
Tomarlo con humor, nota de un periodista acerca de la cara oculta de este fenomeno
Auxilio! Estoy a punto de convertirme en un paria. Mi novia dice que me estoy volviendo un "old fart" (algo muy, muy feo en inglés), mientras que mis colegas empiezan a mirarme con recelo.
Y con la hija de mi novia, de ocho años de edad, corro el peligro de pasar de ser simplemente annoying (molesto) a ser "utterly silly" (completamente tonto).
Los argumentos en mi contra son pocos, pero contundentes: considero que Pablo Coelho es un charlatán y que Isabel Allende es una imitadora descarada de Gabriel García Márquez.
No pude pasar del primer capítulo del Código da Vinci, pues me pareció insufriblemente mal escrito. Y mejor ni les digo lo que pienso de los "realities" de la televisión y de los (CENSURADO) que los siguen.
Pero la verdadera prueba vendrá en los próximos días, cuando lancen el nuevo libro de Harry Potter.
Pottermanía
Para ser honesto, mis síntomas con respecto al joven mago son moderados.
Comparto la opinión de aquellos que consideran el fenómeno Potter como algo bueno si fomenta la lectura entre los menores de edad.
También me despierta gran admiración la historia de la escritora escocesa J.K. Rowling, que desde un gris apartamento en Edimburgo, donde vivía de los beneficios del Estado, imaginó la historia del joven mago para entretener a su hijita.
Mis problemas con Harry Potter empiezan cuando lo veo en manos de adultos hechos y derechos.
Y créanme: son legión. Aquí en Inglaterra, simultáneamente con la edición juvenil, se edita una más sobria, con una cubierta para "mayores de edad".
Y estoy seguro de que, cuando salga el nuevo libro de la saga de Potter, el metro de Londres estará repleto de adultos leyéndolo. Creo que voy a seguir viniendo al trabajo en bicicleta.
Es más fuerte que yo mismo. Cuando veo a alguien mayor de 18 años con un libro de Rowling, me provoca abofetearlo con la Crítica de la Razón Pura.
Hace algún tiempo, una querida colega chilena -que en todos los asuntos mundanos se muestra más o menos en sus cabales- dijo durante una comida que no se explicaba cómo la gente podía leer al aburrido de José Saramago, existiendo algo tan divertido como Harry Potter. Yo me tuve que levantar de la mesa, pues me dio taquicardia. Y estuve una semana sin dirigirle la palabra.
Hombre, cuando yo era niño disfruté bastante de libros infantiles y juveniles (Blyton, Salgari, Verne, Perrault, Andersen). Pero cuando llegué a la adolescencia empecé a buscar literatura que me presentara una visión de la existencia más compleja y profunda.
Ahora, si lo que quieren es entretenimiento, hay mucha literatura adulta bastante amena. Pero, ¿Harry Potter?!!!
Teorías
Por supuesto, como cualquier "old fart", tengo teorías a medio cocinar para todo.
Una de ellas es que en las naciones industrializadas y en las clases sociales media y alta de los países pobres, el período de la adolescencia se ha extendido. Ahora, por todas partes se ven adolescentes que ya han superado los treinta años. Y sus gustos son acordes.
La otra teoría es que todo ese revivir de la magia y la papilla Nueva Era está llenando un vacío dejado por la crisis de las religiones y de los sistemas políticos. La gente busca en qué creer y se engancha con el primer falso profeta que se les aparece por el camino.
Mi novia, que ha leído muchísimo más que yo (por ejemplo, no he podido terminar en Busca del Tiempo Perdido ni El Hombre sin Atributos y ella sí) me acusa de intolerante.
Lo que ella no sabe es que también me puede acusar de hipocresía. Apenas supe que a mi mamá le gustaba Isabel Allende, corrí a regalarle todos sus libros. Sí, incluso los últimos, en los que la han señalado de imitar a J.K. Rowling.
Y a un ahijado que tengo en Colombia le he regalado varios tomos de Harry Potter en español y planeo darle uno en inglés, para ver si lo motivo a aprender el idioma.
Solo me queda rezar para que mi mamá nunca descubra a Pablo Coelho.
Esta doble existencia me tiene desesperado. No quiero perder el saludo de mis colegas ni el amor de mi novia. ¿Qué puedo hacer?
