El nacimiento de un concepto, la evolución a Grand Theft Auto
Retrospectiva de la andadura de Rockstar desde sus inicios hasta la inminente salida de Grand Theft Auto V. Primera parte.
Grand Theft Auto: Liberty City Stories y Grand Theft Auto: Vice City Stories. El primer paso por PSP
Liberty City Stories
Hablábamos antes del enfoque que el reportaje recibía. Esa relación innegable que ha unido el destino de Sony y Rockstar de manera tan peculiar, aunque los juegos de ésta última hayan acabado en otras plataformas, como es normal. La revolución que la primera consola PlayStation supuso y la amplia difusión que PlayStation 2 disfrutó, provocó una coexistencia simbiótica totalmente necesaria, y de la cual ambas compañías se beneficiarían mutuamente. Hay ciertos juegos que per se son asociados de manera inconsciente a una consola y un momento en concreto, y los títulos comentados anteriormente (sobre todo los dos últimos) han albergado esta sensación.
Por ese motivo, cuando Sony emprendió el camino de las consolas portátiles por primera vez, pocas dudas habían sobre el elemento necesario para hacer de este hardware algo deseable. PSP aparecía en Europa a punto de iniciarse el equinoccio de otoño con un catálogo bastante estandarizado, pero con la promesa de un Grand Theft AutoA sólo dos meses después. ¿Qué mejor manera podría haber que lanzar una nueva consola con una entrega de esta saga en plena campaña de Navidad? Grand Theft Auto: Liberty City Stories aparecía en escena con la promesa de desarrollar toda la grandiosidad característica de la franquicia en un dispositivo que cupiera en el bolsillo.
Así se presentaba el panorama para volver a Liberty City, la ciudad protagonista del salto a las tres dimensiones que revolucionaría el concepto creado por Rockstar. Sin embargo, lo haríamos en toda una analepsis referida a aquella tercera entrega numérica, con un protagonista que aparecía en aquel mismo juego como personaje secundario. Toni Cirpriani volvía a la ciudad después de mantenerse alejado de ella durante más de cuatro años por asuntos un tanto oscuros, recurriendo a los orígenes de su actividad criminal para volver a integraste en el entramado mafioso.
El objetivo no sería demasiado nuevo en lo que habíamos visto en la saga hasta el momento. Salvatore Leone acogería al hijo pródigo para encomendarle la difícil tarea de ayudar a devolverle el control de las calles de Liberty City a la familia. Para ello, Vincenzo Cilli tutelaría nuestras acciones en un clima un tanto hostil –por llamarlo de alguna manera–, pues las diferentes bandas con innegables distinciones raciales se inmiscuirían en una lucha global para tratar de hacerse con ese poder al que nosotros aspirábamos a llegar.
De nuevo, iríamos ascendiendo por esos imaginarios escalones del crimen para intentar llegar a ser una personalidad relevante dentro de la familia “napolitana”. Eso nos llevaría a desenvolvernos por los bajos fondos con soltura, realizando encargos mundanos y un tanto molestos que terminarían por empujarnos a realizar las tareas más determinantes en ese objetivo final. Todo esto volvía a desplegar una cantidad de misiones principales y secundarias totalmente apabullantes, ofreciendo una durabilidad tan grande como lo era su impacto en la pequeña portátil de Sony.
Porque aunque la personalización y variedad de vehículos se hubiera reducido con respecto a lo que había sido Grand Theft Auto: San Andreas, Liberty City Stories llegaba a estar a medio camino de lo que había ofrecido la tercera entrega y Vice City; y eso para un hardware nuevo y reducido era un logro impresionante. En el aspecto técnico no tenía demasiado que envidiar a sus hermanos mayores, que de por sí ya poseían el reconocimiento global de una crítica que había sabido ver los límites de PS2 con el último Grand Theft Auto. Incluso sus funcionalidades de conectividad favorecían la inclusión de un apartado multijugador por primera vez en la saga, algo que no llegaría a extrapolarse a PlayStation 2 cuando este juego apareciera también en la consola de sobremesa.
Sin embargo, las carencias de interacción que ofrecía el dispositivo sí que recortaban un poco la experiencia. El disponer de un solo “stick” y renunciar a los botones R2 y L2 limitaba mucho la manera de controlar a nuestro personaje. Un defecto que la consola iría arrastrando desde los inicios hasta su final, tanto en cada entrega de Grand Theft Auto como en la mayoría de juegos que necesitaran realizar un amplio manejo de opciones, como era el caso del título que nos ocupa en esta ocasión.
