FIFA 14 abandona los partidos amistosos, la pizarra y los fichajes veraniegos y salta al campo de juego para comenzar la verdadera temporada de fútbol 2013-2014. EA Sports nos brinda con él un juego deportivo de transición que no tiene tantas novedades como esperábamos, pero que afina sutilmente su fórmula para ofrecernos una experiencia más cercana al deporte real.
Para la serie FIFA la temporada 2013-2014 es clave a modo de transición. Será el debut de la franquicia en consolas de nueva generación y, además, supondrá también la implementación de un prometedor motor Ignite que busca aportar grandes cambios al mundo de los deportes virtuales. De momento para abrir boca tenemos una versión para PC que vuelve a demostrarnos que para Electronic Arts no siempre los compatibles se exprimen al nivel que deberían, y nos recuerda a tiempos pretéritos donde las ediciones para el ordenador eran las que se quedaban lastradas con ports old-gen. ¿Qué supone esto? Que en nuestros PC EA Sports nos brinda la vena continuista de la marca, a falta de observar novedades importantes en la edición del próximo ciclo de máquinas que se estrenará en noviembre del presente año 2013, con un título que formará parte del catálogo de lanzamiento de ambas.
FIFA 14 es, de este modo, un videojuego que sólo observa cambios sutiles con respecto a su predecesor. Pequeños ajustes aquí y allá que buscan mejorar la fórmula de la entrega del año pasado, pero que distan mucho de lo que esperábamos de una franquicia que en los últimos años se ha caracterizado por un inagotable goteo de novedades entrega tras entrega. Esta política nos ha brindado entregas imprescindibles como 11 y 12, pero que en general han garantizado un nivel muy alto en todo momento gracias al espíritu inconformista de sus responsables. Es por ello que, de alguna manera, la entrega de este año para PC puede decepcionar, ya que si bien es francamente buena y mejora lo que había, no observa la línea de notorio crecimiento año a año que había venido exponiendo la serie y era perfectamente capaz en cuanto a hardware de soportar las bondades del motor Ignite del que sí disfrutarán los aficionados en PlayStation 4 y Xbox One.
El episodio del año pasado ya adolecía de las importantes cotas de innovación de los mejores capítulos de la IP, pero en esta ocasión el espíritu es incluso más conformista. Es un momento de transición el que atraviesa la industria al borde del debut de una nueva generación, y parece que EA Sports ha optado por el camino fácil minimizando el riesgo, al menos, en esta versión de compatibles. ¿Significa eso que no se ha trabajado? En absoluto, puesto que el título cuenta con algunas mejoras, de carácter más bien sutil y a menudo imperceptible en las primeras partidas, que nos harán volver a disfrutar de un fútbol algo menos dinámico que en FIFA 13 pero también más realista, y en el que ya no priman tanto los velocistas como el utilizar la cabeza trenzando unas jugadas donde un balón que gana en naturalidad es más protagonista que nunca.
Los primeros minutos con FIFA 14 son confusos, ya que los cambios tardan en hacerse notar y en primera instancia parecerá que estamos jugando al episodio del año pasado. Con el paso del tiempo los iremos percibiendo, notando cómo la IA ahora nos pone las cosas más difíciles, cómo los partidos son más lentos y cómo en líneas generales el balón parece más libre de nuestros pies en sus movimientos. Todos estos "fichajes" jugables contribuyen a mejorar la experiencia, y hacen los partidos más realistas, y reducen el efecto de importancia máxima de la velocidad de los futbolistas que tenía el mucho más vertiginoso FIFA 13.
Aquí todo es más lento, y hay que trabajar más para conseguir sacar adelante las jugadas, y ya prefiramos un estilo de juego más elaborado u otro más directo el desafío será alto incluso en los niveles de dificultad intermedios. El oponente se cierra mejor, y ahora es dificultoso desmontar su defensa con paredes como antaño porque las ayudas son realistas y no es tan sencillo sacar a los centrales de su sitio para encontrar espacios a sus espaldas. Eso no es óbice para dejar claro, asimismo, que es relativamente sencillo crear superioridades numéricas en banda doblando con nuestros carrileros, y que todavía caen en ciertas rutinas, aunque éstas cada vez son más exigentes.
