La crítica al libre uso de las armas se une con el acendrado antiamericanismo de nuestra sociedad, que encuentra en los supuestos efectos negativos de la libertad de armas un motivo más de crítica. Como muchas otras, esta carece de fundamento. En primer lugar Estados Unidos tiene un nivel de homicidios por habitantes comparables con otras democracias occidentales. La primera democracia del mundo no es la única en permitir libertad de armas. Otros países con una población que posee armas en igual proporción, como Suiza, Finlandia o Nueva Zelanda, tienen menor incidencia de la criminalidad. Gran Bretaña, que lleva seis años con la aplicación de una estricta legislación de control de armas, ha superado a los Estados Unidos en esa desagradable estadística. Suiza tiene un 40% menos de criminalidad que Alemania, y Nueva Zelanda también queda por debajo de Australia en crimen, con una legislación sobre el libre uso de las armas contrapuesta. Israel tiene un porcentaje de la población con armas mayor que el de los Estados Unidos, y una incidencia del crimen por debajo de Canadá. En las comparaciones que se hacen entre los Estados Unidos y otros países con controles de armas no se tiene en cuenta que hay otros factores sociales y económicos que inciden en esas diferencias; cabe recordar que las diferencias entre Estados Unidos y Europa Occidental eran mayores cuando el Viejo Continente empezó a adoptar legislaciones contrarias a la libertad de armas, lideradas por Alemania.
Tampoco se destaca que cuando en Estados Unidos se disparó la criminalidad a mediados de los 60’, ésta aumentó a mayor velocidad en las naciones que mantienen el control de armas. Tampoco se acuden a comparaciones que minimizan los factores puramente culturales. Se cita como ejemplo de baja criminalidad con control de armas a Japón, en claro contraste con los Estados Unidos. Pero se debería tener en cuenta que los japoneses en su país tienen una tasa de homicidios 2,3 veces mayor que la de los compatriotas que viven en los Estados Unidos
Como claro ejemplo de las dificultades a la hora de hacer comparaciones internacionales, hay que hacer notar que las estadísticas de crimen en Japón no incluyen los asesinatos de familiares o los suicidios, que forman parte de la cultura tradicional de ese país. En Gran Bretaña las estadísticas de homicidio o asesinato no incluyen los muertos por la actividad terrorista del IRA, mientras que en Estados Unidos se incluye cualquier muerte causada por cualquier medio. Las comparaciones en muchas ocasiones, como es el caso de Bowling for Columbine, tienen en cuenta sólo las muertes por armas de fuego. Los muertos por armas blancas son mucho mayores en número en Gran Bretaña que en Estados Unidos, cuando lo más importante es cómo evitar las muertes, no el medio con el que se llevan a cabo.
Recientemente ha publicado un artículo titulado significativamente Confirming More Guns, Less Crime, American Enterprise Institute, 9 de diciembre de 2002, en el que amplía el período de análisis al año 2000. El valor de los datos obtenidos al ampliar el análisis es parecido, y el sentido es exactamente igual. Las conclusiones del libro no se debilitan sino que se reconfirman con la ampliación del período considerado.
Klerk y Kates, pág 61. Hay que tener en cuenta que los datos reflejados en esta obra no dan cuenta de la evolución de la última década, en la que la criminalidad en Estados Unidos ha decrecido, mientras que en Europa ha aumentado, hasta el punto de que esta última ha sobrepasado a la estadounidense. A este respecto, véase el artículo America the Safe. Why Europe´s Crime Rates have Surpassed Ours, de Eli Lehrer, publicado por IEA. El autor cita como principales causas la creciente localización de la gestión policial y el aumento de las penas como principales responsables de esa evolución. Atendiendo a los datos sobre los principales factores que inciden en el crimen aportados por Lott en la obra citada y por Bruce Benson, Op Cit., las principales causas bien podrían ser otras. El criminalista Joyce Lee Malcolm, autor de la obra “Guns & Violence: The English Expierence”, Harvard University Press, Cambridge, Mass, 2000., apunta directamente a la legislación de 1997 que prácticamente acaba con la libertad de armas en Gran Bretaña como la principal causa del aumento del número de delitos que ha tenido lugar precisamente con la aplicación de dicha norma en su artículo Gun Control’s Twisted Outcome.
Para los escépticos sobre la capacidad de defensa que proporcionan las armas cuando una parte de la sociedad está amenazada por un grupo criminal llevado por ideologías genocidas, valdrá recurrir al clásico ejemplo de los judíos que se atrincheraron con unas pocas armas en un gueto de Varsovia, cuando los socialistas alemanes la habían convertido en un campo de prisioneros. Una vívida recreación de ese episodio heroico se debe a John Ross en su “Unintended Consecuences” Accurate Press, St. Louis, Missouri, 1996, págs 70-88. La novela histórica de Ross es un valioso esfuerzo por dar a conocer la cultura de las armas y alguno de los episodios más relevantes de su reciente historia.