D

deoxero

Usuario (Argentina)

Primer post: 20 nov 2012
47
Posts
686
Puntos totales
12
Comentarios
"
"Ser mujer" en la época victoriana. Part I
InfoporAnónimo12/20/2013

A lo largo del siglo XIX y algo del XX, durante esos días del mes en los que nos acordamos más que nunca de que somos mujeres, nuestras antepasadas intentaban pasarlos lo más "comodamente" usando paños de algodón, retales de tela o unas toallitas higiénicas como las de las imágenes: Las más afortunadas se pasaban casi una semana tumbadas en casa hasta que acababa su menstruación. Y las pobres que trabajaban, a aguantarse Sad. Seguro que era incomodísimo, a mí ya me parecen incómodas las compresas que se usan hoy en día. Y eso sin contar con los dolores menstruales, que hoy podemos paliar con medicamentos por ejemplo. La mujer según la ginecología del siglo XIX A mediados del siglo XIX, se establece la teoría ovular de la menstruación, que consideraba que ésta era provocada por la liberación del óvulo, coincidiendo, por tanto, con la fertilidad y el momento de mayor deseo sexual en la mujer. Esta teoría lleva a considerar los ovarios como el órgano fundamental de la sexualidad femenina, la sede de la diferencia esencial, hasta el extremo de que el médico francés Achille Chéreau (1817-1885) propuso cambiar la frase de Van Helmont por esta otra: “Propter solum ovarium mulier est id quod est”. Este desplazamiento del centro de la feminidad a los ovarios es fundamental para comprender la práctica de la ovariotomía, la castración femenina, de que hablaremos más adelante. «La mujer era, por definición, una enfermedad o trastorno, una desviación de la norma de la salud representada por el macho». Según la medicina victoriana, la mujer es un ser definido e limitado por sus órganos y funciones sexuales y un ser enfermo o al borde de la enfermedad, tanto física como psíquica, siendo esta enfermedad provocada por las mismas funciones y aparato reproductor que la definen. «...peculiaridades físicas y mentales de la mujer se derivan de su función reproductiva y que la patología se define en la norma del cuerpo femenino...». De forma que podríamos decir que, según la medicina victoriana, la mujer es una enferma en virtud de su propia naturaleza, su propia razón de ser, que es la reproducción de la especie. Los trastornos y el malestar psicológico de las mujeres quedan explicados por su propia naturaleza y fisiología, sin cuestionar en ningún caso la forma de vida harto desequilibrante que se le impone. La menstruación La época victoriana mantiene la concepción griega de la menstruación como forma de eliminación de residuos superfluos o limpieza del organismo, llegando a creer que en caso de producirse amenorrea (ausencia de la menstruación por un período de tiempo mayor a los 90 días), se provocaban hemorragias en otros órganos tales como la nariz, las encías, etc. Varios autores trataron incluso el tema de la menstruación masculina, entre ellos el ginecólogo inglés Alfred Wiltshire, el médico americano V.O. King y el neurofisiólogo inglés Thomas Laycock, quien propuso la teoría de la “periodicidad vital” o sujeción de todos los fenómenos fisiológicos a ciclos temporales fijos. En los años 50 se formuló la teoría ovular, según la cual « la menstruación era la liberación espontánea del óvulo que causó la menstruación y la aparición de la menstruación, no sólo coincide con el periodo fértil, sino también con el pico de deseo sexual en la mujer.» Se mantenía así un paralelismo entre el periodo de celo de las hembras de otras especies y la menstruación de la hembra humana. Manteniendo esta analogía el zoólogo francés Félix-Archimède Pouchet (1800-1872), y Alfred Wiltshire en su obra “Lectures on the comparative physiology of menstruation”, publicada en 1883, consideraban que la mayor frecuencia de la menstruación en las hembras humanas era consecuencia de la civilización. Las condiciones de vida de las sociedades civilizadas favorecían el mantenimiento de mayor número de descendientes y con tal fin había aumentado la frecuencia del periodo de celo en la mujer, lo cual es falso tanto desde el aspecto sociológico como desde el biológico. La menstruación y los peligros que la misma supone para la salud de la mujer es un tema permanente en los tratados ginecológicos del siglo XIX. En “Domestic Medicine”,obra de divulgación escrita por William Buchan, muy popular durante los siglos XVIII y XIX, la sección dedicada a la menstruación quedaba incluida bajo el epígrafe de enfermedades de la mujer. Según este autor la conducta observada por la mujer al comienzo del ciclo menstrual era determinante para su futura salud y felicidad: «Tal es su delicadeza en esta etapa que "tomando alimentos inadecuados, cualquier afección violenta de la mente, o un resfriado, a menudo es suficiente para arruinar la salud, o hacer a la hembra incapaz de procrear». La menarquía (fecha en que aparece el primer periodo menstrual) era considerada un período de riesgo de aparición de enfermedades físicas y mentales: «La menarquia es la primera etapa de peligro mental, que requiere una vigilancia de las madres si quieren que sus hijas salgan ilesas. Los médicos advirtieron que la locura moral fácilmente podría comenzar en la adolescencia. El Dr. Edward describe la adolescencia femenina como un estado de "locura en miniatura». Evidentemente no es extraño que las adolescentes sufrieran trastornos psicológicos dado que la menarquia suponía una ruptura traumática entre el tipo de vida de la infancia, más libre y cercana a la de sus hermanos, y la represión de la actividad sexual, social e intelectual que se le imponía en la pubertad. Recordemos las teorías de Clarke y Maudsley sobre los riesgos que entrañaba para la adolescente el estudio y la actividad intelectual. La adolescencia suponía para el muchacho la incorporación al mundo del conocimiento y de su futuro papel en la sociedad, para la muchacha era la entrada en un mundo de limitaciones y prohibiciones. En palabras de un doctor de la época: «la pubertad da al hombre el conocimiento de mayor poder, y a la mujer la convicción de su dependencia.» La menstruación en sí misma era un tiempo de enfermedad e inestabilidad emocional, aunque no se produjera ningún trastorno aparente. El ginecólogo A.O. Kellogg (1828-1888), en un artículo publicado en el American Journal of Insanity, afirmaba que «durante el ciclo menstrual, la mujer tiene menor capacidad mental y mucho menos control sobre sus emociones. Aun cuando la función menstrual es saludable, Kellog cree, podría hacer que una mujer, especialmente una de un nervioso y excitable temperamento ... taciturno, callado, caprichoso, inquieto e impaciente, con frecuencia se manifiesta una cierta irritabilidad nerviosa rayando en la histeria". Teniendo en cuenta esto, un desequilibrio de las funciones menstruales es posible contraer locura». Según Burrows, cualquier trastorno menstrual provocará una forma equivalente de trastorno mental. En los casos de amenorrea, el flujo menstrual que no es expulsado al exterior puede dirigirse al cerebro causando un daño irreparable. Tanto los doctores más respetables como los curanderos vendedores de remedios populares contribuían a dar una imagen de la mujer como esclava de los procesos tiránicos de su ciclo menstrual. La menstruación estaba rodeada de numerosos tabúes y se la denominaba con eufemismos, la mayoría de carácter negativo: «turns, monthlies, poorliness, being unwell», siendo el más significativo el término “the curse” (la maldición). El mayor riesgo para la salud de la mujer residía, como hemos dicho, en la inhibición de la hemorragia menstrual. Tanto en la pubertad, como durante sus años fértiles y la etapa pre-menopáusica «las obstrucciones oscuras en el cuerpo que causan flujo irregular hay que echarlas fuera y "limpiar"; una vigorizante pureza será el resultado de esta purgación ritual que libra el cuerpo de la "sangre mórbida"». Tanto los tratados de ginecología como los libros de divulgación y los anuncios publicados en revistas y periódicos muestran una obsesión por evitar la amenorrea. Eran muy frecuentes los anuncios de pastillas destinadas a prevenir la retención del flujo menstrual, remedio que podía venir a ser una forma encubierta de aborto. Los argumentos en que se basa la publicidad de este tipo de pastillas giran en torno a los graves trastornos que la amenorrea supone para la mujer. Veamos, a modo de ejemplo, el anuncio de las Pastillas del Dr. Barker aparecido en el Leeds Intelligencer del 15 de marzo de 1851, «para la regulación de las secreciones y mantener un estado saludable, para la eliminación de todas las afecciones en función de las irregularidades, tales como debilidad general, nerviosismo, mareos, dolores de cabeza, pecho, costado o estómago». El cuidado que la mujer debe poner para evitar un trastorno relacionado con la menstruación es extremo: debe proteger su cuerpo y su mente, evitar el frío y el exceso de calor, el ejercicio y la excesiva pasividad y toda emoción que pueda alterarla: Si bien se consideraba que la amenorrea era una de las principales causas de trastorno mental en la mujer, y la preocupación por su tratamiento era claramente obsesiva, no es ésta la única enfermedad relacionada con el ciclo menstrual, cuyo funcionamiento, por otra parte, no se conocía hasta entrado el siglo XX. En la obra de John Forbes, Cyclopeadia of Practical Medicine, publicada en 1833, la lista de enfermedades específicamente femeninas relacionadas con la menstruación es amplia: Amenorrea, dismenorrea, menorragia, patología de la menstruación… leucorrea, etc.

