Hola a todos, antes que nada, si les gusta la música flashera, escuchense este temita de "El Presidente" una banda que no es muy conocida pero es genial !
Ahora sí, antes del contenido del post propiamente dicho, los dos auspiciantes de Canibalismo:
Sarnicrem, cuando el remedio es peor que la enfermedad:
Comprá como un desquisiado con la nueva tarjeta CasperCard:
Año 2030.
Trompetas suenan 7AM anunciando el despertar de un nuevo día por soldados con ropas de bolchevique, bigotes nacionalsocialistas y patas de rana de buceadores en sus pies, dentro de un traje de astronauta que tiene un hueco en el casco para la entrada de la trompeta a través del vidrio.
Del balcón que está en la cima del edificio más alto, allí donde las nubes se convierten en niebla, salen las tres autoridades más importantes del Gobierno de facto que llevaba ya 25 años de poder.
-Bienvenidos a la buenaventura de un nuevo día como todos los días. –anunciaban –Repleto de instantes únicos, efímeros e intensos que podrán ustedes disfrutar con la salida del Sol en este nuevo amanecer. –escuchaba la sociedad entera el mensaje oficial a través de los parlantes del edificio que se los podía observar como es que comenzaban en planta baja, y uno sobre otro en fila formaban un sinfín de parlantes hasta llegar al último piso, en donde la conexión de los parlantes con el micrófono, que serviría de instrumento para masificar el sonido de las palabras de los autodenominados “tres supremos”.
Unidades móviles computarizadas del ejército nacional recorrían la ciudad, filmando con cámaras los movimientos de los ciudadanos en la calle, todas y cada una de sus más mínimas e íntimas acciones eran registradas por las intrometidas cámaras que todo lo grababan.
Lejos, en la torre de control, una máquina que tenía la capacidad de analizar y comprender el contenido de millones de pantallas que mostraban los accionares de todos los ciudadanos, emitía luego un mensaje a los tres supremos en base a un perfecto software de estadística que arroja un resultado del nivel de comportamiento ciudadano, en donde determina en una escala de 1 al 10 de acuerdo a 15.000x10^10 millones de datos cargados el “buen accionar” o “mal accionar” de la sumatoria de cada individuo. Arrojando también los resultados de quienes estaban fuera del rango de aprobación, si es que existían aquellos.
Los tres supremos se reunían una vez por día en la sala secreta del edificio, en donde se encontraba la pantalla que mostraba el mensaje emitido por la máquina estadística.
A la sala se accedía descendiendo al 10mo tercer subsuelo luego de una serie de 12 subsuelos consecutivos en donde los tres supremos se veían sometidos a intensos exámenes que determinaban múltiples factores sobre ellos mismos, los también llamados “test supremos” habían sido creados como mecanismo de seguridad y autocontrol y realmente cumplían con creces su función.
Al mismo tiempo, en las afueras de las puertas del único Shopping de la ciudad, que consistía en doce pisos repleto de locales de los más diversos, un niño peleaba con otro por un pedazo de pan en el suelo. Los dos estaban hambrientos y el más fuerte acabó por comerse todo el pan.
Los tres supremos, siempre desnudos, atravesaban entonces para llegar al 10mo tercer subsuelo los controles de cada piso, tras del encendido de una luz verde que indicaba que todo estaba correcto y que luego de prenderse, una puerta corrediza de metal abría un enorme ascensor con detalles de oro, repleto de espejos perfectamente limpios que permitían a los supremos observar su propia desnudez desde miles de ángulos.
Contrario al sentido común que indica que allí el pudor se apodera de la situación y deja mostrar el rostro sonrojado de al menos uno de los supremos, ya sea por vergüenza ajena o propia, se creaba en cada uno de los momentos que permanecían encerrados en ese ascensor, un clima bañado en una atmósfera de verdadero olor a poder, éxtasis, inmunidad e impunidad. Eran seres completamente perversos que disfrutaban inmensamente del sabor de sentirse de esa manera.
Dos mujeres compraban en un local del Shopping el nuevo colchón de mercurio, que según la publicidad era el más cómodo, novedoso y multifuncional del mercado. Sus maridos, también de compras, determinaban cual sería la pantalla indicada para formar parte de la sala de estar de su departamento.
El primero de los controles, en el primer subsuelo, les realizaba a los tres supremos una resonancia magnética que una máquina se encargaba de contrastar contra un historial de resonancias hechas anteriormente y comprobaba su idoneidad con las recién sacadas. Luego de ello la luz verde se encendía en señal de aprobación y permitía entonces la continuación del recorrido, trasladándose de un piso a otro en el mismo ascensor.
Un gordo hipertenso en el patio de comidas del Shopping ingería desesperadamente papas fritas compradas en uno de los veinte locales de comidas rápidas atendido por máquinas velozmente programadas para satisfacer al cliente, y añadía a su vez más sal a las papas, estirando de esta manera el momento de devorar la hamburguesa, en una especie de juego de seducción con el pedazo de carne muerta. Hace años que el gordo hipertenso se ha olvidado que alguna vez intentó hacerse vegano por el sufrimiento que le generaba la muerte indiscriminada de animales.
En el segundo control, es decir en el 2do subsuelo, una orgía con menores de edad de ambos sexos los esperaba cada día, y tras realizarlas la cantidad de veces que los supremos dispongan según el ánimo propio de cada ocasión, tomaban una copa del más elaborado vino de laboratorio, dotado de la más perfecta combinación y porcentaje de sustancias alteradoras del sistema nervioso central, depresoras y activadoras del sistema inmune, psicodélicas y psicotrópicas a nivel cerebral. Luego del cóctel orgía-vino, el control realizaba el análisis que determinaría el grado de satisfacción en ese preciso instante de cada uno de los tres supremos. El resultado; 10. Siempre era el mismo y confirmaba el encendido de una nueva luz verde.
