrada en el país. Así Azkaban se vacía un poco y no tendríamos que alimentarlos más, o vivir con el miedo de que puedan escapar de manera masiva y destrozarnos. Además, piénselo, muchos de ellos están destruidos por la prisión, ¿qué podría pasar? Eso es todo. Pienso que de otorgarles extradición y recuperar a nuestro Jefe del Departamento de Aurores, los albanos ganarían por fin un cuerpo armado para defenderse y nosotros a nuestras mentes más brillantes de vuelta. Kingsley asintió. Luego señaló a un mago más anciano que levantaba su varita. —No concuerdo con Mafalda, Ministro. Si Albania se arma con tales personajes, ¿quién nos dice que no seremos los primeros en ser atacados? Los Mortífagos son malas personas pero muy astutos magos, no debemos subestimarlos porque hayan estado presos. Es mi opinión y del resto del Departamento de Aurores, que el señor Potter debe ser rescatado sin pensar en las consecuencias. No podemos doblegarnos de esa manera. —Esto se pone interesante —chilló Rita Skeeter. Ginny le lanzó una mirada cortante y luego pidió la palabra: —Muy bien. Hablaré como bruja inglesa, no como Ginny Potter. Pienso que lo mejor es entregar a los Mortífagos como corresponde al trato. »Si el Departamento de Aurores se inmiscuye para salvar a Harry y los demás se convertirá en un problema político y la situación empeorará. La agresión de los albanos hacia nosotros estaría justificada. Kingsley se detuvo un momento a pensar desconcertado. La mayor parte de los magos del Consejo comenzó a cuchillear, con una obvia incomodidad. Ginny miró al Ministro, y él pudo leer en sus ojos lo que realmente haría. —Muy bien. He valorado ambas opiniones y me reservo mi decisión para dentro de 15 minutos. Declaro un receso en nuestro debate. Todos los magos se pusieron en pie y salieron, algunos incómodos, otros asintiendo y dando palmadas de aprobación a Ginny. Ella salió afuera un momento, con cara de preocupación y encontró a quien menos esperaba… Cuando por fin el receso había terminado, Ginny Weasley regresó a la sala con una expresión de triunfo. Kingsley ascendió los peldaños y se colocó frente a todos los magos del Consejo. Como un camino de pólvora, el silencio se esparció por toda la sala, hasta que nada se escuchó. —He tomado mi decisión —dijo Kingsley. Luego miró a Ginny y, cuando esta le hubo dado su aprobación continuó su discurso: —Haremos una entrega en la frontera de Grecia con Albania dentro de 48 horas. El Departamento de Aurores se encargará de disponer todo para que se cumpla el acuerdo con la Alianza Albanesa. Skeeter, que todo quede escrito exactamente como lo he dicho. Un mar de susurros y un aire de descontento quedó hecho sonido en la sala. — ¡Cómo diga Ministro! —se apresuró a decir Rita Skeeter, que ya tenía la primicia grabada en el rostro. Y así fue. Al día siguiente varios periódicos sacaron en portada un artículo bastante agresivo respecto a la decisión ministerial, firmado por una tal Atir Reteeks que como todos supusieron, no era otra que la Skeeter escondiéndose para seguir su carrera en el periodismo. Este era el texto: El regreso de San Potter Por Atir Reteeks ¿Quién pensaría que más de 20 años después, el llamado antes El Elegido pondría nuestras vidas en peligro una vez más? Sí, pues sus andadas llegaron esta vez hasta la lejanísima Albania, donde el Ministerio pretende enviar a todos los Mortífagos de Azkaban, para que puedan ser cambiados por Potter y su pandilla. Amigo lector, ¿qué le parecería a usted estar en peligro por cuenta de tal muchachillo? Cada vez que a Potter se le antoja algo, allá va el Ministro con tal de complacerlo…Él nos pudo salvar de Quién-Ustedes-Solían-Saber pero eso no le da derecho ninguno a ponernos en peligro por cada locura que se le ocurra. Como ya he narrado en otras ocasiones, Potter en lugar de aprovechar su puesto para librarnos del mal, usa toda la fuerza puesta a su disposición en el Departamento de Aurores para preservar su integridad y la de su familia. ¿Hasta cuándo nosotros, los magos y brujas comunes, tendremos que soportar que el Ministro esté a disposición de San Potter? Los convoco a que envíen sus lechuzas reclamando sus derechos a estar a salvo y exijan, por favor, que los Mortífagos permanezcan encerrados en Azkaban. Dakerov se hallaba explorando los terrenos cercanos al Castillo de Adrimün, de guardia. Se esperaba la respuesta del Ministerio de Magia de Gran Bretaña en cualquier momento y, tan tensa como estaba la situación, era momento de permanecer alertas. Había perdido una apuesta con Lindja el día anterior y esta sería su segunda noche de guardia consecutiva. Cansado por no dormir en 48 horas se sentó un momento a descansar junto a un árbol. De momento sintió un “crac” seguido de un crujido. Se puso en guardia pero los ojos se le cerraban. Agitó su varita y susurró Lumus. Mala jugada. Su enemigo pudo encontrarlo enseguida por el brillo de su varita. Diez minutos más tarde, corrió a alertar a sus compañeros del Castillo: — ¡Hay alguien en las cercanías, rápido! —comenzó a vociferar. Los vigilantes desde la entrada acudieron a su llamado. —Es en las inmediaciones del bosque, sentí varias voces… —les dijo. — ¿Por qué llevas cubierto el rostro? —dijo una de los guardianes. — ¿Qué te importa? ¡Corre, alguien intentará tacarnos! Yo le avisaré a la Primera Secretaria lo que está sucediendo. Los