fue un pintor florentino. Notable polímata del Renacimiento italiano (a la vez anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista) nació en Vinci el 15 de abril de 1452 y falleció en Amboise el 2 de mayo de 1519, a los 67 años, acompañado de su fiel Francesco Melzi, a quien legó sus proyectos, diseños y pinturas.2 Tras pasar su infancia en su ciudad natal, Leonardo estudió con el célebre pintor florentino Andrea de Verrocchio. Sus primeros trabajos de importancia fueron creados en Milán al servicio del duque Ludovico Sforza. Trabajó a continuación en Roma, Bolonia y Venecia, y pasó los últimos años de su vida en Francia, por invitación del rey Francisco I.
Frecuentemente descrito como un arquetipo y símbolo del hombre del Renacimiento, genio universal, además de filósofo humanista cuya curiosidad infinita solo puede ser equiparable a su capacidad inventiva,3 Leonardo da Vinci es considerado como uno de los más grandes pintores de todos los tiempos y, probablemente, es la persona con el mayor número de talentos en múltiples disciplinas que jamás ha existido.4 Como ingeniero e inventor, Leonardo desarrolló ideas muy adelantadas a su tiempo, tales como el helicóptero, el carro de combate, el submarino y el automóvil. Muy pocos de sus proyectos llegaron a construirse (entre ellos la máquina para medir el límite elástico de un cable),Nota 2 puesto que la mayoría no eran realizables durante esa época.Nota 3 Como científico, Leonardo da Vinci hizo progresar mucho el conocimiento en las áreas de anatomía, la ingeniería civil, la óptica y la hidrodinámica.
Su asociación histórica más famosa es la pintura, siendo dos de sus obras más célebres, La Gioconda y La Última Cena, copiadas y parodiadas en varias ocasiones, al igual que su dibujo del Hombre de Vitruvio, que llegaría a ser retomado en numerosos trabajos derivados. No obstante, únicamente se conocen unas veinte de sus obras, debido principalmente a sus constantes (y a veces desastrosos) experimentos con nuevas técnicas y a su inconstancia crónica.Nota 4 Este reducido número de creaciones, junto con sus cuadernos que contienen dibujos, diagramas científicos y reflexiones sobre la naturaleza de la pintura, constituyen un legado para las sucesivas generaciones de artistas, llegando a ser igualado únicamente por Miguel Ángel.
Biografía
Nació el sábado 15 de abril de 1452 «en la tercera hora de la noche», es decir, tres horas después del Ave María: a las diez y media.6 No es seguro si su nacimiento tuvo lugar en el castillo de Vinci, ciudad a unos 25 km en línea recta de Florencia, o bien en la casa materna de Anchiano, una pedanía a unos dos kilómetros de Vinci.Nota 5 Leonardo era hijo ilegítimo: su padre dejó embarazada a una humilde joven de familia campesina llamada Caterina.7 8 Su padre, Messer Piero Fruosino di Antonio, fue notario, canciller y embajador de la República de Florencia. El propio Leonardo fue, por tanto, descendiente de una rica familia de nobles italianos. De su madre se dice que pudo ser una esclava de Oriente Medio.9
Leonardo, o Lionardo según su nombre de bautizo,6 fue bautizado y pasó sus cinco primeros años en la casa de su padre en Vinci,6 donde fue tratado como un hijo legítimo.10 Tuvo cinco madrinas y cinco padrinos, todos ellos habitantes del pueblo.6 En este lugar, Leonardo recibió instrucción, aprendió a leer y a escribir, y adquirió conocimientos de aritmética. Sin embargo, prácticamente no aprendió latín, base de la enseñanza tradicional. El hecho de que tuviese una ortografía caótica muestra que su instrucción no estuvo exenta de lagunas; en todo caso no fue la de un universitario.11
En aquella época, las convenciones modernas en los nombres de personas no se habían desarrollado todavía en Europa, por lo que únicamente las grandes familias hacían uso del apellido patronímico. La gente del pueblo solía ser designada por su nombre, al que se le adjuntan todo tipo de precisiones útiles: el nombre del padre, el lugar de origen, un apodo, el nombre del maestro en el caso de los artesanos, etc. Por consiguiente, el nombre del artista fue «Leonardo di ser Piero Da Vinci», cuyo significado es «Leonardo, hijo del maestro Piero De Vinci»; sin embargo, el término «Da» lleva una mayúscula para denotar que se trata de un apellido.6 El propio Leonardo firmaba simplemente sus obras como «Leonardo» o «Io, Leonardo» («Yo, Leonardo»), así que la mayoría de las autoridades atribuyen sus obras a «Leonardo» sin el «da Vinci». Es verosímil que se abstuviera de emplear el apellido de su padre porque era un hijo ilegítimo. «Vinci» proviene de «vinchi», denominación que reciben unas plantas similares a los juncos, que crecen en el entorno del arroyo Vincio y que eran utilizadas por los artesanos toscanos.6
En 1457, cuando Leonardo tenía cinco años, su madre se casó con Antonio di Piero Buti del Vacca da Vinci, un campesino de la localidad, con el que tuvo cinco hijos.6 Fue acogido entonces en la casa de la familia de su padre en el pueblo de Vinci. Entre tanto, el padre se había casado con una joven de dieciséis años proveniente de una familia rica de Florencia, Albiera degli Amadori.6 Ésta, al no tener hijos, volcó su afecto en Leonardo, pero murió siendo muy joven debido a complicaciones de parto, en 1464.6 Aunque era considerado plenamente desde su nacimiento como hijo de su padre, Leonardo nunca fue reconocido formalmente como un hijo legítimo. Su padre se casó hasta cuatro veces, dándole diez hermanos y dos hermanas menores legítimos.6 De estas relaciones, el pequeño Leonardo tuvo un muy buen vínculo con la última mujer de su padre, Lucrezia Guglielmo Cortigiani, afecto que se evidencia en una nota en donde se dirige a ella como «querida y dulce madre».
Su abuela paterna, Lucia di ser Piero di Zoso, una ceramista próxima a Leonardo, fue probablemente la persona que le inició en las artes.6 Un conocido presagio refiere que un milano venido del cielo había hecho un vuelo estacionario sobre su cuna, tocando su cara con la cola.12 13 Giorgio Vasari, biógrafo del siglo XVI de los pintores del Renacimiento, cuenta en Le Vite (1568), la historia de un campesino local que pidió a ser PieroNota 6 que su talentoso hijo le pintara una imagen sobre una placa. Leonardo pintó entonces una representación de un dragón escupiendo fuego, tan bien realizada que ser Piero la vendió a un mercader de arte florentino, quien a su vez la revendió al duque de Milán. Tras haberse así beneficiado con la venta, ser Piero compró una placa decorada con un corazón atravesado por una flecha, la cual entregó al campesino.
SU AUTORETRATO
LA MONALISA
La Monalisa es el retrato que más literatura ha generado a lo largo de toda la historia del arte; ha dado origen a cuentos, novelas, poemas y hasta óperas. Fue una obra famosa desde el momento de su creación; el joven Rafael bebió en ella. Su sonrisa ha hecho correr ríos de tinta. Se ha visto en ella crueldad y se le ha considerado la sonrisa despiadada de la mujer que esclaviza al hombre. Otros se han sentido deslumbrados por su encanto, por su dulzura. Para Walter Pater simboliza el «espíritu moderno con todos sus rasgos patógenos».11 Existe también una explicación más prosaica, fundada en las propias anotaciones de Leonardo: el maestro hizo aflorar esa expresión a su modelo con el tañido del laúd.28 Citemos a Vasari: «Monalisa era muy bella y Leonardo, mientras pintaba, procuraba que siempre hubiese alguien cantando, tocando algún instrumento o bromeando. De esta manera, la modelo se mantenía de buen humor y no adoptaba un aspecto triste, fatigado
¿FUE LEONARDO DA VINCCI UN EXTRATERRESTRE?
