Como les habia prometido a los que leyeron el fanfic "Harry Potter y el Sextante de Plata", aqui les traigo otro fanfic que le sigue al otro. Por si no leyeron el sextante de plata aqui esta el link:
Parte 1:
El año había comenzado tranquilo para los Potter y los Weasley. Al menos por el momento.
Después de los sucesos de Navidad, cuando Circe, una aparente compañera de escuela de los hijos de Harry y los de Ron, les había confesado su simpatía hacia el desaparecido Lord Voldemort.
El objetivo de la muchacha no era otro que continuar en la conquista de lo que Tom Riddle estuviera enfrascado en los últimos momentos de su vida: lograr romper el vínculo entre la varita y el mago.
Lamentablemente, aquella lunática había desaparecido sin rastro cuando Teddy Lupin le lanzó una maldición asesina, tras lo que sólo quedaron sus vestiduras.
Todos los presentes aquella noche estaban seguros de que Circe seguía viva, Avada Kedavra nunca había desaparecido a nadie de la faz de la tierra: los cuerpos permanecían sin vida por su efecto, en el suelo, pero nada más.
Harry, por su parte, seguía muy preocupado con la existencia de alguien como Circe. Además, había visto de qué era capaz y cuántos seguidores la apoyaban.
Al igual que su ahijado Teddy Lupin, Harry tenía la sospecha que Circe, como Voldemort en su momento, estaría en algún lugar del mundo buscando seguidores a la causa de Tom Riddle. De esta manera poder purgar al universo de la magia de los ‘’Impuros’’ y lograr el completo dominio mediante la ruptura del vínculo entre el mago y su varita.
Además, Circe contaba con las notas de Voldemort y seguro en ellas el Señor Tenebroso había dejado descrito el proceso de creación de los Horrocruxes. Por su parte, Lily le comentaba mucho últimamente en sus cartas acerca de su nueva amiga, la mujer del carrito de golosinas…
La primera novedad del año llegó en la segunda quincena de enero, cuando dejó de nevar. Harry se hallaba en su oficina del Ministerio de Magia, secundado por Ron. Ambos preparaban una inspección al sistema de seguridad de Hogwarts cuando Parrywidget, la lechuza de Harry, entró por la ventana.
Por supuesto, el animal fue detenido por la tinta y plumas encima de la mesa, pues había heredado los peores genes de Errol. Sí, Parrywidget era descendiente directa de la antigua lechuza de Ron, algo así como su hija o nieta y, aunque lucía similar a Hedwig, con el sentido espacial era un desastre.
Tras el estruendo provocado por el aterrizaje forzoso de Widge, como cariñosamente le llamaban, Harry siguió la rutina de cada mensaje recibido: agitó su varita y los destrozos desaparecieron. Luego apuntó hacia la tinta desparramada por toda la mesa y ésta fue desapareciendo en el extremo de su varita, como si fuera un absorbente. Acto seguido, extrajo una galleta de una cajita a su izquierda y se la tendió al animal, un poco desplumado por el aterrizaje forzoso. Widge se volteó con mucho esfuerzo, dejó caer el paquetito atado a su pico y arremetió contra la golosina, no sin antes lanzar una mirada de agradecimiento a su dueño.
Ron levantó la mirada de la edición matutina de El Profeta y observó a Harry, que abría el paquete de manera parsimoniosa. Sin dudas el invierno los tenía algo atontados.
— Es otra carta de Lily — dijo tras examinar detenidamente el papel. Era rosa y desde su posición Ron podía oler un leve aroma a sándalo. Harry abrió el papel y comenzó a escuchar un sonido instrumental. La carta decía:
Papi:
Hoy mi amiga de la cocina me ha ayudado a confeccionar esta carta. Ella me ha dicho que le gustaría hablar contigo, conocerte. Es un poco mayor que tú, creo, aunque luce realmente joven.
Le he contado del sextante y de Circe, y parece que sabe algo del tema. Sospecho que no me quiere decir hasta no asegurarse de estar en lo correcto.
Esta semana hemos hecho un hechizo con Flitwick para darle vida a nuestros dibujos, más abajo te envío el que te hice.
Un beso para todos, especialmente para tío Ron y tía Hermione!!!
PD Le escribí una carta más extensa a mamá, cosas de chicas. ¡No estés celoso!
Lily Luna
Aquellas eran buenas nuevas. La amiga de Lily había resultado, tal vez, una mina de información aún sin explotar, una oportunidad única para ir un paso por delante de Circe. Y lo mejor: antes de llevarle sus cartas, Widge tenía la orden de pasar por donde se hallara Teddy, para que les informara de cómo iban sus cosas.
La decisión de enviar a su ahijado tras la pista de Circe, había sido una decisión tomada entre todos. Teddy tenía la orden de ubicarla para no perderle el rastro y ver cómo iba evolucionando, porque hasta el momento no tenían ni la menor idea de qué estaba buscando la admiradora de Voldemort.
Un primer y más lógico plan, debía ser reunir a los Mortífagos exiliados de Gran Bretaña para utilizar su poder, sus lógicas aprendidas del Señor Oscuro en favor de sus objetivos. Por ello, Hermione se había encargado de ir a los archivos del Ministerio para registrar los archivos de emigración y posible emigración de los Mortífagos.
Ginny, en tanto, se había instalado en los archivos de El Profeta para registrar las publicaciones de más de 20 años atrás, donde se afirmó ver focos de magia oscura.
Tanto la señora Weasley como la señora Potter encontraron un lugar en común y de altas probabilidades de presencia tenebrosa. Se trataba de un país europeo, que ya Voldemort había visitado: Albania.
Sí. Durante su estancia en Albania, Voldemort no comentó nada, absolutamente nada. Además, ¿qué podría estar buscando en aquel lugar tan distante de su formación?
Ese era el asunto. El por qué Voldemort había ido a Albania, qué hizo en ese país por tanto tiempo, eran algunas de las preguntas básicas, y no tenían respuestas. Y lo más curioso: tras la caída del Señor Tenebroso, Albania vivió desastres mágicos de magnitudes mayúsculas que nadie pudio explicar. Era el refugio de los Mortífagos que habían huido, y si no, la magia oscura era muy fuerte en esa zona.
De ahí la decisión de enviar a Teddy a Albania, en busca de respuestas. Y al parecer había llegado la primera, escrita en el envoltorio que trajera Widge.
Papá Harry:
¿Cómo están todos? Disculpa la demora de Parrywidget, es que estaba nevando mucho por acá y me daba miedo enviarla sola en este largo viaje.
Ante todo debo decirte que he contactado con los diplomágicos británicos acá y me han ofrecido su mansión para que esté unos días —gracias a que les dije que soy tu hijo y me ha enviado el Ministro—.
La Alianza Mágica Albanesa, AMA, mantiene un riguroso control sobre todo lo que entra y sale vía lechuza de acá. Por eso he puesto unos conjuros anti lectura, limitando a tu persona la capacidad de ver esta carta.
Albania no es un lugar tan oscuro como pensamos, pero no te puedo negar que hay algo, que huelo magia tenebrosa en el aire. La AMA tiene muchos conflictos internos, y hay una disputa por el poder entre los magos tradicionales y los de esta generación.
Los más jóvenes quieren eliminar todo eso de la sangre pura y las diferencias entre magos. Pero eso no les conviene a los dinosaurios que están en el poder, porque toda su política se basa en mantener lo escrito.
Va a haber un conflicto, papá. Los viejos anunciaron que no quieren verse obligados a utilizar su arma secreta; pero en caso de ser necesario no dudarán. Además, la semana próxima se presentará a una de las propuestas de la AMA para encabezar su Consejo.
Te juro que tengo el presentimiento de que Circe está inmiscuida en el complot, no sé por qué. Esa enorme seguridad con que hablan los preservadores de la pureza sanguínea me da mala espina…
Un abrazo enorme para todos
YO
PD: Dile a mis tíos Ron y Hermione que los extraño también.
Harry terminó de leer la carta en voz alta y miró a Ron, quien se mostraba algo pensativo.
— ¿Crees que Teddy esté en la pista correcta? — preguntó a Harry.
El Jefe del Departamento de Aurores asintió y se quedó en silencio unos minutos, hasta que sintió un calor extraño en su mano.
— ¡Harry, estás ardiendo! — dijo el pelirrojo y algo aturdido sacó su varita lo más rápido que pudo, apuntó a su compañero en llamas con la varita y gritó:
— ¡Oppugno!
Una bandada de pajarillos revoloteó rumbo a Harry que salió corriendo mientras trataba de apagar el fuego de su mano.
— ¡Ron, qué has hecho!— gritó — ¡Te acusaré por atentar contra la vida de un funcionario del Ministerio!
— Lo siento— se disculpó el Weasley y, tratando de calmarse, movió su varita formando un número ocho. Acto seguido los pájaros estallaron y la mano de Harry estuvo libre de fuego por fin— Es que me puse nervioso, ¿qué pasó?
— Nada— respondió Harry examinando su túnica chamuscada —Parece que la carta de Teddy se destruiría tiempo después de que la leyera. Este chico ha aprendido bien nuestras lecciones.
— ¿Qué hora es?— dijo entonces Ron más calmado, y miró a su reloj. Luego dejó escapara un resoplido y exclamó:
— ¡Faltan dos horas para el almuerzo!
***
Hermione se acercó a Harry y Ron durante el almuerzo. Como había iniciado el año hacía poco tiempo, tenía un montón de leyes y reformas que aprobar como Jefa del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, por lo que no permanecía mucho tiempo junto a Ron en el trabajo. O sea, las escapadas habituales al Departamento de Aurores se habían anulado de momento para que no se le acumulara mucho trabajo.
En cuanto Ron la vio acercarse, corrió a meterse dos jugosos pedazos de carne en la boca, y Harry estalló en risas. Ahora no solo el pelo era rojo, sino que la cara parecía una extensión del cabello.
— ¿Alimentándose bien, Weasley?
Harry se volteó para ver quién les hablaba. Era Kingsley, con rostro alegre. Sostenía la bandeja con sus trozos de carne y vegetales.
— ¿Quiere mi pasta?— dijo tras una carcajada el Ministro y Ron lo miró severamente.
—Es que Hermione lo tiene a dieta, y cada vez que hay carne trae brócoli picado en su bolso, para sustituirlo por el alimento habitual que consume Ron en el Ministerio— dijo Harry divertido y luego hizo una pregunta a Kingsley sobre una investigación pendiente del Ministerio.
—No se preocupe, le avisaremos más tarde— dijo el Ministro y se retiró a almorzar.
Hermione llegó por fin hasta la mesa y, tras observar la bandeja vacía de su esposo lanzó una mirada reprobatoria a Harry.
— ¡Debías velar por su dieta! A fin de cuentas es tu mejor amigo y cuñado, ¿no? Y tú —dijo dirigiéndose a Ron— deberías cuidarte más. ¡Mira qué gordo estás!
Y así empezó una discusión como las que tenían habitualmente en Hogwarts que terminó, para variar con Hermione poniéndose en pie y retirándose a comer a otra mesa.
— ¡Mujeres! —Dijo Ron— se vuelven odiosas con la edad…
A los pocos segundos llegó volando hasta ellos una palomita de papel que se detuvo en el aire y se desdobló, solo para mostrar las letras “Aún puedo escucharte”, y la firma de Hermione debajo.
Sin embargo, lo que parecía un día como otro cualquiera, sin novedad, dio de momento un giro inesperado.
Como ya habían terminado el plan de comprobación de la seguridad en Hogwarts, Kingsley ordenó a Harry y Ron que debían ir a la escuela para comenzar los trabajos. Así, ambos aparecieron en Hogsmeade y, una vez allí decidieron enviar un patronus a McGonagall para que alguien los llevara formalmente al interior del castillo.
Después de media hora, que pasaron en el Cabeza de Puerco conversando con el anciano Aberforth, apareció Luna Lovegood junto a su esposo Rolf, un hombre de pelo negro, pero iguales ojos soñadores que los de su amiga.
Harry y Ron recibieron un caluroso abrazo de Luna y un fuerte apretón de manos de Rolf.
De esta forma, fueron conducidos hasta los carruajes tirados por los Thestrals, que incluso Ron comenzó a ver, después de la Batalla de Hogwarts cuando muriera uno de sus hermanos.
—Y cuéntame Luna —comenzó su conversación Harry — ¿Me han dicho que hay una nueva empleada en la cocina?
—Ah, sí —dijo Luna— ella está a cargo de los elfos domésticos. Es muy hermosa, creo que es veela. Lily y ella se llevan de maravillas, según me han contado ambas.
— ¿Ambas?— preguntó Harry— ¿Eres amiga de esa mujer?
—Sí —dijo Luna— Tomamos té todos los viernes. Lily es muy inteligente, y Tina también, aunque sospecho que es squib o algo así, porque no le gusta mucho hablar con Lily de los hechizos, ni la varita. Nunca la he visto con varita… ¡debe ser muy triste no tener una!
— ¿Tina me has dicho que se llama?
—Así es, Tina. Aunque su apellido solo me lo ha revelado a mí… ¡Es un poco tonto esconderlo! La gente no debía juzgarte por tu nombre.
—Luna, ¿pero que apellido podría ser tan malo como para no querer que los demás lo sepan?— intervino entonces Ron. Rolf seguía en silencio, conduciendo el carruaje.
—Sé que no juzgas a nadie, Harry. Tú mismo debes llevar la carga Potter al igual que tus hijos, y no por eso debe juzgársele ni bien ni mal…
—Luna— rogó Harry — Dime cuál es su apellido.
—Muy bien. El apellido de Tina es Grindewald.
¿Grindewald? ¿Acaso Luna había dicho que su hija se había hecho la mejor amiga de una Grindewald? ¿Cuántos en el mundo mágico podrían tener el mismo apellido?
—Es pura coincidencia de seguro, ¿no, Luna?— dijo Ron. Aún se hallaban de camino al castillo en un carruaje de thestrals guiado por el esposo de Luna, Rolf.
—No me parece —dijo el conductor— Yo mismo fui hasta el castillo a verla en cuanto supe, y es una mujer maravillosa, te lo aseguro.
A Harry aquello le parecía un macabro juego del destino en su contra. Primero Circe, una jovencita seguidora de Lord Voldemort, que era capaz de todo en nombre del Señor Tenebroso; y ahora sentía que caía más profundo en el abismo. ¿Cómo era que después de tanta paz, dos oscuros personajes del pasado revivían para atormentarlo?
Estas eran las situaciones en las que debía aparecer Dumbledore para aconsejarlo, o tal vez para dejar escapar una frase inteligente que lo dejara más desorientado que al principio.
La altísima silueta del castillo apareció de pronto ante ellos, haciendo que Harry recordara la alegría que le daba sentirse “en casa”. Ahora tenía un hogar propio, con su familia, pero nada se comparaba al primer hogar verdadero que conoció: Hogwarts.
Las rejas hechizadas estaban allí, listas para impedirles el paso. Este podría ser el primer lugar para comprobar la situación del castillo en lo que a defensas se refería. Harry no sabía si cumplir con su trabajo o correr a conocer a Tina Grindewald.