guardias asintieron y corrieron en la dirección indicada. El mago entró corriendo al castillo hasta la sala donde Circe recibía las visitas. Luego fue hasta detrás de la alta silla, como le habían indicado. Allí había un hoyo para introducir su varita, así lo hizo y ante él se abrió una trampilla que dejó ver una escalera. Con la luz de su varita bajó las oscuras escaleras que conducían hasta las mazmorras, don Harry Potter y sus compañeros estaban encerrados. Todos permanecían amarrados por las extremidades a una especie de marco, y unos espejos en el suelo los iluminaban con la luz plateada de la luna. Harry sintió cuando la puerta se abrió y Hermione también. Ambos se miraron. Ron estaba medio dormido y Teddy, agotado, tenía los ojos cerrados. Les absorbían la magia. — ¿Qué haces aquí Dakerov? —dijo Harry al ver el uniforme. Circe les había dicho que él estaría de guardia esa noche, por si aún querían unirse a ella voluntariamente. —Buena inicial, pero mal nombre —dijo el soldado. Luego dijo Nox y se quitó la capucha. Una cabellera rubia pudo distinguir Harry a la luz de la luna. Luego una cara larga y descolorida. —No pensé que fuera a hacer esto de nuevo, Potter. —Parece que se está convirtiendo en costumbre. Aunque no lo creas, me alegro de verte, Draco. 10 Malfoy, Potter, Granger, Weasley, Lupin Draco Malfoy había aparecido oportunamente en el camino de Ginny Weasley por primera vez en su vida. Durante el tiempo que habían pasado en Hogwarts como estudiantes jamás tuvieron las mejores relaciones; pero desde que Harry, más tarde esposo de la Weasley, salvara a Malfoy, la posición de este último había cambiado en relación con la familia de pelirrojos…y de Potter. Había lanzado alguna que otra sonrisa furtiva o gesto de saludo a Ginny cuando la encontraba en King’s Cross llevando a sus hijos a la escuela, y hasta habían tenido una conversación amable en la tienda de Ollivander en cierta ocasión. No podría decirse que Draco se hubiera hecho amigo de Ginny, para nada: ahora estaban en la categoría de conocidos no hostiles. Por eso cuando vio su rostro por los pasillos del Ministerio, tuvo un arranque de confianza y le contó al rubio todo lo que estaba ocurriendo con Harry, su hermano, su cuñada y su ahijado en Albania. «A pesar de todo, Draco» había dicho Ginny al terminar su historia «fuimos compañeros de clase, y ahora nuestros hijos asisten a la misma escuela. Supiste elegir el bien al final, tarde, pero seguro. Te ruego que me ayudes» «Siempre fui un tonto, Weasley» dijo en tono despectivo Malfoy. Luego siguió su camino y casi al final del pasillo exclamó: «Pero esta vez haré bien las cosas». Después de eso Draco hizo la aparición más difícil de su vida. Atravesar varios países no era tarea fácil, ni siquiera para un mago adulto. Hizo apariciones aquí y allá, luego tomó un Traslador rumbo a Grecia y finalmente siguió las no pocas huellas que dejara Harry a su paso. «Camina por el bosque, donde los árboles son rojos» le había dicho Ginny antes de que él se perdiera en los confines del Ministerio. ¿Qué quería decir aquello? Malfoy lo supo enseguida: cuando Ginny había escapado, Teddy lanzó un hechizo “Periculum” que dejó una señal de chispas rojas en el cielo. La esposa de Harry agitó su varita y creó una estela rojiza también sobre los árboles que guiaba hasta el origen del hechizo de su ahijado. El rubio no podía negar que Ginny, después de todo, era mejor hechicera, jugadora de Quidditch y persona de lo que él esperaba. Así era la vida, y ahora estaba allí, a miles de kilómetros de distancia de su familia, arriesgándose por su enemigo de la niñez. ¿Acaso era una buena persona? ¿Acaso se había vuelto tan debilucho de carácter como los Potter? ¿Acaso su vida entera era una mentira y éste era el real Draco Malfoy, que ayuda a los demás e intenta mantener el equilibrio a favor del bien? Cuando por fin se hallaba cerca de un enorme castillo, se encontró con un oponente bastante fuerte: Dakerov. Al acercarse a él, sintió que murmuraba algo en idioma extraño, albano de seguro. Luego, ante la falta de reacción, el guardia habló en inglés, un primitivo inglés: — ¿Quién va? —Amigo —gritó Draco y luego, con un ágil movimiento de varita lanzó un rayo de luz roja a su oponente. Pero no por gusto Dakerov estaba en la guardia personal de Circe. Tenía ciertas aptitudes para las más terribles maldiciones, y Draco lo supo cuando un rayo de luz verde pasó zumbando cerca de su oído. — ¿Eso es lo que tienes? —dijo el rubio, con su habitual inexpresividad. Luego comenzó un combate de elegancia extraña: mientras Malfoy agitaba su varita y se movía como todo un lord inglés, por la elegancia y las maneras en que blandía su arma; Dakerov, por su parte poseía un estilo un poco más libre, daba giros y movía la varita como si fuera uno de esos sables árabes curvos. Grandes llamaradas de fuego salían de la punta de la varita de Dakerov, que adquirían las más disímiles formas y tamaños, y a Draco le costó un poco evitar las quemaduras. Se dedicó primero a esquivar los ataques de su enemigo, y luego aprovechó una gran llamarada en forma de tigre para contenerla y lanzarla de vuelta al albano. Dakerov falló. Pensó que el tigre detendría a Draco por unos segundos, no que este último se lo lanzaría de vuelta y, ante una cucharada de su propia medicina, sucumbió. Cayó al suelo, y el tigre parecía