20
14
El gran mal de la sociedad siglo XIX
El gran mal de la sociedad siglo XIX
InfoporAnónimo12/27/2013

“La casa de la ramera” y las prostitutas de Londres en la época victoriana En cualquier sociedad donde haya hombres y mujeres habrá por definición, hasta cierto punto, prostitución. Es un acto tan antiguo como el tiempo mismo (de hecho, hay alguna referencia en el código de Hammurabi de la sociedad de Mesopotamia que sugiere que la prostitución existía en el S. XVIII A. C.) No obstante, con el incremento de problemas sociales y el aumento de la moralidad doméstica en la clase media en el S. XIX de nuestra era la prostitución se convirtió en un mal de la sociedad de dimensiones épicas. Henry Mayhew en su publicación London Labour and the London Poor de 1862 sitúa los orígenes de la prostitución “en el año 1802, cuando la inmoralidad se extendió más o menos por toda Europa, debido a los efectos desmoralizantes de la Revolución Francesa” (p. 211). A mediados del siglo diecinueve era cada vez más difícil para las mujeres encontrar trabajo en profesiones dignas Dicha situación conduciría a un ascenso de trabajos para las mujeres mal remunerados con horarios abusivos, como trabajos agrícolas, dependientas, sirvientas, costureras y operarias de fábrica (Sigworth et. al, 81). En consecuencia, estas mujeres buscarían otros medios de suplemento económico y buscarían en la prostitución un medio de sustento. Con la aprobación del Acto de Enfermedades Contagiosas (•••Contagious Diseases Act) de 1864, 1866 y 1869 (Acton, iii), se legalizaba la prostitución pero se permitía a la policía detener a las mujeres sospechosas de prostitución para examinarlas en caso de ser portadoras de enfermedades venéreas, lo cual se convirtió en un asunto de gran controversia social. En efecto, se trataba de la era “El gran mal de la sociedad”. Mayhew trata la definición de la prostitución en los términos que siguen: Recurrir a la prostitución como una profesión [“obteniendo un beneficio económico al seducir a los más trabajadores o a los más ahorrativos con el fin de ganar una parte de sus ganancias”] es una cuestión de esta última clase y consiste —cuando se plantea como un medio de subsistencia sin trabajar, esto es, cuando mediante coacciones o cualquier otra acción inmoral apropiarse de una cantidad parcial del dinero obtenido. Si se interpreta literalmente, la prostitución puede entenderse como la acción o efecto de utilizar algo vilmente… se refiere especialmente al uso de los encantos de la mujer con fines inmorales. En el ensayo Prostitution Considered in its Moral, Social, and Sanitary aspects (second ed. 1870) William Acton, M.R.C.S. intenta dar un número aproximado de las mujeres que ejercían la prostitución en aquélla época. Las cifras vacilaban entre 6.371, como recogían las cifras policiales presentadas al Parlamento en 1839, y la estimación del Obispo de Exeter quien daba una cifra “que ascendía a 80.000” (p.3). Tras una serie de cálculos basados en las estadísticas de nacimientos y matrimonios, Acton propone una cifra aún mayor: “219.000 prostitutas o, de otro modo, una de cada doce mujeres solteras de la ciudad se han desligado del camino de la virtud”. En cualquier caso, la prostitución se convirtió rápidamente en una actividad prevaleciente en la Inglaterra victoriana, sobre todo, en la ciudad de Londres. Había tres categorías bien diferenciadas por cuanto concernía al alojamiento de las prostitutas, según define Acton tras consultar el informe policial de noviembre de 1868 (p. 6). Estos datos se desglosaban del siguiente modo: Número de burdeles y otros lugares Donde alojan: 2 Donde viven: 1756 Adonde recuren: 132 *: 229 Total: 2219 Número de prostitutas De lujo que viven e burdeles: 11 De lujo que vivien en alojamiento privados: 2153 En barrios de bajos seguros: 4349 Total: 6515 **Cafeterías u otros lugares donde aparentemente donde el negocio es aparentemente la actividad principal, pero que son lugares conocidos por la policía por ser utilizados como prostíbulos o lugares de alojamiento de las prostitutas. Con la evolución social de la prostitución surgió la necesidad de un gran cambio en la percepción de la sociedad: “Esa paz-puerca grosera y ebria, vestida con las galas más horteras y varios centímetros de maquillaje — símbolo de la prostitución por excelencia”. Según Acton, la referida descripción de una prostituta no era aceptable, pues ésta era generalmente “bella y elegante — normalmente con poco maquillaje”que había “desdeñado las borracheras”. En el poema “La casa de la ramera” , Oscar Wilde parece suscribir la hipótesis de Acton respecto al estereotipo indeseable: Sometimes a horrible marionette Came out, and smoked its cigarette Upon the steps like a live thing. A veces salía una horrible marioneta Que encendía el cigarrillo En los escalones, como si estuviese viva. Podría interpretarse que la meretriz que describe Wilde podría caracterizarse como la prostituta que vive “en el lugar donde se custodian”, lugar que Acton define como casas “cuyos propietarios dedican abiertamente sus negocios al hospedaje y, en ocasiones, al hospedaje único de prostitutas”, lugares conocidos de otro modo como burdeles. A este respecto conviene señalar que a pesar de la existencia de dichos establecimientos en 1857, con un total de 410 en el distrito metropolitano —como se indica en un cuadro similar al anterior—, hacia 1868 la Policía sólo tenía conocimiento de dos burdeles en la capital de Londres. Por tanto, cabría argüir que el poema “La casa de la ramera” no representa con exactitud la realidad social, sino que se trata de un intento de embellecer la realidad. El consenso general indica que la prostitución “consiste ni más ni menos que en la perversión de los encantos femeninos, esto es, la entrega de su virtud a la satisfacción criminal” (Mayhew,).No resulta, pues, extraño que la prostitución pasase a ser conocida en la Inglaterra de la época victoriana como “El gran mal de la sociedad”, así como tampoco resulta extraño la conformidad de Wilde con dicha definición. Se suponía que Oscar Wilde, en tanto que pionero del movimiento estético o decadentista, defendía el “arte por el arte” esto es, la creencia de que el Arte debía liberar al individuo de las cortapisas morales y conformar un ente en sí mismo. Precisamente con este argumento Wilde parte de las convenciones tradicionales, de gran argumento moral en obras de estilo victoriano como el ensayo “The Decay of Lying”. No obstante, en el poema “La casa de la ramera”, el autor deshumaniza a las prostitutas hasta extremos de crueldad: Like strange mechanical grotesques, Making fantastic arabesques, The shadows raced across the blind. We watched the ghostly dancers spin To sound of horn and violin, Like black leaves wheeling in the wind. Like wire-pulled automatons, Slim silhouetted skeletons Went sidling through the slow quadrille Cuál figures mecánicas grotescas, En increíbles arabescos, Las sombras se precipitaron sobre la cortina. Miramos bailar a las fantasmas danzante s Al sonido de la trompa y del violín, Como hojas negras en el viento. Como títeres de cuerda, Esqueletos de delgada silueta sigilosamente en la lenta cuadrilla Wilde se refiere a éstas como “mecanismos grotescos”, “autómatas”, “esqueletos”, “marionetas” y, en última instancia “las muertas”. Apenas podría haber encontrado sinónimos para “muñecas manipuladas”.Podría argüirse que el autor no expresa una opinión personal y que, por definición, está creando “arte por el arte”, pero dicha representación irrespetuosa de prostitutas sin vida resulta también evidente, en cierto modo, en el poema “Impresiones de la mañana” (Hawes): But one pale woman all alone, The daylight kissing her wan hair, Loitered beneath the gas lamps' flare, With lips of flame and heart of stone. Una pálida mujer solitaria, La luz del día besando sus pálidos cabellos, Holgazaneaba tras la llama de la lámpara, Labios de fuego y corazón pétreo. La prostitución no implicaba solamente una corrupción de la moralidad victoriana: “El pervertido, el masturbador de niños, el homosexual, el histérico, la prostituta, primitiva y ninfómana, todos estos personajes se clasificaban como especies sexuales que guardaban un “secreto” que se revelaba tras el análisis de la ciencia” (Ridgway). En concreto, la homosexualidad se consideraba un crimen abyecto, imputable con la pena de muerte hasta 1861. Por tanto, resulta extraño el rechazo inicial de Wilde por las prostitutas, pues no sólo se sabía que el autor había tenido relaciones homosexuales hasta ese momento (e incluso después, en 1895 se le condenó a dos años de trabajos forzados por el mismo motivo) y, por tanto, cabría suponer cierta simpatía del autor por las prostitutas como compañeras al margen de la moralidad victoriana. Sin embargo, dicha simpatía sí la tenía por los hombres que ejercían la prostitución. Cabría argüir que la aversión del autor por la figura de la prostituta suponga una forma de autocrítica o que ciertamente consideraba que las prostitutas eran la escoria de la sociedad o puede que, incluso, el poema “La casa de la ramera” represente “el arte por el arte”. En cualquier caso, la representación de las prostitutas en la obra de Wilde se sustenta en el consenso común de la sociedad victoriana como demuestra la definición de dicha actividad como “El gran mal de la sociedad”. El hecho de que por aquélla época hubiera reconocidos unos pocos burdeles demuestra la estrechez de miras de dicha sociedad y la percepción limitada de la prostitución. Apéndice Por cuanto se refiere a esta tabla, Acton afirma: En primera instancia, resulta necesario que el lector entienda la distinción entre los tres tipos de alojamientos, conocidos por la policía como burdeles. El primer tipo, “donde se alojan las prostitutas” son establecimientos cuyos propietarios se dedican abiertamente al hospedaje, en ocasiones única y exclusivamente a prostitutas… En las “casas donde viven las prostitutas” una o dos prostitutas ocupan un apartamento para ejercer su actividad con la connivencia o no de los propietarios… Las “casas adonde las prostitutas recurren” para ejercer su actividad representan las casas de actividad nocturna, es decir, los burdeles dedicados al entretenimiento de estas mujeres y sus acompañantes, así como cafeterías o restaurantes que frecuentaban… Las prostitutas “de lujo que viven en burdeles”son aquéllas que se abstienen de “hacer la calle”… Las prostitutas “de lujo, que hacen la calle” son aquéllas que ejercen su actividad únicamente en la calle… La “prostituta que ejerce su actividad en barrios de bajos recursos” no necesita definición, pues su propio nombre lo indica. Más adelante, por lo que a la diferenciación de “clases” de prostitutas se refiere, Acton hace constar: El orden de clases de prostitutas se divide en tres: “la mantenida” (término repulsivo del que no encuentro sinónimo), es decir, aquélla que tiene o pretende tener un solo amante con quien en ocasiones convive; la prostituta común, al servicio del primero que llegue sin demasiados reparos y que no tiene otro medio de subsistencia; y, por último, la prostituta cuya actividad supone un ingreso económico secundario.