Acepto cualquier recomendación... Es decir, cualquiera que no involucre leer a Coelho, Allende, Chopra, Brown y compañía. Estoy desesperado, pero no tanto.
Y con la hija de mi novia, de ocho años de edad, corro el peligro de pasar de ser simplemente annoying (molesto) a ser "utterly silly" (completamente tonto).
Los argumentos en mi contra son pocos, pero contundentes: considero que Pablo Coelho es un charlatán y que Isabel Allende es una imitadora descarada de Gabriel García Márquez.
No pude pasar del primer capítulo del Código da Vinci, pues me pareció insufriblemente mal escrito. Y mejor ni les digo lo que pienso de los "realities" de la televisión y de los (CENSURADO) que los siguen.
Pero la verdadera prueba vendrá en los próximos días, cuando lancen el nuevo libro de Harry Potter.
Pottermanía
Para ser honesto, mis síntomas con respecto al joven mago son moderados.
Comparto la opinión de aquellos que consideran el fenómeno Potter como algo bueno si fomenta la lectura entre los menores de edad.
También me despierta gran admiración la historia de la escritora escocesa J.K. Rowling, que desde un gris apartamento en Edimburgo, donde vivía de los beneficios del Estado, imaginó la historia del joven mago para entretener a su hijita.
Mis problemas con Harry Potter empiezan cuando lo veo en manos de adultos hechos y derechos.
Y créanme: son legión. Aquí en Inglaterra, simultáneamente con la edición juvenil, se edita una más sobria, con una cubierta para "mayores de edad".
Y estoy seguro de que, cuando salga el nuevo libro de la saga de Potter, el metro de Londres estará repleto de adultos leyéndolo. Creo que voy a seguir viniendo al trabajo en bicicleta.
Es más fuerte que yo mismo. Cuando veo a alguien mayor de 18 años con un libro de Rowling, me provoca abofetearlo con la Crítica de la Razón Pura.
Hace algún tiempo, una querida colega chilena -que en todos los asuntos mundanos se muestra más o menos en sus cabales- dijo durante una comida que no se explicaba cómo la gente podía leer al aburrido de José Saramago, existiendo algo tan divertido como Harry Potter. Yo me tuve que levantar de la mesa, pues me dio taquicardia. Y estuve una semana sin dirigirle la palabra.
Hombre, cuando yo era niño disfruté bastante de libros infantiles y juveniles (Blyton, Salgari, Verne, Perrault, Andersen). Pero cuando llegué a la adolescencia empecé a buscar literatura que me presentara una visión de la existencia más compleja y profunda.
Ahora, si lo que quieren es entretenimiento, hay mucha literatura adulta bastante amena. Pero, ¿Harry Potter?!!!
Teorías
Por supuesto, como cualquier "old fart", tengo teorías a medio cocinar para todo.
Una de ellas es que en las naciones industrializadas y en las clases sociales media y alta de los países pobres, el período de la adolescencia se ha extendido. Ahora, por todas partes se ven adolescentes que ya han superado los treinta años. Y sus gustos son acordes.
La otra teoría es que todo ese revivir de la magia y la papilla Nueva Era está llenando un vacío dejado por la crisis de las religiones y de los sistemas políticos. La gente busca en qué creer y se engancha con el primer falso profeta que se les aparece por el camino.
Mi novia, que ha leído muchísimo más que yo (por ejemplo, no he podido terminar en Busca del Tiempo Perdido ni El Hombre sin Atributos y ella sí) me acusa de intolerante.
Lo que ella no sabe es que también me puede acusar de hipocresía. Apenas supe que a mi mamá le gustaba Isabel Allende, corrí a regalarle todos sus libros. Sí, incluso los últimos, en los que la han señalado de imitar a J.K. Rowling.
Y a un ahijado que tengo en Colombia le he regalado varios tomos de Harry Potter en español y planeo darle uno en inglés, para ver si lo motivo a aprender el idioma.
Solo me queda rezar para que mi mamá nunca descubra a Pablo Coelho.
Esta doble existencia me tiene desesperado. No quiero perder el saludo de mis colegas ni el amor de mi novia. ¿Qué puedo hacer?
Acepto cualquier recomendación... Es decir, cualquiera que no involucre leer a Coelho, Allende, Chopra, Brown y compañía. Estoy desesperado, pero no tanto.