tener vida propia, intentaba lanzarle zarpazos al rostro. Malfoy, por su parte pronunció levemente «Finite Incantatem» y el animal ardiente se esfumó, no sin antes dejar una explosión pequeña que dejó aturdido a Dakerov. Con el guarda de Circe fuera de combate, Draco le quitó la capa y lo dejó atado a unas cuerdas encantadas. Luego tomó la varita de su contrincante y la escondió en sus bolsillos. Él, para variar, iba vestido con un elegante traje que ahora tenía las mangas algo chamuscadas, y su pelo blanquecino no estaba alisado uniformemente, sino que caían algunos flecos en su frente. Se secó el sudor del rostro y luego se colocó el atuendo de Dakerov. Caminó por el bosque en dirección al castillo, con el rostro totalmente cubierto. Una vez allí empezó su actuación: alertó a los guardias de que había un intruso en las cercanías: —Es en las inmediaciones del bosque, sentí varias voces… —dijo. — ¿Por qué llevas cubierto el rostro? —dijo a Malfoy uno de los guardianes. — ¿Qué te importa? —Respondió — ¡Corre, alguien intentará atacarnos! Yo le avisaré a la Primera Secretaria lo que está sucediendo. Los guardias asintieron y corrieron en la dirección indicada. Sin embargo no eran estúpidos. ¿Desde cuándo Dakerov hablaba con ellos en inglés, y menos de manera tan fluida? Fingieron seguir las instrucciones de Malfoy y se ocultaron tras la maleza cercana para observarlo. Con la luz de su varita, Draco bajó las oscuras escaleras que conducían hasta las mazmorras, donde Harry Potter y sus compañeros estaban encerrados. Todos permanecían amarrados por las extremidades a una especie de marco, y unos espejos en el suelo los iluminaban con la luz plateada de la luna. Al ver su silueta, Harry se puso a la defensiva: — ¿Qué haces aquí Dakerov? —Buena inicial, pero mal nombre. NOX. La varita de Draco dejó de emitir luz y luego se quitó la capucha. Si hubiera tenido alguna cámara de El Profeta cerca hubiera vendido la expresión de Harry Potter para la portada de la mañana siguiente. —No pensé que fuera a hacer esto de nuevo Potter—dijo Malfoy. Harry se recuperó del impacto y luego dijo: — Parece que se está convirtiendo en costumbre. Aunque no lo creas me alegro de verte, Draco. — ¡Diffindo! —dijo el rubio apuntando a las ataduras de Harry. Nada ocurrió. Luego lo miró —Es una lástima que para mí no resulte tan agradable. ¡Relashio! Tras un sonoro CLIC una de las manos de Harry quedó libre. —Hazlo tú mismo —dijo Draco y le tendió su varita— Esta vez no te la quedes, Potter. Harry hizo caso de Malfoy y sonrió ante la broma. Aún conservaba la varita que le había arrebatado cuando los sucesos en la Mansión Malfoy, donde murió Dobby. Una vez libre, observó cómo Draco libraba a Ron primero, por lo que el corrió hacia Hermione y Teddy. Al parecer las enseñanzas sobre la pureza de la sangre aún estaban muy dentro de la conciencia de Draco, pues dejó para últimos a la Sangre Sucia y al hijo del Hombre-Lobo. Una vez libres los cuatro, se percataron de un hecho desventajoso: eran cinco y solo había un par de varitas. —Draco —dijo Hermione sorprendida al verlo, tras tocarse las quemaduras que le había producido el roce con las cadenas— ¿Qué haces aquí? —Salvarte, estúpida —dijo él como cortante respuesta y se dio la vuelta. —Tenemos un par de varitas, Potter. No pienso dejar la mía a nadie, no confío ni en el Weasley ni en la Granger. Mucho menos en este transformista… —Cuidado como me hablas —dijo Teddy furioso y su pelo adquirió un tono rojizo. — ¡Eso es! Teddy, tú eres un metamorfomago. —Mi amor —dijo Ron en tono irónico— Eso ya lo sabíamos, ¿no? — ¡Ése es el punto! No lo hemos sabido aprovechar… Puedes lograr transformar tu cuerpo a tu antojo, ¿no Teddy? —Pues sí. La profesora McGonagall me daba clases particulares. Ella pensaba que era fascinante cómo sin varita podía adquirir cualquier forma, y como es parte de mi naturaleza, las Transformaciones siempre fueron mi asignatura sobresaliente. —Granger…siempre trayendo los deberes a todas partes, ¿no?— dijo Draco y Hermione le lanzó una mirada recordándole que en tercer año lo había golpeado, y podía repetirlo. —Basta de discutir —dijo Harry algo enfadado. La presencia de Malfoy era definitivamente molesta por una parte, y necesaria por la otra, toda una contradicción. —Sin entendí bien, Hermione —dijo Harry más calmado— Pretendes que Teddy altere su fisionomía para parecerse a alguno de los guardias, ¿no? —No exactamente —dijo Hermione— Quiero que se transforme en Circe. Ése será nuestro boleto de salida. Malfoy o tú, Harry, pueden ir al dormitorio de ella a impedir que salga. No podemos arriesgarnos a combatir contra Circe, aún no sabemos qué habilidades concretas posee. El encantamiento de ilusión que hizo en navidades fue impresionante, único en su tipo. — ¿Cuál es tu idea, Hermione? —dijo Harry. —Pues salimos de este lugar con Teddy de rehén, transformado en Circe, ¿comprendes? Les pedimos nuestras varitas a cambio de su vida y cuando las obtengamos pues…improvisaremos. — ¿Improvisaremos? ¿Ése es tu magnífico plan? —dijo Malfoy. — ¿Se te ocurre algo mejor? —Muy bien. Yo iré al cuarto de la tal Circe —dijo Malfoy, tras arrebatarle su varita a Harry y darle la que había robado a Dakerov —Vigilaré y si algo sucede, pues me marcho sin mirar atrás. Los abandono. ¿Comprendido? Harry, Ron, Hermione y Teddy asintieron. Draco se marchó cautelosamente