Meditando en el Salmo 1.
por pastor Daniel Brito
Salmo 1:1 dice: «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos.» — Nueva Versión Internacional
Los Salmos contienen una belleza doctrinal inmensa para nuestras vidas, y este primer Salmo, comienza con una Bienaventuranza, así como el Sermón del Monte. El gran predicador del siglo 19, C.H. Spurgeon en su introducción a su comentario de los Salmos, dice:
“El deseo del Salmista es enseñarnos el camino a la bienaventuranza y advertirnos de la destrucción segura de los pecadores. Éste es, pues, el asunto del primer Salmo, que puede ser considerado, en ciertos aspectos, como el texto sobre el cual el conjunto de los Salmos forma un sermón divino. C.H.S.”¹
El Salmo comienza con un “dichoso,” “ bienaventurado,” o “feliz.” No es una dicha, o una felicidad por haber heredado una fortuna, o haber recibido una buena noticia. Es una condición, y es un don de Dios, donde el justo es dichoso o bienaventurado aunque en un momento no se sienta feliz. Muy diferente a la felicidad que el mundo ofrece, y que es subjetiva y sujeta a los sentimientos.
Fuera de la bendición de Dios, todo es como dice Eclesiastés 1:2 “…vanidad de vanidades.”, pero con la bendición de Dios, el justo es dichoso, o bienaventurado. Notemos tres cosas sobre lo que dice este primer versículo de este Salmo.
1. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malos. -Me gusta esta traducción que dice “sigue” y no “anduvo” como dice la Reina Valera. Porque “anduvo” es en el pasado, y es algo que todo creyente ha dejado atrás al ser lavado en la Sangre de JESUCRISTO. No sigue, o sea que no le pone atención, porque ha hecho una decisión, y por eso, no se deja convencer por los impíos o por la tentación para cometer pecado. Es claro que la vida del creyente está marcada por decisiones, y en este caso, el resultado es ser dichoso o bienaventurado.
2. El segundo es que ni se detiene, o sea que no solamente no sigue, sino que no “pausa” para observar si le gusta o no. Claramente que el creyente debe entender que la tentación viene por los ojos, oídos y el tacto. Debemos cuidar lo que vemos en la televisión, o en las películas, la música, en el internet, en los juegos de videos, etc.
3. El tercero es que ni cultiva la amistad de los blasfemos. – La Biblia de las Américas dice: “Ni se sienta en la silla de los escarnecedores.” No cultiva, o no se sienta con los blasfemos, o los burladores. El creyente debe saber escoger bien sus amistades y, con quien se asocia. 2 Corintios 6:14 dice: «No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad?»
La razón es que el que se sienta en la “silla”, o “cultiva” la amistad de los blasfemos, se va a contagiar con lo que ellos dicen o hacen, y cuando se contagia, comienza a hacer lo mismo que ellos. Concluimos con unas palabras de Spurgeon.
“Cuando los hombres viven en el pecado, van de mal en peor. Al comienzo andan meramente en el consejo de los descuidados e impíos, que no se preocupan de Dios – el mal es más bien de carácter práctico que habitual -, pero después de esto se habitúan al mal y andan en el camino de los pecadores declarados que voluntariamente quebrantan los mandamientos de Dios; y si se les deja solos, van un paso adelante y se vuelven maestros y tentadores deplorables respecto a los demás, y con ello se sientan en la silla de los escarnecedores. Se han graduado en el vicio, y como verdaderos doctores de condenación, se les ha concedido el título, y los demás les consideran como maestros en Belial. Pero el hombre bienaventurado, el hombre que posee todas las bendiciones de Dios, no puede tener contacto con personajes de esta clase, Se mantiene puro y libre de estos leprosos; aparta las maldades de él como vestidos manchados por la carne; sale de entre los perversos y se va fuera del campamento llevando el reproche de Cristo. ¡Oh, si pudiéramos tener gracia para mantenernos separados así de los pecadores!” (Spurgeon.)
Que Dios les bendiga.
Notas:
¹C.H. Spurgeon, El Tesoro de David, tomo 1, p. 14, editorial CLIE.