1
0
C
Catalina Erauso, la monja Alférez.
InfoporAnónimo12/11/2013

Uno de los personajes más fascinantes y curiosos del siglo de oro español es Catalina Erauso, apodada La Monja Alférez, cuya vida está plagada de peripecias y aventuras. Nacida en San Sebastián en 1592, era hija de un militar, Miguel de Erauso, y de María Pérez de Gallárraga y Arce. A los cuatro años fue internada en el convento de San Sebastián el Antiguo, del que una tía suya era la priora, por lo que tanto su niñez como su adolescencia las pasó entre rezos y crucifijos, llevando una austera vida monacal. Sin embargo, parece ser que su carácter, inquieto y rebelde, no iba en consonancia con la tranquila forma de vida de intramuros. Por si fuera poco, una discusión en el claustro con una robusta novicia, en la que nuestra protagonista recibió varios golpes, motivó que se decidiera a marchar del convento. Fue así como, en 1607, cuando apenas contaba quince años de edad, colgó los hábitos y, disfrazada de labriego, cruzó las puertas del convento para no regresar nunca. Pasó entonces a vivir en los bosques y a alimentarse de hierbas, a viajar de pueblo en pueblo, temerosa de ser reconocida. Siempre vestida como un hombre y con el pelo cortado a manera masculina, adoptó nombres diferentes, como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso. Algunos autores afirman que su aspecto físico le ayudó a ocultar su condición femenina: se la describe como de gran estatura para su sexo, más bien fea y sin unos caracteres sexuales femeninos muy marcados. Pedro de la Valle nos dice de ella que “no tiene pechos, que desde muchacha me dijo haber hecho no sé que remedios para secarlos y dejarla llana como le quedaron…”. También se dice que nunca se bañaba, y que debió adoptar comportamientos masculinos para así poder ocultar su verdadera identidad. Bajo alguno de estos nombres logró llegar a Sanlúcar de Barrameda, embarcando más tarde en una nave hacia el Nuevo Mundo. En tierras americanas desempeñó diversos oficios, recalando en el Perú. En 1619 viajó a Chile, donde, al servicio del rey de España, participó en diversas guerras de conquista. Destacada en el combate, rápidamente adquirió fama de valiente y diestra en el manejo de las armas, lo que le valió alcanzar el grado de alférez sin desvelar nunca su autentica condición de mujer. Amante de las riñas, del juego, los caballos y el galanteo con mujeres, como corresponde a los soldados españoles de la época, fueron varias las veces en que se vio envuelta en pendencias y peleas. En una de ellas, en 1615, en la ciudad de Concepción, actuó como padrino de un amigo durante un duelo. Como quiera que su amigo y su contrincante cayeron heridos al mismo tiempo, Catalina tomó su arma y se enfrentó al padrino rival, hiriéndole de gravedad. Moribundo, éste dio a conocer su nombre, sabiendo entonces Catalina que se trataba de su hermano Miguel. En otra ocasión, estando en la ciudad peruana de Huamanga en 1623, fue detenida a causa de una disputa. Para evitar ser ajusticiada, se vio obligada a pedir clemencia al obispo Agustín de Carvajal, contándole además que era mujer y que había escapado hacía ya bastantes años de un convento. Asombrado, el obispo determinó que un grupo de matronas la examinarían, comprobando que no sólo era mujer, sino virgen. Tras este examen, recibió el apoyo del eclesiástico, quien la puso bajo su tutela y la envió a España. Conocedores de su caso en la corte, fue recibida con honores por el rey Felipe IV, quien le confirmó su graduación y empleo militar y la llamó “monja alférez”, autorizándola además a emplear un nombre masculino. Algo más tarde, mientras su nombre y aventuras corrían de boca en boca por toda Europa, Catalina viajó a Roma y fue recibida por el papa Urbano VIII, quien le dio permiso para continuar vistiendo como hombre. Durante esta tranquila etapa, ella misma escribió o dictó sus propias memorias, la “Historia de la monja alférez”, publicadas en París mucho más tarde, en 1829, y traducidas a varios idiomas. Del libro, en el que en mucho de cuanto se cuenta es difícil distinguir la realidad de la ficción, surgieron también adaptaciones, como la de Thomas de Quincey, así como obras de teatro y películas. Pero su espíritu inquieto y aventurero no conoce reposo. En 1630, la monja alférez viaja de nuevo a América y se instala en México, donde regenta un negocio de arriería o transporte de mercancías entre la capital mexicana y Veracruz. A partir de 1635 poco se sabe de su vida, salvo que murió en Cuitlaxtla, localidad cercana a Puebla, quince años más tarde. Sin embargo, tampoco se conocen las causas de su fallecimiento, pues unos dijeron que había muerto asesinada, otros que en un naufragio y otros, los más dados a la fantasía, que se la había llevado el diablo.