A casi 500 años de su muerte, Leonardo Da Vinci, el más grande genio universal del Renacimiento sigue siendo un personaje misterioso, enigmático, fascinante y parcialmente conocido; a tal extremo que millones de personas no sólo continúan intentando desentrañar los enigmas de su gran obra científica y artística, donde se perciben mensajes inexplicables, claves religiosas gnósticas y pistas de una inmensa sabiduría esotérica, de gran interés no sólo para los amantes del arte sino también para los analistas e investigadores de las teorías místicas, sino que siguen investigando sobre su verdadera naturaleza, a fin de determinar si realmente fue un ser humano o se trató de un ser venido de otras galaxias, ya que, aún hoy día, se le sigue considerando como la persona más inteligente, más creativa y la más avanzada en conocimientos científicos y artísticos. Leonardo Da Vinci es conocido a nivel mundial por dos de sus grandes obras maestras. La primera, La última cena, se conserva en Italia en un monasterio de Milano, y, La Gioconda (también conocido como La Mona Lisa), se exhibe en el Museo del Louvre, en París. Sin embargo, lo que le convierte en un ser único en conocimientos y destrezas es algo completamente distinto, pues él fue ante todo una persona multifacética que llegó a desempeñar a la perfección 25 profesiones y oficios, y se adelantó tanto en diversos campos del saber, que incluso se llegó a considerar como imposible que fuese un ser humano. Fue tan avanzado en conocimientos que hace muy poco se redescubrió, casi por casualidad, una genial obra maestra suya: ¡el boceto de una bicicleta!; una bicicleta con pedales, con piñón y cadena; en la que, por primera vez en la historia, se suponía que el hombre era capaz de trasladarse montado sobre dos ruedas. Con ello, en pleno siglo XV, había saltado por encima de los estadios intermedios de la draisina y del velocípedo de rueda alta. De igual modo, se saltó siglos enteros al inventar eslabones de cadena semejantes a los de las motocicletas y un vehículo impulsado por dos grupos de resortes. Mientras uno de los resortes trabajaba, el otro se enrollaba, rindiendo de forma continuada y alternante. Es decir, ¡inventó el primer automóvil de la historia! En otro de sus experimentos, Leonardo se adelantó 300 años a su época, dibujando un émbolo que, impulsado por vapor, se movía en un cilindro. Se trataba de la primera máquina a vapor, mucho antes de que la inventara James Watt.
Maravillado por su extraordinaria genialidad y grandes obras artísticas y científicas, uno de sus biógrafos afirmó: “Leonardo da Vinci es el genio más universal del Renacimiento y, quizás, de todos los tiempos. ¿Es posible que este hombre estuviera bajo la influencia de poderes que no procedían de su época o de nuestro mundo, poderes que reaparecen una y otra vez en la historia de la humanidad? ¿O acaso pertenecía él mismo a esos poderes? Lo cierto es que ya en el siglo XV, época de transición entre la Edad Media y el Renacimiento, caracterizada por la caza de brujas, este genio lanzó una serie de ideas que fueron y siguen siendo de capital importancia para la humanidad. Pero, ¿De dónde provenían sus descollantes conocimientos si nunca asistió a una universidad? Según diversos autores, estudiosos de su vida, “sus avanzados conocimientos le venían de vidas anteriores enmarcadas con una notoria tendencia hacia las bellas artes, la cual comenzó a manifestar desde temprano en su juventud, acompañada por una habilidad natural para expresar los sueños de su alma y su consciencia en la música, siendo reconocido como uno de los más excelsos improvisadores en los círculos musicales de su localidad. Mostraba gran habilidad en el dibujo y en el diseño, expresando sus pensamientos en rasgos rápidos y seguros, a la vez que su genialidad era acompañada por un deseo insaciable del conocimiento extraordinario, que en ese entonces se consideraba arcano y secreto. Por esta razón, su interés por profundizar en los temas arcanos, se apartaba un poco de los temas correspondientes a sus cursos de estudio, motivo por lo que mucho antes de que se dedicara seriamente al desarrollo de su talento artístico, ya estaba absorto en las ciencias naturales, y, especialmente, en las leyes naturales y espirituales”. En aquel tiempo, en los años que realizó la mayoría de sus manuscritos, el común de la gente consideraba que la Tierra era plana, y solamente unos pocos profundos pensadores (líderes de escuelas secretas), mantenían diferente opinión”. Vale recordar que treinta años antes de que Copérnico diera a conocer su teoría de que la Tierra era redonda, ya Da Vinci lo había sostenido, al igual que sostuvo muchas otras sorprendentes teorías en relación con el Sol, la Luna y los planetas. Por ejemplo, en uno de sus manuscritos se lee: "II solo non si muove" (El Sol no se mueve). Por estas razones, en su época se consideraba que en su vida todo se salía de la lógica. Prueba de ello es que en uno de sus diarios se encuentra una narración que por cierto es la única que hace referencia a su niñez: “Entre mis primeros recuerdos, cuando casi todavía estaba en la cuna, se me apareció un punto negro que se fue haciendo cada vez más grande y luego se me iba acercando. Era una especie de gigantesca ave que, con las alas extendidas, planeaba sobre mi y me ocultaba el Sol”. Sus biógrafos cuentan que este sueño generó en Leonardo una obsesión de poder llegar a volar algún día, por lo que tuvo siempre la inquebrantable convicción de que lo lograría. Ahora, volvamos al sueño: ¿Qué era aquella ave? En antiguas leyendas, tradiciones e incluso en La Biblia, aparecen relatos muy parecidos, traducidos en historias en las que los extraterrestres transmitían sus conocimientos a los seres humanos. En este sentido, parece que dicho sueño se hizo realidad, pues, tiempo después, el mismo Leonardo escribía: “Se alzará en vuelo el enorme pájaro del dorso del gigantesco cisne, llenando de asombro el universo y de fama todos los escritos. ¡Eterno esplendor al lugar que le dio a luz!”. El entendido sabe a qué hacía referencia Da Vinci con su planteamiento escrito.