La familia estaba primero.
— Ron— dijo— yo acompañaré a Luna adentro. Rolf podría quedarse aquí para que intentes forzar la entrada del castillo, como habíamos planeado.
— Sí, jefe— dijo Ron sonriente. Luna descendió del carruaje en brazos de Rolf que la cargó, la elevó por encima de su cabeza y la colocó en el suelo suavemente, como si fuera una mota de algodón mecida por el viento. Ella lo miró con sus ojos soñadores, y Harry supo que entre Luna y su esposo había un amor que solo había visto entre Hermione y Ron, o en los ojos de Ginny cuando lo miraba.
Luna tomo del brazo a Harry y se detuvo frente a la reja.
— Ábrete, por favor— dijo con voz dulce, dirigiéndose a la reja.
El metal rechinó y la reja de abrió lentamente, de par en par. Harry miró a su amiga del antiguo ED, con la intención de adivinar cómo era posible un prodigio de tal magnitud.
— ¿Y tu varita?— preguntó Harry.
— ¡Oh! La he dejado. Ya está un poco vieja, y la conservó como el tesoro que me acompañó en algunos de mis mejores años: el ED, cuando la batalla del Ministerio, cuando Quién-Tú-Sabes cayó… Ella y yo nos entendemos bien, y no siempre la necesito. Podemos lograr grandes cosas confiado en nosotros mismos.
—Pero…la reja…
—Se abrió porque así se lo he pedido. ¡Todo tiene vida, Harry! Solo hay que saber cómo llegar al corazón de las cosas…
Harry continuó en silencio, analizando la sabiduría ingenua que aún conservaba Luna. Tenía mucho que aprender de ella.
Cuando llegaron a la entrada del castillo, Lily se hallaba sentada en un banquillo cercano, esperando a su padre.
Al verla, Harry abrió los brazos y ella salió corriendo a su encuentro, para lanzarse sobre él.
— ¡Viniste! La profesora McGonagall me dijo que pasarías por acá y te he estado esperando. Falté a la clase de vuelo para verte.
— ¡Hija!— exclamó Harry. Las clases de vuelo estaban entre sus preferidas.
— Albus se ha quedado un poco más de tiempo con Slughorn haciendo pociones extras. Parece que se le da bien la materia.
«Como a mi madre y a Snape» pensó Harry.
— ¿Has visto a Hugo y Rose?
—Sí. Rose y Roxanne, la hija de tío George, estaban en la oficina de McGonagall intentando rescatar a Hugo y Fred de un castigo por traer bombas fétidas a la escuela. Pero por favor… ¡que tía Hermione no se entere!
— No te preocupes. No le diré nada.
Harry permaneció conversando con su hija unos segundos más hasta que apareció por el pasillo su otro hijo, James, vestido con el uniforme de Quidditch.
— ¡Papá! ¡Viniste a ver el partido!— gritó.
¿El partido?
—Hoy me estreno como buscador de Gryffindor.
¿Buscador de Gryffindor?
—Hijo —dijo Harry tras abrazarlo— Por supuesto que he venido a verte.
***
Aunque Harry disfrutaba siempre de un buen partido de Quidditch, aquel se había alargado infinitamente. Estaba desesperado por conocer a la famosa Tina Grindewald y, era duro reconocerlo, pero James no era precisamente un as del deporte. El Buscador del equipo contrario (Hufflepuff), revoloteaba sin cesar por todo el estadio, y él ni se inmutaba. Estaba como atontado.
Lily, a su lado, gritaba y gritaba a su hermano que se moviera, que iban a perder “el maldito partido de Quidditch”, palabras ante las que Harry debió detenerla y decirle que si no quería lavarse la boca con jabón, intentara no gritarle más a su hermano.
Para colmo, el equipo de Gryffindor se había quedado sin arquero, pues era Hugo y, según las últimas noticias, McGonagall aún no decidía qué castigo imponerle por su desobediencia.
Tres horas duró el partido. El Buscador de Hufflepuff logró por fin atrapar a la snitch dorada tras mucho sudar en un derroche de incapacidad deportiva que hizo a Harry sentir vergüenza ajena.
Cuando por fin se paró del asiento —del que ya se sentía parte— solo atinó a aplaudir y gritar “arriba Gryffindor”.
A lo lejos vio a Albus, muy cerca de Slughorn, haciendo apuntes y recibiendo palmadas de aprobación del maestro, al tiempo que observaba a James, muy complacido.
Se acercó a su hijo, le depositó un beso en la mejilla e intercambió unas palabras con su antiguo maestro de pociones.
— Profesor…
— ¡Harry querido! Ya nunca te acuerdas del viejo Horace, después que tanto te enseñé…y me enseñaste. Hace un momento lo comentaba con Albus Severus: desde mi ilustre clase del 29, jamás había tenido tantas personas con talento para las pociones como tu madre, tú y Snape por supuesto. Aunque, claro, él no estaba en mi Club.
— ¿Y todavía mantiene ese club?
— ¡Oh, sí— dijo Slughorn acariciando su bigote de morsa —Por supuesto…y adivina qué…¡tú estás en la repisa!
— ¿En la repisa?— dijo Harry con alegría fingida — No es para tanto, profesor.
— Sí, sí, sí. Y no solo por derrotar a Ya-Sabes-Quién; sino por darme además a uno de los más talentosos alumnos que he tenido. Todo el día está pegado a u libro de pociones que encontró por ahí, y su rendimiento en la asignatura ha mejorado considerablemente…
—Puro talento— dijo Harry, y se puso mentalmente como tarea revisar el material escolar de sus hijos.
—Bueno, ha sido un placer verte de nuevo, muchacho. Ahora me voy a las mazmorras que tengo clase con Ravenclaw y Gryffindor. Me llevo a tu hijo otro poco.
Slughorn dio media vuelta, y Harry le dijo adiós a su hijo, lanzándole una mirada de orgullo. Luego se volteó hacia Lily y le dijo:
—Bueno, he venido a conocer a tu nueva amiga. A Tina.
— ¿En serio? ¿Y cómo has adivinado su nombre?
—No lo he adivinado. Luna me lo ha dicho.
— ¿Mi madrina te lo dijo? ¡Ella es también mi buena amiga! ¡A las dos nos encantan los torposolos! Iré por Tina, ya vuelvo.
¿Torposolos? Esta hija suya tenía mucho de Lily, pero por el camino que iba, también tenía mucho de Luna.
Harry estuvo cinco minutos más esperando en la entrada al campo de Quidditch, donde su hija lo había dejado. Dedicó ese tiempito a recordar sus buenos tiempos de Buscador y a pensar cómo consolar a James, que de seguro estaría destruido tras la derrota en su primer juego.
Cuando más sumido estaba en sus pensamientos, hasta él llegó una voz femenina que, dulcemente, le dijo:
-¡Señor Potter! Gracias por venir.
Una voz femenina muy conocida por Harry llegó a sus oídos. Se dio la vuelta y allí estaba parada la directora de Hogwarts, Minerva Mc Gonagall.
—Buenas tardes Sr. Potter –giró ligeramente la cabeza y dijo—Weasley.
—Igualmente Minerva— respondió el Auror.
—Hola, profesora— dijo Ron con un tono temeroso, como si aún tuviera once años.
—Kingsley me avisó que vendrían a hacer una inspección –dijo McGonagall— ¿por dónde desean empezar?
—Nos gustaría conocer al nuevo personal— exclamó Harry.
De esta manera la profesora los escoltó al Gran Comedor.
Caminaron hasta llegar al Gran Comedor, luego entraron y siguieron por una puertecilla detrás de las sillas de los profesores. Bajaron unos escalones hasta llegar frente a un cuadro de frutas, y McGonagall tocó una pera, tras decir “Cromos de Chocolate”. El cuadro se separó y dejó ver un hueco redondo en la pared. La directora se acomodó la túnica y subió al pasadizo, con su varita destellando.
Tras unos metros de oscuridad iluminada por el hechizo Lumus de Minerva, se fue vislumbrando un destello mayor proveniente del final del túnel. Hasta los oídos de los tres magos llegó un sonido extraño, y la temperatura se fue haciendo más cálida.
McGonagall descendió por otras escalerillas y, ante Ron y Harry, quedaron las cocinas de Hogwarts.
Pocas veces Harry había sentido que no podía describir lo que veía. Las cocinas de Hogwarts eran un continente, un mundo aparte del castillo, pero a la vez inseparable de éste. Varios elfos, menos de los que Harry imaginaba, se dedicaban a pelar frutas, picar ingredientes y revolver los contenidos de las grandes ollas de comida. Sin embargo, todo permanecía relativamente silencioso. Solo se podía escuchar el sonido de la comida y el chisporrotear de la magia élfica volando de aquí para allá, golpeando cajas y haciendo volar granos, legumbres y vegetales por todo el lugar.
Más alejado de la entrada, había un atrio vacío.
— ¿Qué es?— preguntó Harry, disimulando su desesperación.
— Desde ahí Tina, nuestra nueva empleada, se encarga de añadir y supervisar los ingredientes de nuestras cenas, almuerzos y desayunos. Es muy diestra en los hechizos domésticos.
Harry lo entendió. Los elfos se dedicaban con su magia a la parte de refinar los alimentos para cocinarlos, y Tina, agitando su varita de un lado a otro, era le verdadera cocinera. Impresionante. Debía ser un as de la magia casera.
—Vayamos mientras tanto a los Invernaderos— sugirió Ron, a quien el estómago había comenzado a sonarle solo de respirar el delicioso aroma de los panecillos de canela que estaban cocinándose en los hornos.
Camino a los Invernaderos, Harry se topó con su hija Lily de nuevo:
— ¿Papi?, viste a Tina— preguntó.
—No, cariño—dijo Harry tiernamente. Los desencuentros se habían vuelto realmente molestos.
—Srta. Weasley— rezongó McGonagall— ¿Usted no tiene clase?
—No profesora estoy en mi periodo libre— dijo segura Lily
—De acuerdo— dijo la directora.
— ¡Tina fue al campo de Quidditch! ¿Cómo es que no la viste?
— Es que bajé a las cocinas.
— ¡Qué mal! No sabía que irías a las cocinas. Allí la podrías haber visto en acción. EN fin, papá…Te esperará en el Gran Comedor en media hora, no te demores.
Harry asintió y depositó un beso en la mejilla de su hija.
Camino a los Invernaderos se encontraron a Neville que salía de dar su clase de Herbología del Segundo Curso. Estaba hecho un asco
— ¡¿Harry, Ron?! Que sorpresa, me estaba acordando de ustedes, justamente acabo de dar la clase de herbología a sus hijos— exclamó sorprendido el profesor Longbottom —Ron, tu hija, Rose es brillante sí que se parece a Hermione. Por suerte si sabe del Lazo del Diablo, ¡casi nos comen vivos ahí dentro!
—Gracias— respondió – Ronald confundido.
Harry estuvo observando algunas plantas del Invernadero. Aunque la Herbología no era lo suyo, su formación como Auror le había dado conocimientos tan profundos como los de Neville, aunque éste fuera un experto sin comparación. Luego de hacer algunos apuntes, Harry convenció a McGonagall de que regresara a su despacho. Quería hablar a solas con Neville y Ron. McGonagall se fue, mostrando expresión ofendida y, cuando estuvo lo suficientemente lejos, Harry le preguntó a su ex compañero del ED
— ¿Sabes algo sobre Tina?
— ¿Tina? ¿La nueva empleada? Pues Luna me ha contado algunas cosas: es mestiza, aunque es bruja no le gusta usar mucho la magia, su madre la tuvo a los 17, poco después de ello murió junto con su esposo – relató— No sé más que eso.
—Gracias Neville, cuídate— respondió Harry.
Ron lo miró extrañado. Le parecía que el interés por Tina se había convertido en una obsesión implacable de su amigo:
— ¿No exageras?
—Ron…la última amiga de nuestros hijos casi mata a Lily. Ella es muy dulce, demasiado ingenua. Se le da bien confiar en cualquiera.
—Confía tú en ella, Harry.
Los dos Aurores hicieron un silencio sepulcral. Caminaron lentamente por los Terrenos de Hogwarts, como recordando su época de estudiantes. Así llegaron hasta el vestíbulo, donde estaba Lily, sonriente como nunca. La ansiedad se le notaba por encima de la ropa.
Hizo que Harry la siguiera hasta el Gran Comedor, donde estaba sentada en una mesa, sola, Tina Grindewald.
Era hermosa. Se daba un parecido extrañamente cercano a Circe, pero de una manera gentil. No era la imagen agresiva que daba la muchacha, la inteligencia engreída que se desbordaba de sus maneras. Tina era sencilla, poca cosa, menudita. Pero de voz profunda:
—Al fin, señor Potter— dijo y se acercó a besar la mano de Harry.
— ¿Qué hace?— atinó a decir el Auror.
—Véalo como un gesto de agradecimiento por liberarnos de la oscuridad…momentáneamente.
Tina se puso en pie. Llevaba una túnica grisácea que se arrastraba por el suelo. Parecía una dama del medioevo.
— ¿Qué quiere decir?
—Aquí no, señor Potter. Aquí no— dijo Tina señalando con la mirada a Lily.
—Muy bien— dijo Harry comprendiendo. Debían ir a un lugar más privado — ¿Cuándo podemos encontrarnos?
—El sábado, en Cabeza de Puerco, ¿le parece?
Harry asintió.
—Ha sido un placer. La esperaré en la mañana.
—Ahí estaré.
Antes que llegara el sábado, la situación se complicó.
Corría el rumor de que estaban ocurriendo extrañas desapariciones en Albania, en su gran mayoría de nacidos muggles. Lo peor no era eso, sino que la ola se estaba expandiendo por Europa, y en Bulgaria estaba comenzando el desastre. Los magos franceses habían convocado a una reunión urgente de todos los Ministros de Magia de los países de la zona. Kingsley se alistaba para lo peor.
—Escríbele a Teddy, Harry— suplicó Hermione— Antes de consultarte me tomé la libertad de hablar con Ginny por la Red Flu y ella está alterada, muy alterada. Teme por la vida de Teddy. Es muy arriesgado que esté solo en Albania, pídele que regrese.
Las razones sobraban. Harry no había terminado de escuchar a su mejor amiga y ya sostenía pluma, pergamino y tinta. La misiva decía de esta forma.
Teddy:
Me he enterado de están ocurriendo extraños sucesos en Albania. Algo no encaja aquí, necesito tu apoyo ahora más que en cualquier otro momento.
Sé que la carta es breve pero la escribo solo por un motivo: necesito que investigues, hay un rumor en el Ministerio, se comenta mucho sobre muertes y desapariciones en Albania. Ojalá no comprobemos que lo peor está sucediendo.
Ven y dame la respuesta en persona, lo antes posible. Regresa, Teddy.
Te quiero, Harry
Hecha la carta, el Auror se la dio a Widge, y antes de que saliera volando, le aplicó un hechizo desilusionador.
