InicioInfoExtraña charla en un bondi (propio)
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Buenas noches!
Te prometemos que te vas a sentir identificado con el siguiente post si sufrís algunas de las siguientes patologías:



-Mañana trabajás, temprano.
-Odias la rutina.
-Odias viajar en colectivo a la mañana hasta las manos de gente.
-Sos de quedarte dormido los Lunes.
-Tu jefe es un gordo garca.
-Tu mamá te deprime.
-Tu novia te agobia.
-Nada te conforma.
-La voz de Guido Kazca te resulta sumamente irritante.


Primero que nada, unas publicidades porque de algo tenemos que vivir y figura por contrato que cada posteo nuestro en taringa a partir de ahora tiene que venir auspiciado por algún producto:







Ahora sí, como para ambientar la movida, y ya mandado el chivo vamos directamente al contenido del post, antes, un par de canciones que sirvieron de inspiración a la hora de crear extraña charla en un bondi:





















Sabemos que es una paja total leer algo de Taringa, y más aún a las 12 de la noche, y encima si es Domingo, y si para colmo salió campeón River esta misma noche queremos ver Paso a Paso, asi que no te vamos a pedir que nos leas ya, pero sí podés guardarlo en favoritos, y leerlo algún día; mañana, pasado, dentro de un mes, dentro de un año, dentro de 10. Algún día.
Esto es un escrito nuestro. En 5min les prometemos que se termina de leer, y si al terminarlo les parece una basura, putéenos.








EXTRAÑA CHARLA EN UN BONDI





Estaba fastidioso, el despertador de mi celular nuevamente traicionó mi confianza y arruinó mi rutinaria madrugada previa al tormentoso viaje al trabajo. No llegué a tomarme el café, tampoco a peinarme ni a elegir la ropa. Ni hablar de lavarme los dientes, clavé un Beldent mentolado salvador. Corrí hasta la avenida rogándole al Dios en el que no creo que por favor me ayudase esa vez e hiciera que el puto bondi se retrasara esa mañana. Los laburantes sabemos que ciertas líneas de transporte hacinadoras de humanos a las que muchos llaman colectivo, por la mañana suelen pasar siguiendo un extraño patrón que consiste en que si llegás temprano puede demorar media hora en venir, en cambio, si vas con lo justo de tiempo, el bondi te pasa por la cara y te vas a tener que fumar en pipa el reclamo del gordo hijo de puta de tu jefe quejándose de que otra vez llegás tarde.

En fin, bien sabemos que Dios no existe, o al menos no al que yo le pedí ayuda esa mañana. El bondi pasó frente a mis desilusionados ojos y transpiradas axilas producto de la aceleración de mi pulso cardíaco añadiendo una fichita más a mi mal humor.

Observando como se comenzaba a formar la nueva-próxima interminable fila de gente esperando al colectivo lo vi a Omar, un amigo del conocido de un amigo que por desgracia me vió llegar y por pura moralidad costumbrista social iba a quedar mal si no lo saludaba. Mi cabeza sabía se avecinaba un pésimo viaje en el que íbamos a tener que hablar de temas que a ninguno de los dos nos importaba, pero que igualmente preferíamos hacer eso antes que tener que soportar la horrible incomodidad del silencio, hasta que alguno de los dos se bajara o mejor aún, se perdiera entre los empujones de la gente.

-¿Qué hacés, como va todo?. -Comencé la charla esperando una respuesta que imaginé derivaría en una charla sobre el clima.

-¿Te soy sincero?. Mal. Como el orto. Mi viejo cada día un poquito más imbécil, mi mamá una depresiva devenida en drogadicta de antidepresivos y mi novia una bruja insoportable, encima me quedé dormido y hoy llego tarde al laburo. ¿Vos?.

A la mierda -pensé-. Si existía una forma de resumir en una frase todo lo que estaba sintiendo en mi interior era justamente lo que acababa de escuchar salir de la boca de Omar.

