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¿Por qué ya no hay indígenas en Uruguay?

Info9/23/2013
En su libro “Con las armas en la mano: charrúas, guenoa-minuanos y guaraníes”, el historiador Diego Bracco presenta su tesis sobre la derrota definitiva de estos pueblos, que lucharon contra la colonia hasta el último aliento.


¿Por qué ya no hay indígenas en Uruguay?


El monumento recuerda la matanza de charrúas a orillas del arroyo Salsipuedes, afluente del Río Negro, el 11 de abril de 1831 por parte de tropas gubernamentales al mando de Fructuoso Rivera
Antes y después del episodio de Salsipuedes, la historia de los pueblos indígenas que vivieron en lo que hoy es Uruguay se vuelve borrosa. La empaña ese episodio trágico que, aunque sangriento, no fue la razón principal por la que charrúas, guenoa-minuanos y guaraníes fueron vencidos en su propia tierra. Ni siquiera lo fueron los cientos de indígenas muertos en las batallas contra la sociedad colonial o contra ellos mismos. De hecho, la derrota final fue el resultado de dos causas que diezmaron a estas poblaciones y que les impidieron recuperarse incluso fuera del campo de batalla: la falta de caballos para pelear y la falta de mujeres y niños, quienes caían en manos de los vencedores.



En un intento por contar un nuevo capítulo de la historia de estas tribus, el historiador y docente Diego Bracco escribió Con las armas en la mano: charrúas, guenoa-minuanos y guaraníes (Planeta), presentado este jueves en Montevideo. Hace un año, Bracco publicó Indígenas del Uruguay, la historia de las mismas poblaciones, pero contada para niños.



¿Por qué estos individuos, tan diestros en el medio rural, fueron vencidos?”, se pregunta el historiador Diego Bracco

De vuelta al tono más académico, el historiador ahonda esta vez en las razones que llevaron a la desaparición de los indígenas, a partir del primer contacto y del ataque que le costó la vida al español Juan Díaz de Solís. Para eso, Bracco analizó cuatro conflictos bélicos de gran peso, registrados en 1701, 1751, 1801, 1831.

El cuarto es Salsipuedes y está más que nada “a modo de epílogo”, contó el autor. “En Uruguay todo el mundo sabe sobre Salsipuedes pero cuando se le pregunta a la gente qué sabe sobre estos indígenas –qué sentían, cómo vivían, cómo se manejaban en su ecosistema–, lo normal es que solo se sepa esto”, dijo Bracco. Por eso, su interés no es contar la muerte, sino lo que estas poblaciones hicieron durante sus vidas.



Con las armas en la mano

Aunque en el libro se nombran las flechas, lanzas, boleadoras y armas de fuego, en el caso de los charrúas Bracco no pretendió hacer “un tratado de armas de la época”, aclaró. En cambio, el título hace referencia a la tenacidad de estos indígenas guerreros, que lucharon hasta el último momento sin querer rendirse incluso cuando resultaron vencidos. Según explicó el historiador, en los documentos de la época se reitera la expresión de que los indígenas murieron “con las armas en la mano”. Y aunque es una metáfora de la perseverancia, para Bracco, “en algunos casos debe haber sido verdad”.

Entonces, la pregunta que se hace el autor es: “¿Por qué estos individuos, tan diestros en el medio rural, fueron vencidos?”.

Analizando esas cuatro derrotas en concreto, la respuesta es obvia para Bracco. A los indígenas les faltó un elemento básico, el “control de caballadas”. No disponer de caballos al momento de la lucha fue la causa de la derrota puntual, aclara el historiador.

En cada combate, el importe no era tanto a cuántos mataban sino cuántas mujeres y niños caían en poder de los vencedores”, explicó Bracco

En la derrota global, que fue más bien un proceso, la razón “siempre presente” fue la imposibilidad de los guerreros de “mantener a resguardo a lo que en términos un poco fríos era su ‘potencial reproductivo’, es decir, a sus mujeres y niños”. Y agregó: “En cada combate, el importe no era tanto a cuántos mataban sino cuántas mujeres y niños caían en poder de los vencedores”. Ese sector de la población indígena pasaban a “engrosar demográficamente al vencedor”.

Las mujeres pasaban a formar parte de la sociedad colonial, donde se las dividía de modo que no pudieran verse entre ellas. Se iban de forma voluntaria o a la fuerza a las misiones jesuíticas al norte, a Buenos Aires o Montevideo, para no volver nunca más al medio indígena. “Una generación después, los hijos de esas mujeres ya no eran de los charrúas o guenoa-minuanos, sino del otro bando”, explicó Bracco. En tanto, los indígenas no podían reponerse.

Lo que no se cuenta

El autor contó que empleó tanto documentos ya publicados como inéditos, que incluyen el registro de una mujer cautiva por los charrúas y el diario de una misión de paz anterior a la guerra de 1801 que se creía perdido. Según contó el autor, este diario reapareció en el Archivo General de la Nación y “contiene, entre muchas cosas de interés, un diálogo de carácter metafísico entre enviados del virrey e ‘infieles’”.

Como se aclara en el libro, los colonos solían dar gran protagonismo a sus victorias y tendían a amplificarlas, una de las razones por las cuales los documentos deben ser tomados con pinzas, aunque sean bastante precisos.



Otra aclaración del autor es que este libro no significa que los “infieles”, como se llamaba a los indígenas en esa época, siempre perdían. “No todo fue violento durante ese lapso ni siempre los indígenas llevaron la peor parte”, escribió Bracco.

A veces es necesario tomar las piezas del puzzle de la historia y armar solo una parte de ella para conocer más de nuestro pasado como totalidad.
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