En las proximidades de la ciudad de Fiesole, en la Toscana, Italia, se alza una colina de unos 400 metros de altitud, conocida como “El dorso del cisne”. ¿Fue allí desde donde el gran Leonardo llevó a cabo su vuelo? Llama la atención que todavía hoy en día se relaciona “El dorso del cisne” con una leyenda que cuenta que desde allí se alzó en vuelo un enorme pájaro, hasta alcanzar alturas cada vez mayores, desapareciendo, como si el cielo se lo hubiese tragado. En “Geschichte der Technik” (Historia de la Técnica), leemos, refiriéndose a Leonardo: “Su diario, donde por regla general anota incluso las observaciones más triviales, guarda silencio y nunca más encontramos en las anotaciones otra referencia al vuelo de una enorme ave. ¿Acaso cayó a tierra? ¿Acaso no llegó a efectuarse el vuelo? ¿O bien lo logró?” Uno de sus más sorprendentes bocetos muestra un cohete. En este caso un cohete puede explicar muchas cosas. Hay que tomar en cuenta también que a lo largo de su vida Da Vinci intentó convertirse en un ser capaz de volar. Sus estudios sobre los movimientos de vuelo de las aves son muy conocidos e incluso llegó a dibujar tales movimientos como sólo pudo hacerse años después cuando se llegó hasta la invención de la cámara lenta. De esos estudios son sus famosos globos de delgado papel encerado que llenó de aire e hizo volar en homenaje al Papa León X. Increíblemente, esos dibujos se parecen mucho al planeador sin motor, de nuestros días. También inventó sistemas de propulsión provistos de alas, que intentaba poner en funcionamiento con brazos y pies, y con pedales y manivelas. Redactó las leyes del despegue contra el viento, conocía las causas de la entrada en barrena y las volteretas y llegó a construir maquetas que explicaban el vuelo planeado. ¿Quién fue realmente da Vinci? ¿Tuvo contacto con seres extraterrestres que le trasmitieron esos avanzados conocimientos, como antaño sucediera con los profetas bíblicos, a quienes confirieron nuevos conocimientos a fin de beneficiar a la humanidad? ¿O fue el mismo un ser extraterrestre que vino a la Tierra a enseñarnos sus avanzados conocimientos? Sería esta la razón que hizo posible que anticipándose 30 años a Newton escribió: “Todo punto de masa inalterado se mueve de forma uniforme y en línea recta. Nada puede moverse por sí mismo, pues el movimiento es producido por otra cosa. Esta otra cosa es la fuerza”. Insólitamente así describía la ley de la inercia mucho antes que Newton. De igual manera y sin que todavía se hubiesen descubierto o formulado otras leyes físicas aún vigentes en nuestros días, fueron descritas por él, porque su talento no conoció límites. De allí que fue y sigue siendo considerado como una de las mentes más grandes del Renacimiento (arquitecto, ingeniero, inventor, pintor, diseñador, escultor, escritor, biólogo, pensador, observador de la naturaleza, geómetra, modisto, cartógrafo, creador de juegos de salón y de útiles de cocina, fundidor, urbanista, físico, anatomista, músico, arquitecto, botánico, filósofo, artesano, cocinero, humorista y creador de acertijos y de juegos de palabras).
En los anales de la historia de la humanidad no se conoce otro caso como el de este genio universal. La lista de sus inventos, diseños y bocetos es interminable. Uno de ellos, aún motivo de asombro para los técnicos de la aviación de nuestros días: una hélice que funciona según el principio del helicóptero y que, puesta a prueba, incluso fue capaz de superar la fuerza de la gravedad. En su época, también inventó y probó un paracaídas en forma de pirámide; la primera rueda volante de la historia de la técnica; una bomba centrífuga con tren de laminado; las primeras correas de transmisión; gigantescas grúas y modernos tornos de hilar; prensas automáticas de imprenta; poleas; tornos; dragas; sierras; una máquina de picado de limas, que oficialmente no fue inventada hasta 200 años más tarde; máquinas con manivelas y ruedas dentadas; la mecanización del telar (la primera producción masiva); máquinas con ejes y discos de levas y trinquetes de parada automáticos; el fotómetro para el cálculo de la luminosidad (redescubierto 300 años después por Benjamin Rumford). También descubrió la refracción de la luz y experimentó con la “cámara oscura”. En 1485 desarrolló un vehículo cerrado, propulsado por medio de manivelas, provisto de tres hileras de retrocarga que permitían disparar casi ininterrumpidamente desde el vehículo. Entre sus numerosos inventos relativos al campo militar se encuentran también fusiles de cartuchos, granadas de mano y obuses disparados por vapor. Incluso describe bombas de gas y un medio para evitar sus efectos: ¡una máscara antigas! Más erudito que filósofo, pocas cosas escaparon a ser estudiadas por su prodigiosa mente. Como geólogo percibió que había una historia de la Tierra que demostraba que el exterior del globo no se formó de un solo golpe y, guiado por la hidráulica, percibió la función del agua. En botánica formuló las leyes de la alternación de hojas y la de la atracción solar. Como anatomista disecó cuerpos humanos, creó dibujos sobre la inserción de los músculos y sus movimientos, que por su precisión, son aún admirados por los especialistas de nuestros días. Da Vinci también inventó las primeras teorías acerca de los movimientos musculares de las válvulas cardiacas. En embriología asentó las bases de la anatomía comparativa. En mecánica estudió y entendió la energía del vapor y la utilizó como un agente de propulsión. Inició los principios de la aviación. Diseñó formas de paracaídas y globos de aire caliente. Realizó más de 7.000 diseños técnicos con detalladas descripciones de los mismos. Entre esos dibujos se encuentra “un invencible carro de combate, que armado de cañones puede atravesar las líneas enemigas”. Tal descripción del mismo Da Vinci hace pensar automáticamente en un tanque de guerra actual. Como ingeniero e inventor desarrolló ideas muy adelantadas a su tiempo, tales como el helicóptero, el carro de combate, el submarino, el automóvil, la ametralladora, el cañón, el tanque de guerra, la draga, el traje de buzo, el puente plegable, el planeador alado, el tornillo aéreo, la ciudad ideal, el vehículo autopropulsado y otros. Como científico contribuyó al avance y progreso del conocimiento en las áreas de anatomía, ingeniería civil, en la óptica y en la hidrodinámica. Aprendió y revolucionó las bases o fundamentos de la química, la metalurgia, el trabajo del cuero y del yeso, de la mecánica y de la carpintería, así como de diversas técnicas artísticas como el dibujo, la pintura y la escultura sobre mármol y bronce. Su extraordinaria capacidad e inteligencia le permitieron traspasar los umbrales de la inmortalidad. Más, su insatisfacción y perfeccionismo le impidieron dejar concluidas muchas obras que comenzó. Su inteligencia sobrepasó los límites de la comprensión humana. Sus dotes de visionario eran asombrosas. Aun así, su obra fue casi desconocida por sus contemporáneos. Estudió la circulación sanguínea y el funcionamiento del ojo. Realizó descubrimientos en meteorología y geología, conoció el efecto de la Luna sobre las mareas y anticipó las concepciones modernas sobre la formación de los continentes. Fue uno de los inventores de la hidráulica; su programa para la canalización de los ríos todavía posee valor práctico. Inventó aparatos ingeniosos como un traje de buzo y máquinas voladoras, estableciendo principios de aerodinámica.