5
0
L
La era victoriana cambio de una epoca
InfoporAnónimo6/21/2015

Si bien todos creen que fue una epoca parecida a la actual y digamos que tenia algo similar a lo que hoy conocemos como elite, social y muchas cosas mas; Esta era fue el final de muchas cosas antiguas que estaban fuera de contexto y el comienzo de algo bueno pero biazarro a al vez.. Las guerras de Napoleón Bonaparte habían terminado en 1815, y mientras que la Revolución y la Francia imperial habían cambiado la cara de Europa, y agotado la imaginación del mundo entero, también estaba, más silenciosa, la poderosa Gran Bretaña, que pronto entraría en escena como la principal potencia del mundo. En este marco nació la princesa Victoria, en 1819. En lo que quedaba del siglo XIX, y aún empezando el XX, Gran Bretaña permanecería como la primera potencia mundial, muy por encima de cualquier otra. Aún conservaba hacia el siglo XIX gran parte de su imperio colonial, zonas de África, Medio Oriente, Asia, Canadá, Australia, y cientos de islas alrededor del mundo seguían bajo el control del reino británico, y de su prolífera Royal Navy. Como se solía decir, “el sol nunca se ponía sobre su imperio”, Gran Bretaña controlaba zonas tan alejadas dentro del globo terráqueo que a toda hora existía alguna de sus colonias iluminada por los rayos del Sol. Si bien muchos deben haber visto peliculas con estilo victoriano pero muy erroneso les contare como fue un poco el reinado de la Reina Victoria un poco... La reina Victoria (o la Emperatriz, como a veces se la llamaba) gobernó este inmenso reino expansivo durante un largo período de 63 años, sólo tenía 18 años cuando fue coronada como reina de Gran Bretaña. Se destacó por su buen sentido, una relativa compasión, sus excelentes modales, y cierta inocencia típica del Romanticismo. Victoria protegió los intereses cosmopolitas, que inundaban la época, y cultivó las relaciones internacionales entre varias familias dinásticas de Europa. Ella misma era étnicamente germana, usualmente hablaba el alemán en su hogar, se casó con un germano (el príncipe Alberto), y su hija se convirtió luego en la esposa del kaiser de la poderosa Alemania imperial (Federico III). Al año de su muerte, en 1901, la mayoría de los gobernantes del continente europeo eran sobrinos, primos, o incluso nietos de Victoria. Entre ellos, Wilhelm II, quien llevó a Alemania hacia la Primera Guerra Mundial. Es cierto, más de la mitad de la población mundial del período comprendido dentro de la Era Victoriana vivía fuera del Imperio Británico. Pero este hecho también enfatiza otro más elocuente: casi la mitad de la población mundial vivía, de hecho, en algún área del globo que gobernaba la reina Victoria desde Londres. Esta fue la impronta de Victoria sobre la historia del mundo. Durante gran parte del siglo XIX, la libra esterlina británica fue la moneda corriente dentro de los mercados mundiales, la flota británica la autoridad máxima en ultramar, las humeantes fábricas y las incontables vías del ferrocarril fueron el ejemplo a seguir para todas las demás potencias que imitaron la Revolución Industrial británica. El cambio en el modo de producción (antes con campesinos y artesanos como actores, ahora con obreros en las fábricas) pronto revolucionó la sociedad y la economía de todo el mundo, llevándolo a la Era Industrial. Mientras el desarrollo del ferrocarril y otras industrias catalizaban el nuevo tipo de producción capitalista, la reina Victoria gobernó su reino audazmente, influenciando al mundo entero. Ahora bien tienen un poco de lo que era el imperio britanico y el estilo ademas un dato curioso es que Victoria y su esposo Albert trajeron la navidad a ese sector ya que Londres no festejaba aquello era algo que les resultaba paganos en fin prosegire con lo que era la sociedad.... Durante la Era Victoriana existieron, como ocurre en cualquier período, diferentes clases sociales. Por un lado estaban las clases sociales más altas, compuestas por aquellos que tenían títulos nobiliarios o eran poseedores de grandes fortunas familiares. Pertenecían a esta clase alta los miembros de las monarquías, los sacerdotes, los aristócratas, etc. Las mujeres de las clases sociales más altas nunca trabajaban, ni siquiera en casa, ya que tenían sirvientes. Por otro lado estaba la clase media, en la que se podía distinguir la clase media-alta de la clase media-baja. Cabe destacar que durante la Época Victoriana era muy difícil cambiar de una clase social a otra, y solo era un poco más común el pasar de clase media-baja a media-alta o viceversa. La clase media alta estaba compuesta por altos cargos relacionados con la administración, la salud o la iglesia. Por su parte, la clase media baja estaba compuesta por profesionales que habían logrado cierto éxito en el desempeño de sus funciones. Si tenían suficiente éxito incluso podían pasar a formar parte de la clase media alta. Por su parte, la clase baja o clase obrera era la más numerosa de todas. La formaban todas aquellas personas que trabajaban en las fábricas, merced al desarrollo de la Revolución Industrial. También dentro de la clase obrera existían divisiones, pues existían profesionales cualificados que estaban por encima de la mano de obra no cualificada. Dentro de las fábricas era también frecuente la presencia de niños. Las altas tasas de mortalidad infantil fueron una de las causas de que en la Era Victoriana la esperanza de vida apenas alcanzase los 40 años. En esta clase baja también se solía incluir a los sirvientes de la clase media alta o de la clase alta. Con el paso de los años el número de personas dedicadas a este tipo de servidumbre fue aumentando hasta llegar a superar el millón de personas. Como decimos, eran considerados de clase baja, pero llegaban a tener más consideración que la clase obrera si servían de forma fiel a una familia importante. Cabe destacar que durante la Era Victoriana comenzó a desarrollarse una marcada doble moral en la sociedad. El recato y los modales exquisitos que se promulgaba desde la monarquía eran frecuentemente violados por todas las clases sociales, tanto en las más altas esferas como en los estratos más bajos. Durante esta época se desarrolló en gran medida la práctica de la prostitución, y muchas zonas se convirtieron en terrenos peligrosos llenos de tabernas, burdeles, salas de juego y apuestas y antros de perversión. En estas zonas solían convivir prostitutas, borrachos, jugadores o mendigos, considerados la clase más baja, el estrato marginal de la sociedad. Durante el reinado de Victoria, el número de prostitutas del Reino Unido siempre se mantuvo alrededor de 25.000 y 30.000. Y como siempre tambien esta los nombres que mas utilizaban en esa epoca.... Nombres femeninos de la era Victoriana[/align[/color Abigale / Abby, Ada. Adella, Agnes, Allie,Almira / Almyra, Alva, America, Amelia, Ann ~ (tambien como Nancy) / Annie, Arrah, Beatrice, Becky ~ ( o Rebecca), Bernice, Bess, Bessie, Beth, Betsy ~ (como Elizabeth), Charity, Charlotte, Chastity, Claire, Constance, Cynthia, Dorothy ~ (tambien Dot), Edith, Edna, Edwina, Ella, Eleanor, Ellie, Elizabeth ~(tambien Eliza, Liza, Lizzy; vean Bess.), Elvira, Emma, Esther, Ethel, Ettie ~ (vea Henrietta), Eudora, Eva, Fidelia, Frances, Fanny ~ (usualmente como Frances), Flora, Florence, Geneve ,Genevieve, Georgia, Gertrude / Gertie, Gladys, Grace, Hannah ,Hattie ,Helen ,Helene ,Henrietta / Hettie ~ (tambien Ettie), Hester ,Hope Hortence ,Isabell / Isabella ,Jane, Jennie, Jessamine, Josephine, Judith, Julia, Juliet ,Katherine / Kate ,Laura, Leah, Lenora, Letitia, Lila, Lilly, Lorena, Lorraine, Lottie, Louise / Louisa, Lucy, Lulu, Lydia, Mahulda, Margaret ~ (vea Peggy), Mary, Mary Elizabeth, Mary Frances, Martha, Matilda / Mattie, Maude, Maxine /Maxie, Mercy, Mildred, Minerva, Missouri, Molly ~ (apodo para Mary), Myrtle, Nancy ~ (vea Ann), Natalie, Nellie / Nelly, Nettie, Nora, Orpha, Patsy, Parthena, Peggy ~ (apodo para Margaret), Permelia, Phoebe, Philomena, Polly ~ (apodo para Mary), Preshea, Rachel, Rebecca ~ (vea Becky), Rhoda / Rhody, Rowena, Rufina, Ruth, Samantha, Sally, Sarah, Sarah Ann, Sarah Elizabeth, Savannah, Selina, Sophronia, Stella, Theodosia, Vertiline ~ (tambien Verd), Victoria, Virginia / Ginny, Vivian, Winnifred / Winnie, Zona, Zylphia. Nombres masculinos de la Era Vcitoriana Aaron, Abraham / Abe, Alan / Allen, Albert, Alexander, Alonzo, Ambrose, Amon, Amos, Andrew / Drew / Andy, Aquilla, Archibald / Archie, Arnold, Asa, August / Augustus, Barnabas / Barney, Bartholomew / Bart, Benjamin, Bennet, Benedict, Bernard, Bertram / Bert, Buford, Byron, Calvin, Charles / Charley / Charlie, Christopher, Christopher Columbus, Clarence, Clement / Clem, Clinton / Clint, Cole, Columbus (tambien Lom o Lum), Commodore Perry, Daniel / Dan, David, Dick ~ (vea Richard), Edmund, Edward, Edwin, Eldon, Eli, Elijah, Elisha Emmett, Enoch, Ezekiel ~ (tambien Zeke), Ezra, Francis, Frank ~ (tambien apodo para Francis), Franklin, Frederick / Fred, Gabriel / Gabe, Garrett, George, George Washington, Gideon, Gilbert / Gil, Granville, Gus ~ (vea August), Hank ~ (apodo para Henry), Harland, Harrison, Harold / Harry, Harvey, Henry ~ (vea Hank), Hiram, Horace, Horatio, Hugh, Isaiah, Israel, Isaac ~ (tambien Ike), Isaac Newton, Jacob / Jake, James ~ (tambien Jim), Jasper, Jack ~ (para John), Jefferson / Jeff, Jedediah / Jed, Jeptha, Jesse, Joel, John ~ (vea Jack), John Paul, John Wesley, Jonathan, Joseph, Josephus ~ (tambien “Cephas”), Josiah, Joshua, Julian, Julius, Lafayette ~ (tambien Lafe), Lawrence / Larry, Leander, Les / Lester / Leslie, Lewis / Lew / Louis, Levi, Lucas, Lucian, Lucius, Luke, Luther, Louis, Levi, Lucian, Matthew, Marcellus, Mark, Martin, Martin Luther, Masheck, Maurice, Maxwell, Merrill, Meriwether, Meriwether Lewis, Michael/ Mike, Micajah ~ (como apodo para “Cage”), Mordecai, Morgan, Morris, Nathaniel / Nathan / Nate / Nat, Ned ~ (abreviacion de Edward), Newton / Newt, Nicholas / Nick, Nimrod, Ninian, Obediah, Octavius, Ora / Oral, Orvill, Oscar, Owen, Paul, Patrick / Pat, Patrick Henry, Paul, Perry, Peter, Pleasant, Ralph, Raymond, Reuben, Robert ~ (tambien Bob), Robert Lee, Richard / Rich ~ (vea Dick), Roderick, Rudolph, Rufus, Samuel, Sam Houston, Seth, Silas, Simon, Simeon, Stanley / Stan, Stephen, Thaddeus, Thomas / Tom, Thomas Jefferson, Theodore / Ted, Timothy / Tim, Ulysses, Uriah, Victor, Walter, Warren, Washington, Wilfred, William / Will ~ (tambien Bill, Billy), Willie ~ (no se utiliza siempre para William), Zachariah, Zebulon, Zedock. Bueno espero que les haya gustado hacia mucho tiempo no hacia un post pero he visto con el correr de los meses que miraban mis post, espero les guste estare en agradecimiento con todos