Vice City Stories
De manera casi mimética a lo que pasara entre Grand Theft Auto III y Vice City, sólo transcurriría un año hasta que una nueva entrega de la saga saliera a la venta de nuevo en noviembre, capitaneando el catálogo de PSP de cara a una de las campañas más importantes del año. Y de la misma forma que se imitaba la frecuencia temporal en la expedición del producto, Grand Theft Auto: Vice City Stories se situaría en la Miami que Rockstar había diseñado para aquel segundo juego visto en PlayStation 2. Una secuencia que no se prolongaría más con un tercer juego ambientado en Los Santos, pero que había trazado una curiosa relación.
Incluso volvía atrás en el tiempo para dar cuenta de una historia que protagonizaría Vic Vance dos años antes de los hechos ocurridos en Vice City. El hermano de Lance Vance (uno de los personajes que aparecían en aquella historia) se ve envuelto en una serie de turbios acontecimientos mientras cumple encargos como miembro del ejército estadounidense. El mal entorno que le rodea a nivel familiar y de amistades se ve extendido hacia una corrupción que termina por engullirle, acabando por participar de los planes más inmorales de una autoridad con intereses propios en esta ciudad.
Una urbe que encontraremos cambiada por muchos motivos. No sólo es que descubramos diferencias palpables derivadas del salto atrás en el tiempo que se produce, pues evidentemente notaremos como el proceso de expansión de la ciudad está aún llevándose a cabo de manera constante; sino que volveríamos a experimentar un cambio técnico y artístico que sorprendería a propios y extraños. El universo estaba creado con anterioridad, obviamente, pero de nuevo ver que en el margen de un año se había conseguido recrear otra aventura con su consiguiente salto de calidad, revelaba un trabajo tremendo que volvía a colocar a un título de la saga como máxima referencia en el catálogo de aquella portátil en sus primeros años de vida.
Con respecto a Liberty City Stories se duplicaba la extensión y el tamaño de la ciudad, con lo que la disposición de misiones secundarias también aumentaba. Sin embargo, la novedad de juego más destacable residía básicamente en una capacidad de natación que se recuperaba para la ocasión, pero también en la variedad de vehículos para poder desplazarnos, teniendo ahora la posibilidad de usar transportes aéreos como avionetas y helicópteros. Acompañando a estos peculiares paseos, una banda sonora nuevamente espectacular, pudiendo escuchar temas conocidísimos de parte de grupos tan famosos como los Judas Priest o Kiss, en contraste con iconos del soul como el propio Marvin Gaye.
De nuevo, la ambientación ochentera que tenía lugar en 1984 era lo que más destacaba por encima de cualquier otra cosa. La estética de los protagonistas que intervenían directamente con sus camisas a pecho descubierto y los llamativos trajes de colores, los vehículos característicos de la costa este o las diferentes tiendas que engalanaban las calles, conformaban el mismo efecto contextual que lo hiciera en su día Grand Theft Auto: Vice City. El empeño en esta faceta era considerable, como lo había sido en anteriores entregas. Sin embargo, la marcada peculiaridad de esa época y de ese lugar daba otra dimensión al resultado que mostraban los dos títulos ambientados en esta ciudad.
Finalmente, y pese a que las virtudes para un juego encorsetado dentro de las limitaciones de un hardware reducido eran enormes, ciertos defectos se venían arrastrando si teníamos en cuenta la alargada sombra que proyectaba Grand Theft Auto: San Andres. Ya no sólo era que la arquitectura de la consola limitara el manejo con la carencia antes comentada de un segundo “stick”, sino que las opciones de personalización y la variedad de situaciones no llegaban a ese nivel, aunque seguían siendo destacables.
De esta manera se cerraba todo un capítulo generacional de forma un tanto inesperada. Tal vez muchos esperaran una última entrega que siguiera los pasos de esta sucesión de “Stories” que había propuesto Rockstar Leeds, y que culminara con una aventura en Los Santos, pero esto nunca ocurrió. Ambos juegos fueron trasladados a la consola de sobremesa de Sony, eso sí, aunque se renunciaba en sus versiones a una faceta online que, pese a no ser demasiado destacable hasta ese momento, les otorgaba una ventaja competitiva remarcable con respecto a los otros títulos. El siguiente juego en PSP sería el último para esta portátil y rompería cierta línea trazada, pero sobre todo estaría enmarcado en un ambiente radicalmente distinto al visto hasta la fecha.