Precursor de Bacon y de Galileo, inventó las ciencias positivas, anticipó la teoría de la gravedad doscientos años antes de que se formulara. “Los límites de la realidad los pone el hombre mismo. Las fronteras están dentro de la mente. Nuestros conocimientos tienen su origen en nuestras percepciones". Su obra está contenida en los períodos florentino, milanés y nómada. Gustaba de guardarla bajo el secreto de prácticas deliberadamente cabalísticas de las que hizo uso para ocultar su disertación. En una ocasión escribió: “El Sol es un cuerpo ígneo que se mueve en torno a su propio eje, y dado que posee todas sus cualidades por sí mismo, es capaz de regenerar también su fuerza.” 500 años atrás tal aseveración era asombrosamente increíble. Entonces, ¿De dónde sacó Da Vinci esos conocimientos? Porque también dijo: “Un peso cae por el camino más directo en dirección al centro de La Tierra.” ¿Cómo sabía que nuestro planeta poseía un centro? ¿De dónde sacó el conocimiento que dicho planteamiento llevaba implícito, es decir, que la Tierra era redonda? ¿Acaso la había contemplado desde el espacio exterior? Si fue así, indudablemente tuvo que ser desde un OVNI, pues, para aquella remota época ni siquiera pasaba por la mente de ningún ser humano que siglos después existiría una cosa llamada avión y, menos, otra llamada nave interplanetaria. Recordemos nuestros astronautas actuales y las sondas espaciales lanzadas hacia la Luna y los planetas de nuestro sistema solar y comparemos las informaciones que nos transmiten con las palabras de Leonardo: “Las estrellas alejadas aparecen pequeñas a la vista, pero sin embargo son más grandes que nuestra Tierra”. Leamos ahora lo dicho por Da Vinci: “La Tierra es un astro, tal como La Luna. Para quien la contempla desde lejos, luce como una estrella”. Mas, todavía nos planteaba otro gran enigma respecto a su verdadera naturaleza y origen cuando escribió: “Léeme lector si mi lectura te agrada, porque en contadas ocasiones retorno a este mundo”. Leonardo fue un gran hermetista. Todas sus obras están impregnadas de ello. Desde temprano inició su formación en las ciencias místicas, en una de las escuelas secretas de la Hermandad Rosacruz. Su primer contacto con los Rosacruces fue en Florencia. Años después haría varios viajes a un monasterio que se supone situado en lo que es hoy Amalfi y allí entró en contacto con una de las escuelas secretas de los místicos Rosacruces. Fue miembro de la Orden del Creciente, creada por René d´Anjou, uno de sus mejores amigos y antiguo Gran Maestro del Priorato. En ese tiempo fue iniciado en las artes y los misterios y gradualmente fue preparado para usar sus manuscritos y sus laboratorios. Así comenzaron sus experimentos, que el reseñó en manuscritos que ahora pueden apreciarse como los maravillosos escritos secretos de un Gran Maestro. Otros autores lo definen como un masón oculto tras bastidores del arte. Hay que recordar que en ese tiempo las sociedades secretas estaban proscritas y perseguidas por la inquisición; por ello, su profundo conocimiento y convicciones esotéricas fueron plasmadas ocultas bajo códigos y simbolismos en sus obras. He allí la clave de sus enigmas. Su formación gnóstica, metafísica, rosacruciana y masónica formaron parte de ese cúmulo de misterios que encierran sus grandes obras. Durante varias centurias el misterio de su vida permaneció desconocido salvaguardado en los archivos de la Orden Rosacruz. No obstante, ha venido saliendo poco a poco a la luz y el mundo ha ido conociendo lo que es un claro ejemplo del desarrollo heredado y adquirido. Otro de sus misterios fue su manera de escribir. Aunque zurdo, extrañamente, escribía de derecha a izquierda, por lo que para poder leer sus escritos es necesario utilizar un espejo.
Aunque murió hace siglos, Da Vinci sigue siendo un hombre del futuro y el genio autodidacta más avanzado de todos los tiempos. Él buscó afanosamente el conocimiento en las artes, las ciencias físicas, la técnica, la filosofía y en las ciencias naturales, convencido de que el saber no ocupa lugar. Tuvo conciencia de lo perecedero hasta lo aparentemente durable y supo que todo lo que existe luego desaparece. “Lo que ocurre ahora ocurre todo el tiempo”. De su faceta esotérica, aunque no muy conocida, emana toda su obra. Su conocimiento sobre lo oculto se refleja en su pintura y en sus escritos plagados de pensamientos y observaciones que revelan su profundo saber sobre los enigmas de la existencia. Tuvo estrecho contacto con lo que está más allá de los niveles ordinarios de percepción. ¿Acaso con seres de otros mundos? Este gran espíritu de Luz murió en Cloux, cerca de Amboise, Francia, el 2 de mayo de 1519. Nunca le interesó la gloria, ni las riquezas, ni el reconocimiento. Dos años antes de morir, se instaló cerca de Amboise, en El Valle del Loira, ocupándose de poner en orden sus manuscritos, en dibujar visiones cósmicas y en recrear amorosamente, pincelada a pincelada, su cuadro más amado: La Gioconda, que junto con el de San Juan, fueron los únicos que conservó. Su legado no es sólo el patrimonio artístico que dejó para la humanidad. El verdadero va más allá. Incomprendido en su época, revolucionó conceptos artísticos, científicos, religiosos y políticos. Fue un atrevido cuando predominaban los conceptos de una religión medieval que no entendía al hombre bajo el nuevo prisma del renacimiento y que todo lo que se saliera del dogma establecido era considerado sacrílego o herético, porque la ciencia estaba muy limitada y totalmente subordinada a los conceptos religiosos. Leonardo se atrevió desarrollando numerosos proyectos, e, incluso, poniendo en riesgo su vida.
Fue un personaje único de talla excepcional. Percibió una fuerza invisible en el individuo, especialmente, sus enigmas, en los que surge una lucha entre la energía del espíritu y la inercia de la materia inanimada y cuando esa lucha entre la vida y la muerte alcanza a terminar con la primera, la muerte es superada por una nueva existencia: la lucha misma que se sobrepone, silenciosa, a la vida y a la muerte. Como espíritu de Luz que fue avatar también en otros mundos, además de un dotado médium, dejó para el bien de la humanidad muchas ideas avanzadas. “La Tierra no fue en tiempos pasados, como es ahora y llegará un día en que concluirá. El aire se tornará cada vez más denso y sin humedad, los ríos no tendrán más agua y sobre la Tierra se extinguirá toda vegetación, mientras que los animales morirán de hambre. Cuando todo se vuelva árido, todo desaparecerá por obra del fuego. La superficie terráquea se transformará en cenizas, y de ese modo será el fin del mundo”.
Sus predicciones se remitían a su visión del presente, pasado y futuro. Refiriéndose a la nada la distinguió del vacío, diciendo: “El vacío es indivisible hasta lo infinito. La nada en cambio no puede ser dividida, ya que no puede ser menos que nada”. Sin duda, fue un hombre que despertó cuando los demás seguían durmiendo el sueño de las tinieblas.
¿Acaso quiso retornar al origen de su creación, su saber y su pensamiento? No se sabe si logró alcanzar el objetivo de su vida. Resignado en parte, escribió unas palabras, que con diáfana claridad remiten a su procedencia: “Quien está ligado a una estrella no puede volver atrás”. ¿Regresar de la Tierra? ¿Regresar hacia dónde…? En abril de 1519 Leonardo enfermó por lo que decidió redactar su testamento. Pidió un sacerdote para confesarse y recibir la extremaunción. Murió el 2 de mayo de 1519, en Cloux, a la edad de 67 años. Francesco Melzi, su discípulo más apreciado, heredó sus libros y sus pinceles. Según su última voluntad, 60 mendigos acompañaron su ataúd hasta su morada final. Unos trece mil documentos suyos se conservan en el archivo de El Vaticano. Su testamento, así como su pensamiento profundo, quedó registrado en el Codex Atlanticus, donde al tratar sobre la muerte y la vida futura Leonardo explica: “…El hombre que con alegría espera el nuevo verano y luego meses y años, no se da cuenta en absoluto de que está esperando su propia muerte. Sin embargo, eso es la quintaesencia, el espíritu de los elementos encerrados por el alma en el cuerpo humano que ansían volver al lugar de donde salieron”.
Vale señalar que quizás el último de los misterios de Leonardo es la insólita petición de un grupo de científicos italianos que ha solicitado permiso a las autoridades francesas para abrir su tumba, “a fin encontrar su cráneo y poder hacer una reconstrucción de su rostro. El objetivo: comparar dicha reconstrucción con el retrato de la Mona Lisa para comprobar si se trata en realidad de un autorretrato del propio pintor vestido de mujer”. Tal teoría es obra de Lilliam Schwartz, una experta norteamericana en Da Vinci quien ha venido trabajando en comparaciones de sus autorretratos utilizando sofisticadas computadoras. Lillian está convencida de que la Mona Lisa no es sino Leonardo vestido de mujer. El caso es que él está enterrado en la capilla de Saint Hubert en el Castillo Real de Amboise, en Francia, a donde fueron trasladados sus restos en 1874 procedentes de una iglesia destruida durante la Revolución Francesa.