0
0
S
Ser homosexual en la era victoriana Part II
InfoporAnónimoFecha desconocida

La vida secreta de dos gays reconocidos en la Gran Bretaña victoriana Oscar Wilde. Foto: Archivo John Douglas, marqués de Queensberry, tenía la apariencia y la forma de pensar de un aristócrata inglés de la época victoriana. Como buen caballero y deportista, su conducta era guiada por un espíritu inflamado de altruismo. Esto lo había llevado a crear nuevas reglas que hacían del boxeo un deporte más humanizado. Sin duda, el marqués era un hombre con influencias y con bastante notoriedad. Sobre todo, era un exponente de las ideas morales dominantes en los finales del siglo XIX. Su normalidad y su conducta iban en perfecta correspondencia con la normalidad y la moral de esos años. Estas virtudes del marqués serían el inconveniente que haría tropezar y caer en la ruina al más talentoso escritor del reino: el irlandés Oscar Wilde. El marqués de Queensberry tenía un hijo, Alfred. Para desgracia del marqués, el muchacho era mal estudiante y había abandonado uno de los mejores colegios ingleses sin graduarse. Pero no era todo: tampoco le gustaba el boxeo ni los deportes. Más bien, le agradaba la poesía y escribir versos de amor. Sobre todo, divertirse en costosas fiestas privadas a la que asistía un selecto grupo afecto al sexo y al opio. Claro que estas cosas provocaban desencanto en el marqués. Pero, lo que más podía afectarlo era lo mismo que afectaría a cualquier padre normal: la homosexualidad de su hijo. Nada tan “espantoso” como un hijo anormal. De modo que lo anormal debía ser escondido, como lo haría cualquier persona normal. Si no se ve, no existe. El marqués, decidido a llevar a su hijo por el camino correcto: dejó de darle dinero. No era tonto. Nada más grave para un aristócrata mantenido que quedarse sin dinero. ¿Con qué pagaría sus trajes hechos a medida y sus cenas en restaurantes costosos? Lord Alfred Douglas. Foto: Archivo Alfred tenía suerte. En un mundo de injustas desigualdades, a él le había tocado pertenecer a la clase más alta, es decir, a la constituida por los que viven a expensas del resto. No era todo. Al encontrarse sin dinero, el destino le puso enfrente a Oscar Wilde. Cuando esto ocurrió, ninguno de los dos lo sabía pero se habían sentado en un sube y baja. En un extremo, Alfred iría hacia arriba. En el otro, Oscar bajaría con tanto ímpetu que terminaría de traste sobre el arenero. Oscar era hijo de intelectuales y se había educado en Oxford. Su talento literario era tanto como sus ansias de notoriedad y de ser el centro de atención en donde se encontrara. Su capacidad artística le permitía escribir obras de teatro como “La importancia de llamarse Ernesto“, una novela como “El retrato de Dorian Gray”, poemas, y relatos, profundos y bellos, como “El Príncipe Feliz” o “El ruiseñor y la rosa”. Esteticista, ingenioso conversador, irónico y sutil, padecía del mal de muchos: ser homosexual y esconderlo. Apenas había terminado sus estudios, mostró a su familia una novia, Florence Balcombe, que era una de las irlandesas más bellas de su tiempo. Florence, hija de un militar y acostumbrada a estar con hombres duros, se alejó rápidamente de Oscar y se casó con Bram Stoker, el autor de “Drácula”. Oscar se mostró muy ofendido por el abandono y, mostrándose desdichado, juró no regresar a Irlanda. Esto le permitió viajar bastante y conseguir otra mujer para casarse. La elegida fue Constance Lloyd, hija de un consejero de la reina. Constance era una buena chica y se sentía feliz de cuidar de su casa, de su marido, y de los dos hijos que tuvo con él. Claro, ignoraba que se había casado con un homosexual. Todo funcionaba bien en la vida de Oscar. Su esposa, Constance, lo quería y admiraba, y entendía que él era un tanto excéntrico y de carácter histriónico. Para nada se le ocurría suponer que su marido tenía una doble vida: en una, fingía ser un heterosexual; en la otra, adecuadamente encubierta, actuaba como homosexual. Constance, en el medio de esta actuación, al fin pareció advertir las verdaderas preferencias de Oscar. Sobre todo, cuando su esposo comenzó a frecuentar al crítico de arte Robert Ross. Ambos se veían con frecuencia y era razonable que así fuera: eran amantes. Ross estaba enamorado de Oscar y llegaría a aceptar lo que fuera por permanecer cerca. Constance quedó relegada y ya no tuvo ninguna vinculación sexual con su esposo. Era el momento adecuado para la aparición de Alfred Douglas. Oscar encontró en Alfred, “Bosie”, como le gustaba llamarlo, al amante ideal. Alfred era un aristócrata de apenas veintiún años, con buen gusto, deseoso de encontrar un mecenas, y dispuesto a divertirse y divertir a Oscar. Juntos tuvieron múltiples momentos de alegría compartiendo a adolescentes conseguidos en las calles por un poco de dinero. Es cierto que alguno de ellos provocó cierto malestar en Oscar cuando lo chantajeó amenazándolo con revelar sus alegres prácticas homosexuales. Fuera de eso, la pareja funcionaba muy bien. Hasta la desafortunada aparición del marqués de Quensberry, dispuesto a arruinar todo. El marqués, que había seguido cuidadosamente las andanzas de su hijo, tuvo una idea: dejó su tarjeta personal en el club al que asistía diariamente Wilde. La tarjeta decía: “Para Oscar Wilde, que presume de sodomita”. Oscar se sintió muy ofendido. Decidió hacerle juicio al marqués por calumnias e injurias. La policía llevó preso al marqués, que no tuvo otro camino que contratar a detectives para que lograran pruebas de la homosexualidad de Wilde. Si estaba diciendo la verdad, no había calumniado a nadie. Por supuesto, no fue difícil obtener las pruebas. Y así comenzó la ruina del célebre Oscar Wilde. El juicio por difamación contra el marqués fue seguido por todo el mundo. El periodismo y la gente atiborraba los pasillos del tribunal. Wilde pretendió ser simpático, mordaz, gracioso. El jefe de abogados del marques, Edward Carson, lo destrozó. Después de hacerlo pedazos en el banquillo, anunció que llamaría como testigos a varios muchachos que afirmarían haber tenido relaciones con Wilde. Por consejo de su abogado, Oscar dejó caer la acusación y retiró los cargos contra el marqués. A partir de ese momento, se inicia su verdadero calvario. Los británicos siempre han sido personas que conocen de moral. En especial, el modo de acondicionar la