Así pasaron tres días. Harry se alistaba para encontrarse con Tina en Cabeza de Puerco cuando sintió un golpetear seco en la ventana. Era Parrywidget, posiblemente con la respuesta de su ahijado. Abrió la ventana para dejarlo entrar y fue solo entonces, que se percató de la dimensión que alcanzaba el conflicto que se gestaba.
Parrywidget estaba cubierto de sangre, casi desplumado. Tenía marcas de hechizo de fuego en la cola y un ojo hinchado. No había lugar para la especulación: la carta de Harry a su sobrino, había sido interceptada por el camino. Teddy estaba en grave peligro.
Harry estaba preocupado por Teddy, tenía que ir a Albania para encontrar a su ahijado, pero no sin antes ir al Cabeza de Puerco para charlar con la señora Tina, por lo cual estaba obligado a esperar.
Por fin llegó el sábado, Harry ya tenía varios minutos esperando fuera del Cabeza de Puerco y prontamente Tina lo sorprendió por la espalda. Llevaba su mandil y un guante de cocina
-Lo lamento mucho señor Potter, pero tuvimos un retraso en la cocina, unos elfos empezaron a jugar con la comida y bueno ya sabrá como terminó todo- dijo
-No se preocupe Tina, no tenía mucho tiempo esperando- dijo Harry, algo nervioso- Ahora entremos y conversemos.
Ya dentro del cabeza de Puerco, y luego de saludar cálidamente a Aberforth, ambos tomaron asiento alejados de la entrada.
-Bueno señor Potter, sé que esta información es muy importante para usted así que trataré darle todos los detalles. Sé que mi apellido puede ser algo imponente, pero solo soy sobrina de Gellert. Nunca seguí sus creencias sobre los no mágicos y los mestizos, pero si le tuve mucho cariño, era un buen hombre con un mal camino…
Harry recordó por un momento la historia de Albus Dumbledore joven, y luego dijo:
-No niego que su apellido me puso a pensar; pero ahora que la conozco personalmente, veo que no es como su tío.
»Parece usted una persona bien intencionada. Debo pedirle disculpas, pues tuve sospechas cuando me contaron de su ascendencia.
Harry quedó incómodamente en silencio por unos segundos y luego de que Aberforth les trajera un par de whiskeys de fuego, Tina continuó:
-Después que el tío Gellert fuera encarcelado, mi familia huyó, casi exiliada hacia Albania, y allí estuvimos varios años, e incluso fuimos visitados por alguien a quien usted conoció muy bien: Tom Riddle…¿Quién diría que un muchacho tan apuesto se convertiría en el mago tenebroso más peligroso que hayamos visto? Eso decía mi madre cada vez que se enteraba de alguno de sus crímenes. Ella si lo conoció, yo no… – suspiró la bruja mientras divagaba.
En ese momento se escuchó un ‘crac’ y una cabellera roja se dejó asomar por una de las ventanas. Era Ron que había aparecido frente al Cabeza de Puerco:
-Harry rápido, tenemos que irnos. ¡Algo sucede!
-¿Qué sucede Ron?- respondió Harry, aturdido.
-No hay tiempo de explicarte tenemos que ir al Ministerio ya- dijo agitado el pelirrojo.
Harry se levantó, dispuesto a despedirse, mientras le sostenía la mirada a Ron, quien se veía muy alterado. Tina le sostuvo el brazo:
-Señor Potter es mejor que se vaya, pero tengo que darle esto, en vista de que nuestra conversación se ha interrumpido forzosamente- dijo Tina y extrajo una varita de su mandil. No era muy hermosa, la verdad, hasta parecía algo marchita. Apuntó el objeto a su cabeza y un haz de luz se desprendió de su sien. Luego, un hilo plateado quedó pendiendo de la punta tallada de la varita, reluciendo, brillando con luz propia por unos segundos hasta que cayó dentro de la copa vacía donde unos minutos atrás estuviera el whisky de fuego.
- Tómelos. Espero que estos recuerdos le sirvan en su búsqueda, señor Potter. No soy muy buena con la magia, solo sé hacer hechizos domésticos…pero este aporte puede esclarecerlo en su búsqueda.
Harry tomo la copa mientras le agradecía.
Harry y Ron desaparecieron a la vez fuera del cabeza de Puerco, mientras Tina les lanzaba una mirada amable. Cuando recuperaron los sentidos, estaban en aquel callejón donde se encontraba la caceta telefónica que sirve como entrada de visitas al Ministerio.
-Apresúrate tenemos que entrar- dijo Ron mientras sacaba un galeón y entraba en la caceta
-¿Por qué por aquí Ron, qué está pasando?
-Es algo bueno, ya lo veras.
Ambos magos entraron en el Ministerio, y vieron personas apareciendo: toda la Red Flu estaba saturada.
-¿Qué es esto? gritó Harry mientras todos los que aparecían se remolinaban por los pasillos del Ministerio.
-Son personas de Albania- contestó Kingsley que había llegado justo detrás de ellos -La AMA nos ha informado de que ha habido demasiadas desapariciones así que decidieron enviar un no tan selecto número de diplomágicos tanto de Albania como cónsules de otras partes del mundo que trabajan en Albania. El Ministro albanés ha decidido que estarán más seguros aquí, y me temo que las cosas se complicaran aún más.
-Tenemos que ir inmediatamente a Albania a terminar de investigar y resolver esto de una vez por todas- dijo Ron con una voz muy decidida.
-Sí, estoy de acuerdo contigo, pero tengo que ir a un Pensadero… ¿por qué no vas mientras por un Traslador?- dijo Harry.
-Usa mi Pensadero Potter, tengo uno en mi oficina, déjame dirigirte hacia allá- Kingsley agitó sutilmente su varita y un pasillo alterno apareció por detrás de las paredes -El pasillo conecta directamente con mi oficina, date prisa.
Harry comenzó a caminar por el pasillo hasta que llegó a la Oficina del Ministro, y al entrar vio un Pensadero suspendido en una repisa colgada encima del escritorio del Ministro. No era como el de Dumbledore. Tenía talladuras que recordaban a grandes jefes de tribus africanas y leones por todas partes.
Con la copa de whisky aun en la mano, Harry se acercó al Pensadero y vertió los recuerdos de Tina Grindewald. El destello plateado se arremolinó en el recipiente y Harry se acercó, para mirar…
En cuanto Harry introdujo la cabeza en el Pensadero, cayó por una especie de túnel y se detuvo en el suelo, donde quedó de pie, como depositado.
La escena era bastante peculiar. Había una niña muy rubia, que Harry asumió era Tina Grindewald, con una maleta sentada en la entrada de una casa. Era un lugar bastante sombrío. Por un lado y por el otro había plantas secas, como si hubiera ocurrido una catástrofe nuclear recientemente.
La casa era de madera. Estaba algo maltratada por el tiempo, aunque tenía unas macetas con unas margaritas amarillas que disimulaban un poco el ambiente tétrico que creaba la suciedad. De adentro salió una mujer como de unos 50 años o menos, con un delantal y sosteniendo una carta.
«Ya la he leído» la mujer tenía rostro gentil « ¿Qué esperas? ¡Pasa!»
La mujer recogió las maletas de la niña y fue adentro. Sin darse cuenta cayó la carta del bolsillo del delantal donde la había puesto y la niña la leyó. Harry se acercó para visualizar lo que decía.
En una caligrafía apretada y poco legible Harry distinguió algunas frases como «Queremos alejarla de Quién-Tú-Sabes. Él ha estado hace poco por la casa averiguando por Deimos y su teoría de la magia sin varitas»
Más adelante decía:
«Tom Riddle estuvo aquí hace años, antes de ser el terrible mago que tiene en puro temblor a los británicos. Por esa época parecía un amable muchacho solo interesado por las tonterías de Deimos; pero, amiga, esta vez es serio. Cuida de Tina, es muy importante que ella esté viva».
Luego todo alrededor de Harry se arremolinó y apareció ante otra escena.
Parecía un parque infantil. Había una niña como de 5 años, y Harry asimiló que se trataba de Tina, pero se confundió. Esperó que algo ocurriera.
Entonces aparecieron dos niños más…
-Miren a la rara- dijo una niña
- Si, es tan extraña- dijo un niño
-Circe es extraña, tan triste, tan anormal- exclamaban los niños a carcajadas
En ese momento la rama de un árbol se cayó y los pequeños salieron huyendo. De detrás de un árbol salió una muchacha mayor. Era Tina, quien tendió su mano a Circe y ella corrió llorando a abrazarla.
¿Acaso era Tina la madre de Circe?
La escena cambió. Tina era más adulta al parecer tenía 27 años. Se encontraba tomando té junto a la misma mujer del principio, solo que esta vez era una anciana.
-Hay algo que debes saber. Tus padres habían conocido a un joven, Tom, si bien recuerdo ese era su hombre, Tom Riddle, apuesto que tu…
-¡Yo sé quién es! Y sé qué quería… Deseaba las investigaciones de mi padre sobre la autonomía del mago, estoy segura de que él mató a mis padres por eso.
- ¿Cómo lo sabes pequeña?- preguntó confundida la señora.
-Papá, dejo esto- dijo mostrando una pequeña botellita- Creo que ya lo preveía, desde el momento que supe que Tom fue a buscarlo la primera vez…
» ¿Recuerdas mi herencia? En ella estaba el Pensadero con una nota. Así lo descubrí.
- ¡Por eso el Señor Oscuro te busca! Tus padres vinieron aquí por protección, sabían que él trataría de reclutarte.
- ¿Por qué?
-Porque tú, al igual que tu padre llevan el apellido Grindelwald… Eso significa que son familia de tu tío, el famoso mago oscuro Gellert Grindewald.
-¿Qué hago?
- Investiga, Tina. Por una razón tus padres dejaron de enviarte a Hogwarts. Por una razón solo te permitieron aprender hechizos de poca complejidad: ¡para que no te vieras tentada por las increíbles cosas que podrías lograr! Tú, Tina, podrías llegar a independizarte de la varita…
Entonces se escuchó un ruido, y Harry pudo ver una cabellera rubia que salía corriendo. Circe había estado escuchando a hurtadillas.
La escena volvió a cambiar. Parecían ser montañas. A Harry se le puso la piel de gallina con lo que vio…
Estaba en el Bosque Prohibido. Al parecer Tina estaba oculta.
Circe se encontraba sosteniendo la Piedra de la Resurrección.
-Dime anciano- dijo desafiante –como hago para…
-Niña…-dijo una compasiva voz- no te dejes guiar por esos infernales cuadernos, no te guíes por el mismo odio por el que él se guió.
-Usted sabe y me lo va a decir tarde o temprano.
-Soy simplemente un espíritu, ya no poseo los mismos conocimientos que en vida.
Harry se quedó de piedra. ¿Cómo se le había ocurrido a Circe consultarlo con Dumbledore?
El ambiente comenzó a tomar otra forma. Ahora Tina se encontraba en Ollivanders
-Buenas tardes- dijo, entrando al recinto.
-Hola, ¿qué ocurre?
-Es mi varita, no funciona bien.
-Ven aquí- dijo el señor Ollivander tomado la varita y la mano de la joven- ¿Usted está segura que ésta es su varita?
-Sí, absolutamente.
-Bien es difícil de explicar…- dijo Ollivander, enigmático. Hizo silencio, fascinado y luego dijo- Usted señorita, ya no requiere de esta varita
-¿Por… por qué?
-Usted ha logrado romper el vínculo entre la varita y su amo…Creo.
Harry sacó la cabeza del Pensadero con la expresión desfigurada. Tocaron la puerta y Harry la abrió.
-Puedo pasar?-dijo Ron
-Si adelante.
-¡Wow! Con que así es la oficina del Ministro de Magia- dijo, observando a su alrededor, maravillado
-¿Qué ocurre Ron?
-Nos marchamos mañana a Albania. La gente de la AMA va a presentar al mundo su arma secreta.
Harry llegó lo más temprano que pudo al Ministerio. Ron le había dicho que era mejor que fuera a descansar, él se quedaría de guardia. Al entrar a su oficina Harry vio a Ron dormido en su silla y pese a la situación decidió jugarle una broma a su cuñado: tomó su varita y la apuntó a su garganta
-Ronald Bilius Weasley, ¿se puede saber qué estás haciendo?- vociferó Harry imitando la voz de Hermione. Ron se levantó de un salto.
-Muy gracioso, solo estaba descansando un rato- refunfuñó mientras se despabilaba
-Bueno me alegro que ya estés descansado y despierto, ahora vamos por el Traslador tenemos que irnos lo más pronto posible.
Harry y Ron caminaron hacia el ascensor mientras veían al ministro caminar rápidamente junto con un diplomago de Albania. Parecían discutir sobre la estancia que le habían asignado, El Caldero Chorreante
-Señor Ministro, le exijo que me consiga un mejor lugar que esa pocilga, por favor, ¡usted sabe quién soy yo!- decía el extranjero con un acento muy peculiar.
Llegando a la Oficina de Trasladores se encontraba Rita Skeeter, lista para tratar de sacar algún chisme a los Aurores
-¿Ya está listo el Traslador que le pedí señorita Skeeter?- preguntó Ron rápidamente.
-Sí, señor Weasley, es aquella tetera de porcelana de allí. Tienen un minuto
Harry y Ron caminaron hacia la tetera y una vez junto al traslador, sintieron que alguien más entraba a la habitación: era Hermione.
Se veía muy hermosa y sostenía una bolsa de papel. Corrió a abrazar a Ron y luego de besarlo, abrazó a Harry. Tendió la bolsa a su esposo y les dijo:
-¡Quiero ir! No me gusta que vayan a Albania en una misión tan peligrosa y si compañía.
-Muy bien, Hermione. ¿Kingsley sabe que te marchas?
-No, en realidad; pero no le importará. ¿Quieren compañía o no?
-30 segundos, señor Potter- dijo Rita Skeeter, que había tomado interés en lo que decían los amigos.
-Necesitaremos toda a compañía que esté disponible- dijo Harry y puso una mano en el Traslador, luego Ron la suya, después Hermione que había hecho una seña y finalmente una mano fina que Harry reconoció: Ginny.
Sintieron un tirón en el estómago y sin más desaparecieron, mientras se arremolinaban sobre si mismos hasta que divisaron un claro de un bosque, se soltaron de las manos y comenzaron a caminar en el aire hasta tocar el suelo
-Por las calzas de Merlín, aun no me acostumbro a los Trasladores- dijo Ron, quien se había empalidecido por las náuseas.
-Ginny- dijo Harry a su esposa, sorprendido.
-No esperabas que Hermione me excluyera esta vez, ¿o sí? Me aburría en casa, así que nada mejor para alegrar el alma que una buena aventura con mi esposo el día de nuestro aniversario.
¿Su aniversario? Harry lo había olvidado, por completo. En más de 20 años de relación con Ginny jamás había olvidado la fecha en que se hicieron novios, ni siquiera cuando huía de Lord Voldemort. Se estaba poniendo viejo, sin dudas, y no se perdonaría esa falta de memoria.