Eso sí en su capacidad de presión seguimos observando severas incongruencias que ya en pleno año 2013 comienzan a ser del todo imperdonables: hablamos por ejemplo de situaciones en determinadas circunstancias y dificultad intermedia en las que nuestro central, por ejemplo, aguanta el balón en su propia área mirando a banda y nadie del rival se molesta en entrarle, esperando todos pacientemente a que el crono transcurra incluso un tiempo entero. Si el defensa efectúa un giro y mira hacia su portería sorprendentemente la presión se activa, y todos corren como posesos a hacer un marcaje uno a uno que los reparte como fichas en nuestra área e inmediaciones dejando unos espacios bochornosos en su campo, y poniéndonos en la mano llevar a cabo un balón largo a nuestros puntos y acto seguido una fugaz contra con la que podamos crear superioridades sin mucho esfuerzo. Al final de cuentas, y como defienden muchos técnicos, el fútbol es un deporte en el que hay que conseguir superioridades en todas las partes del campo, y en FIFA 14 sucede exactamente lo mismo.
De todas formas, y salvo excepciones contadas como la ya mencionada que obedecen más al carácter de explotar deficiencias puntuales de la inteligencia artificial que a otra cosa, podemos seguir achacándole a FIFA muchas cosas sobre la IA, pero éstas están cada vez más circunscritas al frente ofensivo. En defensa las mejoras son obvias en cuanto a posicionamiento, rigor y orden. En ataque, en cambio, los problemas de lógica siguen estando ahí: De una forma muy poco realista, el rival dirigido por "la máquina" siempre apuesta por el juego vertical hasta extremos contraproducentes incluso para él mismo, renunciando a cualquier rastro de juego en mediocampo por poblado que lo tenga, y obcecándose por avanzar siempre directo hacia el área rival sin optar nunca por maniobras tan recurrentes en el fútbol actual como el pase atrás para oxigenar, o los cambios de juego para que el rival bascule.
Ahora que el fútbol es más pausado, se nota más todo lo que tiene que ver con el proceder de "la máquina" tanto para lo bueno como para lo malo, y eso nos permite ver también de una forma más sencilla las obvias mejoras que ésta ha sufrido. Todo, junto con elementos que describiremos más adelante, provocan que la experiencia sea más aleatoria y no tan fácilmente identificable en cuanto a cómo va a acabar tal o cuál situación. Ese componente imprevisible que hace del fútbol un deporte tan apasionante ha sido una obsesión para Electronic Arts desde hace mucho tiempo, y poco a poco la verdad es que van consiguiendo lograr ese efecto eliminando barreras hasta extremos que parecían difíciles hace unos años.
Hay dos cosas en las que se ha centrado Electronic Arts cuando llevamos el balón en los pies, y son como es lógico el esférico y el propio futbolista. Lo mejor que se puede decir del avance en ambos es que no son cambios meramente cosméticos, puesto que si bien es cierto que en ambos casos se nota un fuerte efecto visual en la mejora de maniobras y golpeos, lo cierto es que los mejores réditos son para una experiencia jugable que gana muchos enteros. La idea vuelve a ser la misma que con la inteligencia artificial: reducir el efecto correcalles a únicamente momentos puntuales como contragolpes, y obligarnos a madurar en mayor medida las jugadas en el resto de ocasiones. Jugar con teclado y ratón es una absoluta locura, así que como siempre en estos casos recomendamos hacer uso del soporte Pad que ofrece el programa, a pesar de los esfuerzos de sus responsables por ofrecer algunas alternativas de manejo del ratón que, sobre el papel, pueden resultar más o menos interesantes y que en determinados aspectos pueden recordar a lo visto en cuanto a los pases manuales del último Pro Evolution Soccer.
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