rumbo a la habitación que, según le indicó Harry, suponía era la de Circe. Fue entonces que Teddy comenzó a cambiar su color de pelo, afilar su nariz y palidecer su piel. Unos segundos más tarde, si bien no era una copia fiel, en la oscuridad era muy parecido a Circe. Harry se acercó a él y le puso la varita en el cuello. Aún llevaba ropa de hombre, por lo que Hermione terminó cambiando con él. No le quedaba muy bien, y su forma no era muy femenina por lo ancho de las espaldas, pero era su única opción. Tal vez Malfoy tenía razón y todo aquello era una locura o tal vez corrían con suerte y podían escapar a salvo. Así salieron al medio de la sala del trono y, justo allí, los esperaban los soldados, en guardia. Cuatro hombres fornidos con sus varitas en alto. —Apártense —dijo Harry, y luego de dejar que hicieran contacto visual con Teddy transformado en Circe lanzó un hechizo que dejó todo en penumbras. —Su señora está a mi merced…Si alguien hace algo estúpido la mataré. Dejen sus varitas a un lado y siéntense alejados de la puerta, en el suelo. Los soldados dudaron un momento, pero Teddy, que había sido novio de Circe la imitaba a la percepción, y hasta hablaba algunas palabras en albano. Dejó escapar un chillido y los magos pusieron sus varitas a los pies de Harry. En ese instante se percató de que Malfoy estaba en el suelo, sin dudas aturdido por alguno de aquellos soldados de Circe. Hizo una seña a Hermione y ella se apresuró a levantar el cuerpo aturdido de Draco, con ayuda de Ron. Él se comenzó a incorporar trabajosamente y, poco a poco, abrió los ojos. Balbuceó unas palabras al oído de Hermione y ella palideció. Harry caminó en dirección a la salida del castillo. —Tú —señaló a uno de los soldados— irás con mi amigo a buscar nuestras varitas. Ron acompañó al soldado por donde lo guió. —Harry —dijo Hermione en voz baja— Draco ha visto a Circe merodeando. Él se escondía tras una columna cuando fue aturdido. Esperemos que ella tarde en aparecer. Qué complicación de último minuto. No solo era una gran hechicera, sino que Circe, además, parecía no dormir. Sin embargo, los deseos de Hermione no fueron correspondidos. Bastaron cinco minutos para que se escucharan unos aplausos y un escalofrío los recorriera. Las palmadas provenían de la penumbra y eran acompañadas de una risa frenética, loca. —Muy bien. Casi me lo creo. Parece que tengo una doble— dijo Circe, dejándose mostrar a la luz de la luna. 11 La huida La reacción de Hermione fue la que salvó esa noche a ron, Teddy, Harry y Draco de circe. Corrió a Harry y le arrebató su varita para gritar Lumus solem. De la varita salió un destello cegador que dejó sin capacidad de visualizar lo que ocurría a todos los presentes en la sala. Cuando recuperaron su capacidad de visión las dos versiones de circe se hallaban una al lado de la otra, forcejeando. —apresen a esta impostora —dijo una de ellas. Sin atreverse a apresar a ninguna de las dos circe, Lindja, que miraba azorado la escena, solo atinó a apuntar su varita a Harry. — ¿qué haces? — Gritó una de las rubias— ¡lo necesito, estúpido! —maten a Potter, lo mantendremos en secreto hasta que nos den a los mortífagos —dijo la otra. Lindja lanzó entonces un hechizo aturdidor a la primera, y cayó al suelo. — ¡no! —gritó Hermione y se lanzó de manera protectora sobre el cuerpo caído. —Yo misma lo mataré, en presencia de todos sus aliados —dijo circe— pero eso será en la mañana. Ahora estoy agotada. Recojan los cuerpos y llévenlos de vuelta al calabozo donde estaban. Lindja, Gjul y Nikola arrancaron a Hermione del cuerpo que intentaba proteger, pero ella ponía resistencia. Logró zafarse, ahogada en lágrimas y lanzarse de nuevo a proteger el cuerpo que yacía inconsciente en el suelo. Ron corrió a apartarla de los otros hechiceros y le propinó un puñetazo a Gjul que fue respondido con un Desmaius de Nikola. Harry permaneció tranquilo, sin saber qué hacer. —denme una varita. Yo misma acabaré con esta perra —habló circe y extendió su mano hacia Lindja. —A ver, madame —dijo a Hermione—, hagámoslo de la manera elegante. Nikola, tiéndele tu varita. Tendremos duelo. Aún con los ojos llenos de lágrimas, Hermione se incorporó. Después de algunos pucheros lanzó una mirada a Harry que captó inmediatamente. Hermione se acercó a circe y ambas levantaron las varitas. Hicieron una reverencia y caminaron cada una a su esquina. Luego se voltearon: —¡¡¡Expelliarmus!!! —gritó Hermione. —¡¡¡Desmaius!!! —gritó circe, pero los hechizos no chocaron en el aire ni golpearon a cada una: salieron en dirección a Lindja, Gjul y Nikola, que aún pasmados no salían de su asombro. Lindja y Nikola no poseían varitas, por lo que solo pudieron intentar parar los hechizos con las palmas de las manos. Nikola, por su parte, fue golpeado por una ráfaga plateada que salió de la varita de Harry. Fue entonces que se aclaró todo: La verdadera circe había sido derribada. Teddy había interpretado tan bien su papel que había logrado engañar, incluso, a los más cercanos seguidores de circe. todo ello fue posibilitado por el momento de ceguera que provocó Hermione, tiempo que aprovechó Teddy para ir al encuentro de circe. En cuanto a ella, cuando lograron voltearse se había hecho una neblina negra que había salido volando por una de las ventanas. Draco y ron permanecían todavía en el suelo. Hermione se acercó a su esposo, a