Ginny lo miró dulcemente, con su pelo rojo batiendo por la brisa que había en el bosque. En los ojos de ella Harry encontró una señal de perdón.
-En marcha- dijo Ron- Tenemos un largo camino hasta la frontera mágica.
Hermione tomó de la mano a Ron y Harry a Ginny. Se pusieron en marcha durante horas, en las que solo se detuvieron a comer por espacio de 65 minutos. Esta vez Hermione había roto la dieta de Ron y le había traído hamburguesas de carne, no sin antes decirle que esta era “una situación de emergencia”. Cuando la noche comenzó a caer, se detuvieron de nuevo, ante una seña de Hermione.
-¿Escuchan eso?- dijo ella.
Todos se pusieron atentos. El clima estaba peculiarmente raro: había mucha oscuridad y la neblina no los dejaba ver más allá del lugar donde permanecían. Por suerte la tranquilidad del bosque les permitió escuchar voces a lo lejos, en otro idioma.
Por el tono de esas voces parecía que estaban trabajando en algo y se escuchaba como dejaban caer cosas pesadas, y después de un silencio que no duró mucho, se escucharon rápidos pasos entre los árboles
-Madre mía, ¿reconoces ese ruido Harry?- dijo Ron.
-Me parece familiar pero no sé qué es- dijo Harry mientras arqueaba las cejas en señal de duda.
-HARRY, SON ACROMÁNTULAS- gritó Ron y se empalideció.
-Cálmate, amor. ¿Recuerdas el hechizo?- dijo Hermione- Respira…1…2…3…Respira de nuevo y dímelo suavemente.
-Araña exumai- gritó Ron desaforado una y otra vez mientras veía que las gigantescas arañas comenzaban a aparecer de detrás de los árboles.
Hermione, Harry y Ginny formaron un círculo y pusieron sus varitas en alto. Comenzaron a moverlas diestramente lanzando chorros de luz de un lado a otro, intentando detener la horda de acromántulas que sobre ellos se lanzaba. Hermione por su parte, junto a Ginny, se detuvo un momento para conjurar un escudo que los protegiera en caso de que los animales llegaran hasta ellos.
Diez minutos duró la invasión de arácnidos, tras los cuales Harry dijo:
-Tengo una idea, ¡cúbranme!
El Jefe del Departamento de Aurores salió corriendo en dirección a donde salía la mayor cantidad de animales y apuntó su varita al suelo del bosque. Murmuró una especie de poema en latín (un antiguo hechizo sin dudas) y de la punta de su varita salió una columna de luz naranja que golpeó el suelo y lo quebró. Harry sintió que la varita se le iba a quebrar en cualquier momento, comenzó a sudar y a tratar de mantener la columna de luz que, estaba seguro, lo salvaría de las acromántulas.
-¿Qué está haciendo?- preguntó Ginny, que ya estaba algo cansada.
-Es magia antigua- dijo Hermione- Debe ser un conocimiento único que Kingsley compartió con él.
»Está tratando de separar esta parte de la tierra de aquella. Intenta crear un barranco o algo así para contener las arañas.
Harry comenzó a mover la tierra. Hubo un temblor primero, casi imperceptible, pero que puso en alerta a los arácnidos. Luego la tierra se sacudió fuertemente y las gigantescas arañas salieron huyendo. Tanto Harry como Ron, Hermione y Ginny cayeron al suelo.
Unos segundos más tarde se recuperaron y fueron hasta Harry. Estaba muy sudado, y pálido. Respiraba con mucha dificultad y su varita desprendía humo.
-¿Harry, estás bien?- dijo Ginny.
-Un poco extenuado, nada más. Para ser Jefe de Aurores debes conocer todo tipo de magia, y ésta depende mucho de tus condiciones físicas. ¡Ya no tengo 17! Denme solo un minuto y estaré como nuevo.
Hermione se limpió la ropa y apuntó con su varita a la de Ron. Lanzó un hechizo y las manchas desaparecieron. En ese instante, Ginny dijo:
-Está enfriando demasiado, ¿verdad?
-Si, además muy rápido- dijo Harry, poniéndose alerta.
-Ron, Harry, no se sienten como si estuvieran tristes- alertó Hermione.
-Miren arriba- gritó Harry.
Todos volvieron sus cabezas al cielo y una horda de Dementores comenzaba a rodearlos desde lo alto de los árboles que los rodeaban.
-¡Expecto Patronus!- gritaron los cuatro y una nutria, un perro, un caballo y un ciervo plateados se desprendieron de sus varitas para escudarlos de aquellos espectros, la nutria de Hermione rodeo a dos de ellos haciendo que se quedaran flotando, mientras el perro de Ron arremetía contra ellos. Por su parte los patronus mayores, el de Ginny y el de Harry, salieron galopando y golpearon uno por uno hasta que se esfumaron.
Sintiéndose un poco más seguros, continuaron su camino en dirección a la frontera, hasta que divisaron una cabaña.
-¿Crees que todo esto se trate de Circe? Me parecen demasiadas protecciones para un bosque común- dijo Ron, preocupado por lo que fuera a suceder
-No lo sé y será mejor que inspeccionemos aquella cabaña. Ya es de noche y necesitamos descansar.
Harry y Ron empujaron la puerta cautelosamente, con las varitas en alto. Detrás los cubrían Ginny y Hermione.
Aparentemente el recinto estaba vacío. Por dentro vieron que estaba todo tiznado como si hubiera explotado algo y hubiera esparcido más humo que fuego. Al registrar entre lo que ahí se encontraba vieron unos libros ininteligibles como si la tinta se hubiera corrido.
-¿Que les habrá sucedido?- dijo Hermione hojeándolos.
-Creo que sé que son, cuando vi los recuerdos de Tina hubo uno en el que hablaban de los diarios del padre de Tina, que contenían unas investigaciones que a Voldemort le interesaban mucho, por eso los visitó cuando estuvo aquí en Albania, su hija los debió haber estado usando.
-¿Su hija?- preguntó Hermione
-Sí, bueno al menos tengo el presentimiento que lo es. Verán en los recuerdos vi a Circe de niña en un parque siendo molestada por unos niños, y luego corrió a abrazar a Tina. Primero creí que ella podría ser la madre de Circe, pero era demasiado joven. Así que sospecho que son algo así como primas o hermanas de crianza. O sea, la abuela de Circe adoptó a Tina un poco antes de que sus padres murieran.
Al poco rato, después que Ginny y Hermione habían limpiado un poco el suelo de la cabaña para dormir, todos se fueron a dormir. Había dos habitaciones.
Harry, un poco más recuperado, abrazó a Ginny y la besó. Luego extrajo su varita y la agitó. De ella salieron unas chispas que salieron volando como luciérnagas en dirección al techo de la habitación y lo cubrieron, formando una ilusión parecida al techo del Gran Comedor de Hogwarts.
De pronto las tejas rojizas de la habitación desaparecieron, dejando ver un cielo muy estrellado. Luego las estrellas comenzaron a moverse y ondular, hasta que el rostro de Ginny estuvo en aquel cielo artificial. Era un espectáculo muy hermoso. Después de la punta de la varita de Harry salió un ramillete de jazmín:
-Feliz aniversario Ginny.
-¿Hay alguien ahí?- desde fuera de la cabaña llegaron los gritos hasta los cuatro amigos, que se encontraban preparándose para continuar viaje. Aún era de madrugada, y el sol no aparecía en el horizonte.
Aquella voz que llamaba era inconfundible: era Teddy.
Al salir todos de la cabaña a recibirlo, Teddy les dijo aliviado:
-Papá Harry, mamá Ginny, tío Ron, tía Hermione; que bueno que son ustedes, creo que ya sé qué trama Circe.
-Sera mejor que te calles niño, te nos has escapado de aquel duelo. De no haber sido por esa torpe lechuza, ya estarías más que callado- interrumpió una voz desde detrás de los árboles.
Dejándose mostrar a la luz de la luna, todos vieron aparecer un grupo de magos, que tenían el aspecto de carroñeros.
-Señor Potter, bienvenido a Albania.
Harry, Ginny, Ron y Hermione vieron aparecer un grupo de magos, que tenían el aspecto de carroñeros.
-Señor Potter, bienvenido a Albania- le dijo una voz desde detrás de los árboles.
Harry se acercó a ver, lentamente. No lo podía creer: era Circe.
-¿Circe?-preguntó confundido.
- La misma.
Harry y sus acompañantes levantaron sus varitas, prestos para luchar. En ese instante un rayo de luz roja iluminó las espaldas de Harry y, al voltearse, vio que Hermione caía. Como en cámara lenta, vio a Ron precipitarse a tomarla entre sus brazos, mientras Ginny gritaba algo que solo unos segundos después comprendió:
— ¡¿Qué has hecho, Teddy?!
¿Teddy? ¿Acaso él era el responsable del hechizo que tenía fuera de combate a Hermione? ¿Acaso era Circe tan influyente como para lograr deshacer todo el cariño de su ahijado y convertirlo en uno más de sus aliados?
El mundo iba más rápido de lo que Harry deseaba y, de esa forma, lo golpeó un hechizo que lo lanzó unos metros más allá del lado de su esposa. Con un golpe seco, cayó al suelo y rodó un corto tramo por entre la hojarasca. La luz del día comenzaba a iluminarlo.
-Hermione!- chillaba Ron desesperado, al tiempo que tomaba la varita de su esposa y comenzaba a batirse con uno de sus enemigos. Ginny, por su parte, solo podía escudarse de los agresivos hechizos que le lanzaba Teddy, por temor a lastimarlo.
—Expelliarmus, Diffindo, Crucio…— gritaba el muchacho sin respirar, y chorros de colores salían de la punta de su varita en dirección a su madrina. Ginny movía hábilmente la varita de un lado a otro, creando una especie de barrera invisible contra la que golpeaban los hechizos. Luces rojas, verdes chispas y llamas de disímiles formas salían de las varitas y se dejaban ver como un espectáculo de fuegos artificiales.
Harry y Circe se hallaban uno frente al otro.
—Tú no puedes tener la edad que me dijiste…Tu magia es de alguien con más experiencia. Además, no tuvimos notificación de actividad mágica de menores en los lugares donde estuviste.
Circe rió como loca.
— ¿Sabes algo? A veces la más palpable verdad puede ser un engaño. Realmente quisiera hacerte esas revelaciones, pero no soy la persona indicada, ¿comprendes? Digamos que soy una…ilusión. ¡AVADA KEDAVRA!
Harry vio el chorro de luz verde salir disparado hacia él y solo atinó a pensar en las tres D. Sintiendo un tirón del estómago primero y una compresión muy fuerte en sus pulmones después, volvió a tomar conciencia a unos metros de Circe. Se había desaparecido en el momento exacto que la maldición iba a golpearlo. Eso le dio oportunidad para tomar ventaja. Había algo distinto en Circe, un aire de estar ajena a sí misma… ¿se habría vuelto loca?
Harry agitó su varita y el cuerpo de Circe quedó suspendido en el aire. No pudo mantenerlo por mucho tiempo, se sentía débil. Fue solo entonces que atinó a mirarse el brazo. ¡Se había escindido! Una parte de la piel había desaparecido, y brotaba sangre de una profunda cortada. Entre el esfuerzo por la desaparición y la cantidad de sangre que había perdido hasta el momento, el cuerpo de Harry comenzó a fallar.
Primero se le doblaron las piernas, luego su varita cayó al suelo y después, Circe lo encontró. Ella levantó su varita y le apuntó. Cuando Harry pensó que había llegado su final, un caballo plateado se interpuso entre él y su enemiga y la golpeó hasta hacerla caer. Era el patronus de Ginny.
Ron había derribado a dos de los carroñeros y apuntaba a Hermione:
—Enérvate —le dijo. Nada había sucedido. El hechizo la había golpeado de una distancia muy corta, por lo que sus efectos eran mayores que normalmente.
-Ron llévatelos- gritó Harry
-No te puedo dejar aquí— dijo el pelirrojo, corriendo a ayudar a Ginny con la bruja que estaba teniendo duelo.
-Expelliarmus- grito Ron
-Sectusempra – dijo la bruja al unísono.
-Protego- gritó Ginny en defensa de su hermano
-Maldita- rezongó la hechicera.
Harry, aunque débil, preveía lo que pensaba hacer Circe . Ya en pie, la rubia estaba repuesta del ataque, y el patronus había desaparecido. El auror, después de haberse lanzado un hechizo para que su herida sanara de momento, logró levantarse e interponerse entre su enemiga y su esposa.
-Que ingenuo –dijo la aterradora voz de la joven- ¿acaso no has comprendido que de nada sirve sacrificarse? Tu estúpida madre lo hizo y ¿dónde está ahora?
- No tienes derecho…Tus padres también murieron. ¿Ni siquiera sientes eso? ¿Quién te dijo que habían muerto?
Circe no dijo nada más y levanto su varita. Harry también lo hizo.
-Terminemos esto, que ya amaneció. Avada…
— ¡Levicorpus! —dijo Ron desde lejos y el cuerpo de la rubia quedó suspendido en el aire.
Todos los enemigos estaban fuera de combate. Circe atada a una soga invisible y los carroñeros dispersos por un lado y por otro, llenos de magulladuras. Teddy, obviamente bajo el Imperius, había sido atado por Ron.
Circe comenzó a aplaudir.
—Muy bien. ¡Appareil!
Del suelo comenzaron a aparecer una especie de jaulas metálicas como bocas. Ron fue engullido por una, al tiempo que Hermione, comenzando a despertar, era encerrada en otra. Parecían serpientes que estaban escondidas entre la hojarasca y salían de la nada a engullir a sus presas.
Harry y Ginny corrieron, y detrás de ellos iban lanzando sus mordiscos las jaulas encantadas. De pronto Harry cayó y quedó engullido por una, perdiendo el campo visual de lo que hacía Ginny.
Circe cayó al suelo.
—Arresto momentum —dijo suavemente y aterrizó sin recibir una magulladura.
Se volteó para examinar a sus compañeros y Harry observó algo realmente extraño: entre su cabello rubio, había aparecido una porción de pelo negro.
¡Por eso no respondía las preguntas! ¡Por eso no había hecho ningún conjuro de ilusión como el que casi deja a Harry atrapado en Navidad!
— ¡Tú no eres Circe! —gritó el Jefe del Departamento de Aurores.
—Por supuesto que no —dijo una bruja con la mitad de las facciones de Circe— ¿No creerías que ella iba a tomar estos hechos de rutina, no?
La bruja comenzó a lanzar hechizos a sus compañeros y ellos uno a uno se fueron poniendo en pie, algo aturdidos aún.
—Dakerov —dijo a uno de pelo rizado— Cuéntalos.
El mago se acercó a las jaulas y los contó.
—Son tres más el muchacho bajo el Imperius.
« ¿Tres? ¿Solo tres?» se preguntó Harry.
—La muchacha pelirroja ha escapado —exclamó el carroñero.
Espero que les haya gustado la primera parte.. Esperen la segunda..
Parte 1:
1
Lechuzas en año nuevo
El año había comenzado tranquilo para los Potter y los Weasley. Al menos por el momento.