En cualquier caso tampoco es seguro que esté allí, tal y como reza la inscripción de su tumba: “Aquí se cree que reposan los restos de Leonardo da Vinci”. Increíblemente, hasta después de su muerte Leonardo Da Vinci sigue siendo un ser insólitamente original y enigmático… ¡La mayor prueba de ello es la inscripción que puede leerse en la pared arriba de su propia tumba!
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Frecuentemente descrito como un arquetipo y símbolo del hombre del Renacimiento, genio universal, además de filósofo humanista cuya curiosidad infinita solo puede ser equiparable a su capacidad inventiva,3 Leonardo da Vinci es considerado como uno de los más grandes pintores de todos los tiempos y, probablemente, es la persona con el mayor número de talentos en múltiples disciplinas que jamás ha existido.4 Como ingeniero e inventor, Leonardo desarrolló ideas muy adelantadas a su tiempo, tales como el helicóptero, el carro de combate, el submarino y el automóvil. Muy pocos de sus proyectos llegaron a construirse (entre ellos la máquina para medir el límite elástico de un cable),Nota 2 puesto que la mayoría no eran realizables durante esa época.Nota 3 Como científico, Leonardo da Vinci hizo progresar mucho el conocimiento en las áreas de anatomía, la ingeniería civil, la óptica y la hidrodinámica.
Su asociación histórica más famosa es la pintura, siendo dos de sus obras más célebres, La Gioconda y La Última Cena, copiadas y parodiadas en varias ocasiones, al igual que su dibujo del Hombre de Vitruvio, que llegaría a ser retomado en numerosos trabajos derivados. No obstante, únicamente se conocen unas veinte de sus obras, debido principalmente a sus constantes (y a veces desastrosos) experimentos con nuevas técnicas y a su inconstancia crónica.Nota 4 Este reducido número de creaciones, junto con sus cuadernos que contienen dibujos, diagramas científicos y reflexiones sobre la naturaleza de la pintura, constituyen un legado para las sucesivas generaciones de artistas, llegando a ser igualado únicamente por Miguel Ángel.
Biografía
Nació el sábado 15 de abril de 1452 «en la tercera hora de la noche», es decir, tres horas después del Ave María: a las diez y media.6 No es seguro si su nacimiento tuvo lugar en el castillo de Vinci, ciudad a unos 25 km en línea recta de Florencia, o bien en la casa materna de Anchiano, una pedanía a unos dos kilómetros de Vinci.Nota 5 Leonardo era hijo ilegítimo: su padre dejó embarazada a una humilde joven de familia campesina llamada Caterina.7 8 Su padre, Messer Piero Fruosino di Antonio, fue notario, canciller y embajador de la República de Florencia. El propio Leonardo fue, por tanto, descendiente de una rica familia de nobles italianos. De su madre se dice que pudo ser una esclava de Oriente Medio.9
Leonardo, o Lionardo según su nombre de bautizo,6 fue bautizado y pasó sus cinco primeros años en la casa de su padre en Vinci,6 donde fue tratado como un hijo legítimo.10 Tuvo cinco madrinas y cinco padrinos, todos ellos habitantes del pueblo.6 En este lugar, Leonardo recibió instrucción, aprendió a leer y a escribir, y adquirió conocimientos de aritmética. Sin embargo, prácticamente no aprendió latín, base de la enseñanza tradicional. El hecho de que tuviese una ortografía caótica muestra que su instrucción no estuvo exenta de lagunas; en todo caso no fue la de un universitario.11
En aquella época, las convenciones modernas en los nombres de personas no se habían desarrollado todavía en Europa, por lo que únicamente las grandes familias hacían uso del apellido patronímico. La gente del pueblo solía ser designada por su nombre, al que se le adjuntan todo tipo de precisiones útiles: el nombre del padre, el lugar de origen, un apodo, el nombre del maestro en el caso de los artesanos, etc. Por consiguiente, el nombre del artista fue «Leonardo di ser Piero Da Vinci», cuyo significado es «Leonardo, hijo del maestro Piero De Vinci»; sin embargo, el término «Da» lleva una mayúscula para denotar que se trata de un apellido.6 El propio Leonardo firmaba simplemente sus obras como «Leonardo» o «Io, Leonardo» («Yo, Leonardo»), así que la mayoría de las autoridades atribuyen sus obras a «Leonardo» sin el «da Vinci». Es verosímil que se abstuviera de emplear el apellido de su padre porque era un hijo ilegítimo. «Vinci» proviene de «vinchi», denominación que reciben unas plantas similares a los juncos, que crecen en el entorno del arroyo Vincio y que eran utilizadas por los artesanos toscanos.6
En 1457, cuando Leonardo tenía cinco años, su madre se casó con Antonio di Piero Buti del Vacca da Vinci, un campesino de la localidad, con el que tuvo cinco hijos.6 Fue acogido entonces en la casa de la familia de su padre en el pueblo de Vinci. Entre tanto, el padre se había casado con una joven de dieciséis años proveniente de una familia rica de Florencia, Albiera degli Amadori.6 Ésta, al no tener hijos, volcó su afecto en Leonardo, pero murió siendo muy joven debido a complicaciones de parto, en 1464.6 Aunque era considerado plenamente desde su nacimiento como hijo de su padre, Leonardo nunca fue reconocido formalmente como un hijo legítimo. Su padre se casó hasta cuatro veces, dándole diez hermanos y dos hermanas menores legítimos.6 De estas relaciones, el pequeño Leonardo tuvo un muy buen vínculo con la última mujer de su padre, Lucrezia Guglielmo Cortigiani, afecto que se evidencia en una nota en donde se dirige a ella como «querida y dulce madre».
Su abuela paterna, Lucia di ser Piero di Zoso, una ceramista próxima a Leonardo, fue probablemente la persona que le inició en las artes.6 Un conocido presagio refiere que un milano venido del cielo había hecho un vuelo estacionario sobre su cuna, tocando su cara con la cola.12 13 Giorgio Vasari, biógrafo del siglo XVI de los pintores del Renacimiento, cuenta en Le Vite (1568), la historia de un campesino local que pidió a ser PieroNota 6 que su talentoso hijo le pintara una imagen sobre una placa. Leonardo pintó entonces una representación de un dragón escupiendo fuego, tan bien realizada que ser Piero la vendió a un mercader de arte florentino, quien a su vez la revendió al duque de Milán. Tras haberse así beneficiado con la venta, ser Piero compró una placa decorada con un corazón atravesado por una flecha, la cual entregó al campesino.
SU AUTORETRATO
LA MONALISA
La Monalisa es el retrato que más literatura ha generado a lo largo de toda la historia del arte; ha dado origen a cuentos, novelas, poemas y hasta óperas. Fue una obra famosa desde el momento de su creación; el joven Rafael bebió en ella. Su sonrisa ha hecho correr ríos de tinta. Se ha visto en ella crueldad y se le ha considerado la sonrisa despiadada de la mujer que esclaviza al hombre. Otros se han sentido deslumbrados por su encanto, por su dulzura. Para Walter Pater simboliza el «espíritu moderno con todos sus rasgos patógenos».11 Existe también una explicación más prosaica, fundada en las propias anotaciones de Leonardo: el maestro hizo aflorar esa expresión a su modelo con el tañido del laúd.28 Citemos a Vasari: «Monalisa era muy bella y Leonardo, mientras pintaba, procuraba que siempre hubiese alguien cantando, tocando algún instrumento o bromeando. De esta manera, la modelo se mantenía de buen humor y no adoptaba un aspecto triste, fatigado
¿FUE LEONARDO DA VINCCI UN EXTRATERRESTRE?
