A lo largo del siglo XIX y algo del XX, durante esos días del mes en los que nos acordamos más que nunca de que somos mujeres, nuestras antepasadas intentaban pasarlos lo más "comodamente" usando paños de algodón, retales de tela o unas toallitas higiénicas como las de las imágenes:
Las más afortunadas se pasaban casi una semana tumbadas en casa hasta que acababa su menstruación. Y las pobres que trabajaban, a aguantarse Sad.
Seguro que era incomodísimo, a mí ya me parecen incómodas las compresas que se usan hoy en día.
Y eso sin contar con los dolores menstruales, que hoy podemos paliar con medicamentos por ejemplo.
A mediados del siglo XIX, se establece la teoría ovular de la menstruación, que consideraba que ésta era provocada por la liberación del óvulo, coincidiendo, por tanto, con la fertilidad y el momento de mayor deseo sexual en la mujer. Esta teoría lleva a considerar los ovarios como el órgano fundamental de la sexualidad femenina, la sede de la diferencia esencial, hasta el extremo de que el médico francés Achille Chéreau (1817-1885) propuso cambiar la frase de Van Helmont por esta otra: “Propter solum ovarium mulier est id quod est”.
Este desplazamiento del centro de la feminidad a los ovarios es fundamental para comprender la práctica de la ovariotomía, la castración femenina, de que hablaremos más adelante. «La mujer era, por definición, una enfermedad o trastorno, una desviación de la norma de la salud representada por el macho».
Según la medicina victoriana, la mujer es un ser definido e limitado por sus órganos y funciones sexuales y un ser enfermo o al borde de la enfermedad, tanto física como psíquica, siendo esta enfermedad provocada por las mismas funciones y aparato reproductor que la definen. «...peculiaridades físicas y mentales de la mujer se derivan de su función reproductiva y que la patología se define en la norma del cuerpo femenino...».
De forma que podríamos decir que, según la medicina victoriana, la mujer es una enferma en virtud de su propia naturaleza, su propia razón de ser, que es la reproducción de la especie. Los trastornos y el malestar psicológico de las mujeres quedan explicados por su propia naturaleza y fisiología, sin cuestionar en ningún caso la forma de vida harto desequilibrante que se le impone.
La época victoriana mantiene la concepción griega de la menstruación como forma de eliminación de residuos superfluos o limpieza del organismo, llegando a creer que en caso de producirse amenorrea (ausencia de la menstruación por un período de tiempo mayor a los 90 días), se provocaban hemorragias en otros órganos tales como la nariz, las encías, etc.
Varios autores trataron incluso el tema de la menstruación masculina, entre ellos el ginecólogo inglés Alfred Wiltshire, el médico americano V.O. King y el neurofisiólogo inglés Thomas Laycock, quien propuso la teoría de la “periodicidad vital” o sujeción de todos los fenómenos fisiológicos a ciclos temporales fijos.
En los años 50 se formuló la teoría ovular, según la cual « la menstruación era la liberación espontánea del óvulo que causó la menstruación y la aparición de la menstruación, no sólo coincide con el periodo fértil, sino también con el pico de deseo sexual en la mujer.»
Se mantenía así un paralelismo entre el periodo de celo de las hembras de otras especies y la menstruación de la hembra humana.
Manteniendo esta analogía el zoólogo francés Félix-Archimède Pouchet (1800-1872), y Alfred Wiltshire en su obra “Lectures on the comparative physiology of menstruation”, publicada en 1883, consideraban que la mayor frecuencia de la menstruación en las hembras humanas era consecuencia de la civilización. Las condiciones de vida de las sociedades civilizadas favorecían el mantenimiento de mayor número de descendientes y con tal fin había aumentado la frecuencia del periodo de celo en la mujer, lo cual es falso tanto desde el aspecto sociológico como desde el biológico.
La menstruación y los peligros que la misma supone para la salud de la mujer es un tema permanente en los tratados ginecológicos del siglo XIX. En “Domestic Medicine”,obra de divulgación escrita por William Buchan, muy popular durante los siglos XVIII y XIX, la sección dedicada a la menstruación quedaba incluida bajo el epígrafe de enfermedades de la mujer. Según este autor la conducta observada por la mujer al comienzo del ciclo menstrual era determinante para su futura salud y felicidad: «Tal es su delicadeza en esta etapa que "tomando alimentos inadecuados, cualquier afección violenta de la mente, o un resfriado, a menudo es suficiente para arruinar la salud, o hacer a la hembra incapaz de procrear».