-Estamos en la misma...hoy es un Lunes bien Lunes.

-¿Sabés lo que pasa?. -interrumpió mis palabras, parecía que necesitaba descargarse.-No puede ser que para algo tan básico como viajar al trabajo tengamos que soportar cualquier cosa, lleno de gente por todos lados, apurados, apretados como vacas que viajan al matadero, ¿cómo pretenden que no nos volvamos todos locos?. Está todo hecho para el orto de movida. En principio, tenemos que ganarnos la vida trabajando de algo que no nos gusta, vida que dicho sea de paso no elegimos tener. Porque no fuimos nosotros los que elegimos nacer, fueron nuestros viejos que por error o por no saber que hacer con sus vidas decidieron que aparezcamos, y nos criaron de chiquitos para aprender a soportar esta forma de vida. Más que agradecerles por darnos la vida, los putearía. Me indigna, y conste que no hablo solo de viajar. Me refiero a todo en su conjunto, y cada vez que me levanto la indignación crece otro poquito, un día todo esto me va a superar y voy a largar todo al carajo, ¿sabés?. Me voy a ir a la concha de mi madre lejos de todo y de todos.

-Y si, es todo una mierda, pero la vida es así, no hay con que darle. -Fue lo único que alcancé a decirle, no fue lo más inteligente, pero en verdad no estaba preparado mentalmente a esa hora de la mañana ni en ese ámbito a darle una respuesta adecuada a su indignación. De todos modos, yo sabía que él no esperaba una respuesta mía específica, sólo buscaba seguir descargándose, sin importarle en lo más mínimo a quién le estaba hablando. Daba lo mismo yo que su mejor amigo, que un vecino, y hasta me arriesgo a decir que a su perro. Su cara expresaba con claridad cada una de las palabras que decía, hasta un tipo inglés sin conocimiento de español le hubiese entendido de lo que estaba hablando.

Omar se siguió quejando hasta que tuve que bajarme, se quejó de la rutina, de la vida, de la muerte, de los políticos, de los pacifistas, de los que pasean a los perros y no levantan la mierda, de los que sí la levantan, de los que prefieren de mascotas a los gatos, del colectivero, de los pasajeros, de la sociedad actual y de las antecesoras a ésta. Pese a que ya un poco no soportaba seguir escuchando sus quejas, por dentro sabía que tenía razón en lo que me decía. Todas y cada una de sus indignaciones yo ya las había pensado un sin fin de veces, de hecho creo que todos lo hacemos, aunque a muchos parece no importarles, Omar era de ese tipo de personas que todo lo influía y lo hacía sentir las emociones atravesadas con una intensidad única.

Pasé varios días pensando en la charla que habíamos tenido y a decir verdad, tenía ganas de cruzarlo otra vez alguna mañana rumbo al trabajo, porque cuando escuchás las cosas que pensás salidas de la boca de otra persona te sentís menos solo. Sabés que hay alguien que sufre por las mismas cosas que vos en igual medida. Este hecho no te hace sentir mejor, pero al menos te acompañan en el sentimiento.

Debo admitir que cuando me enteré por el amigo en común que teníamos que Omar se había suicidado, me quedé duro como pan de una semana atrás. Repasé en mi cabeza una y otra vez sus palabras; "..un día todo esto me va a superar y voy a largar todo al carajo, me voy a ir a la concha de mi madre lejos de todo y de todos...". Lo que quería decir con lo de irse al carajo no era viajar de mochilero por el Mundo, ni exiliarse en el campo cosechando tomates; se quería matar. Nadie lo entendió, y no lo supieron escuchar a tiempo. Sentí un poco de culpa por no haberlo entendido yo tampoco y al menos haberle tirado algún comentario positivo en medio de tanto pesimismo que lo rodeaba. Lavé mi culpa en parte porque cualquier cosa que le hubiese dicho en una charla efímera dentro de un colectivo no lo hubiera ayudado a solucionar su problema de personalidad existencial, y de todas formas no era yo quien debía ayudarlo, sino su familia, sus amigos, su gente cercana.