A casi 500 años de su muerte, Leonardo Da Vinci, el más grande genio universal del Renacimiento sigue siendo un personaje misterioso, enigmático, fascinante y parcialmente conocido; a tal extremo que millones de personas no sólo continúan intentando desentrañar los enigmas de su gran obra científica y artística, donde se perciben mensajes inexplicables, claves religiosas gnósticas y pistas de una inmensa sabiduría esotérica, de gran interés no sólo para los amantes del arte sino también para los analistas e investigadores de las teorías místicas, sino que siguen investigando sobre su verdadera naturaleza, a fin de determinar si realmente fue un ser humano o se trató de un ser venido de otras galaxias, ya que, aún hoy día, se le sigue considerando como la persona más inteligente, más creativa y la más avanzada en conocimientos científicos y artísticos. Leonardo Da Vinci es conocido a nivel mundial por dos de sus grandes obras maestras. La primera, La última cena, se conserva en Italia en un monasterio de Milano, y, La Gioconda (también conocido como La Mona Lisa), se exhibe en el Museo del Louvre, en París. Sin embargo, lo que le convierte en un ser único en conocimientos y destrezas es algo completamente distinto, pues él fue ante todo una persona multifacética que llegó a desempeñar a la perfección 25 profesiones y oficios, y se adelantó tanto en diversos campos del saber, que incluso se llegó a considerar como imposible que fuese un ser humano. Fue tan avanzado en conocimientos que hace muy poco se redescubrió, casi por casualidad, una genial obra maestra suya: ¡el boceto de una bicicleta!; una bicicleta con pedales, con piñón y cadena; en la que, por primera vez en la historia, se suponía que el hombre era capaz de trasladarse montado sobre dos ruedas. Con ello, en pleno siglo XV, había saltado por encima de los estadios intermedios de la draisina y del velocípedo de rueda alta. De igual modo, se saltó siglos enteros al inventar eslabones de cadena semejantes a los de las motocicletas y un vehículo impulsado por dos grupos de resortes. Mientras uno de los resortes trabajaba, el otro se enrollaba, rindiendo de forma continuada y alternante. Es decir, ¡inventó el primer automóvil de la historia! En otro de sus experimentos, Leonardo se adelantó 300 años a su época, dibujando un émbolo que, impulsado por vapor, se movía en un cilindro. Se trataba de la primera máquina a vapor, mucho antes de que la inventara James Watt.
Maravillado por su extraordinaria genialidad y grandes obras artísticas y científicas, uno de sus biógrafos afirmó: “Leonardo da Vinci es el genio más universal del Renacimiento y, quizás, de todos los tiempos. ¿Es posible que este hombre estuviera bajo la influencia de poderes que no procedían de su época o de nuestro mundo, poderes que reaparecen una y otra vez en la historia de la humanidad? ¿O acaso pertenecía él mismo a esos poderes? Lo cierto es que ya en el siglo XV, época de transición entre la Edad Media y el Renacimiento, caracterizada por la caza de brujas, este genio lanzó una serie de ideas que fueron y siguen siendo de capital importancia para la humanidad. Pero, ¿De dónde provenían sus descollantes conocimientos si nunca asistió a una universidad? Según diversos autores, estudiosos de su vida, “sus avanzados conocimientos le venían de vidas anteriores enmarcadas con una notoria tendencia hacia las bellas artes, la cual comenzó a manifestar desde temprano en su juventud, acompañada por una habilidad natural para expresar los sueños de su alma y su consciencia en la música, siendo reconocido como uno de los más excelsos improvisadores en los círculos musicales de su localidad. Mostraba gran habilidad en el dibujo y en el diseño, expresando sus pensamientos en rasgos rápidos y seguros, a la vez que su genialidad era acompañada por un deseo insaciable del conocimiento extraordinario, que en ese entonces se consideraba arcano y secreto. Por esta razón, su interés por profundizar en los temas arcanos, se apartaba un poco de los temas correspondientes a sus cursos de estudio, motivo por lo que mucho antes de que se dedicara seriamente al desarrollo de su talento artístico, ya estaba absorto en las ciencias naturales, y, especialmente, en las leyes naturales y espirituales”. En aquel tiempo, en los años que realizó la mayoría de sus manuscritos, el común de la gente consideraba que la Tierra era plana, y solamente unos pocos profundos pensadores (líderes de escuelas secretas), mantenían diferente opinión”. Vale recordar que treinta años antes de que Copérnico diera a conocer su teoría de que la Tierra era redonda, ya Da Vinci lo había sostenido, al igual que sostuvo muchas otras sorprendentes teorías en relación con el Sol, la Luna y los planetas. Por ejemplo, en uno de sus manuscritos se lee: "II solo non si muove" (El Sol no se mueve). Por estas razones, en su época se consideraba que en su vida todo se salía de la lógica. Prueba de ello es que en uno de sus diarios se encuentra una narración que por cierto es la única que hace referencia a su niñez: “Entre mis primeros recuerdos, cuando casi todavía estaba en la cuna, se me apareció un punto negro que se fue haciendo cada vez más grande y luego se me iba acercando. Era una especie de gigantesca ave que, con las alas extendidas, planeaba sobre mi y me ocultaba el Sol”. Sus biógrafos cuentan que este sueño generó en Leonardo una obsesión de poder llegar a volar algún día, por lo que tuvo siempre la inquebrantable convicción de que lo lograría. Ahora, volvamos al sueño: ¿Qué era aquella ave? En antiguas leyendas, tradiciones e incluso en La Biblia, aparecen relatos muy parecidos, traducidos en historias en las que los extraterrestres transmitían sus conocimientos a los seres humanos. En este sentido, parece que dicho sueño se hizo realidad, pues, tiempo después, el mismo Leonardo escribía: “Se alzará en vuelo el enorme pájaro del dorso del gigantesco cisne, llenando de asombro el universo y de fama todos los escritos. ¡Eterno esplendor al lugar que le dio a luz!”. El entendido sabe a qué hacía referencia Da Vinci con su planteamiento escrito.
En las proximidades de la ciudad de Fiesole, en la Toscana, Italia, se alza una colina de unos 400 metros de altitud, conocida como “El dorso del cisne”. ¿Fue allí desde donde el gran Leonardo llevó a cabo su vuelo? Llama la atención que todavía hoy en día se relaciona “El dorso del cisne” con una leyenda que cuenta que desde allí se alzó en vuelo un enorme pájaro, hasta alcanzar alturas cada vez mayores, desapareciendo, como si el cielo se lo hubiese tragado. En “Geschichte der Technik” (Historia de la Técnica), leemos, refiriéndose a Leonardo: “Su diario, donde por regla general anota incluso las observaciones más triviales, guarda silencio y nunca más encontramos en las anotaciones otra referencia al vuelo de una enorme ave. ¿Acaso cayó a tierra? ¿Acaso no llegó a efectuarse el vuelo? ¿O bien lo logró?” Uno de sus más sorprendentes bocetos muestra un cohete. En este caso un cohete puede explicar muchas cosas. Hay que tomar en cuenta también que a lo largo de su vida Da Vinci intentó convertirse en un ser capaz de volar. Sus estudios sobre los movimientos de vuelo de las aves son muy conocidos e incluso llegó a dibujar tales movimientos como sólo pudo hacerse años después cuando se llegó hasta la invención de la cámara lenta. De esos estudios son sus famosos globos de delgado papel encerado que llenó de aire e hizo volar en homenaje al Papa León X. Increíblemente, esos dibujos se parecen mucho al planeador sin motor, de nuestros días. También inventó sistemas de propulsión provistos de alas, que intentaba poner en funcionamiento con brazos y pies, y con pedales y manivelas. Redactó las leyes del despegue contra el viento, conocía las causas de la entrada en barrena y las volteretas y llegó a construir maquetas que explicaban el vuelo planeado. ¿Quién fue realmente da Vinci? ¿Tuvo contacto con seres extraterrestres que le trasmitieron esos avanzados conocimientos, como antaño sucediera con los profetas bíblicos, a quienes confirieron nuevos conocimientos a fin de beneficiar a la humanidad? ¿O fue el mismo un ser extraterrestre que vino a la Tierra a enseñarnos sus avanzados conocimientos? Sería esta la razón que hizo posible que anticipándose 30 años a Newton escribió: “Todo punto de masa inalterado se mueve de forma uniforme y en línea recta. Nada puede moverse por sí mismo, pues el movimiento es producido por otra cosa. Esta otra cosa es la fuerza”. Insólitamente así describía la ley de la inercia mucho antes que Newton. De igual manera y sin que todavía se hubiesen descubierto o formulado otras leyes físicas aún vigentes en nuestros días, fueron descritas por él, porque su talento no conoció límites. De allí que fue y sigue siendo considerado como una de las mentes más grandes del Renacimiento (arquitecto, ingeniero, inventor, pintor, diseñador, escultor, escritor, biólogo, pensador, observador de la naturaleza, geómetra, modisto, cartógrafo, creador de juegos de salón y de útiles de cocina, fundidor, urbanista, físico, anatomista, músico, arquitecto, botánico, filósofo, artesano, cocinero, humorista y creador de acertijos y de juegos de palabras).