moral a los propios intereses. De ese modo, la piratería no resulta inmoral porque los piratas ingleses robaban para su reina; el entrar en guerra con China para obligar a los chinos a plantar y consumir opio, y el resto de la droga comercializarlo en Europa y América empleando la armada real, jamás fue considerado inmoral; muchos menos, llevar al nivel de esclavitud a los africanos de sus colonias para que trabajaran en las minas de oro; o ser responsables de centenares de miles de muertes en la India con la hambruna que provocaron al colonizarla. Según los británicos, ninguna de estas acciones tenía ni el mínimo de inmoral. Pero, sin dudas, era inmoral la homosexualidad. Los ingleses crearon una ley para castigar a los homosexuales. En 1534, durante el gobierno de Enrique VIII se promulgó la ley de sodomía. En 1563, la hija de Enrique, la reina Isabel hizo más precisa la ley. El que practicara la homosexualidad, sería ahorcado. La ley se mantuvo vigente casi tres siglos, hasta 1836. Entre los años 1830 y 1836, fueron ahorcados cincuenta y ocho homosexuales. En el año 1861, a los ingleses les pareció un poco exagerado ahorcar a los homosexuales. Mostrando su espíritu humanitario, dejaron de lado el ahorcamiento y la homosexualidad pasó a ser considerada como un delito contra las personas. Las condenas eran variables: podían ir desde unos meses de prisión a la cadena perpetua. La ley contra la homosexualidad en Gran Bretaña fue derogada en 1967. Una lástima para Wilde. Los hechos que protagonizaba sucedían en 1895. Como la ley que protegía a la sociedad de los homosexuales se encontraba en plena vigencia, el escritor Oscar Wilde, por el delito de ser homosexual, fue a la cárcel. Constance se separó, cambió el apellido de sus hijos e impidió que Oscar los volviera a ver. Cuando lo trasladaban a la prisión, la gente lo abucheó y lo escupió. En la cárcel, le impidieron tener papel y pluma durante bastante tiempo. Le dieron una cama dura, un trabajo duro y raciones de alimentos escasas. Wilde se enfermó y pasó dos meses en la enfermería. Con un poco de ayuda, pudo obtener los recursos para escribir y alimentarse un poco mejor. Pero su salud estaba deteriorada y su espíritu quebrado. Desde mayo de 1895 hasta noviembre de 1897, Wilde estuvo en la prisión de Reading, cercana a Londres. Al salir, no era el mismo. Lo estaba esperando su amigo Robert Ross, con el que estuvo un tiempo en una localidad de Normandia, en Francia. No tenía un centavo y apenas tuvo voluntad para escribir “Balada de la cárcel de Reading”, que nada tiene que ver con él, excepto por el verso: “cada hombre mata lo que ama”. Alfred Douglas fue a buscarlo. Vivieron juntos en Napolés. Constance se enteró y dejó de mandarle el dinero con el que ayudaba a Oscar. La familia de Douglas le hizo saber que, de continuar con la relación, no recibiría más dinero y sería desheredado. Al fin, la pareja terminó por distanciarse definitivamente. Wilde se quedó solo y en la pobreza. Vivió en una pieza de un hotel de tercera clase en París. En 1900, a las cuarenta y seis años, se murió. Dijeron que por meningitis. Dos años más tarde, el homosexual Alfred Douglas se casó con Olive Eleanor Custance, una chica quue escribía versos mediocres pero que era muy adinerada. Poniendo la tierra bajo la alfombra, la moral británica quedaba satisfecha.

12
6
K
Kolmanskop, un pueblo fantasma bajo las dunas.
InfoporAnónimo12/15/2012

Estamos acostumbrados a ver como la naturaleza, lentamente, recupera el terreno que los humanos le arrebataron algún día construyendo ciudades, pueblos o cualquier tipo de edificaciones allí dónde antaño habían bosques, campos u otros ecosistemas de la madre Gea. Y cuando las personas se retiran, las plantas, los bosques, el agua y la tierra, engullen el cemento para, con el paso de los años, devolver a su estado natural a aquello que les fue arrebatado. Este hecho en sí me otorga cierta tranquilidad de espíritu, porque me hace pensar que cuando la civilización se autodestruya, la naturaleza se encargará de borrar todos los rastros y heridas causados al planeta durante miles de años y quizás, dejará un planeta de nuevo libre y salvaje, quien sabe si para dar cabida a una nueva humanidad, espero, que lo trate con el respeto que se merece. Bueno, la parrafada anterior viene a cuento de un pueblo llamado Kolmannskuppe o Kolmanskop (En Afrikaans). Esta pequeña ciudad está en Namibia y fue construida por los alemanes, siendo este país Colonia Alemana, allá por el año 1908. ¿Y qué hacían los alemanes en Namibia? Os preguntareis, pues básicamente, explotar las minas de diamantes de aquel lugar. Se calcula que en un corto periodo de tiempo, durante la primera guerra mundial, se extrajeron de aquel lugar más de una tonelada de diamantes de una calidad extrema. Podéis imaginar que los beneficios y el dinero que allí se generaron no fueron pecata minuta, y los colonos no escatimaron en lujos y comodidades, dotando a la pequeña ciudad de grandes mansiones que, rodeadas de salones de baile, casinos, restaurantes, escuelas e incluso un gran hospital, no tenían nada que envidiar a las ricas y esplendorosas ciudades alemanas. El primer aparato de rayos X de Africa estuvo en ese hospital, pero no es que se preocuparan por la salud de los mineros. El aparato era usado para comprobar que ningún trabajador se tragaba los diamantes para robarlos. Pero como todas las minas acaban por agotarse, no fue esta un caso diferente, y pasados unos años el preciado carbono comenzó a menguar. Otras minas fueron descubiertas en la frontera con Sudáfrica y Kolmanskop quedó completamente abandonada. El caso de esta ciudad no es único y son varios los pueblos que se pueden encontrar en aquel desierto que corrieron la misma suerte. Oranjemunden, Elisabethbuch… El desierto, con sus dunas implacables, va sepultando lentamente el recuerdo de estas ciudades, que en algunos puntos han desaparecido ya por completo. Quizás avergonzado de los abusos y del sufrimiento que padecieron miles de trabajadores esclavizados. Cosa que no ha cambiado con el paso de las décadas, pues la historia se repite en nuestros días en muchos puntos del continente africano. link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=QaHkhmjeAtM

0
0
Issei Sagawa, el canibal japones
Issei Sagawa, el canibal japones
InfoporAnónimo1/7/2013