La menarquía (fecha en que aparece el primer periodo menstrual) era considerada un período de riesgo de aparición de enfermedades físicas y mentales: «La menarquia es la primera etapa de peligro mental, que requiere una vigilancia de las madres si quieren que sus hijas salgan ilesas. Los médicos advirtieron que la locura moral fácilmente podría comenzar en la adolescencia. El Dr. Edward describe la adolescencia femenina como un estado de "locura en miniatura».
Evidentemente no es extraño que las adolescentes sufrieran trastornos psicológicos dado que la menarquia suponía una ruptura traumática entre el tipo de vida de la infancia, más libre y cercana a la de sus hermanos, y la represión de la actividad sexual, social e intelectual que se le imponía en la pubertad. Recordemos las teorías de Clarke y Maudsley sobre los riesgos que entrañaba para la adolescente el estudio y la actividad intelectual. La adolescencia suponía para el muchacho la incorporación al mundo del conocimiento y de su futuro papel en la sociedad, para la muchacha era la entrada en un mundo de limitaciones y prohibiciones. En palabras de un doctor de la época: «la pubertad da al hombre el conocimiento de mayor poder, y a la mujer la convicción de su dependencia.»
La menstruación en sí misma era un tiempo de enfermedad e inestabilidad emocional, aunque no se produjera ningún trastorno aparente. El ginecólogo A.O. Kellogg (1828-1888), en un artículo publicado en el American Journal of Insanity, afirmaba que «durante el ciclo menstrual, la mujer tiene menor capacidad mental y mucho menos control sobre sus emociones. Aun cuando la función menstrual es saludable, Kellog cree, podría hacer que una mujer, especialmente una de un nervioso y excitable temperamento ... taciturno, callado, caprichoso, inquieto e impaciente, con frecuencia se manifiesta una cierta irritabilidad nerviosa rayando en la histeria". Teniendo en cuenta esto, un desequilibrio de las funciones menstruales es posible contraer locura».
Según Burrows, cualquier trastorno menstrual provocará una forma equivalente de trastorno mental. En los casos de amenorrea, el flujo menstrual que no es expulsado al exterior puede dirigirse al cerebro causando un daño irreparable. Tanto los doctores más respetables como los curanderos vendedores de remedios populares contribuían a dar una imagen de la mujer como esclava de los procesos tiránicos de su ciclo menstrual. La menstruación estaba rodeada de numerosos tabúes y se la denominaba con eufemismos, la mayoría de carácter negativo: «turns, monthlies, poorliness, being unwell», siendo el más significativo el término “the curse” (la maldición).
El mayor riesgo para la salud de la mujer residía, como hemos dicho, en la inhibición de la hemorragia menstrual. Tanto en la pubertad, como durante sus años fértiles y la etapa pre-menopáusica «las obstrucciones oscuras en el cuerpo que causan flujo irregular hay que echarlas fuera y "limpiar"; una vigorizante pureza será el resultado de esta purgación ritual que libra el cuerpo de la "sangre mórbida"». Tanto los tratados de ginecología como los libros de divulgación y los anuncios publicados en revistas y periódicos muestran una obsesión por evitar la amenorrea.
Eran muy frecuentes los anuncios de pastillas destinadas a prevenir la retención del flujo menstrual, remedio que podía venir a ser una forma encubierta de aborto. Los argumentos en que se basa la publicidad de este tipo de pastillas giran en torno a los graves trastornos que la amenorrea supone para la mujer. Veamos, a modo de ejemplo, el anuncio de las Pastillas del Dr. Barker aparecido en el Leeds Intelligencer del 15 de marzo de 1851, «para la regulación de las secreciones y mantener un estado saludable, para la eliminación de todas las afecciones en función de las irregularidades, tales como debilidad general, nerviosismo, mareos, dolores de cabeza, pecho, costado o estómago».
El cuidado que la mujer debe poner para evitar un trastorno relacionado con la menstruación es extremo: debe proteger su cuerpo y su mente, evitar el frío y el exceso de calor, el ejercicio y la excesiva pasividad y toda emoción que pueda alterarla:
Si bien se consideraba que la amenorrea era una de las principales causas de trastorno mental en la mujer, y la preocupación por su tratamiento era claramente obsesiva, no es ésta la única enfermedad relacionada con el ciclo menstrual, cuyo funcionamiento, por otra parte, no se conocía hasta entrado el siglo XX.
En la obra de John Forbes, Cyclopeadia of Practical Medicine, publicada en 1833, la lista de enfermedades específicamente femeninas relacionadas con la menstruación es amplia: Amenorrea, dismenorrea, menorragia, patología de la menstruación… leucorrea, etc.