En los anales de la historia de la humanidad no se conoce otro caso como el de este genio universal. La lista de sus inventos, diseños y bocetos es interminable. Uno de ellos, aún motivo de asombro para los técnicos de la aviación de nuestros días: una hélice que funciona según el principio del helicóptero y que, puesta a prueba, incluso fue capaz de superar la fuerza de la gravedad. En su época, también inventó y probó un paracaídas en forma de pirámide; la primera rueda volante de la historia de la técnica; una bomba centrífuga con tren de laminado; las primeras correas de transmisión; gigantescas grúas y modernos tornos de hilar; prensas automáticas de imprenta; poleas; tornos; dragas; sierras; una máquina de picado de limas, que oficialmente no fue inventada hasta 200 años más tarde; máquinas con manivelas y ruedas dentadas; la mecanización del telar (la primera producción masiva); máquinas con ejes y discos de levas y trinquetes de parada automáticos; el fotómetro para el cálculo de la luminosidad (redescubierto 300 años después por Benjamin Rumford). También descubrió la refracción de la luz y experimentó con la “cámara oscura”. En 1485 desarrolló un vehículo cerrado, propulsado por medio de manivelas, provisto de tres hileras de retrocarga que permitían disparar casi ininterrumpidamente desde el vehículo. Entre sus numerosos inventos relativos al campo militar se encuentran también fusiles de cartuchos, granadas de mano y obuses disparados por vapor. Incluso describe bombas de gas y un medio para evitar sus efectos: ¡una máscara antigas! Más erudito que filósofo, pocas cosas escaparon a ser estudiadas por su prodigiosa mente. Como geólogo percibió que había una historia de la Tierra que demostraba que el exterior del globo no se formó de un solo golpe y, guiado por la hidráulica, percibió la función del agua. En botánica formuló las leyes de la alternación de hojas y la de la atracción solar. Como anatomista disecó cuerpos humanos, creó dibujos sobre la inserción de los músculos y sus movimientos, que por su precisión, son aún admirados por los especialistas de nuestros días. Da Vinci también inventó las primeras teorías acerca de los movimientos musculares de las válvulas cardiacas. En embriología asentó las bases de la anatomía comparativa. En mecánica estudió y entendió la energía del vapor y la utilizó como un agente de propulsión. Inició los principios de la aviación. Diseñó formas de paracaídas y globos de aire caliente. Realizó más de 7.000 diseños técnicos con detalladas descripciones de los mismos. Entre esos dibujos se encuentra “un invencible carro de combate, que armado de cañones puede atravesar las líneas enemigas”. Tal descripción del mismo Da Vinci hace pensar automáticamente en un tanque de guerra actual. Como ingeniero e inventor desarrolló ideas muy adelantadas a su tiempo, tales como el helicóptero, el carro de combate, el submarino, el automóvil, la ametralladora, el cañón, el tanque de guerra, la draga, el traje de buzo, el puente plegable, el planeador alado, el tornillo aéreo, la ciudad ideal, el vehículo autopropulsado y otros. Como científico contribuyó al avance y progreso del conocimiento en las áreas de anatomía, ingeniería civil, en la óptica y en la hidrodinámica. Aprendió y revolucionó las bases o fundamentos de la química, la metalurgia, el trabajo del cuero y del yeso, de la mecánica y de la carpintería, así como de diversas técnicas artísticas como el dibujo, la pintura y la escultura sobre mármol y bronce. Su extraordinaria capacidad e inteligencia le permitieron traspasar los umbrales de la inmortalidad. Más, su insatisfacción y perfeccionismo le impidieron dejar concluidas muchas obras que comenzó. Su inteligencia sobrepasó los límites de la comprensión humana. Sus dotes de visionario eran asombrosas. Aun así, su obra fue casi desconocida por sus contemporáneos. Estudió la circulación sanguínea y el funcionamiento del ojo. Realizó descubrimientos en meteorología y geología, conoció el efecto de la Luna sobre las mareas y anticipó las concepciones modernas sobre la formación de los continentes. Fue uno de los inventores de la hidráulica; su programa para la canalización de los ríos todavía posee valor práctico. Inventó aparatos ingeniosos como un traje de buzo y máquinas voladoras, estableciendo principios de aerodinámica.
Precursor de Bacon y de Galileo, inventó las ciencias positivas, anticipó la teoría de la gravedad doscientos años antes de que se formulara. “Los límites de la realidad los pone el hombre mismo. Las fronteras están dentro de la mente. Nuestros conocimientos tienen su origen en nuestras percepciones". Su obra está contenida en los períodos florentino, milanés y nómada. Gustaba de guardarla bajo el secreto de prácticas deliberadamente cabalísticas de las que hizo uso para ocultar su disertación. En una ocasión escribió: “El Sol es un cuerpo ígneo que se mueve en torno a su propio eje, y dado que posee todas sus cualidades por sí mismo, es capaz de regenerar también su fuerza.” 500 años atrás tal aseveración era asombrosamente increíble. Entonces, ¿De dónde sacó Da Vinci esos conocimientos? Porque también dijo: “Un peso cae por el camino más directo en dirección al centro de La Tierra.” ¿Cómo sabía que nuestro planeta poseía un centro? ¿De dónde sacó el conocimiento que dicho planteamiento llevaba implícito, es decir, que la Tierra era redonda? ¿Acaso la había contemplado desde el espacio exterior? Si fue así, indudablemente tuvo que ser desde un OVNI, pues, para aquella remota época ni siquiera pasaba por la mente de ningún ser humano que siglos después existiría una cosa llamada avión y, menos, otra llamada nave interplanetaria. Recordemos nuestros astronautas actuales y las sondas espaciales lanzadas hacia la Luna y los planetas de nuestro sistema solar y comparemos las informaciones que nos transmiten con las palabras de Leonardo: “Las estrellas alejadas aparecen pequeñas a la vista, pero sin embargo son más grandes que nuestra Tierra”. Leamos ahora lo dicho por Da Vinci: “La Tierra es un astro, tal como La Luna. Para quien la contempla desde lejos, luce como una estrella”. Mas, todavía nos planteaba otro gran enigma respecto a su verdadera naturaleza y origen cuando escribió: “Léeme lector si mi lectura te agrada, porque en contadas ocasiones retorno a este mundo”. Leonardo fue un gran hermetista. Todas sus obras están impregnadas de ello. Desde temprano inició su formación en las ciencias místicas, en una de las escuelas secretas de la Hermandad Rosacruz. Su primer contacto con los Rosacruces fue en Florencia. Años después haría varios viajes a un monasterio que se supone situado en lo que es hoy Amalfi y allí entró en contacto con una de las escuelas secretas de los místicos Rosacruces. Fue miembro de la Orden del Creciente, creada por René d´Anjou, uno de sus mejores amigos y antiguo Gran Maestro del Priorato. En ese tiempo fue iniciado en las artes y los misterios y gradualmente fue preparado para usar sus manuscritos y sus laboratorios. Así comenzaron sus experimentos, que el reseñó en manuscritos que ahora pueden apreciarse como los maravillosos escritos secretos de un Gran Maestro. Otros autores lo definen como un masón oculto tras bastidores del arte. Hay que recordar que en ese tiempo las sociedades secretas estaban proscritas y perseguidas por la inquisición; por ello, su profundo conocimiento y convicciones esotéricas fueron plasmadas ocultas bajo códigos y simbolismos en sus obras. He allí la clave de sus enigmas. Su formación gnóstica, metafísica, rosacruciana y masónica formaron parte de ese cúmulo de misterios que encierran sus grandes obras. Durante varias centurias el misterio de su vida permaneció desconocido salvaguardado en los archivos de la Orden Rosacruz. No obstante, ha venido saliendo poco a poco a la luz y el mundo ha ido conociendo lo que es un claro ejemplo del desarrollo heredado y adquirido. Otro de sus misterios fue su manera de escribir. Aunque zurdo, extrañamente, escribía de derecha a izquierda, por lo que para poder leer sus escritos es necesario utilizar un espejo.