examinarlo con cuidado. Harry, por su parte, se ocupaba de Malfoy. Teddy, mientras tanto, había adquirido su apariencia normal y se hallaba intentando encontrar las varitas de cada uno. — ¿qué está pasando? —dijo Hermione, palideciendo. Ron estaba teniendo movimientos violentos en el suelo, y grandes gotas de sudor plateado bajaban de su frente. —Hermione, tengo mucho sueño —dijo entonces Harry. Sentía que su temperatura empezaba a elevarse y los ojos se le cerraban. el mundo empezó a darle vueltas, y se sintió como cuando Voldemort penetraba en su mente. Un fuerte dolor de cabeza se apoderó también de Teddy, que estaba en el dormitorio de circe, frente a un baúl. Llevaba la varita que Lindja le diera. —Cistem aperio —dijo, y de la varita salió un débil haz de luz que no consiguió siquiera mover el baúl— Cistem aperio —repitió, con más fuerza. El baúl se sacudió violentamente y se abrió. Allí estaban las varitas de su padrino, ron, Hermione y la propia. Las tomó y las guardó en el interior de la túnica. Agitó su varita y les colocó un hechizo desilusionador, para ocultarlas. Entonces sintió que la garganta le apretaba, y el aire se le hizo irrespirable. Intentó agarrarse de un panel lleno de maquillajes que adornaba el espejo de la habitación de circe, pero solo consiguió halar unos cuantos pomos de polvo que cayeron de sus manos y explotaron, dejando una nube color piel. Detrás cayó él, con las manos en la garganta. Hermione cayó de espaldas, junto a ron. El pelirrojo seguía con fuertes convulsiones en el suelo. Entonces a Harry y sus compañeros comenzaron a zumbarles los oídos. Más tarde llegó hasta ellos una voz, que parecía salir de sus cabezas. Primero fue una risa estridente. Luego las palabras: —una vez más, he demostrado ser más lista que ustedes —resonó circe en sus cabezas— las cadenas a los que los amarré estaban envenenadas, además de tener un hechizo especial: absorbe su magia. Solo yo tengo la facultad de darles un antídoto. — ¡nunca! —gritó Harry. No temía a la muerte. Sin embargo, Hermione no respondió igual. Ron estaba allí tendido, empeorando a cada segundo. Ella quería ser valiente, pero también quería que ron viviera. Miró a Harry desde su posición, y éste comprendió. entonces comenzó a pensar: era cierto que Lily había dado su vida para salvarlo; pero ahora que era padre no solo entendía que un hijo era primero, sino que los hijos deben, además, estar bajo el cuidado de los padres. Él no había sido infeliz del todo, pero la ausencia de james y Lily hizo mella en su vida, hace mella en su vida. Creció sin nadie que lo quisiera, y una vez que comenzaron a entrar personas que lo amaban en su vida, fueron desapareciendo: primero Sirius, luego Dumbledore, detrás Dobby. Podía elegir dos caminos: ser un mártir y no acompañar a sus hijos, arrebatándose incluso la oportunidad de poder vencer a circe, o rendirse momentáneamente y vivir para derrotar a su enemiga. Flashazos de los amargos momentos que pasó alejado de Ginny, de cuando nació Albus Severus, de la cara de james cuando le dio su primera escoba… la expresión dulce de Lily luna cuando murió Crookshanks, y cómo ella lo enterró y cultivó violetas sobre su tumba. ¡Hasta los primeros pasos de Teddy pasaron ante sus ojos, como si estuviera en un pensadero! Nada de eso podía echar por la borda. Tenía que darse la oportunidad de ganar la batalla. —nos rendimos —dijo Harry y no vio nada más. 12 Despertar Harry se despertó por la agitación que sintió en la sala continua. era un ruido como de látigo que golpeaba contra un cuerpo. Látigo, gemido, látigo, grito de dolor…así era la secuencia de ruido que escuchaba, la que logró sacarlo de la tortura del veneno que le llenó de pesadillas durante más de 24 horas. Por la voz, Harry supuso que circe torturaba a uno de sus guardias; Dakerov, según pudo escuchar en varias ocasiones que lo mencionaron. Otra vez las cadenas lo amarraban, pero esta vez a su alrededor había una especie de halo dorado, como si estuvieran extrayéndole algún tipo de sustancia de su cuerpo. ¿Qué era exactamente lo que circe deseaba hacerles? ella había hablado de un rito, ¿de qué se trataba? Harry miró entonces a sus compañeros: ninguno de ellos tenía el mismo halo que él… ¿acaso solo necesitaba de sus cualidades la maniática de circe? Hermione comenzó a despertar y dio unas arqueadas, como si fuera a vomitar. luego respiró profundamente y levantó la mirada. Estaba demacrada, con bolsas debajo de los ojos y la piel extremadamente pálida. —Hermione —dijo Harry, alegre de que alguien despertara— ¿qué sucedió? —después que te desmayaste nos volvieron a encadenar y circe murmuró algo sobre mortífagos… luego nos dieron una asquerosa pócima, peor que la multijugos, y me desmayé también. a ron se la dieron antes, porque el veneno hacía mayor reacción en él…espera —se detuvo Hermione y miró a todos lados. — ¿dónde está ron? Harry examinó a su alrededor y vio que la cadena donde antes colgaba ahora estaba ocupada por Draco, que aún no despertaba. —Deben habérselo llevado para cuidarlo mejor —intentó tranquilizarla. Hermione comenzó a llorar. —Harry, incluso circe se puso furiosa al ver en qué estado estaba ron…—ella ahogó un sollozo— convirtió su varita en un látigo y golpeó a Lindja en el rostro. ¡Gritaba cosas en albano, algo se salió de control! No podía ser cierto, si ron fue expuesto a más cantidad