Después de los sucesos de Navidad, cuando Circe, una aparente compañera de escuela de los hijos de Harry y los de Ron, les había confesado su simpatía hacia el desaparecido Lord Voldemort.
El objetivo de la muchacha no era otro que continuar en la conquista de lo que Tom Riddle estuviera enfrascado en los últimos momentos de su vida: lograr romper el vínculo entre la varita y el mago.
Lamentablemente, aquella lunática había desaparecido sin rastro cuando Teddy Lupin le lanzó una maldición asesina, tras lo que sólo quedaron sus vestiduras.
Todos los presentes aquella noche estaban seguros de que Circe seguía viva, Avada Kedavra nunca había desaparecido a nadie de la faz de la tierra: los cuerpos permanecían sin vida por su efecto, en el suelo, pero nada más.
Harry, por su parte, seguía muy preocupado con la existencia de alguien como Circe. Además, había visto de qué era capaz y cuántos seguidores la apoyaban.
Al igual que su ahijado Teddy Lupin, Harry tenía la sospecha que Circe, como Voldemort en su momento, estaría en algún lugar del mundo buscando seguidores a la causa de Tom Riddle. De esta manera poder purgar al universo de la magia de los ‘’Impuros’’ y lograr el completo dominio mediante la ruptura del vínculo entre el mago y su varita.
Además, Circe contaba con las notas de Voldemort y seguro en ellas el Señor Tenebroso había dejado descrito el proceso de creación de los Horrocruxes. Por su parte, Lily le comentaba mucho últimamente en sus cartas acerca de su nueva amiga, la mujer del carrito de golosinas…
La primera novedad del año llegó en la segunda quincena de enero, cuando dejó de nevar. Harry se hallaba en su oficina del Ministerio de Magia, secundado por Ron. Ambos preparaban una inspección al sistema de seguridad de Hogwarts cuando Parrywidget, la lechuza de Harry, entró por la ventana.
Por supuesto, el animal fue detenido por la tinta y plumas encima de la mesa, pues había heredado los peores genes de Errol. Sí, Parrywidget era descendiente directa de la antigua lechuza de Ron, algo así como su hija o nieta y, aunque lucía similar a Hedwig, con el sentido espacial era un desastre.
Tras el estruendo provocado por el aterrizaje forzoso de Widge, como cariñosamente le llamaban, Harry siguió la rutina de cada mensaje recibido: agitó su varita y los destrozos desaparecieron. Luego apuntó hacia la tinta desparramada por toda la mesa y ésta fue desapareciendo en el extremo de su varita, como si fuera un absorbente. Acto seguido, extrajo una galleta de una cajita a su izquierda y se la tendió al animal, un poco desplumado por el aterrizaje forzoso. Widge se volteó con mucho esfuerzo, dejó caer el paquetito atado a su pico y arremetió contra la golosina, no sin antes lanzar una mirada de agradecimiento a su dueño.
Ron levantó la mirada de la edición matutina de El Profeta y observó a Harry, que abría el paquete de manera parsimoniosa. Sin dudas el invierno los tenía algo atontados.
— Es otra carta de Lily — dijo tras examinar detenidamente el papel. Era rosa y desde su posición Ron podía oler un leve aroma a sándalo. Harry abrió el papel y comenzó a escuchar un sonido instrumental. La carta decía:
Papi:
Hoy mi amiga de la cocina me ha ayudado a confeccionar esta carta. Ella me ha dicho que le gustaría hablar contigo, conocerte. Es un poco mayor que tú, creo, aunque luce realmente joven.
Le he contado del sextante y de Circe, y parece que sabe algo del tema. Sospecho que no me quiere decir hasta no asegurarse de estar en lo correcto.
Esta semana hemos hecho un hechizo con Flitwick para darle vida a nuestros dibujos, más abajo te envío el que te hice.
Un beso para todos, especialmente para tío Ron y tía Hermione!!!
PD Le escribí una carta más extensa a mamá, cosas de chicas. ¡No estés celoso!
Lily Luna
Aquellas eran buenas nuevas. La amiga de Lily había resultado, tal vez, una mina de información aún sin explotar, una oportunidad única para ir un paso por delante de Circe. Y lo mejor: antes de llevarle sus cartas, Widge tenía la orden de pasar por donde se hallara Teddy, para que les informara de cómo iban sus cosas.
La decisión de enviar a su ahijado tras la pista de Circe, había sido una decisión tomada entre todos. Teddy tenía la orden de ubicarla para no perderle el rastro y ver cómo iba evolucionando, porque hasta el momento no tenían ni la menor idea de qué estaba buscando la admiradora de Voldemort.
Un primer y más lógico plan, debía ser reunir a los Mortífagos exiliados de Gran Bretaña para utilizar su poder, sus lógicas aprendidas del Señor Oscuro en favor de sus objetivos. Por ello, Hermione se había encargado de ir a los archivos del Ministerio para registrar los archivos de emigración y posible emigración de los Mortífagos.
Ginny, en tanto, se había instalado en los archivos de El Profeta para registrar las publicaciones de más de 20 años atrás, donde se afirmó ver focos de magia oscura.
Tanto la señora Weasley como la señora Potter encontraron un lugar en común y de altas probabilidades de presencia tenebrosa. Se trataba de un país europeo, que ya Voldemort había visitado: Albania.
Sí. Durante su estancia en Albania, Voldemort no comentó nada, absolutamente nada. Además, ¿qué podría estar buscando en aquel lugar tan distante de su formación?
Ese era el asunto. El por qué Voldemort había ido a Albania, qué hizo en ese país por tanto tiempo, eran algunas de las preguntas básicas, y no tenían respuestas. Y lo más curioso: tras la caída del Señor Tenebroso, Albania vivió desastres mágicos de magnitudes mayúsculas que nadie pudio explicar. Era el refugio de los Mortífagos que habían huido, y si no, la magia oscura era muy fuerte en esa zona.
De ahí la decisión de enviar a Teddy a Albania, en busca de respuestas. Y al parecer había llegado la primera, escrita en el envoltorio que trajera Widge.
Papá Harry:
¿Cómo están todos? Disculpa la demora de Parrywidget, es que estaba nevando mucho por acá y me daba miedo enviarla sola en este largo viaje.
Ante todo debo decirte que he contactado con los diplomágicos británicos acá y me han ofrecido su mansión para que esté unos días —gracias a que les dije que soy tu hijo y me ha enviado el Ministro—.
La Alianza Mágica Albanesa, AMA, mantiene un riguroso control sobre todo lo que entra y sale vía lechuza de acá. Por eso he puesto unos conjuros anti lectura, limitando a tu persona la capacidad de ver esta carta.
Albania no es un lugar tan oscuro como pensamos, pero no te puedo negar que hay algo, que huelo magia tenebrosa en el aire. La AMA tiene muchos conflictos internos, y hay una disputa por el poder entre los magos tradicionales y los de esta generación.
Los más jóvenes quieren eliminar todo eso de la sangre pura y las diferencias entre magos. Pero eso no les conviene a los dinosaurios que están en el poder, porque toda su política se basa en mantener lo escrito.
Va a haber un conflicto, papá. Los viejos anunciaron que no quieren verse obligados a utilizar su arma secreta; pero en caso de ser necesario no dudarán. Además, la semana próxima se presentará a una de las propuestas de la AMA para encabezar su Consejo.
Te juro que tengo el presentimiento de que Circe está inmiscuida en el complot, no sé por qué. Esa enorme seguridad con que hablan los preservadores de la pureza sanguínea me da mala espina…
Un abrazo enorme para todos
YO
PD: Dile a mis tíos Ron y Hermione que los extraño también.
Harry terminó de leer la carta en voz alta y miró a Ron, quien se mostraba algo pensativo.
— ¿Crees que Teddy esté en la pista correcta? — preguntó a Harry.
El Jefe del Departamento de Aurores asintió y se quedó en silencio unos minutos, hasta que sintió un calor extraño en su mano.
— ¡Harry, estás ardiendo! — dijo el pelirrojo y algo aturdido sacó su varita lo más rápido que pudo, apuntó a su compañero en llamas con la varita y gritó:
— ¡Oppugno!
Una bandada de pajarillos revoloteó rumbo a Harry que salió corriendo mientras trataba de apagar el fuego de su mano.
— ¡Ron, qué has hecho!— gritó — ¡Te acusaré por atentar contra la vida de un funcionario del Ministerio!
— Lo siento— se disculpó el Weasley y, tratando de calmarse, movió su varita formando un número ocho. Acto seguido los pájaros estallaron y la mano de Harry estuvo libre de fuego por fin— Es que me puse nervioso, ¿qué pasó?
— Nada— respondió Harry examinando su túnica chamuscada —Parece que la carta de Teddy se destruiría tiempo después de que la leyera. Este chico ha aprendido bien nuestras lecciones.
— ¿Qué hora es?— dijo entonces Ron más calmado, y miró a su reloj. Luego dejó escapara un resoplido y exclamó:
— ¡Faltan dos horas para el almuerzo!
***
Hermione se acercó a Harry y Ron durante el almuerzo. Como había iniciado el año hacía poco tiempo, tenía un montón de leyes y reformas que aprobar como Jefa del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, por lo que no permanecía mucho tiempo junto a Ron en el trabajo. O sea, las escapadas habituales al Departamento de Aurores se habían anulado de momento para que no se le acumulara mucho trabajo.
En cuanto Ron la vio acercarse, corrió a meterse dos jugosos pedazos de carne en la boca, y Harry estalló en risas. Ahora no solo el pelo era rojo, sino que la cara parecía una extensión del cabello.
— ¿Alimentándose bien, Weasley?
Harry se volteó para ver quién les hablaba. Era Kingsley, con rostro alegre. Sostenía la bandeja con sus trozos de carne y vegetales.
— ¿Quiere mi pasta?— dijo tras una carcajada el Ministro y Ron lo miró severamente.
—Es que Hermione lo tiene a dieta, y cada vez que hay carne trae brócoli picado en su bolso, para sustituirlo por el alimento habitual que consume Ron en el Ministerio— dijo Harry divertido y luego hizo una pregunta a Kingsley sobre una investigación pendiente del Ministerio.
—No se preocupe, le avisaremos más tarde— dijo el Ministro y se retiró a almorzar.
Hermione llegó por fin hasta la mesa y, tras observar la bandeja vacía de su esposo lanzó una mirada reprobatoria a Harry.
— ¡Debías velar por su dieta! A fin de cuentas es tu mejor amigo y cuñado, ¿no? Y tú —dijo dirigiéndose a Ron— deberías cuidarte más. ¡Mira qué gordo estás!
Y así empezó una discusión como las que tenían habitualmente en Hogwarts que terminó, para variar con Hermione poniéndose en pie y retirándose a comer a otra mesa.
— ¡Mujeres! —Dijo Ron— se vuelven odiosas con la edad…
A los pocos segundos llegó volando hasta ellos una palomita de papel que se detuvo en el aire y se desdobló, solo para mostrar las letras “Aún puedo escucharte”, y la firma de Hermione debajo.
Sin embargo, lo que parecía un día como otro cualquiera, sin novedad, dio de momento un giro inesperado.
Como ya habían terminado el plan de comprobación de la seguridad en Hogwarts, Kingsley ordenó a Harry y Ron que debían ir a la escuela para comenzar los trabajos. Así, ambos aparecieron en Hogsmeade y, una vez allí decidieron enviar un patronus a McGonagall para que alguien los llevara formalmente al interior del castillo.
Después de media hora, que pasaron en el Cabeza de Puerco conversando con el anciano Aberforth, apareció Luna Lovegood junto a su esposo Rolf, un hombre de pelo negro, pero iguales ojos soñadores que los de su amiga.
Harry y Ron recibieron un caluroso abrazo de Luna y un fuerte apretón de manos de Rolf.
De esta forma, fueron conducidos hasta los carruajes tirados por los Thestrals, que incluso Ron comenzó a ver, después de la Batalla de Hogwarts cuando muriera uno de sus hermanos.
—Y cuéntame Luna —comenzó su conversación Harry — ¿Me han dicho que hay una nueva empleada en la cocina?
—Ah, sí —dijo Luna— ella está a cargo de los elfos domésticos. Es muy hermosa, creo que es veela. Lily y ella se llevan de maravillas, según me han contado ambas.
— ¿Ambas?— preguntó Harry— ¿Eres amiga de esa mujer?
—Sí —dijo Luna— Tomamos té todos los viernes. Lily es muy inteligente, y Tina también, aunque sospecho que es squib o algo así, porque no le gusta mucho hablar con Lily de los hechizos, ni la varita. Nunca la he visto con varita… ¡debe ser muy triste no tener una!
— ¿Tina me has dicho que se llama?
—Así es, Tina. Aunque su apellido solo me lo ha revelado a mí… ¡Es un poco tonto esconderlo! La gente no debía juzgarte por tu nombre.
—Luna, ¿pero que apellido podría ser tan malo como para no querer que los demás lo sepan?— intervino entonces Ron. Rolf seguía en silencio, conduciendo el carruaje.
—Sé que no juzgas a nadie, Harry. Tú mismo debes llevar la carga Potter al igual que tus hijos, y no por eso debe juzgársele ni bien ni mal…
—Luna— rogó Harry — Dime cuál es su apellido.
—Muy bien. El apellido de Tina es Grindewald.
2
Regreso a Hogwarts
Regreso a Hogwarts
¿Grindewald? ¿Acaso Luna había dicho que su hija se había hecho la mejor amiga de una Grindewald? ¿Cuántos en el mundo mágico podrían tener el mismo apellido?
—Es pura coincidencia de seguro, ¿no, Luna?— dijo Ron. Aún se hallaban de camino al castillo en un carruaje de thestrals guiado por el esposo de Luna, Rolf.
—No me parece —dijo el conductor— Yo mismo fui hasta el castillo a verla en cuanto supe, y es una mujer maravillosa, te lo aseguro.
A Harry aquello le parecía un macabro juego del destino en su contra. Primero Circe, una jovencita seguidora de Lord Voldemort, que era capaz de todo en nombre del Señor Tenebroso; y ahora sentía que caía más profundo en el abismo. ¿Cómo era que después de tanta paz, dos oscuros personajes del pasado revivían para atormentarlo?
Estas eran las situaciones en las que debía aparecer Dumbledore para aconsejarlo, o tal vez para dejar escapar una frase inteligente que lo dejara más desorientado que al principio.
La altísima silueta del castillo apareció de pronto ante ellos, haciendo que Harry recordara la alegría que le daba sentirse “en casa”. Ahora tenía un hogar propio, con su familia, pero nada se comparaba al primer hogar verdadero que conoció: Hogwarts.
Las rejas hechizadas estaban allí, listas para impedirles el paso. Este podría ser el primer lugar para comprobar la situación del castillo en lo que a defensas se refería. Harry no sabía si cumplir con su trabajo o correr a conocer a Tina Grindewald.
La familia estaba primero.
— Ron— dijo— yo acompañaré a Luna adentro. Rolf podría quedarse aquí para que intentes forzar la entrada del castillo, como habíamos planeado.