*Daniel Brito es co-Pastor de la Iglesia Iberoamérica*
por pastor Daniel Brito
Salmo 1:1 dice: «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos.» — Nueva Versión Internacional
Los Salmos contienen una belleza doctrinal inmensa para nuestras vidas, y este primer Salmo, comienza con una Bienaventuranza, así como el Sermón del Monte. El gran predicador del siglo 19, C.H. Spurgeon en su introducción a su comentario de los Salmos, dice:
“El deseo del Salmista es enseñarnos el camino a la bienaventuranza y advertirnos de la destrucción segura de los pecadores. Éste es, pues, el asunto del primer Salmo, que puede ser considerado, en ciertos aspectos, como el texto sobre el cual el conjunto de los Salmos forma un sermón divino. C.H.S.”¹
El Salmo comienza con un “dichoso,” “ bienaventurado,” o “feliz.” No es una dicha, o una felicidad por haber heredado una fortuna, o haber recibido una buena noticia. Es una condición, y es un don de Dios, donde el justo es dichoso o bienaventurado aunque en un momento no se sienta feliz. Muy diferente a la felicidad que el mundo ofrece, y que es subjetiva y sujeta a los sentimientos.
Fuera de la bendición de Dios, todo es como dice Eclesiastés 1:2 “…vanidad de vanidades.”, pero con la bendición de Dios, el justo es dichoso, o bienaventurado. Notemos tres cosas sobre lo que dice este primer versículo de este Salmo.
1. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malos. -Me gusta esta traducción que dice “sigue” y no “anduvo” como dice la Reina Valera. Porque “anduvo” es en el pasado, y es algo que todo creyente ha dejado atrás al ser lavado en la Sangre de JESUCRISTO. No sigue, o sea que no le pone atención, porque ha hecho una decisión, y por eso, no se deja convencer por los impíos o por la tentación para cometer pecado. Es claro que la vida del creyente está marcada por decisiones, y en este caso, el resultado es ser dichoso o bienaventurado.
2. El segundo es que ni se detiene, o sea que no solamente no sigue, sino que no “pausa” para observar si le gusta o no. Claramente que el creyente debe entender que la tentación viene por los ojos, oídos y el tacto. Debemos cuidar lo que vemos en la televisión, o en las películas, la música, en el internet, en los juegos de videos, etc.
3. El tercero es que ni cultiva la amistad de los blasfemos. – La Biblia de las Américas dice: “Ni se sienta en la silla de los escarnecedores.” No cultiva, o no se sienta con los blasfemos, o los burladores. El creyente debe saber escoger bien sus amistades y, con quien se asocia. 2 Corintios 6:14 dice: «No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad?»
La razón es que el que se sienta en la “silla”, o “cultiva” la amistad de los blasfemos, se va a contagiar con lo que ellos dicen o hacen, y cuando se contagia, comienza a hacer lo mismo que ellos. Concluimos con unas palabras de Spurgeon.
“Cuando los hombres viven en el pecado, van de mal en peor. Al comienzo andan meramente en el consejo de los descuidados e impíos, que no se preocupan de Dios – el mal es más bien de carácter práctico que habitual -, pero después de esto se habitúan al mal y andan en el camino de los pecadores declarados que voluntariamente quebrantan los mandamientos de Dios; y si se les deja solos, van un paso adelante y se vuelven maestros y tentadores deplorables respecto a los demás, y con ello se sientan en la silla de los escarnecedores. Se han graduado en el vicio, y como verdaderos doctores de condenación, se les ha concedido el título, y los demás les consideran como maestros en Belial. Pero el hombre bienaventurado, el hombre que posee todas las bendiciones de Dios, no puede tener contacto con personajes de esta clase, Se mantiene puro y libre de estos leprosos; aparta las maldades de él como vestidos manchados por la carne; sale de entre los perversos y se va fuera del campamento llevando el reproche de Cristo. ¡Oh, si pudiéramos tener gracia para mantenernos separados así de los pecadores!” (Spurgeon.)
Que Dios les bendiga.
Notas:
¹C.H. Spurgeon, El Tesoro de David, tomo 1, p. 14, editorial CLIE.
*Daniel Brito es co-Pastor de la Iglesia Iberoamérica*