Las más afortunadas se pasaban casi una semana tumbadas en casa hasta que acababa su menstruación. Y las pobres que trabajaban, a aguantarse Sad.
Seguro que era incomodísimo, a mí ya me parecen incómodas las compresas que se usan hoy en día.
Y eso sin contar con los dolores menstruales, que hoy podemos paliar con medicamentos por ejemplo.
La mujer según la ginecología del siglo XIX
A mediados del siglo XIX, se establece la teoría ovular de la menstruación, que consideraba que ésta era provocada por la liberación del óvulo, coincidiendo, por tanto, con la fertilidad y el momento de mayor deseo sexual en la mujer. Esta teoría lleva a considerar los ovarios como el órgano fundamental de la sexualidad femenina, la sede de la diferencia esencial, hasta el extremo de que el médico francés Achille Chéreau (1817-1885) propuso cambiar la frase de Van Helmont por esta otra: “Propter solum ovarium mulier est id quod est”.
Este desplazamiento del centro de la feminidad a los ovarios es fundamental para comprender la práctica de la ovariotomía, la castración femenina, de que hablaremos más adelante. «La mujer era, por definición, una enfermedad o trastorno, una desviación de la norma de la salud representada por el macho».
Según la medicina victoriana, la mujer es un ser definido e limitado por sus órganos y funciones sexuales y un ser enfermo o al borde de la enfermedad, tanto física como psíquica, siendo esta enfermedad provocada por las mismas funciones y aparato reproductor que la definen. «...peculiaridades físicas y mentales de la mujer se derivan de su función reproductiva y que la patología se define en la norma del cuerpo femenino...».
De forma que podríamos decir que, según la medicina victoriana, la mujer es una enferma en virtud de su propia naturaleza, su propia razón de ser, que es la reproducción de la especie. Los trastornos y el malestar psicológico de las mujeres quedan explicados por su propia naturaleza y fisiología, sin cuestionar en ningún caso la forma de vida harto desequilibrante que se le impone.
La menstruación
La época victoriana mantiene la concepción griega de la menstruación como forma de eliminación de residuos superfluos o limpieza del organismo, llegando a creer que en caso de producirse amenorrea (ausencia de la menstruación por un período de tiempo mayor a los 90 días), se provocaban hemorragias en otros órganos tales como la nariz, las encías, etc.
Varios autores trataron incluso el tema de la menstruación masculina, entre ellos el ginecólogo inglés Alfred Wiltshire, el médico americano V.O. King y el neurofisiólogo inglés Thomas Laycock, quien propuso la teoría de la “periodicidad vital” o sujeción de todos los fenómenos fisiológicos a ciclos temporales fijos.
En los años 50 se formuló la teoría ovular, según la cual « la menstruación era la liberación espontánea del óvulo que causó la menstruación y la aparición de la menstruación, no sólo coincide con el periodo fértil, sino también con el pico de deseo sexual en la mujer.»
Se mantenía así un paralelismo entre el periodo de celo de las hembras de otras especies y la menstruación de la hembra humana.
Manteniendo esta analogía el zoólogo francés Félix-Archimède Pouchet (1800-1872), y Alfred Wiltshire en su obra “Lectures on the comparative physiology of menstruation”, publicada en 1883, consideraban que la mayor frecuencia de la menstruación en las hembras humanas era consecuencia de la civilización. Las condiciones de vida de las sociedades civilizadas favorecían el mantenimiento de mayor número de descendientes y con tal fin había aumentado la frecuencia del periodo de celo en la mujer, lo cual es falso tanto desde el aspecto sociológico como desde el biológico.
La menstruación y los peligros que la misma supone para la salud de la mujer es un tema permanente en los tratados ginecológicos del siglo XIX. En “Domestic Medicine”,obra de divulgación escrita por William Buchan, muy popular durante los siglos XVIII y XIX, la sección dedicada a la menstruación quedaba incluida bajo el epígrafe de enfermedades de la mujer. Según este autor la conducta observada por la mujer al comienzo del ciclo menstrual era determinante para su futura salud y felicidad: «Tal es su delicadeza en esta etapa que "tomando alimentos inadecuados, cualquier afección violenta de la mente, o un resfriado, a menudo es suficiente para arruinar la salud, o hacer a la hembra incapaz de procrear».
