Al tiempo que la base de suscriptores de TV paga de EEUU disminuye, programadoras y operadores ensayan vías alternativas, producto del éxito que experimentan plataformas como Netflix ¿Hacia dónde se dirige el negocio de la TV paga? Muchos analistas prefieren hablar por estos días de los “ecosistemas pago”, una expresión que resume semánticamente las incertidumbres a las que se enfrenta el negocio de la TV paga ¿Quiere decir esto que el modelo de TV paga tal como lo conocemos hoy pueda estar llegando a su fin? El modelo que conocemos hoy beneficia en gran medida a los operadores de cable y a las programadoras, claro, pero también al resto de los actores involucrados en él. Si consideramos al modelo tradicional como la suma de intereses detrás del empaquetado y distribución de contenidos, la suscripción al cable no es la única alternativa posible, cierto, y los Canales de TV paga no son la única forma de empaquetar contenidos. Pero como dice un viejo proverbio, zapatero a su zapato ¿Es posible pensar que otros actores económicos que no sean programadores u operadores de TV paga puedan en poco tiempo redefinir las bases del negocio? Existen cierto, señales preocupantes para los principales actores del sector. La disminución en la base de suscriptores, en parte asociada al fenómeno de los curd-cutters, el éxito de plataformas como Netflix, o el llamativo pedido de parte de los suscriptores al cable que le “reclamaron” a HBO el cobro de una cuota por fuera de la suscripción al Cable – http://takemymoneyhbo.com-, entre otros, dan cuenta de una verdadera transformación del negocio de la TV por suscripción. Qué decir en este contexto de la “respuesta” a través de la cual Comcast ofrecerá la señal de cable por fuera del paquete básico tradicional y a un precio menor como parte de la ofensiva contra Netflix (ver nota). En efecto, el operador de cable más importante de EEUU lanzará en varias ciudades, un paquete muy atractivo, de 20 canales de cable básicos, incluyendo la señales abiertas, el servicio de video por streaming StreamPix, una conexión de 25 Mbps y HBO más HBO Go. Paradójicamente, grupos como Time Warner justamente viven un excelente momento como resultado del crecimiento de sus ganancias por venta de publicidad y suscripción a sus señales de TV paga, entre ellas HBO. En este contexto uno tiene la sensación de vivir en plena década de los sesenta, en la Guerra Fría de las Comunicaciones. Y como en aquellos tiempos, las tensiones, los rumores y la desconfianza, son rápidamente mitigados a través de declaraciones políticamente correctas, y que bien hacen en tener la gallina de los huevos de oro a resguardo. Lo cierto es que en el ecosistema pago actual no todos tienen la misma fuerza. Los operadores encuentran cada vez más dificultad para “justificar” el porqué de una grilla de 300 señales. Parecería claro que solo las primeras 10 o 20 justifican el pago de la suscripción. No obstante, cada una de esas señales, por atractivos que sean sus contenidos, no parecen estar en igualdad de condiciones frente al Operador para echar por tierra el modelo tradicional. Paradójicamente, son los propios estudios y canales pagos los que alimentan esta vía alternativa. ¿Qué decir de los acuerdos que mantienen las majors o el más reciente de los anuncios entre Marvel Television en asociación con la ABC Television Studios y Netflix? Lo cierto es que situaciones similares se han vivido ya en diferentes épocas de la TV paga. Alcanza recordar en América Latina cuando la venta de publicidad de las señales pagas se gestionaba a través de representantes locales, que muchas veces eran los propios operadores de cable. En términos generales se puede decir que los actores de la TV paga –al igual que sucede en cualquier actividad económica, dicho sea de paso- han delegado la explotación de negocios alternativos – llamemos a la programación no lineal un negocio alternativo- hasta que éste deja de serlo. ¿Qué sucederá cuando por ejemplo, la cuota de suscriptores de Netflix se equipare con la del Cable? Cuando esto suceda, si es que sucede, el futuro negocio de la TV paga seguirá siendo incierto. A menos que, como muchas veces ha sucedido también, grandes actores de la con intereses comunes, generen grandes alianzas. Finalmente el usuario reclamará siempre un servicio fácil de asimilar, fácil de usar, fácil de pagar. Tal vez ni siquiera sea el precio lo que determine el futuro del negocio. ¿Qué importa que HBO cobre menos su servicio si quedan afuera tantas cosas que hacen al disfrute de la TV paga? La televisión vive su nueva edad de oro, cierto, y las series de televisión encabezan la tendencia. Ahora bien, ¿Qué sucederá cuándo esto cambie? ¿Quién puede predecir cuál será el mayor activo de la TV paga del futuro? ¿La ficción, las noticias, el deporte, el lifestyle, los espectáculos en vivo, la hiperrealidad? Y no vale responder el contenido, algo tan obvio y propio de cualquier medio de comunicación que por el solo hecho de decirlo bien podríamos hablar de la televisión del siglo XXI o de la prensa en el siglo XIX. Si pudiera predecir el futuro diría que: Netflix no contará eternamente con los contenidos que hoy maneja –de ahí su estrategia de comenzar a producir los suyos propios-; los operadores no manejarán eternamente grillas de 300 canales; los Canales de mayor valor tendrán cada vez un mayor control sobre el negocio del empaquetado de contenidos; las redes sociales y los dispositivos móviles se integrarán al negocio de las programadoras; la televisión no lineal convivirá perfectamente con la televisión lineal –somos seres gregarios, nos gusta comentar lo que vimos con nuestros pares, de ahí el éxito de la integración entre redes sociales y TV paga-; y el usuario final adjudicará un mayor valor a la calidad que a la cantidad - un poco lo contrario a la tendencia del último cuarto del siglo XX.
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