Todos hemos tenido abuelos, puede que no sepamos ellos o que hayan fallecido ya. Tengo suerte porque llegué a conocer la mejor abuela que una persona puede tener. Murió hace 4 o 5 años debido a un cáncer. Recuerdo que ella era cariñosa, inteligente, divertida, tierna y muy linda. Ella estuvo allí en el hospital cuando nací, ella me quería mucho y yo también. No estoy seguro, pero creo que era la mayor de ocho hermanos.
Solía visitarla casi todos los días porque vivía un piso debajo de mi apartamento con su hija (la hermana de mi padre) y sus nietos. Ella siempre quizo lo mejor para mi hermano y yo. Jugábamos en su casa por las tardes y ella me enseñaba canciones, matemáticas, geografía, religión y otras cosas. Todavía puedo recordar su pequeña biblioteca llena de libros académicos que había leído con el fin de ayudarme a hacer tareas.
Ella me cuidó y durmió conmigo cuando estaba gravemente enfermo. Nunca olvidaré el tiempo que pasamos juntos y lo que hizo por mí, porque ella siempre quiso protegerme; además, todas sus enseñanzas influyeron en gran medida mis decisiones futuras.
Por desgracia, todo tiene un final. Ella comenzó a enfermarse lentamente. Yo era un niño entonces, pero recuerdo haber oído que vomitaba su comida. Sin embargo, ella se negaba a ir al hospital hasta que un día se le diagnosticó un cáncer de mama. Por lo tanto, tuvo una cirugía de mastectomía y quimioterapia también.
Un día vi a mi padre llorar por su madre, él sabía que iba a morir pronto y me dijo que el cáncer de mi abuela se había extendido por una gran parte de su cuerpo (metástasis). Recuerdo verla muy enferma y con poca fuerza. Ella dijo que ya no tenía la misma fuerza en sus manos para sostener un simple vaso de agua.
Mi tía que vivía con mi abuela solía bañarla en el patio porque mi abuela ya no era capaz de hacerlo por sí misma. Verla en ese estado me trajo una gran tristeza.
De lo que más me arrepiento es no haberle tocado una canción en mi violín. Creo que la culpa es de mi padre por decirle a mi abuela que tenía un violín. De todos modos no me sentí preparado para mostrarle lo que estaba aprendiendo.
Ella murió en un hospital en la noche un par de semanas más tarde, cuando mi hermano y yo estábamos durmiendo. No pude entender lo que había sucedido, pero sabía que nunca volvería a ver a mi abuela de nuevo. Conocidos, familiares y amigos asistieron a su funeral. Estaba lleno de gente que no conocía.
Años después fui a su tumba con mi tía, mi prima y mi padre. En esa tarde de viento las hojas caían y el ambiente transmitía nostalgia y tristeza. Esa fue la primera y la última vez que la visité en el cementerio porque no creo que seré capaz de estar en ese sombrío lugar de nuevo.