Una cena memorable Issei Sagawa nació un 11 de Junio de 1949 en un Japón desolado y hambriento tras la guerra. Pese a nacer en el seno de una familia de empresarios acaudalados, en los primeros años de su infancia conoció muy de cerca la cultura de la “supervivencia” en su país. Era un niño pequeño y de aspecto débil y enclenque. El mismo se autocalificaría años después como: “pequeño, feo, con manos pequeñas y pies diminutos”. Con tan solo cinco años, unas terribles pesadillas atormentaban al pequeño Issei todas las noches. En sus pesadillas se veía a él mismo en el interior de una enorme cacerola con agua hirviente. Trataba de huir, pero no lo conseguía y, lentamente se cocía dentro del agua hasta que alguien lo sacaba de allí, pero no para salvarlo, si no para devorarlo sin compasión. Estas pesadillas infantiles lo traumatizaron profundamente y fueron la mecha de sus posteriores actos caníbales. Sagawa tenía dos grandes pasiones, el Sushi y las mujeres occidentales. Le volvían locos aquellos cuerpos esculturales que veía de vez en cuando por las calles de Tokio. Altas, rubias, esbeltas… pero lo que más idolatraba era su piel… su piel blanca, suave y tersa. No lo podía resistir y no tardó en trazar un plan para poder estar rodeado de esas mujeres con las que el soñaba. A finales de los setenta, la empresa familiar del padre de Sagawa ya había recuperado el poderío económico perdido en la guerra e Issei había disfrutado de una juventud bastante cómoda. Era un tipo inteligente y se había licenciado en literatura, aparte de ser todo un experto y amante del arte en casi todas sus variantes. Su padre se puso más que contento cuando Issei le dijo que quería continuar con sus estudios en la Sorbona, y no dudó en financiarle todos los proyectos. De este modo, el joven Issei adquiriría excelentes conocimientos para heredar y dirigir la empresa familiar a su vuelta. De este modo, a finales de los setenta Issei se matricula en Literatura comparada en la universidad parisina y por fin cumple su sueño de verse rodeado de esas pieles casi etéreas con las que ha soñado durante treinta años. Su gozo es tremendo, pero ahora que las tiene tan cerca necesita algo más, necesita tocarlas, olerlas… mmmm… quizás saborearlas con el mismo deleite con el que saborea su preciado sushi. Y como caída del cielo, en 1981 conoce a Rennée Hartevelt, una joven Holandesa que cuadra perfectamente con su perfil. Alta, ojos claros, rubia, esbelta y con la piel más blanca y tersa que jamás ha visto. De tan solo imaginar el roce de su piel a Issei se le disparan sus más perversos sueños. Rennée es una estudiante abierta y vanguardista, hace poco que ha llegado a París y no conoce a mucha gente. La joven encuentra en Sagawa a un amigo ideal, pues ambos comparten el mismo amor por el arte y la literatura. Durante unos meses, no queda teatro, parque o exposición que ambos no visiten en compañía, incluso en alguna ocasión se les ve bailar en alguna famosa sala parisina. Hasta que una noche, Issei decide ir un poco más allá e invita a Rennée a cenar en su casa. Sushi, un poco de buen vino… música de fondo. El escenario está preparado para que Issei pueda acariciar por primera vez su piel soñada y, en mitad de la cena, con la escusa de ir a por un poco más de vino va hasta la cocina y retorna con una pistola y, sin pensarlo dos veces, apunta al largo cuello de Rennée y la mata de un certero disparo. ¡Por fin! El cuerpo desnudo de la joven holandesa yace en el suelo ante Issei, que lo contempla totalmente extasiado. Pero éste no tiene ninguna apetencia sexual ante tan bello cuerpo, más bien, su apetencia es gastronómica. Sin prisas, analiza todas las zonas del cuerpo y al final se decide por la cadera derecha… no sabe muy bien por qué, pero le parece la zona más apetecible en ese momento. Aquí comienza el episodio más cruel de esta historia, Sagawa se lanza enloquecido hacia su segundo plato de la noche asestándole un tremendo bocado en la cadera, pero vaya, la falta de experiencia casi le hace dejarse algún diente en el intento. Tras el esfuerzo, tan apenas ha dejado unas marcas en la piel de Rennée. Analizando la situación, vuelve a la cocina y busca su mejor cuchillo. Ahora sí, lentamente va cortando pequeños trozos de carne que va comiendo con total placer y deleite. El mismo escribiría tiempo atrás en sus memorias: “la carne se deshacía en mi boca, como el sushi. Nunca pude pensar que esto fuera tan exquisito”. Sin prisa, va cortando y comiéndose a su buena amiga hasta que ya no puede más y decide dejar el resto para más tarde. Durante varios días, el caníbal japonés se alimentaría casi exclusivamente del cuerpo de la holandesa hasta que considera que ya ha terminado con todas las zonas comestibles. Introduce los restos que han quedado en un par de viejas maletas y busca un lugar donde deshacerse de ellas. Por la noche se dirige a un lago existente en los bosques de Bolonia, lugar verde de paseo y esparcimiento para los parisinos, y allí, lanza las dos maletas sin que nadie lo vea. Pero el lago tiene una profundidad demasiado escasa y, a los pocos días, una pareja que pasea por el lugar encuentra las maquiavélicas valijas, al ver que de una de ellas sobresalía una mano y un pie, avisan horrorizados a los gendarmes rápidamente. La policía no tarda mucho en cerrar el círculo de sospechosos del salvaje crimen, y cuando se presentan en casa de Issai, éste lo confiesa absolutamente todo con total frialdad. A partir de aquí, se encadenan una serie de acontecimientos sin mucho sentido. Primero, tras la supervisión de tres psicólogos, Sagawa es tomado como demente y juzgado como tal, internándolo en la institución Paul Guiraud de París. “La estancia en aquel lugar fue horrible, allí estaban todos locos”, confesaría Sagawa. El nunca se consideró loco ni se hizo pasar por ello, sus actos siempre fueron voluntarios y en estado de total conciencia y lucidez. Pasados unos meses, el segundo sin sentido del caso, Issei contrae una enfermedad, que no es más que una inflamación intestinal y que es diagnosticada por los médicos, ni más ni menos que como una encefalitis avanzada. El veredicto del equipo médico le vaticina unas pocas semanas de vida. El padre de Issei, hombre poderoso y con muchas influencias, consigue que el caníbal moribundo sea trasladado a Tokio, allí continuará recluido en una institución psiquiátrica de alta seguridad, pero por lo menos, morirá en tierra japonesa. El gobierno francés no se opone al traslado, pues al fin y al cabo, quedándole pocas semanas de vida, lo ven como un simple adelanto del trayecto. De modo que Issei es trasladado al hospital Matsuzawa de Tokio. Y claro, como era de esperar, no muere. Ahora, el caníbal confeso se encuentra en una situación insólita, pues en Japón no tiene ninguna causa pendiente y en Francia se han retirado todas las causas contra él ante su inminente muerte. Tras tan solo cinco años de cautiverio, Issei Sagawa está libre de toda culpa y queda en total libertad. El caso de este hombre recorrió todos los rincones de Japón, pues él mismo nunca escatimó en ningún detalle de lo sucedido. Para él, comerse a Rennée fue el sumun del placer que un humano puede conseguir en la vida. Cuando queda en libertad estalla la locura mediática en el país. El prestigioso dramaturgo Okawa, publicaría “Cartas a Sagawa”, relatando los tétricos hechos y vendería más de 300000 ejemplares un poco tiempo. El propio Sagawa escribiría tiempo después sus propias memorias con todo lujo de detalles tituladas “En la niebla”, donde reservaría más de cuarenta páginas para describir como dio cuenta de la pobre Rennée. Este libro fue todo un delirio en Japón vendiendo más de 200000 ejemplares en tan apenas un mes. Entrevistas televisivas, exclusivas, reportajes… el “padrino del canibalismo”, como se le conocería en aquel tiempo, se hace casi millonario explotando su terrible y cruel asesinato. En algunos programas de televisión incluso se le trata como a un héroe, ironizando todos y cada uno de los pasajes de tan brutal asesinato. El morbo no queda en Japón, y entrevistas de Sagawa en televisiones extranjeras están a punto de crear verdaderos problemas diplomáticos entre Francia, Holanda y los países que emiten dichas entrevistas. Sagawa ha publicado muchos más libros desde entonces, todos ellos relacionados con el canibalismo y en cierto modo, haciendo una clara apología de él. Todos ellos se han convertido en auténticos Best Sellers a nivel mundial. El más conocido “Me la comí por fetichismo”, es otra obra detallada de los sucesos descritos. En Japón está tratado como un escritor excepcional y, tras casi treinta años de aquellos sucesos, todavía sigue ganándose la vida gracias a ellos. Tambien expone sus obras pictóricas, en las cuales suele mostrar mujeres de piel blanca y cuerpos voluptuosos, y es un contertulio común en diferentes programas de televisión. Sagawa atribuye todos sus actos a aquellas pesadillas que le atormentaron de pequeño y que, como él relata, le llevaron a comerse a Rennée de modo casi obligatorio. Personalmente, lo de las pesadillas me parecen un cuento chino, o más bien, una fábula japonesa. Pero tras conocer la historia de este psicópata mediático, lo que más miedo me da es la reacción de la sociedad japonesa ante todo lo sucedido, sin guardar el más mínimo respeto por la familia de la joven Rennée Hartevelt, que tuvo que sufrir por triplicado; primero la muerte de un modo tan horrendo de su hija, segundo, la incompetencia de las autoridades francesas dejando marchar a este asesino y, tercero, ver al asesino de su hija tratado como un héroe nacional y relatando con pelos y señales y en todos los medios posibles, tan dolorosos recuerdos. Por lo menos, lo único que cabe esperar es que no aparezca ningún fan de Sagawa dispuesto a seguir los mismos pasos del afamado caníbal. De todos es sabido que los japoneses son bastante dados a las copias y, a ser posible, mejoradas.