de veneno que ellos, si no pudieron darle el antídoto a tiempo… —no te preocupes, circe siempre tiene todo previsto. Tal vez era solo para asustarnos. Además, por alguna razón nos tiene vivos, ¿no? ¡Nos necesita! Draco comenzó a respirar fuertemente, como despertando de una pesadilla, y Teddy se movió intranquilo, aun sin abrir los ojos. —Sabía que debí dejar que te pudrieras aquí, Potter —dijo Malfoy con su tono de desprecio en la voz. —qué bueno que está de vuelta con nosotros, Draco —dijo Harry sarcásticamente— trata de tocar a Teddy, tú estás más cerca, lo necesitamos despierto. Draco estiró su mano izquierda y logró hacer contacto con Teddy. El muchacho se movió bruscamente despertando de su sueño. — ¿qué sucedió? —preguntó y, brevemente, le relataron lo que había pasado. En ese instante entró circe, ataviada con un lujoso vestido negro que se arrastraba por el suelo. Llevaba los hombros descubiertos, permitiendo ver la fragilidad y delgadez de la muchacha, así como su juventud. Llevaba unos guantes negros adornados con un anillo acuñado por la insignia de Salazar Slytherin y el pelo se lo había ondeado por primera vez, lo que la hacía parecer más hermosa que de costumbre. Teddy no pudo evitar soltar un grito de asombro. —Gracias —dijo circe ante la exclamación del muchacho— parece que aún puedo impresionarte, Teddy. »He venido a tener mi última conversación con ustedes, donde les contaré algunas cosas muy importantes. Pueden preguntar, esta es su oportunidad de aclarar sus dudas respecto a mi persona. Tal vez mañana la luz del sol toque sus cuerpos fríos por la muerte, después que hayan admirado mi supremacía sobre todos los tipos de criaturas que existen, desde los elfos hasta los magos. —Muy bien —dijo Harry— ¿quién eres? Circe hizo una pausa en la que respiró y luego dijo: — ¿sabes que es la misma pregunta de toda la humanidad desde que surgió? incluso la bruja que habitaba en Delfos hizo que se pusiera una inscripción: “conócete a ti mismo”. »Pues te diré quién es circe: circe fue abandonada por sus padres, enviados a Azkaban cuando mi abuela los denunció como mortífagos. ya habían pasado tres años desde los sucesos con lord Voldemort y ellos habían logrado burlar todo tipo de pesquisa; pero mi abuela…bueno, ella era demasiado correcta y los denunció. »No quiero que le enseñen a mi nieta las artes oscuras’, dijo a los aurores. Ellos habían guardado sus varitas desde la última vez que el señor tenebroso les diera órdenes y se habían mezclado con los muggles, desaparecieron de las prioridades del ministerio. por tanto, mi abuela no tenía ningún derecho a denunciarlos. »No importó. Igual hallé entre sus cosas las maravillas que las artes oscuras pueden lograr. Mi padre y Regulus Black descubrieron que Voldemort era vulnerable, no inmortal como se autoproclamaba. Se percataron de que había una clase de magia muy oscura detrás de su apariencia y, con mucha investigación, llegaron hasta el misterio que esconden los Horrocruxes. »Todo ese legado, junto al diario que mi padre robó al señor oscuro en sus últimos días de pelea contra ti, así como la piedra de la resurrección que Teddy fue tan amable de regalarme como muestra de amor me condujeron a todo lo que ahora sé hacer. »La magia de la inconciencia, esa que me hace meterme a tus sueños y dominarte fue desarrollada por mi padre. No sé cómo llegó hasta el ministerio, porque reconozco que me sorprendió que supieras utilizarla, Harry Potter. Circe se refería a las navidades, cuando intentó secuestrar a Lily luna, y se encontró que había caído en una trampa muy bien pensada por Harry y sus amigos. — ¿cómo pudiste hacer tanta magia sin que te notáramos en el ministerio? —preguntó Hermione. —Fácil —respondió circe—. Yo no tengo el rastro sobre mí. Estuve un año sin asistir a Hogwarts porque caí muy enferma, y mi abuela decidió cuidarme por sí misma. Así que en lugar de 16, tengo 18, cumplo años en enero. Entré a sexto año con 17. »Pero ya basta de preguntas. Acaba de llegarme una lechuza del ministerio de magia inglés. En pocas palabras, ustedes, querido invitados, serán cambiados por mortífagos en la frontera con Grecia que tenemos acá cerca. »En diez minutos los vendré a buscar, sin trucos, para enseñarles algo. Circe se dio la vuelta y por más que Hermione le preguntó por ron, siguió su camino. En el tiempo acordado aparecieron allí Lindja y Gjul, que los desataron y los pusieron a caminar en fila en dirección a la sala del trono. Circe había dispuesto unos asientos extraños, como hechos de enredaderas espinosas, para que Harry, Draco, Hermione y Teddy se sentaran. Al colocar sus manos en los brazos de los asientos, las enredaderas los ataban al mueble. Circe se sentó el trono y chasqueó un dedo. —como les dije, no hay truco. Acá están mis guardias: Gjul, Lindja y Nikola. Allá arriba— señaló a un nivel más alto, donde estaba colgado Dakerov amordazado y gritando palabras ininteligibles— está el que falta. Ahora, lo que más me gusta de este salón del trono: ¡el suelo se mueve! Delante de ellos las losas del suelo comenzaron a retirarse, y dejaron salir una piedra rectangular a la que había un cuerpo amarrado y amordazado: el de ron. De los ojos del pelirrojo escaparon unas lágrimas de temor, y un temblor lo recorrió de pies a cabeza. Dakerov seguía gritando, inexplicablemente. Hermione intentó zafarse de las ataduras y Harry gritó algo a circe. —calma, pronto todos estarán reunidos —luego levantó su varita y, con un movimiento elegante gritó: — ¡avada kedavra! Un chorro de luz verde escapó de la punta de la varita de circe e iluminó el rostro de ron por milisegundos. Luego abrió los ojos como platos y su cabeza cayó, como si se hubiera quedado dormido. La vida había escapado de su cuerpo. 