— Sí, jefe— dijo Ron sonriente. Luna descendió del carruaje en brazos de Rolf que la cargó, la elevó por encima de su cabeza y la colocó en el suelo suavemente, como si fuera una mota de algodón mecida por el viento. Ella lo miró con sus ojos soñadores, y Harry supo que entre Luna y su esposo había un amor que solo había visto entre Hermione y Ron, o en los ojos de Ginny cuando lo miraba.
Luna tomo del brazo a Harry y se detuvo frente a la reja.
— Ábrete, por favor— dijo con voz dulce, dirigiéndose a la reja.
El metal rechinó y la reja de abrió lentamente, de par en par. Harry miró a su amiga del antiguo ED, con la intención de adivinar cómo era posible un prodigio de tal magnitud.
— ¿Y tu varita?— preguntó Harry.
— ¡Oh! La he dejado. Ya está un poco vieja, y la conservó como el tesoro que me acompañó en algunos de mis mejores años: el ED, cuando la batalla del Ministerio, cuando Quién-Tú-Sabes cayó… Ella y yo nos entendemos bien, y no siempre la necesito. Podemos lograr grandes cosas confiado en nosotros mismos.
—Pero…la reja…
—Se abrió porque así se lo he pedido. ¡Todo tiene vida, Harry! Solo hay que saber cómo llegar al corazón de las cosas…
Harry continuó en silencio, analizando la sabiduría ingenua que aún conservaba Luna. Tenía mucho que aprender de ella.
Cuando llegaron a la entrada del castillo, Lily se hallaba sentada en un banquillo cercano, esperando a su padre.
Al verla, Harry abrió los brazos y ella salió corriendo a su encuentro, para lanzarse sobre él.
— ¡Viniste! La profesora McGonagall me dijo que pasarías por acá y te he estado esperando. Falté a la clase de vuelo para verte.
— ¡Hija!— exclamó Harry. Las clases de vuelo estaban entre sus preferidas.
— Albus se ha quedado un poco más de tiempo con Slughorn haciendo pociones extras. Parece que se le da bien la materia.
«Como a mi madre y a Snape» pensó Harry.
— ¿Has visto a Hugo y Rose?
—Sí. Rose y Roxanne, la hija de tío George, estaban en la oficina de McGonagall intentando rescatar a Hugo y Fred de un castigo por traer bombas fétidas a la escuela. Pero por favor… ¡que tía Hermione no se entere!
— No te preocupes. No le diré nada.
Harry permaneció conversando con su hija unos segundos más hasta que apareció por el pasillo su otro hijo, James, vestido con el uniforme de Quidditch.
— ¡Papá! ¡Viniste a ver el partido!— gritó.
¿El partido?
—Hoy me estreno como buscador de Gryffindor.
¿Buscador de Gryffindor?
—Hijo —dijo Harry tras abrazarlo— Por supuesto que he venido a verte.
***
Aunque Harry disfrutaba siempre de un buen partido de Quidditch, aquel se había alargado infinitamente. Estaba desesperado por conocer a la famosa Tina Grindewald y, era duro reconocerlo, pero James no era precisamente un as del deporte. El Buscador del equipo contrario (Hufflepuff), revoloteaba sin cesar por todo el estadio, y él ni se inmutaba. Estaba como atontado.
Lily, a su lado, gritaba y gritaba a su hermano que se moviera, que iban a perder “el maldito partido de Quidditch”, palabras ante las que Harry debió detenerla y decirle que si no quería lavarse la boca con jabón, intentara no gritarle más a su hermano.
Para colmo, el equipo de Gryffindor se había quedado sin arquero, pues era Hugo y, según las últimas noticias, McGonagall aún no decidía qué castigo imponerle por su desobediencia.
Tres horas duró el partido. El Buscador de Hufflepuff logró por fin atrapar a la snitch dorada tras mucho sudar en un derroche de incapacidad deportiva que hizo a Harry sentir vergüenza ajena.
Cuando por fin se paró del asiento —del que ya se sentía parte— solo atinó a aplaudir y gritar “arriba Gryffindor”.
A lo lejos vio a Albus, muy cerca de Slughorn, haciendo apuntes y recibiendo palmadas de aprobación del maestro, al tiempo que observaba a James, muy complacido.
Se acercó a su hijo, le depositó un beso en la mejilla e intercambió unas palabras con su antiguo maestro de pociones.
— Profesor…
— ¡Harry querido! Ya nunca te acuerdas del viejo Horace, después que tanto te enseñé…y me enseñaste. Hace un momento lo comentaba con Albus Severus: desde mi ilustre clase del 29, jamás había tenido tantas personas con talento para las pociones como tu madre, tú y Snape por supuesto. Aunque, claro, él no estaba en mi Club.
— ¿Y todavía mantiene ese club?
— ¡Oh, sí— dijo Slughorn acariciando su bigote de morsa —Por supuesto…y adivina qué…¡tú estás en la repisa!
— ¿En la repisa?— dijo Harry con alegría fingida — No es para tanto, profesor.
— Sí, sí, sí. Y no solo por derrotar a Ya-Sabes-Quién; sino por darme además a uno de los más talentosos alumnos que he tenido. Todo el día está pegado a u libro de pociones que encontró por ahí, y su rendimiento en la asignatura ha mejorado considerablemente…
—Puro talento— dijo Harry, y se puso mentalmente como tarea revisar el material escolar de sus hijos.
—Bueno, ha sido un placer verte de nuevo, muchacho. Ahora me voy a las mazmorras que tengo clase con Ravenclaw y Gryffindor. Me llevo a tu hijo otro poco.
Slughorn dio media vuelta, y Harry le dijo adiós a su hijo, lanzándole una mirada de orgullo. Luego se volteó hacia Lily y le dijo:
—Bueno, he venido a conocer a tu nueva amiga. A Tina.
— ¿En serio? ¿Y cómo has adivinado su nombre?
—No lo he adivinado. Luna me lo ha dicho.
— ¿Mi madrina te lo dijo? ¡Ella es también mi buena amiga! ¡A las dos nos encantan los torposolos! Iré por Tina, ya vuelvo.
¿Torposolos? Esta hija suya tenía mucho de Lily, pero por el camino que iba, también tenía mucho de Luna.
Harry estuvo cinco minutos más esperando en la entrada al campo de Quidditch, donde su hija lo había dejado. Dedicó ese tiempito a recordar sus buenos tiempos de Buscador y a pensar cómo consolar a James, que de seguro estaría destruido tras la derrota en su primer juego.
Cuando más sumido estaba en sus pensamientos, hasta él llegó una voz femenina que, dulcemente, le dijo:
-¡Señor Potter! Gracias por venir.
3
Primer encuentro con Tina
Primer encuentro con Tina
Una voz femenina muy conocida por Harry llegó a sus oídos. Se dio la vuelta y allí estaba parada la directora de Hogwarts, Minerva Mc Gonagall.
—Buenas tardes Sr. Potter –giró ligeramente la cabeza y dijo—Weasley.
—Igualmente Minerva— respondió el Auror.
—Hola, profesora— dijo Ron con un tono temeroso, como si aún tuviera once años.
—Kingsley me avisó que vendrían a hacer una inspección –dijo McGonagall— ¿por dónde desean empezar?
—Nos gustaría conocer al nuevo personal— exclamó Harry.
De esta manera la profesora los escoltó al Gran Comedor.
Caminaron hasta llegar al Gran Comedor, luego entraron y siguieron por una puertecilla detrás de las sillas de los profesores. Bajaron unos escalones hasta llegar frente a un cuadro de frutas, y McGonagall tocó una pera, tras decir “Cromos de Chocolate”. El cuadro se separó y dejó ver un hueco redondo en la pared. La directora se acomodó la túnica y subió al pasadizo, con su varita destellando.
Tras unos metros de oscuridad iluminada por el hechizo Lumus de Minerva, se fue vislumbrando un destello mayor proveniente del final del túnel. Hasta los oídos de los tres magos llegó un sonido extraño, y la temperatura se fue haciendo más cálida.
McGonagall descendió por otras escalerillas y, ante Ron y Harry, quedaron las cocinas de Hogwarts.
Pocas veces Harry había sentido que no podía describir lo que veía. Las cocinas de Hogwarts eran un continente, un mundo aparte del castillo, pero a la vez inseparable de éste. Varios elfos, menos de los que Harry imaginaba, se dedicaban a pelar frutas, picar ingredientes y revolver los contenidos de las grandes ollas de comida. Sin embargo, todo permanecía relativamente silencioso. Solo se podía escuchar el sonido de la comida y el chisporrotear de la magia élfica volando de aquí para allá, golpeando cajas y haciendo volar granos, legumbres y vegetales por todo el lugar.
Más alejado de la entrada, había un atrio vacío.
— ¿Qué es?— preguntó Harry, disimulando su desesperación.
— Desde ahí Tina, nuestra nueva empleada, se encarga de añadir y supervisar los ingredientes de nuestras cenas, almuerzos y desayunos. Es muy diestra en los hechizos domésticos.
Harry lo entendió. Los elfos se dedicaban con su magia a la parte de refinar los alimentos para cocinarlos, y Tina, agitando su varita de un lado a otro, era le verdadera cocinera. Impresionante. Debía ser un as de la magia casera.
—Vayamos mientras tanto a los Invernaderos— sugirió Ron, a quien el estómago había comenzado a sonarle solo de respirar el delicioso aroma de los panecillos de canela que estaban cocinándose en los hornos.
Camino a los Invernaderos, Harry se topó con su hija Lily de nuevo:
— ¿Papi?, viste a Tina— preguntó.
—No, cariño—dijo Harry tiernamente. Los desencuentros se habían vuelto realmente molestos.
—Srta. Weasley— rezongó McGonagall— ¿Usted no tiene clase?
—No profesora estoy en mi periodo libre— dijo segura Lily
—De acuerdo— dijo la directora.
— ¡Tina fue al campo de Quidditch! ¿Cómo es que no la viste?
— Es que bajé a las cocinas.
— ¡Qué mal! No sabía que irías a las cocinas. Allí la podrías haber visto en acción. EN fin, papá…Te esperará en el Gran Comedor en media hora, no te demores.
Harry asintió y depositó un beso en la mejilla de su hija.
Camino a los Invernaderos se encontraron a Neville que salía de dar su clase de Herbología del Segundo Curso. Estaba hecho un asco
— ¡¿Harry, Ron?! Que sorpresa, me estaba acordando de ustedes, justamente acabo de dar la clase de herbología a sus hijos— exclamó sorprendido el profesor Longbottom —Ron, tu hija, Rose es brillante sí que se parece a Hermione. Por suerte si sabe del Lazo del Diablo, ¡casi nos comen vivos ahí dentro!
—Gracias— respondió – Ronald confundido.
Harry estuvo observando algunas plantas del Invernadero. Aunque la Herbología no era lo suyo, su formación como Auror le había dado conocimientos tan profundos como los de Neville, aunque éste fuera un experto sin comparación. Luego de hacer algunos apuntes, Harry convenció a McGonagall de que regresara a su despacho. Quería hablar a solas con Neville y Ron. McGonagall se fue, mostrando expresión ofendida y, cuando estuvo lo suficientemente lejos, Harry le preguntó a su ex compañero del ED
— ¿Sabes algo sobre Tina?
— ¿Tina? ¿La nueva empleada? Pues Luna me ha contado algunas cosas: es mestiza, aunque es bruja no le gusta usar mucho la magia, su madre la tuvo a los 17, poco después de ello murió junto con su esposo – relató— No sé más que eso.
—Gracias Neville, cuídate— respondió Harry.
Ron lo miró extrañado. Le parecía que el interés por Tina se había convertido en una obsesión implacable de su amigo:
— ¿No exageras?
—Ron…la última amiga de nuestros hijos casi mata a Lily. Ella es muy dulce, demasiado ingenua. Se le da bien confiar en cualquiera.
—Confía tú en ella, Harry.
Los dos Aurores hicieron un silencio sepulcral. Caminaron lentamente por los Terrenos de Hogwarts, como recordando su época de estudiantes. Así llegaron hasta el vestíbulo, donde estaba Lily, sonriente como nunca. La ansiedad se le notaba por encima de la ropa.
Hizo que Harry la siguiera hasta el Gran Comedor, donde estaba sentada en una mesa, sola, Tina Grindewald.
Era hermosa. Se daba un parecido extrañamente cercano a Circe, pero de una manera gentil. No era la imagen agresiva que daba la muchacha, la inteligencia engreída que se desbordaba de sus maneras. Tina era sencilla, poca cosa, menudita. Pero de voz profunda:
—Al fin, señor Potter— dijo y se acercó a besar la mano de Harry.
— ¿Qué hace?— atinó a decir el Auror.
—Véalo como un gesto de agradecimiento por liberarnos de la oscuridad…momentáneamente.
Tina se puso en pie. Llevaba una túnica grisácea que se arrastraba por el suelo. Parecía una dama del medioevo.
— ¿Qué quiere decir?
—Aquí no, señor Potter. Aquí no— dijo Tina señalando con la mirada a Lily.
—Muy bien— dijo Harry comprendiendo. Debían ir a un lugar más privado — ¿Cuándo podemos encontrarnos?
—El sábado, en Cabeza de Puerco, ¿le parece?
Harry asintió.
—Ha sido un placer. La esperaré en la mañana.
—Ahí estaré.
Antes que llegara el sábado, la situación se complicó.
Corría el rumor de que estaban ocurriendo extrañas desapariciones en Albania, en su gran mayoría de nacidos muggles. Lo peor no era eso, sino que la ola se estaba expandiendo por Europa, y en Bulgaria estaba comenzando el desastre. Los magos franceses habían convocado a una reunión urgente de todos los Ministros de Magia de los países de la zona. Kingsley se alistaba para lo peor.
—Escríbele a Teddy, Harry— suplicó Hermione— Antes de consultarte me tomé la libertad de hablar con Ginny por la Red Flu y ella está alterada, muy alterada. Teme por la vida de Teddy. Es muy arriesgado que esté solo en Albania, pídele que regrese.
Las razones sobraban. Harry no había terminado de escuchar a su mejor amiga y ya sostenía pluma, pergamino y tinta. La misiva decía de esta forma.
Teddy:
Me he enterado de están ocurriendo extraños sucesos en Albania. Algo no encaja aquí, necesito tu apoyo ahora más que en cualquier otro momento.
Sé que la carta es breve pero la escribo solo por un motivo: necesito que investigues, hay un rumor en el Ministerio, se comenta mucho sobre muertes y desapariciones en Albania. Ojalá no comprobemos que lo peor está sucediendo.
Ven y dame la respuesta en persona, lo antes posible. Regresa, Teddy.
Te quiero, Harry
Hecha la carta, el Auror se la dio a Widge, y antes de que saliera volando, le aplicó un hechizo desilusionador.