Retrospectiva de la andadura de Rockstar desde sus inicios hasta la inminente salida de Grand Theft Auto V. Primera parte.
Grand Theft Auto: Liberty City Stories y Grand Theft Auto: Vice City Stories. El primer paso por PSP
Liberty City Stories
Hablábamos antes del enfoque que el reportaje recibía. Esa relación innegable que ha unido el destino de Sony y Rockstar de manera tan peculiar, aunque los juegos de ésta última hayan acabado en otras plataformas, como es normal. La revolución que la primera consola PlayStation supuso y la amplia difusión que PlayStation 2 disfrutó, provocó una coexistencia simbiótica totalmente necesaria, y de la cual ambas compañías se beneficiarían mutuamente. Hay ciertos juegos que per se son asociados de manera inconsciente a una consola y un momento en concreto, y los títulos comentados anteriormente (sobre todo los dos últimos) han albergado esta sensación.
Por ese motivo, cuando Sony emprendió el camino de las consolas portátiles por primera vez, pocas dudas habían sobre el elemento necesario para hacer de este hardware algo deseable. PSP aparecía en Europa a punto de iniciarse el equinoccio de otoño con un catálogo bastante estandarizado, pero con la promesa de un Grand Theft AutoA sólo dos meses después. ¿Qué mejor manera podría haber que lanzar una nueva consola con una entrega de esta saga en plena campaña de Navidad? Grand Theft Auto: Liberty City Stories aparecía en escena con la promesa de desarrollar toda la grandiosidad característica de la franquicia en un dispositivo que cupiera en el bolsillo.
Así se presentaba el panorama para volver a Liberty City, la ciudad protagonista del salto a las tres dimensiones que revolucionaría el concepto creado por Rockstar. Sin embargo, lo haríamos en toda una analepsis referida a aquella tercera entrega numérica, con un protagonista que aparecía en aquel mismo juego como personaje secundario. Toni Cirpriani volvía a la ciudad después de mantenerse alejado de ella durante más de cuatro años por asuntos un tanto oscuros, recurriendo a los orígenes de su actividad criminal para volver a integraste en el entramado mafioso.
El objetivo no sería demasiado nuevo en lo que habíamos visto en la saga hasta el momento. Salvatore Leone acogería al hijo pródigo para encomendarle la difícil tarea de ayudar a devolverle el control de las calles de Liberty City a la familia. Para ello, Vincenzo Cilli tutelaría nuestras acciones en un clima un tanto hostil –por llamarlo de alguna manera–, pues las diferentes bandas con innegables distinciones raciales se inmiscuirían en una lucha global para tratar de hacerse con ese poder al que nosotros aspirábamos a llegar.
De nuevo, iríamos ascendiendo por esos imaginarios escalones del crimen para intentar llegar a ser una personalidad relevante dentro de la familia “napolitana”. Eso nos llevaría a desenvolvernos por los bajos fondos con soltura, realizando encargos mundanos y un tanto molestos que terminarían por empujarnos a realizar las tareas más determinantes en ese objetivo final. Todo esto volvía a desplegar una cantidad de misiones principales y secundarias totalmente apabullantes, ofreciendo una durabilidad tan grande como lo era su impacto en la pequeña portátil de Sony.
Porque aunque la personalización y variedad de vehículos se hubiera reducido con respecto a lo que había sido Grand Theft Auto: San Andreas, Liberty City Stories llegaba a estar a medio camino de lo que había ofrecido la tercera entrega y Vice City; y eso para un hardware nuevo y reducido era un logro impresionante. En el aspecto técnico no tenía demasiado que envidiar a sus hermanos mayores, que de por sí ya poseían el reconocimiento global de una crítica que había sabido ver los límites de PS2 con el último Grand Theft Auto. Incluso sus funcionalidades de conectividad favorecían la inclusión de un apartado multijugador por primera vez en la saga, algo que no llegaría a extrapolarse a PlayStation 2 cuando este juego apareciera también en la consola de sobremesa.
Sin embargo, las carencias de interacción que ofrecía el dispositivo sí que recortaban un poco la experiencia. El disponer de un solo “stick” y renunciar a los botones R2 y L2 limitaba mucho la manera de controlar a nuestro personaje. Un defecto que la consola iría arrastrando desde los inicios hasta su final, tanto en cada entrega de Grand Theft Auto como en la mayoría de juegos que necesitaran realizar un amplio manejo de opciones, como era el caso del título que nos ocupa en esta ocasión.