13 El final El cuerpo sin vida de ron se hundió en el suelo y salió de la vista de Harry, Hermione, Teddy y Draco. Hermione dejó escapar un grito de dolor, y se derrumbó a llorar. Harry se puso rojo, y el aire comenzó a faltarle; Teddy y Draco gritaron ofensas a circe, y ella movió su varita, dejándolos mudos. —ya basta de charla…son patéticos. Ahora asistirán a la ruptura del vínculo. ¡Lindja, el puñal! Lindja hizo una reverencia y se retiró de la sala del trono. Regresó a los pocos minutos con una caja forrada en terciopelo, de la que circe extrajo un puñal cristalino, que lanzaba reflejos de todos colores en varias direcciones. —este puñal de diamantes debe cortar el vínculo entre mi varita y yo. Para ello, debo haber, antes que todo, hecho un rito de varios días. »Lo he alimentado con la magia de ustedes, extraída por la luna y un poderoso hechizo que circulaba por las cadenas que los ataban. Les leeré las instrucciones, encontradas por el mismo Voldemort antes de embarcarse en el ataque de Hogwarts: La magia de almas unidas, Bebida por la madre luna A la sangre de un camarada Debes unir como nunca. Mata a un amigo de prisa, Espera que tu alma se fugue… Y cuando llegue el dolor De tu esencia fragmentada Habrás de poner tu vara Donde tenga más altura. Para obtener la ruptura Pronuncia luego el hechizo Blande el puñal rojizo Y corta el hilo fino. »Lindja, extiende tu brazo. Lindja extendió su brazo y circe le hizo un profundo corte. La sangre comenzó a emanar de su extremidad y ella bañó el puñal con el líquido. Luego, se llevó la mano al vientre y dijo: —la sensación de alma fragmentada está entre las más dulces… Entonces la hechicera elevó su varita por encima de su cabeza, hasta donde más alta estaba con su brazo estirado. —cuando asesinas a alguien, las varitas te rechazan por un momento. ¿Es acaso tan abominable quitarle la vida a otro ser? ese es el momento de romper con ella para siempre: siente que eres malvado, que no la mereces, que para eso no fue creada. ¡Ése es el tiempo de acabar con la unión! Circe pronunció luego un hechizo, y Harry, aún con lágrimas en los ojos, vio cómo salía una especie de cuerda luminosa de la varita y se enrollaba alrededor de su mano, como si fuera una serpiente. La de piel marmórea levantó entonces el puñal manchado de sangre y cortó el fino hilo que salía de la varita. Luego se derrumbó. Hubo una explosión de luz que la lanzó a unos metros y la varita se le escapó en otra dirección. En ese instante, el madero se consumió en una llamarada de un naranja muy intenso que los cegó a todos por un momento. Como estaban más cerca de la explosión, los guardias salieron disparados en direcciones opuestas y se golpearon contra una pared, quedando inconscientes momentáneamente. Las enredaderas que aprisionaban a Harry y sus compañeros, así como las cadenas que amarraban a Dakerov desaparecieron. Hermione se puso en pie rápidamente y corrió en dirección a circe. Algo tiraba de ella y no la dejaba avanzar: era Harry. — ¡ahora no Hermione! —le gritó. —ella lo mató, ella lo mató —repetía Hermione. —debemos buscar ayuda, tenemos que salir de aquí —gritó Draco. —supongo que si los hechizos de circe se revirtieron, podemos desaparecernos, ¿no? —dijo Teddy. —no tenemos varita —argumentó Harry. —tú no tendrás —dijo Teddy y retiró el hechizo desilusionador de las varitas dentro de su ropa. Les dio a cada cual la correspondiente y, tomados de las manos intentaron desaparecerse. — ¡yo no puedo! —gritó Hermione con un sollozo. ¡Ron se había ido! el padre de sus hijos, su compañero de Hogwarts, su amor de la guerra…el motivo de sus alegrías y tristezas durante la lucha contra Voldemort, el amigo, el amante…se lamentó de haber sido tan dura con la dieta, de gritarle por cosas sin importancia y, recordó, que siempre él respondía con una sonrisa, o le dejaba una tarjeta encima de la cama. ¿y la vez que por navidad trajo elfos domésticos para que comieran en casa? ¡Ése sí había sido un gesto romántico! — ¡tenemos que regresar a buscarlo! —dijo decidida. Harry entonces asintió y se propuso hacer la aparición, Hermione estaba muy desconcentrada. Justo cuando empezaron a sumirse en lo oscuro, Dakerov se agarró de la pierna de Teddy, y apareció junto a ellos en el bosque cerca de la frontera. Rápidamente, Teddy se puso en pie y apuntó con su varita a Dakerov. —Espera —dijo Hermione— ¿qué le sucede? Dakerov comenzó a dar arqueadas y un mechón de pelo rojo se asomó en su cabeza. Luego una barriga enorme comenzó a crecer en medio de su abdomen atlético, y un par de ojos conocidos asomaron en su mirada fría. La muchacha corrió a besarlo, dejando a todos desconcertados. Aún confundido, Harry empezó a comprenderlo todo: circe, según el hechizo, debía matar a un camarada. Por tanto, si tenía que matar a Dakerov, ¿por qué no disfrazarlo de ron para mostrar su poder? habían cambiado de lugar, por eso los gritos constantes del mago, por eso ron no había luchado contra la muerte: no era él. Harry