Aunque murió hace siglos, Da Vinci sigue siendo un hombre del futuro y el genio autodidacta más avanzado de todos los tiempos. Él buscó afanosamente el conocimiento en las artes, las ciencias físicas, la técnica, la filosofía y en las ciencias naturales, convencido de que el saber no ocupa lugar. Tuvo conciencia de lo perecedero hasta lo aparentemente durable y supo que todo lo que existe luego desaparece. “Lo que ocurre ahora ocurre todo el tiempo”. De su faceta esotérica, aunque no muy conocida, emana toda su obra. Su conocimiento sobre lo oculto se refleja en su pintura y en sus escritos plagados de pensamientos y observaciones que revelan su profundo saber sobre los enigmas de la existencia. Tuvo estrecho contacto con lo que está más allá de los niveles ordinarios de percepción. ¿Acaso con seres de otros mundos? Este gran espíritu de Luz murió en Cloux, cerca de Amboise, Francia, el 2 de mayo de 1519. Nunca le interesó la gloria, ni las riquezas, ni el reconocimiento. Dos años antes de morir, se instaló cerca de Amboise, en El Valle del Loira, ocupándose de poner en orden sus manuscritos, en dibujar visiones cósmicas y en recrear amorosamente, pincelada a pincelada, su cuadro más amado: La Gioconda, que junto con el de San Juan, fueron los únicos que conservó. Su legado no es sólo el patrimonio artístico que dejó para la humanidad. El verdadero va más allá. Incomprendido en su época, revolucionó conceptos artísticos, científicos, religiosos y políticos. Fue un atrevido cuando predominaban los conceptos de una religión medieval que no entendía al hombre bajo el nuevo prisma del renacimiento y que todo lo que se saliera del dogma establecido era considerado sacrílego o herético, porque la ciencia estaba muy limitada y totalmente subordinada a los conceptos religiosos. Leonardo se atrevió desarrollando numerosos proyectos, e, incluso, poniendo en riesgo su vida.
Fue un personaje único de talla excepcional. Percibió una fuerza invisible en el individuo, especialmente, sus enigmas, en los que surge una lucha entre la energía del espíritu y la inercia de la materia inanimada y cuando esa lucha entre la vida y la muerte alcanza a terminar con la primera, la muerte es superada por una nueva existencia: la lucha misma que se sobrepone, silenciosa, a la vida y a la muerte. Como espíritu de Luz que fue avatar también en otros mundos, además de un dotado médium, dejó para el bien de la humanidad muchas ideas avanzadas. “La Tierra no fue en tiempos pasados, como es ahora y llegará un día en que concluirá. El aire se tornará cada vez más denso y sin humedad, los ríos no tendrán más agua y sobre la Tierra se extinguirá toda vegetación, mientras que los animales morirán de hambre. Cuando todo se vuelva árido, todo desaparecerá por obra del fuego. La superficie terráquea se transformará en cenizas, y de ese modo será el fin del mundo”.
Sus predicciones se remitían a su visión del presente, pasado y futuro. Refiriéndose a la nada la distinguió del vacío, diciendo: “El vacío es indivisible hasta lo infinito. La nada en cambio no puede ser dividida, ya que no puede ser menos que nada”. Sin duda, fue un hombre que despertó cuando los demás seguían durmiendo el sueño de las tinieblas.
¿Acaso quiso retornar al origen de su creación, su saber y su pensamiento? No se sabe si logró alcanzar el objetivo de su vida. Resignado en parte, escribió unas palabras, que con diáfana claridad remiten a su procedencia: “Quien está ligado a una estrella no puede volver atrás”. ¿Regresar de la Tierra? ¿Regresar hacia dónde…? En abril de 1519 Leonardo enfermó por lo que decidió redactar su testamento. Pidió un sacerdote para confesarse y recibir la extremaunción. Murió el 2 de mayo de 1519, en Cloux, a la edad de 67 años. Francesco Melzi, su discípulo más apreciado, heredó sus libros y sus pinceles. Según su última voluntad, 60 mendigos acompañaron su ataúd hasta su morada final. Unos trece mil documentos suyos se conservan en el archivo de El Vaticano. Su testamento, así como su pensamiento profundo, quedó registrado en el Codex Atlanticus, donde al tratar sobre la muerte y la vida futura Leonardo explica: “…El hombre que con alegría espera el nuevo verano y luego meses y años, no se da cuenta en absoluto de que está esperando su propia muerte. Sin embargo, eso es la quintaesencia, el espíritu de los elementos encerrados por el alma en el cuerpo humano que ansían volver al lugar de donde salieron”.
Vale señalar que quizás el último de los misterios de Leonardo es la insólita petición de un grupo de científicos italianos que ha solicitado permiso a las autoridades francesas para abrir su tumba, “a fin encontrar su cráneo y poder hacer una reconstrucción de su rostro. El objetivo: comparar dicha reconstrucción con el retrato de la Mona Lisa para comprobar si se trata en realidad de un autorretrato del propio pintor vestido de mujer”. Tal teoría es obra de Lilliam Schwartz, una experta norteamericana en Da Vinci quien ha venido trabajando en comparaciones de sus autorretratos utilizando sofisticadas computadoras. Lillian está convencida de que la Mona Lisa no es sino Leonardo vestido de mujer. El caso es que él está enterrado en la capilla de Saint Hubert en el Castillo Real de Amboise, en Francia, a donde fueron trasladados sus restos en 1874 procedentes de una iglesia destruida durante la Revolución Francesa.
En cualquier caso tampoco es seguro que esté allí, tal y como reza la inscripción de su tumba: “Aquí se cree que reposan los restos de Leonardo da Vinci”. Increíblemente, hasta después de su muerte Leonardo Da Vinci sigue siendo un ser insólitamente original y enigmático… ¡La mayor prueba de ello es la inscripción que puede leerse en la pared arriba de su propia tumba!
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