Vice City Stories
De manera casi mimética a lo que pasara entre Grand Theft Auto III y Vice City, sólo transcurriría un año hasta que una nueva entrega de la saga saliera a la venta de nuevo en noviembre, capitaneando el catálogo de PSP de cara a una de las campañas más importantes del año. Y de la misma forma que se imitaba la frecuencia temporal en la expedición del producto, Grand Theft Auto: Vice City Stories se situaría en la Miami que Rockstar había diseñado para aquel segundo juego visto en PlayStation 2. Una secuencia que no se prolongaría más con un tercer juego ambientado en Los Santos, pero que había trazado una curiosa relación.
Incluso volvía atrás en el tiempo para dar cuenta de una historia que protagonizaría Vic Vance dos años antes de los hechos ocurridos en Vice City. El hermano de Lance Vance (uno de los personajes que aparecían en aquella historia) se ve envuelto en una serie de turbios acontecimientos mientras cumple encargos como miembro del ejército estadounidense. El mal entorno que le rodea a nivel familiar y de amistades se ve extendido hacia una corrupción que termina por engullirle, acabando por participar de los planes más inmorales de una autoridad con intereses propios en esta ciudad.
Una urbe que encontraremos cambiada por muchos motivos. No sólo es que descubramos diferencias palpables derivadas del salto atrás en el tiempo que se produce, pues evidentemente notaremos como el proceso de expansión de la ciudad está aún llevándose a cabo de manera constante; sino que volveríamos a experimentar un cambio técnico y artístico que sorprendería a propios y extraños. El universo estaba creado con anterioridad, obviamente, pero de nuevo ver que en el margen de un año se había conseguido recrear otra aventura con su consiguiente salto de calidad, revelaba un trabajo tremendo que volvía a colocar a un título de la saga como máxima referencia en el catálogo de aquella portátil en sus primeros años de vida.
Con respecto a Liberty City Stories se duplicaba la extensión y el tamaño de la ciudad, con lo que la disposición de misiones secundarias también aumentaba. Sin embargo, la novedad de juego más destacable residía básicamente en una capacidad de natación que se recuperaba para la ocasión, pero también en la variedad de vehículos para poder desplazarnos, teniendo ahora la posibilidad de usar transportes aéreos como avionetas y helicópteros. Acompañando a estos peculiares paseos, una banda sonora nuevamente espectacular, pudiendo escuchar temas conocidísimos de parte de grupos tan famosos como los Judas Priest o Kiss, en contraste con iconos del soul como el propio Marvin Gaye.
De nuevo, la ambientación ochentera que tenía lugar en 1984 era lo que más destacaba por encima de cualquier otra cosa. La estética de los protagonistas que intervenían directamente con sus camisas a pecho descubierto y los llamativos trajes de colores, los vehículos característicos de la costa este o las diferentes tiendas que engalanaban las calles, conformaban el mismo efecto contextual que lo hiciera en su día Grand Theft Auto: Vice City. El empeño en esta faceta era considerable, como lo había sido en anteriores entregas. Sin embargo, la marcada peculiaridad de esa época y de ese lugar daba otra dimensión al resultado que mostraban los dos títulos ambientados en esta ciudad.
Finalmente, y pese a que las virtudes para un juego encorsetado dentro de las limitaciones de un hardware reducido eran enormes, ciertos defectos se venían arrastrando si teníamos en cuenta la alargada sombra que proyectaba Grand Theft Auto: San Andres. Ya no sólo era que la arquitectura de la consola limitara el manejo con la carencia antes comentada de un segundo “stick”, sino que las opciones de personalización y la variedad de situaciones no llegaban a ese nivel, aunque seguían siendo destacables.
De esta manera se cerraba todo un capítulo generacional de forma un tanto inesperada. Tal vez muchos esperaran una última entrega que siguiera los pasos de esta sucesión de “Stories” que había propuesto Rockstar Leeds, y que culminara con una aventura en Los Santos, pero esto nunca ocurrió. Ambos juegos fueron trasladados a la consola de sobremesa de Sony, eso sí, aunque se renunciaba en sus versiones a una faceta online que, pese a no ser demasiado destacable hasta ese momento, les otorgaba una ventaja competitiva remarcable con respecto a los otros títulos. El siguiente juego en PSP sería el último para esta portátil y rompería cierta línea trazada, pero sobre todo estaría enmarcado en un ambiente radicalmente distinto al visto hasta la fecha.