Así pasaron tres días. Harry se alistaba para encontrarse con Tina en Cabeza de Puerco cuando sintió un golpetear seco en la ventana. Era Parrywidget, posiblemente con la respuesta de su ahijado. Abrió la ventana para dejarlo entrar y fue solo entonces, que se percató de la dimensión que alcanzaba el conflicto que se gestaba.
Parrywidget estaba cubierto de sangre, casi desplumado. Tenía marcas de hechizo de fuego en la cola y un ojo hinchado. No había lugar para la especulación: la carta de Harry a su sobrino, había sido interceptada por el camino. Teddy estaba en grave peligro.
4
Segundo encuentro con Tina
Segundo encuentro con Tina
Harry estaba preocupado por Teddy, tenía que ir a Albania para encontrar a su ahijado, pero no sin antes ir al Cabeza de Puerco para charlar con la señora Tina, por lo cual estaba obligado a esperar.
Por fin llegó el sábado, Harry ya tenía varios minutos esperando fuera del Cabeza de Puerco y prontamente Tina lo sorprendió por la espalda. Llevaba su mandil y un guante de cocina
-Lo lamento mucho señor Potter, pero tuvimos un retraso en la cocina, unos elfos empezaron a jugar con la comida y bueno ya sabrá como terminó todo- dijo
-No se preocupe Tina, no tenía mucho tiempo esperando- dijo Harry, algo nervioso- Ahora entremos y conversemos.
Ya dentro del cabeza de Puerco, y luego de saludar cálidamente a Aberforth, ambos tomaron asiento alejados de la entrada.
-Bueno señor Potter, sé que esta información es muy importante para usted así que trataré darle todos los detalles. Sé que mi apellido puede ser algo imponente, pero solo soy sobrina de Gellert. Nunca seguí sus creencias sobre los no mágicos y los mestizos, pero si le tuve mucho cariño, era un buen hombre con un mal camino…
Harry recordó por un momento la historia de Albus Dumbledore joven, y luego dijo:
-No niego que su apellido me puso a pensar; pero ahora que la conozco personalmente, veo que no es como su tío.
»Parece usted una persona bien intencionada. Debo pedirle disculpas, pues tuve sospechas cuando me contaron de su ascendencia.
Harry quedó incómodamente en silencio por unos segundos y luego de que Aberforth les trajera un par de whiskeys de fuego, Tina continuó:
-Después que el tío Gellert fuera encarcelado, mi familia huyó, casi exiliada hacia Albania, y allí estuvimos varios años, e incluso fuimos visitados por alguien a quien usted conoció muy bien: Tom Riddle…¿Quién diría que un muchacho tan apuesto se convertiría en el mago tenebroso más peligroso que hayamos visto? Eso decía mi madre cada vez que se enteraba de alguno de sus crímenes. Ella si lo conoció, yo no… – suspiró la bruja mientras divagaba.
En ese momento se escuchó un ‘crac’ y una cabellera roja se dejó asomar por una de las ventanas. Era Ron que había aparecido frente al Cabeza de Puerco:
-Harry rápido, tenemos que irnos. ¡Algo sucede!
-¿Qué sucede Ron?- respondió Harry, aturdido.
-No hay tiempo de explicarte tenemos que ir al Ministerio ya- dijo agitado el pelirrojo.
Harry se levantó, dispuesto a despedirse, mientras le sostenía la mirada a Ron, quien se veía muy alterado. Tina le sostuvo el brazo:
-Señor Potter es mejor que se vaya, pero tengo que darle esto, en vista de que nuestra conversación se ha interrumpido forzosamente- dijo Tina y extrajo una varita de su mandil. No era muy hermosa, la verdad, hasta parecía algo marchita. Apuntó el objeto a su cabeza y un haz de luz se desprendió de su sien. Luego, un hilo plateado quedó pendiendo de la punta tallada de la varita, reluciendo, brillando con luz propia por unos segundos hasta que cayó dentro de la copa vacía donde unos minutos atrás estuviera el whisky de fuego.
- Tómelos. Espero que estos recuerdos le sirvan en su búsqueda, señor Potter. No soy muy buena con la magia, solo sé hacer hechizos domésticos…pero este aporte puede esclarecerlo en su búsqueda.
Harry tomo la copa mientras le agradecía.
Harry y Ron desaparecieron a la vez fuera del cabeza de Puerco, mientras Tina les lanzaba una mirada amable. Cuando recuperaron los sentidos, estaban en aquel callejón donde se encontraba la caceta telefónica que sirve como entrada de visitas al Ministerio.
-Apresúrate tenemos que entrar- dijo Ron mientras sacaba un galeón y entraba en la caceta
-¿Por qué por aquí Ron, qué está pasando?
-Es algo bueno, ya lo veras.
Ambos magos entraron en el Ministerio, y vieron personas apareciendo: toda la Red Flu estaba saturada.
-¿Qué es esto? gritó Harry mientras todos los que aparecían se remolinaban por los pasillos del Ministerio.
-Son personas de Albania- contestó Kingsley que había llegado justo detrás de ellos -La AMA nos ha informado de que ha habido demasiadas desapariciones así que decidieron enviar un no tan selecto número de diplomágicos tanto de Albania como cónsules de otras partes del mundo que trabajan en Albania. El Ministro albanés ha decidido que estarán más seguros aquí, y me temo que las cosas se complicaran aún más.
-Tenemos que ir inmediatamente a Albania a terminar de investigar y resolver esto de una vez por todas- dijo Ron con una voz muy decidida.
-Sí, estoy de acuerdo contigo, pero tengo que ir a un Pensadero… ¿por qué no vas mientras por un Traslador?- dijo Harry.
-Usa mi Pensadero Potter, tengo uno en mi oficina, déjame dirigirte hacia allá- Kingsley agitó sutilmente su varita y un pasillo alterno apareció por detrás de las paredes -El pasillo conecta directamente con mi oficina, date prisa.
Harry comenzó a caminar por el pasillo hasta que llegó a la Oficina del Ministro, y al entrar vio un Pensadero suspendido en una repisa colgada encima del escritorio del Ministro. No era como el de Dumbledore. Tenía talladuras que recordaban a grandes jefes de tribus africanas y leones por todas partes.
Con la copa de whisky aun en la mano, Harry se acercó al Pensadero y vertió los recuerdos de Tina Grindewald. El destello plateado se arremolinó en el recipiente y Harry se acercó, para mirar…
5
En el Pensadero
En el Pensadero
En cuanto Harry introdujo la cabeza en el Pensadero, cayó por una especie de túnel y se detuvo en el suelo, donde quedó de pie, como depositado.
La escena era bastante peculiar. Había una niña muy rubia, que Harry asumió era Tina Grindewald, con una maleta sentada en la entrada de una casa. Era un lugar bastante sombrío. Por un lado y por el otro había plantas secas, como si hubiera ocurrido una catástrofe nuclear recientemente.
La casa era de madera. Estaba algo maltratada por el tiempo, aunque tenía unas macetas con unas margaritas amarillas que disimulaban un poco el ambiente tétrico que creaba la suciedad. De adentro salió una mujer como de unos 50 años o menos, con un delantal y sosteniendo una carta.
«Ya la he leído» la mujer tenía rostro gentil « ¿Qué esperas? ¡Pasa!»
La mujer recogió las maletas de la niña y fue adentro. Sin darse cuenta cayó la carta del bolsillo del delantal donde la había puesto y la niña la leyó. Harry se acercó para visualizar lo que decía.
En una caligrafía apretada y poco legible Harry distinguió algunas frases como «Queremos alejarla de Quién-Tú-Sabes. Él ha estado hace poco por la casa averiguando por Deimos y su teoría de la magia sin varitas»
Más adelante decía:
«Tom Riddle estuvo aquí hace años, antes de ser el terrible mago que tiene en puro temblor a los británicos. Por esa época parecía un amable muchacho solo interesado por las tonterías de Deimos; pero, amiga, esta vez es serio. Cuida de Tina, es muy importante que ella esté viva».
Luego todo alrededor de Harry se arremolinó y apareció ante otra escena.
Parecía un parque infantil. Había una niña como de 5 años, y Harry asimiló que se trataba de Tina, pero se confundió. Esperó que algo ocurriera.
Entonces aparecieron dos niños más…
-Miren a la rara- dijo una niña
- Si, es tan extraña- dijo un niño
-Circe es extraña, tan triste, tan anormal- exclamaban los niños a carcajadas
En ese momento la rama de un árbol se cayó y los pequeños salieron huyendo. De detrás de un árbol salió una muchacha mayor. Era Tina, quien tendió su mano a Circe y ella corrió llorando a abrazarla.
¿Acaso era Tina la madre de Circe?
La escena cambió. Tina era más adulta al parecer tenía 27 años. Se encontraba tomando té junto a la misma mujer del principio, solo que esta vez era una anciana.
-Hay algo que debes saber. Tus padres habían conocido a un joven, Tom, si bien recuerdo ese era su hombre, Tom Riddle, apuesto que tu…
-¡Yo sé quién es! Y sé qué quería… Deseaba las investigaciones de mi padre sobre la autonomía del mago, estoy segura de que él mató a mis padres por eso.
- ¿Cómo lo sabes pequeña?- preguntó confundida la señora.
-Papá, dejo esto- dijo mostrando una pequeña botellita- Creo que ya lo preveía, desde el momento que supe que Tom fue a buscarlo la primera vez…
» ¿Recuerdas mi herencia? En ella estaba el Pensadero con una nota. Así lo descubrí.
- ¡Por eso el Señor Oscuro te busca! Tus padres vinieron aquí por protección, sabían que él trataría de reclutarte.
- ¿Por qué?
-Porque tú, al igual que tu padre llevan el apellido Grindelwald… Eso significa que son familia de tu tío, el famoso mago oscuro Gellert Grindewald.
-¿Qué hago?
- Investiga, Tina. Por una razón tus padres dejaron de enviarte a Hogwarts. Por una razón solo te permitieron aprender hechizos de poca complejidad: ¡para que no te vieras tentada por las increíbles cosas que podrías lograr! Tú, Tina, podrías llegar a independizarte de la varita…
Entonces se escuchó un ruido, y Harry pudo ver una cabellera rubia que salía corriendo. Circe había estado escuchando a hurtadillas.
La escena volvió a cambiar. Parecían ser montañas. A Harry se le puso la piel de gallina con lo que vio…
Estaba en el Bosque Prohibido. Al parecer Tina estaba oculta.
Circe se encontraba sosteniendo la Piedra de la Resurrección.
-Dime anciano- dijo desafiante –como hago para…
-Niña…-dijo una compasiva voz- no te dejes guiar por esos infernales cuadernos, no te guíes por el mismo odio por el que él se guió.
-Usted sabe y me lo va a decir tarde o temprano.
-Soy simplemente un espíritu, ya no poseo los mismos conocimientos que en vida.
Harry se quedó de piedra. ¿Cómo se le había ocurrido a Circe consultarlo con Dumbledore?
El ambiente comenzó a tomar otra forma. Ahora Tina se encontraba en Ollivanders
-Buenas tardes- dijo, entrando al recinto.
-Hola, ¿qué ocurre?
-Es mi varita, no funciona bien.
-Ven aquí- dijo el señor Ollivander tomado la varita y la mano de la joven- ¿Usted está segura que ésta es su varita?
-Sí, absolutamente.
-Bien es difícil de explicar…- dijo Ollivander, enigmático. Hizo silencio, fascinado y luego dijo- Usted señorita, ya no requiere de esta varita
-¿Por… por qué?
-Usted ha logrado romper el vínculo entre la varita y su amo…Creo.
Harry sacó la cabeza del Pensadero con la expresión desfigurada. Tocaron la puerta y Harry la abrió.
-Puedo pasar?-dijo Ron
-Si adelante.
-¡Wow! Con que así es la oficina del Ministro de Magia- dijo, observando a su alrededor, maravillado
-¿Qué ocurre Ron?
-Nos marchamos mañana a Albania. La gente de la AMA va a presentar al mundo su arma secreta.
6
De viaje a Albania
De viaje a Albania
Harry llegó lo más temprano que pudo al Ministerio. Ron le había dicho que era mejor que fuera a descansar, él se quedaría de guardia. Al entrar a su oficina Harry vio a Ron dormido en su silla y pese a la situación decidió jugarle una broma a su cuñado: tomó su varita y la apuntó a su garganta
-Ronald Bilius Weasley, ¿se puede saber qué estás haciendo?- vociferó Harry imitando la voz de Hermione. Ron se levantó de un salto.
-Muy gracioso, solo estaba descansando un rato- refunfuñó mientras se despabilaba
-Bueno me alegro que ya estés descansado y despierto, ahora vamos por el Traslador tenemos que irnos lo más pronto posible.
Harry y Ron caminaron hacia el ascensor mientras veían al ministro caminar rápidamente junto con un diplomago de Albania. Parecían discutir sobre la estancia que le habían asignado, El Caldero Chorreante
-Señor Ministro, le exijo que me consiga un mejor lugar que esa pocilga, por favor, ¡usted sabe quién soy yo!- decía el extranjero con un acento muy peculiar.
Llegando a la Oficina de Trasladores se encontraba Rita Skeeter, lista para tratar de sacar algún chisme a los Aurores
-¿Ya está listo el Traslador que le pedí señorita Skeeter?- preguntó Ron rápidamente.
-Sí, señor Weasley, es aquella tetera de porcelana de allí. Tienen un minuto
Harry y Ron caminaron hacia la tetera y una vez junto al traslador, sintieron que alguien más entraba a la habitación: era Hermione.
Se veía muy hermosa y sostenía una bolsa de papel. Corrió a abrazar a Ron y luego de besarlo, abrazó a Harry. Tendió la bolsa a su esposo y les dijo:
-¡Quiero ir! No me gusta que vayan a Albania en una misión tan peligrosa y si compañía.
-Muy bien, Hermione. ¿Kingsley sabe que te marchas?
-No, en realidad; pero no le importará. ¿Quieren compañía o no?
-30 segundos, señor Potter- dijo Rita Skeeter, que había tomado interés en lo que decían los amigos.
-Necesitaremos toda a compañía que esté disponible- dijo Harry y puso una mano en el Traslador, luego Ron la suya, después Hermione que había hecho una seña y finalmente una mano fina que Harry reconoció: Ginny.
Sintieron un tirón en el estómago y sin más desaparecieron, mientras se arremolinaban sobre si mismos hasta que divisaron un claro de un bosque, se soltaron de las manos y comenzaron a caminar en el aire hasta tocar el suelo
-Por las calzas de Merlín, aun no me acostumbro a los Trasladores- dijo Ron, quien se había empalidecido por las náuseas.
-Ginny- dijo Harry a su esposa, sorprendido.
-No esperabas que Hermione me excluyera esta vez, ¿o sí? Me aburría en casa, así que nada mejor para alegrar el alma que una buena aventura con mi esposo el día de nuestro aniversario.
¿Su aniversario? Harry lo había olvidado, por completo. En más de 20 años de relación con Ginny jamás había olvidado la fecha en que se hicieron novios, ni siquiera cuando huía de Lord Voldemort. Se estaba poniendo viejo, sin dudas, y no se perdonaría esa falta de memoria.