sintió que le volvía el alma al cuerpo: su amigo desde el tren de Hogwarts, el que lo había acompañado en cada aventura, el que se equivocó y regresó para luchar a su lado, su cuñado, su hermano, había regresado. Y estaba contento. Al fin un poco de esperanza en medio de una lucha sin sentido. Sin decir una palabra todos siguieron su camino; pero hasta en Malfoy podía adivinarse una expresión de alegría. Cuando llegaron a la frontera, ya circe estaba allí. —Llegaron a tiempo para el intercambio —dijo complacida. Harry levantó la vista y, en los árboles divisó a Lindja, Gjul y Nikola apuntándole a Kingsley. El ministro traía una serie de personas encapuchadas, vestidas de manera harapienta. Eran, sin dudas, prisioneros de Azkaban. Lo raro era que además de Kingsley no había ningún auror allí. Harry, Hermione, ron, Draco y Teddy caminaron al lado donde estaba Kingsley, y los mortífagos, con las manos amarradas, junto a circe. Ella hizo buen gesto y cada amarre cayó al suelo. —bienvenidos, hermanos de Azkaban. Pueden quitarse las capuchas. Cada uno de los prisioneros levantó sus manos para dejar al descubierto el rostro. Harry hizo el ademán de levantar su varita, pero Kingsley lo detuvo, con una sonrisa. Los rostros que surgieron debajo de las capuchas no eran los que circe esperaba: Ginny, luna, Neville, George y angelina estaban ahí, como el viejo ejército de Dumbledore listos para atacar. Circe comenzó a mover sus manos y lanzar hechizos de un lado a otro, pero los recién llegados solo movían sus varitas sin esfuerzo, esquivándolos. Draco y ron se enfrentaron a Lindja y Gjul; Hermione a Nikola. —Por favor —dijo Harry— es mi momento. Yo venceré a circe. Los del E.D. se apartaron y Harry se paró delante de la hechicera. —no deben inmiscuirse, este es nuestro problema. —lo haremos a tu manera, Harry —dijo luna. Sin darle tiempo a pestañear, circe se convirtió en una nube de humo que derribó a Harry y clavó las uñas en su rostro, creando surcos sangrientos en sus mejillas. Él la empujó lejos de sí y gritó: —Expecto patronum!! Rápidamente el gigantesco ciervo de Harry se colocó delante del él, evitando las maldiciones que salían de circe. Harry se puso en pie y con su varita tocó suavemente al ciervo. el patronus comenzó a disolverse y rodeó la varita, tomando la forma de una espada plateada. — ¿qué haces? —preguntó asombrada circe. —para ser auror, debes ser muy bueno contra la magia oscura…para ser jefe del departamento de aurores debes ser el mejor. »Esto, circe, es un hechizo que yo mismo he creado. Tal como hiciera el príncipe mestizo yo tengo mis propias armas. ¡Expelliarmus! De la espada plateada salió un chorro de luz a tanta velocidad que circe solo atinó a poner sus manos como escudo. Salió disparada a varios metros y se golpeó contra un árbol. Adolorida, levantó sus brazos y los movió como si estuviera danzando. De la tierra salieron las raíces de los árboles y como brazos de pulpo cayeron sobre Harry, que, poniendo la espada por delante, los convirtió en polvo. — ¿qué es este tipo de magia? —gritó circe. —debes ser un iniciado, circe. Existe magia blanca que hace más cosas impresionantes que la magia oscura…la mayoría de nosotros aquí, somos de la orden del dragón. — ¿la orden del dragón? —sí, es una sucesora de la orden del fénix. Hemos estudiado de la magia blanca, partiendo de los textos antiguos. La ruptura del vínculo, circe, es solo un pequeño paso. No sabes nada del mundo… Mientras tanto, los del E.D. habían apresado a Lindja y Nikola, mientras ron se batía con Gjul. Los chorros de luz verde le rozaban el cabello al pelirrojo, y hábilmente los esquivaba. De pronto, Gjul le lanzó un hechizo que hizo aparecer arañas por todas partes y, para suerte de ron, Draco acabó con ellas. Finalmente, tanto Malfoy como ron se unieron y a la vez le lanzaron un potente hechizo aturdidor. Circe intentaba a toda costa matar a Harry. Él, sin mucho esfuerzo esquivaba cada uno de los hechizos macabros que le lanzaba la rubia. Harry entonces se desapareció, apareció detrás de circe y la atravesó con la espada de luz, de lado a lado. Circe cayó de rodillas, con la mirada perdida. Movió sus manos y nada sucedió, luego agarró a Harry por la pierna y le gritó: — ¡qué has hecho! —lo siento circe, pero no merecías la magia. Te he quitado tus poderes. ¡Llévensela! Los del E.D. la ataron, mientras ella, fuera de sí, daba gritos. La sed de poder la había vuelto loca. *** La asociación de magia albana hizo las paces con Inglaterra. Todos habían estado bajo los efectos de circe y su personalidad destructiva. Ella, por su parte sería llevada a juicio por los crímenes cometidos. El día de la vista pública en el juzgado, Harry presentaría como testigo. Se había preparado muy bien para denunciar los crímenes de la muchacha. Agradeció a Tina Grindewald por su ayuda y escribió lechuzas a varios periódicos que le pidieron entrevistas. El pasillo estaba lleno de gente del ministerio en espera de que comenzara el juicio. Ginny apareció, con una expresión de alegría desbordante. —Harry —dijo Kingsley asomándose desde dentro del juzgado— es el momento de que entres. Harry asintió y, justo antes de entrar a sentenciar a circe, Ginny le gritó: —es luna Lovegood… ¡ está embarazada! Espero que les haya gustado. Pronto se viene el libro siguiente
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