La menarquía (fecha en que aparece el primer periodo menstrual) era considerada un período de riesgo de aparición de enfermedades físicas y mentales: «La menarquia es la primera etapa de peligro mental, que requiere una vigilancia de las madres si quieren que sus hijas salgan ilesas. Los médicos advirtieron que la locura moral fácilmente podría comenzar en la adolescencia. El Dr. Edward describe la adolescencia femenina como un estado de "locura en miniatura».
Evidentemente no es extraño que las adolescentes sufrieran trastornos psicológicos dado que la menarquia suponía una ruptura traumática entre el tipo de vida de la infancia, más libre y cercana a la de sus hermanos, y la represión de la actividad sexual, social e intelectual que se le imponía en la pubertad. Recordemos las teorías de Clarke y Maudsley sobre los riesgos que entrañaba para la adolescente el estudio y la actividad intelectual. La adolescencia suponía para el muchacho la incorporación al mundo del conocimiento y de su futuro papel en la sociedad, para la muchacha era la entrada en un mundo de limitaciones y prohibiciones. En palabras de un doctor de la época: «la pubertad da al hombre el conocimiento de mayor poder, y a la mujer la convicción de su dependencia.»
La menstruación en sí misma era un tiempo de enfermedad e inestabilidad emocional, aunque no se produjera ningún trastorno aparente. El ginecólogo A.O. Kellogg (1828-1888), en un artículo publicado en el American Journal of Insanity, afirmaba que «durante el ciclo menstrual, la mujer tiene menor capacidad mental y mucho menos control sobre sus emociones. Aun cuando la función menstrual es saludable, Kellog cree, podría hacer que una mujer, especialmente una de un nervioso y excitable temperamento ... taciturno, callado, caprichoso, inquieto e impaciente, con frecuencia se manifiesta una cierta irritabilidad nerviosa rayando en la histeria". Teniendo en cuenta esto, un desequilibrio de las funciones menstruales es posible contraer locura».
Según Burrows, cualquier trastorno menstrual provocará una forma equivalente de trastorno mental. En los casos de amenorrea, el flujo menstrual que no es expulsado al exterior puede dirigirse al cerebro causando un daño irreparable. Tanto los doctores más respetables como los curanderos vendedores de remedios populares contribuían a dar una imagen de la mujer como esclava de los procesos tiránicos de su ciclo menstrual. La menstruación estaba rodeada de numerosos tabúes y se la denominaba con eufemismos, la mayoría de carácter negativo: «turns, monthlies, poorliness, being unwell», siendo el más significativo el término “the curse” (la maldición).
El mayor riesgo para la salud de la mujer residía, como hemos dicho, en la inhibición de la hemorragia menstrual. Tanto en la pubertad, como durante sus años fértiles y la etapa pre-menopáusica «las obstrucciones oscuras en el cuerpo que causan flujo irregular hay que echarlas fuera y "limpiar"; una vigorizante pureza será el resultado de esta purgación ritual que libra el cuerpo de la "sangre mórbida"». Tanto los tratados de ginecología como los libros de divulgación y los anuncios publicados en revistas y periódicos muestran una obsesión por evitar la amenorrea.
Eran muy frecuentes los anuncios de pastillas destinadas a prevenir la retención del flujo menstrual, remedio que podía venir a ser una forma encubierta de aborto. Los argumentos en que se basa la publicidad de este tipo de pastillas giran en torno a los graves trastornos que la amenorrea supone para la mujer. Veamos, a modo de ejemplo, el anuncio de las Pastillas del Dr. Barker aparecido en el Leeds Intelligencer del 15 de marzo de 1851, «para la regulación de las secreciones y mantener un estado saludable, para la eliminación de todas las afecciones en función de las irregularidades, tales como debilidad general, nerviosismo, mareos, dolores de cabeza, pecho, costado o estómago».
El cuidado que la mujer debe poner para evitar un trastorno relacionado con la menstruación es extremo: debe proteger su cuerpo y su mente, evitar el frío y el exceso de calor, el ejercicio y la excesiva pasividad y toda emoción que pueda alterarla:
Si bien se consideraba que la amenorrea era una de las principales causas de trastorno mental en la mujer, y la preocupación por su tratamiento era claramente obsesiva, no es ésta la única enfermedad relacionada con el ciclo menstrual, cuyo funcionamiento, por otra parte, no se conocía hasta entrado el siglo XX.
En la obra de John Forbes, Cyclopeadia of Practical Medicine, publicada en 1833, la lista de enfermedades específicamente femeninas relacionadas con la menstruación es amplia: Amenorrea, dismenorrea, menorragia, patología de la menstruación… leucorrea, etc.