Ginny lo miró dulcemente, con su pelo rojo batiendo por la brisa que había en el bosque. En los ojos de ella Harry encontró una señal de perdón.
-En marcha- dijo Ron- Tenemos un largo camino hasta la frontera mágica.
Hermione tomó de la mano a Ron y Harry a Ginny. Se pusieron en marcha durante horas, en las que solo se detuvieron a comer por espacio de 65 minutos. Esta vez Hermione había roto la dieta de Ron y le había traído hamburguesas de carne, no sin antes decirle que esta era “una situación de emergencia”. Cuando la noche comenzó a caer, se detuvieron de nuevo, ante una seña de Hermione.
-¿Escuchan eso?- dijo ella.
Todos se pusieron atentos. El clima estaba peculiarmente raro: había mucha oscuridad y la neblina no los dejaba ver más allá del lugar donde permanecían. Por suerte la tranquilidad del bosque les permitió escuchar voces a lo lejos, en otro idioma.
Por el tono de esas voces parecía que estaban trabajando en algo y se escuchaba como dejaban caer cosas pesadas, y después de un silencio que no duró mucho, se escucharon rápidos pasos entre los árboles
-Madre mía, ¿reconoces ese ruido Harry?- dijo Ron.
-Me parece familiar pero no sé qué es- dijo Harry mientras arqueaba las cejas en señal de duda.
-HARRY, SON ACROMÁNTULAS- gritó Ron y se empalideció.
-Cálmate, amor. ¿Recuerdas el hechizo?- dijo Hermione- Respira…1…2…3…Respira de nuevo y dímelo suavemente.
-Araña exumai- gritó Ron desaforado una y otra vez mientras veía que las gigantescas arañas comenzaban a aparecer de detrás de los árboles.
Hermione, Harry y Ginny formaron un círculo y pusieron sus varitas en alto. Comenzaron a moverlas diestramente lanzando chorros de luz de un lado a otro, intentando detener la horda de acromántulas que sobre ellos se lanzaba. Hermione por su parte, junto a Ginny, se detuvo un momento para conjurar un escudo que los protegiera en caso de que los animales llegaran hasta ellos.
Diez minutos duró la invasión de arácnidos, tras los cuales Harry dijo:
-Tengo una idea, ¡cúbranme!
El Jefe del Departamento de Aurores salió corriendo en dirección a donde salía la mayor cantidad de animales y apuntó su varita al suelo del bosque. Murmuró una especie de poema en latín (un antiguo hechizo sin dudas) y de la punta de su varita salió una columna de luz naranja que golpeó el suelo y lo quebró. Harry sintió que la varita se le iba a quebrar en cualquier momento, comenzó a sudar y a tratar de mantener la columna de luz que, estaba seguro, lo salvaría de las acromántulas.
-¿Qué está haciendo?- preguntó Ginny, que ya estaba algo cansada.
-Es magia antigua- dijo Hermione- Debe ser un conocimiento único que Kingsley compartió con él.
»Está tratando de separar esta parte de la tierra de aquella. Intenta crear un barranco o algo así para contener las arañas.
Harry comenzó a mover la tierra. Hubo un temblor primero, casi imperceptible, pero que puso en alerta a los arácnidos. Luego la tierra se sacudió fuertemente y las gigantescas arañas salieron huyendo. Tanto Harry como Ron, Hermione y Ginny cayeron al suelo.
Unos segundos más tarde se recuperaron y fueron hasta Harry. Estaba muy sudado, y pálido. Respiraba con mucha dificultad y su varita desprendía humo.
-¿Harry, estás bien?- dijo Ginny.
-Un poco extenuado, nada más. Para ser Jefe de Aurores debes conocer todo tipo de magia, y ésta depende mucho de tus condiciones físicas. ¡Ya no tengo 17! Denme solo un minuto y estaré como nuevo.
Hermione se limpió la ropa y apuntó con su varita a la de Ron. Lanzó un hechizo y las manchas desaparecieron. En ese instante, Ginny dijo:
-Está enfriando demasiado, ¿verdad?
-Si, además muy rápido- dijo Harry, poniéndose alerta.
-Ron, Harry, no se sienten como si estuvieran tristes- alertó Hermione.
-Miren arriba- gritó Harry.
Todos volvieron sus cabezas al cielo y una horda de Dementores comenzaba a rodearlos desde lo alto de los árboles que los rodeaban.
-¡Expecto Patronus!- gritaron los cuatro y una nutria, un perro, un caballo y un ciervo plateados se desprendieron de sus varitas para escudarlos de aquellos espectros, la nutria de Hermione rodeo a dos de ellos haciendo que se quedaran flotando, mientras el perro de Ron arremetía contra ellos. Por su parte los patronus mayores, el de Ginny y el de Harry, salieron galopando y golpearon uno por uno hasta que se esfumaron.
Sintiéndose un poco más seguros, continuaron su camino en dirección a la frontera, hasta que divisaron una cabaña.
-¿Crees que todo esto se trate de Circe? Me parecen demasiadas protecciones para un bosque común- dijo Ron, preocupado por lo que fuera a suceder
-No lo sé y será mejor que inspeccionemos aquella cabaña. Ya es de noche y necesitamos descansar.
Harry y Ron empujaron la puerta cautelosamente, con las varitas en alto. Detrás los cubrían Ginny y Hermione.
Aparentemente el recinto estaba vacío. Por dentro vieron que estaba todo tiznado como si hubiera explotado algo y hubiera esparcido más humo que fuego. Al registrar entre lo que ahí se encontraba vieron unos libros ininteligibles como si la tinta se hubiera corrido.
-¿Que les habrá sucedido?- dijo Hermione hojeándolos.
-Creo que sé que son, cuando vi los recuerdos de Tina hubo uno en el que hablaban de los diarios del padre de Tina, que contenían unas investigaciones que a Voldemort le interesaban mucho, por eso los visitó cuando estuvo aquí en Albania, su hija los debió haber estado usando.
-¿Su hija?- preguntó Hermione
-Sí, bueno al menos tengo el presentimiento que lo es. Verán en los recuerdos vi a Circe de niña en un parque siendo molestada por unos niños, y luego corrió a abrazar a Tina. Primero creí que ella podría ser la madre de Circe, pero era demasiado joven. Así que sospecho que son algo así como primas o hermanas de crianza. O sea, la abuela de Circe adoptó a Tina un poco antes de que sus padres murieran.
Al poco rato, después que Ginny y Hermione habían limpiado un poco el suelo de la cabaña para dormir, todos se fueron a dormir. Había dos habitaciones.
Harry, un poco más recuperado, abrazó a Ginny y la besó. Luego extrajo su varita y la agitó. De ella salieron unas chispas que salieron volando como luciérnagas en dirección al techo de la habitación y lo cubrieron, formando una ilusión parecida al techo del Gran Comedor de Hogwarts.
De pronto las tejas rojizas de la habitación desaparecieron, dejando ver un cielo muy estrellado. Luego las estrellas comenzaron a moverse y ondular, hasta que el rostro de Ginny estuvo en aquel cielo artificial. Era un espectáculo muy hermoso. Después de la punta de la varita de Harry salió un ramillete de jazmín:
-Feliz aniversario Ginny.
-¿Hay alguien ahí?- desde fuera de la cabaña llegaron los gritos hasta los cuatro amigos, que se encontraban preparándose para continuar viaje. Aún era de madrugada, y el sol no aparecía en el horizonte.
Aquella voz que llamaba era inconfundible: era Teddy.
Al salir todos de la cabaña a recibirlo, Teddy les dijo aliviado:
-Papá Harry, mamá Ginny, tío Ron, tía Hermione; que bueno que son ustedes, creo que ya sé qué trama Circe.
-Sera mejor que te calles niño, te nos has escapado de aquel duelo. De no haber sido por esa torpe lechuza, ya estarías más que callado- interrumpió una voz desde detrás de los árboles.
Dejándose mostrar a la luz de la luna, todos vieron aparecer un grupo de magos, que tenían el aspecto de carroñeros.
-Señor Potter, bienvenido a Albania.
7
Lucha hasta el amanecer
Lucha hasta el amanecer
Harry, Ginny, Ron y Hermione vieron aparecer un grupo de magos, que tenían el aspecto de carroñeros.
-Señor Potter, bienvenido a Albania- le dijo una voz desde detrás de los árboles.
Harry se acercó a ver, lentamente. No lo podía creer: era Circe.
-¿Circe?-preguntó confundido.
- La misma.
Harry y sus acompañantes levantaron sus varitas, prestos para luchar. En ese instante un rayo de luz roja iluminó las espaldas de Harry y, al voltearse, vio que Hermione caía. Como en cámara lenta, vio a Ron precipitarse a tomarla entre sus brazos, mientras Ginny gritaba algo que solo unos segundos después comprendió:
— ¡¿Qué has hecho, Teddy?!
¿Teddy? ¿Acaso él era el responsable del hechizo que tenía fuera de combate a Hermione? ¿Acaso era Circe tan influyente como para lograr deshacer todo el cariño de su ahijado y convertirlo en uno más de sus aliados?
El mundo iba más rápido de lo que Harry deseaba y, de esa forma, lo golpeó un hechizo que lo lanzó unos metros más allá del lado de su esposa. Con un golpe seco, cayó al suelo y rodó un corto tramo por entre la hojarasca. La luz del día comenzaba a iluminarlo.
-Hermione!- chillaba Ron desesperado, al tiempo que tomaba la varita de su esposa y comenzaba a batirse con uno de sus enemigos. Ginny, por su parte, solo podía escudarse de los agresivos hechizos que le lanzaba Teddy, por temor a lastimarlo.
—Expelliarmus, Diffindo, Crucio…— gritaba el muchacho sin respirar, y chorros de colores salían de la punta de su varita en dirección a su madrina. Ginny movía hábilmente la varita de un lado a otro, creando una especie de barrera invisible contra la que golpeaban los hechizos. Luces rojas, verdes chispas y llamas de disímiles formas salían de las varitas y se dejaban ver como un espectáculo de fuegos artificiales.
Harry y Circe se hallaban uno frente al otro.
—Tú no puedes tener la edad que me dijiste…Tu magia es de alguien con más experiencia. Además, no tuvimos notificación de actividad mágica de menores en los lugares donde estuviste.
Circe rió como loca.
— ¿Sabes algo? A veces la más palpable verdad puede ser un engaño. Realmente quisiera hacerte esas revelaciones, pero no soy la persona indicada, ¿comprendes? Digamos que soy una…ilusión. ¡AVADA KEDAVRA!
Harry vio el chorro de luz verde salir disparado hacia él y solo atinó a pensar en las tres D. Sintiendo un tirón del estómago primero y una compresión muy fuerte en sus pulmones después, volvió a tomar conciencia a unos metros de Circe. Se había desaparecido en el momento exacto que la maldición iba a golpearlo. Eso le dio oportunidad para tomar ventaja. Había algo distinto en Circe, un aire de estar ajena a sí misma… ¿se habría vuelto loca?
Harry agitó su varita y el cuerpo de Circe quedó suspendido en el aire. No pudo mantenerlo por mucho tiempo, se sentía débil. Fue solo entonces que atinó a mirarse el brazo. ¡Se había escindido! Una parte de la piel había desaparecido, y brotaba sangre de una profunda cortada. Entre el esfuerzo por la desaparición y la cantidad de sangre que había perdido hasta el momento, el cuerpo de Harry comenzó a fallar.
Primero se le doblaron las piernas, luego su varita cayó al suelo y después, Circe lo encontró. Ella levantó su varita y le apuntó. Cuando Harry pensó que había llegado su final, un caballo plateado se interpuso entre él y su enemiga y la golpeó hasta hacerla caer. Era el patronus de Ginny.
Ron había derribado a dos de los carroñeros y apuntaba a Hermione:
—Enérvate —le dijo. Nada había sucedido. El hechizo la había golpeado de una distancia muy corta, por lo que sus efectos eran mayores que normalmente.
-Ron llévatelos- gritó Harry
-No te puedo dejar aquí— dijo el pelirrojo, corriendo a ayudar a Ginny con la bruja que estaba teniendo duelo.
-Expelliarmus- grito Ron
-Sectusempra – dijo la bruja al unísono.
-Protego- gritó Ginny en defensa de su hermano
-Maldita- rezongó la hechicera.
Harry, aunque débil, preveía lo que pensaba hacer Circe . Ya en pie, la rubia estaba repuesta del ataque, y el patronus había desaparecido. El auror, después de haberse lanzado un hechizo para que su herida sanara de momento, logró levantarse e interponerse entre su enemiga y su esposa.
-Que ingenuo –dijo la aterradora voz de la joven- ¿acaso no has comprendido que de nada sirve sacrificarse? Tu estúpida madre lo hizo y ¿dónde está ahora?
- No tienes derecho…Tus padres también murieron. ¿Ni siquiera sientes eso? ¿Quién te dijo que habían muerto?
Circe no dijo nada más y levanto su varita. Harry también lo hizo.
-Terminemos esto, que ya amaneció. Avada…
— ¡Levicorpus! —dijo Ron desde lejos y el cuerpo de la rubia quedó suspendido en el aire.
Todos los enemigos estaban fuera de combate. Circe atada a una soga invisible y los carroñeros dispersos por un lado y por otro, llenos de magulladuras. Teddy, obviamente bajo el Imperius, había sido atado por Ron.
Circe comenzó a aplaudir.
—Muy bien. ¡Appareil!
Del suelo comenzaron a aparecer una especie de jaulas metálicas como bocas. Ron fue engullido por una, al tiempo que Hermione, comenzando a despertar, era encerrada en otra. Parecían serpientes que estaban escondidas entre la hojarasca y salían de la nada a engullir a sus presas.
Harry y Ginny corrieron, y detrás de ellos iban lanzando sus mordiscos las jaulas encantadas. De pronto Harry cayó y quedó engullido por una, perdiendo el campo visual de lo que hacía Ginny.
Circe cayó al suelo.
—Arresto momentum —dijo suavemente y aterrizó sin recibir una magulladura.
Se volteó para examinar a sus compañeros y Harry observó algo realmente extraño: entre su cabello rubio, había aparecido una porción de pelo negro.
¡Por eso no respondía las preguntas! ¡Por eso no había hecho ningún conjuro de ilusión como el que casi deja a Harry atrapado en Navidad!
— ¡Tú no eres Circe! —gritó el Jefe del Departamento de Aurores.
—Por supuesto que no —dijo una bruja con la mitad de las facciones de Circe— ¿No creerías que ella iba a tomar estos hechos de rutina, no?
La bruja comenzó a lanzar hechizos a sus compañeros y ellos uno a uno se fueron poniendo en pie, algo aturdidos aún.
—Dakerov —dijo a uno de pelo rizado— Cuéntalos.
El mago se acercó a las jaulas y los contó.
—Son tres más el muchacho bajo el Imperius.
« ¿Tres? ¿Solo tres?» se preguntó Harry.
—La muchacha pelirroja ha escapado —exclamó el carroñero.
Espero que les haya gustado la primera parte.. Esperen la segunda..