10
0
Descubren el cráneo del animal más grande de la prehistori
Descubren el cráneo del animal más grande de la prehistori
InfoporAnónimo1/16/2013

El pliosaurio más grande del Jurásico El cráneo fosilizado de un enorme monstruo marino ha sido descubierto en un área de acantilados de la costa británica, cerca de la localidad de Dorset. La cabeza de esta inmensa criatura mide unos dos metros y medio y podría pertenecer al mayor pliosaurio descubierto, que poseía una longitud estimada de 16 metros y un peso de unas diez toneladas. Parte superior del cráneo del Pliosaurio El fósil, descubierto por un coleccionista particular, ha sido adquirido por el ayuntamiento de Dorset. Será analizado y expuesto en el Museo de esta misma localidad. Las autoridades se han negado a revelar el punto exacto en el que fue hallado para evitar que la gente acuda a esta zona de la costa, en la que los desprendimientos son habituales. “El coleccionista tuvo suficiente suerte para llegar el mismo día en que una pieza de gran tamaño cayó del acantilado. Durante los siguientes cuatro años siguió acudiendo día tras día hasta que desenterró el fósil”, explicó Richard Edmonds en declaraciones a la BBC, encargado de la gestión de la costa jurásica para del ayuntamiento de Dorset. Los científicos destacan el buen estado de conservación de los fósiles, que pertenecen a un espécimen que vivió hace 150 millones de años. Los pliosaurios fueron una subespecie de los plesiosaurios, un grupo de reptiles acuáticos gigantes que dominaron los mares al mismo que tiempo que los dinosaurios dominaban la Tierra. Los pliosaurios poseían enormes cabezas similares a las de los cocodrilos, además de poderosas mandíbulas y cuellos fuertes. Usaban sus aletas para impulsarse y alcanzar sus presas, entre las que se encontraban los ictiosaurios (reptiles con forma similar a la de los delfines actuales) y otros pliosaurios. “Tenían enormes músculos en el cuello. Podemos suponer que una vez mordían a una presa y la agarraban con firmeza estos músculos la desgarrarían y despedazarían“, afirma David Martill, paleontólogo de la Universidad de Portsmouth. El fósil corresponde a la parte superior del cráneo y a la mandíbula inferior. “Por la anchura y profundidad de la mandíbula se puede ver que era inmensamente poderosa”, señala Martill. Aunque los expertos aclaran que es difícil precisar el tamaño sólo a través del cráneo, el monstruo de Dorset rivaliza en tamaño con los dos mayores pliosaurios conocidos, encontrados en Svalbard (Noruega) y en Aramberri (México). Según Richard Edmonds el resto del fósil podría estar emparedado en el acantilado. “La zona en la que fue hallado se está erosionando rápidamente y eso significa que los fósiles atrapados y enterrados caen constantemente a la playa”.

3
6
Descubren un océano salado en Encélado, una luna de Saturn
Descubren un océano salado en Encélado, una luna de Saturn
InfoporAnónimo1/16/2013

Océanos bajo el hielo Científicos de la misión espacial Cassini han descubierto partículas de hielo salado en los anillos de Saturno que podrían indicar la presencia de un océano en la luna Encélado. Según han informado la NASA y la ESA, las sales proceden del anillo “E” de Saturno, que suele engrosar a costa de material expulsado por la luna Encélado. En concreto, la sonda Cassini consiguió captar el momento en el que se producía una emisión gigantesca de un chorro de vapor de agua, gases y granos de hielo saliendo de una de las grietas del polo sur del satélite. Usando el Analizador de Polvo Cósmico a bordo de Cassini, los científicos han podido analizar químicamente esta emisión, detectando sales de sodio en concentraciones muy similares a las de los océanos de la Tierra. Ante estas evidencias, Frank Postberg, del Instituto Max Plank, y sus colegas han llegado a la conclusión de que debajo de la superficie de Encélado existe un océano salado. El agua líquida, afirman, es lo único que puede disolver cantidades de minerales tan grandes como las que evidencian los niveles de sal detectados. Por si esto fuera poco, junto a las sales, los investigadores han identificado carbonatos como la sosa, que según afirma Postberg en la revista Nature proporcionan un pH ligeramente alcalino que, “unido al calor medido en la superficie cercana al polo sur de la luna y a los compuestos orgánicos hallados en los penachos, podría configurar un entorno en Encélado adecuado para la formación de los precursores de la vida”. Encélado, descubierto en por el astrónomo alemán William Herschel en 1789, está cubierto por una gruesa capa de hielo y tiene un diámetro de 500 km. El nuevo hallazgo ayudará a comprender el proceso de formación de esta y otras lunas planetarias.

0
2
Ameba devora-cerebros
Ameba devora-cerebros
InfoporAnónimo1/16/2013

Parásitos que se alimentan de nuestros cerebros El aumento de las muertes por culpa del Naegleria fowleri, un parásito microscópico y, hasta el momento, raro, está alarmando a las autoridades sanitarias estadounidenses. En el último año, el parásito ha matado a seis niños y jóvenes en Estados Unidos, tres de ellos en la Florida, dos en Texas y uno en Arizona. Esta cifra que no parece alarmante, pero que supera con creces la media de casos registrados hasta el momento (de 1995 a 2004 se dataron 23 víctimas). Los expertos vaticinan que el número de infectados podría seguir aumentando debido al cambio climático. “Es una ameba que adora el calor. Si la temperatura del agua aumenta, se encontrará mejor”, “En las próximas décadas esperamos ver más casos, al incrementarse las temperaturas”, explica Michael Beach, especialista del Centro de control y prevención de enfermedades estadounidense (CDC). “Esto es definitivamente algo a lo que tenemos que dar seguimiento”, agregó. El CDC sabe solamente de unos varios cientos de casos en todo el mundo, desde que fue descubierto el microorganismo en Australia en la década de 1960. Esta ameba vive en aguas dulces y cálidas, como lagos, charcas, aguas industriales o piscinas descuidadas y con poco cloro. Principalmente se localiza en la capa superior del fondo, por lo que la infección por este parásito es más fácil si la víctima remueve o pisa el sedimento. Para que pueda llegar al cerebro, es necesario que el agua donde reside el parásito ascienda por la nariz como ocurre, por ejemplo, al tirarse de cabeza o dar una voltereta en el agua. Una vez en el interior del cuerpo, la ameba devora rápidamente las mucosas y continúa su ascenso hacia el cerebro donde se instala y se alimenta de células cerebrales. Las víctimas infectadas se quejan al principio de dolores de cabeza, fiebre o rigidez en el cuello, aunque una vez que el parásito ha avanzado, dan muestras de daños cerebrales, como alucinaciones o cambios en el comportamiento. En menos de una semana el paciente puede entrar en coma y morir.De momento, hay drogas que han tenido efecto contra la ameba en laboratorios, pero las víctimas rara vez sobreviven, dijo el experto, no existe un tratamiento eficaz contra el microorganismo. Se han dado casos en la gran mayoría de países cálidos del planeta, en el continente africano se supone un alto porcentaje de muertes por esta ameba y en sudamérica y países cálidos asiáticos, los casos se multiplican año a año.

0
10
...
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.