Mundo loco -pensé-. ¿Por qué teniendo la posibilidad de elegir cualquier camino, cualquier destino, algunos optan por el suicidio?. ¿Cómo llega alguien a sentirse tan abatido que no ve salida alguna, por más arriesgada o loca que sea?. Coincido en que la vida es una mierda, sí. Nadie descubre nada nuevo diciendo esto, los grandes pensadores llegaron a la misma conclusión siglos atrás. Entonces, ¿matarse es realmente una salida?. ¿No es acaso la muerte lo que hace que todo el accionar de nuestras vidas carezca de sentido?. Digo, hagamos lo que hagamos al cabo de un determinado lapso de tiempo irremediablemente seremos olvidados, todo lo que hayamos hecho en vida no será recordado. Pasaremos al plano de la no existencia, a formar parte del infinito número de desconocidos que habitaron esta tierra y que sin más se fueron. Atrás quedarán las penas y las glorias, los triunfos y los fracasos.

Ninguna victoria es tal si la enmarcamos en el real y a la vez para algunos cruel concepto de que la vida algún día se termina para todos. El peón y el Rey terminado el juego vuelven a la misma caja. Lo mismo sucede con las derrotas, nada en verdad es tan malo como parece. Y si es así, entregarnos en bandeja a la muerte, ¿tiene algún sentido?, ¿Porqué no seguir jugando el juego del sin sentido hasta que la madre de los sin sentidos venga por nosotros?. ¿Existe acaso algún objeto real por ejemplo, en ser buena o mala persona?. ¿Tiene algún sentido preguntarse si las cosas poseen -valga la redundancia- sentido, perdiendo tiempo de vida en la infinita incertidumbre, sabiendo que nunca llegaremos a una respuesta concisa que nos satisfaga, porque la respuesta es justamente que todo ésto no tiene respuesta?.

¿Puede alguien decirme; me voy a comer tu dolor?, preguntaba el gran poeta argentino. Para Omar lamentablemente no hubo quien se lo comiera. Tal vez el secreto para todos los que entendemos la vida como sinónimo de angustia sea ese; tener quien se coma tus dolores, y comer a su vez del dolor ajeno, haciendo de esta manera un poquito más llevadero nuestro paso por lo increíblemente incomprensible que nos resulta el Mundo.

No recuerdo con exactitud cuanto tiempo es que pasó desde el día su suicidio, sinceramente pueden haber pasado dos días o incluso meses. Tengo en mi mano el arrugado manuscrito con las últimas palabras de Omar -me da vergüenza hasta decir como es que lo he conseguido-, que ya casi conozco de memoria:

“Concursos televisivos en donde adultos juegan juegos de niños. Aceptación de los participantes de su propia condición de imbéciles.
Al verlos reflexiono; no hay nada peor que un imbécil conforme, en una ciudad repleta de adultos vacíos que nada me despiertan más que ganas de trasladarme hacia otro escenario.
Después de todo, en tierras áridas nada florece, a excepción claro, de esos aburridos cactus que por naturaleza lastiman si se los intenta tocar, mientras se pasan su vida acumulando la miseria de agua que pueden obtener de su alrededor.
No sé a donde ir, no estoy seguro de que ese lugar exista realmente. Después de todo, no me engaño y sé que soy solo un imbécil más.
El cuerpo se oxida y la mente naufraga comprendiendo a su paso que aquel bote parece finalmente no tener un destino marcado.”

Lo miro y espero, lo guardo y lo saco de nuevo. Repito esta secuencia hace ya unas cuantas horas y me doy cuenta que estoy más cerca que nunca de aquel que antes creí estar tan alejado y esa idea me aterra. Ahí viene. A toda marcha se acerca y creo que mi punto final está a punto de escribirse. Perdónenme o al menos intenten hacerlo, sé que es difícil. Los quiero.





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