La mujer plástico aguardaba con una ansiedad en la sala de espera del consultorio del Shopping a ser llamada por la máquina cirujano. El olor a desinfectante le resultaba vomitivo pero por alguna extraña razón siempre volvía y jamás se percató de lo contradictorio que resultaba volver dos veces por semana a ser atendida por aquella máquina cirujano con la extensión de la tarjeta de crédito de su repugnante y putrefacto marido 20 años mayor que ella genéticamente, 45 a la vista.
Los controles atravesados por los tres supremos poseían una inmensa diversidad, en la que radicaba lo sofisticado del mecanismo y lo eficaz del desarrollo de los métodos. Eran sencillamente infalibles, y se enorgullecían de ello.
Al llegar al 10mo tercer subsuelo, los esperaba antecediendo a la puerta de ingreso a la sala, una máquina que de arrojar un resultado negativo lograría liberar una cantidad de hidrógeno capaz de aniquilar la existencia de vida de una ciudad entera tras explotar por su combustión. Telepáticamente, la máquina les consultaba cual es el objetivo de la vida para ellos, y analizaba lo que las tres conciencias pensaban al escuchar su pregunta, de manera que ninguno de ellos tres pueda manipular sus verdaderas intenciones más íntimas, y de esta manera ocultar en su raciocinio el sincero deseo mientras arrojan una mentira como respuesta expresada a través de sus propias palabras. Naturalmente, otra luz verde confirmaba la autorización del paso y la enorme sala, desprovista de todo mueble, sellada al exterior y tan opaca como muerta y oscura, se extendía ante sus codiciosos ojos.
El empleado del local de juguetes para niños bajaba corriendo las escaleras mecánicas del 5to piso del Shopping que lo acercaban a su lugar de trabajo. Fichaba 10min tarde y le descontaban el presentismo de su sueldo que tanta falta le hacía para pagar el tratamiento de su hermano menor discapacitado. Su sueño era ser músico y su realidad no superaba al del empleado promedio que le regala 72hs semanales a una máquina empleadora que lo contrató tras reconocer en él los patrones de un individuo capaz de dejarse ser explotado con tal de tener un empleo.
El haz de luz emitido por rayo láser desde la máquina conocida como “Madre Sistema” que era lo único que se encontraba en la sala secreta, reconocía a cada uno de los supremos tras su contacto con las huellas digitales de los cinco dedos de ambas manos. Una pantalla tras previa aprobación se encendía y les mostraba el número expresado como resultado de la medición de los comportamientos humanos en su totalidad, y como siempre, los tres supremos se reían tras observar el resultado brindando con otra copa más del mismo vino que once pisos hacia arriba habían tomado.
El dueño del Shopping mientras tanto, ingresaba al mismo en su modernísimo auto por un estacionamiento privado, con su rueda delantera derecha ensangrentada tras atropellar algunos minutos antes el cadáver del niño que murió de hambre luego de que su par con más fuerza se comiera todo el pan rescatado del piso por el que hacía un rato habían competido su propiedad. Ya sentado en su sillón, aspiraba los gérmenes que le daban el característico olor a los billetes de cien, mientras miraba un cuadro ubicado en un costado de uno de sus 25 estantes de su inmensa biblioteca de intelectuales libros jamás leídos. Enfocó su vista en un gordito de la foto de graduación del cuadro, que tenía perdida su mirada hacia una compañerita sumamente bonita, la más linda de su curso. Hoy, una prostituta más de su enorme edén de prostitutas.
Cierta vez, una sombra con forma humana se dejó ver detrás de la pantalla del 10mo tercer subsuelo, allí, en la sala secreta donde nadie entraba ni salía excepto los tres supremos. Los tres, tan confundidos como estupefactos no entendían como eso era posible y al unísono le consultaron a la sombra:
-¿Cómo es posible que hayas entrado?.
-¿Acaso no se dan cuenta?. –respondió con una pregunta la sombra y prosiguió en su respuesta.
–En toda pared existe una grieta, y ciertas sombras no encuentran grieta posible que no le permitan atravesarlas. Ustedes se han equivocado, y lo descubrí.
-¿Y a qué es que venís?. –dijo uno de los supremos, que parecía ser el primero en reconocer y aceptar su propio error.
-Las máquinas fueron diseñadas para analizar, cuantificar y determinar todo lo relacionado a estructuras orgánicas que comprenden al ser humano. La nueva era entonces, viene a ponerle fin a la antigua nueva era, es decir, la de ustedes y sus máquinas.
Los tres supremos se miraron y comprendieron que este podría ser el fin. Intentaron convencer a la sombra con lo último de esperanza que les quedaba tras el desmoronamiento del muro de su inmenso poder, y le propusieron en vano una especie de sugerencia.
-Si nosotros morimos, el sistema de control del edificio está diseñado para explotar. Es más, ni siquiera con solo morir, si en veinte minutos el sistema detecta infelicidad en nuestra psiquis; todo explotará también. Es mejor que tengas cuidado con lo que intentes hacer. –dijo el segundo de los supremos.
-Te dejamos salir sano y salvo, con vida. En vos está aprovechar o no esta oportunidad que te estamos dando. –añadió el tercero.
-Veo que evidentemente no entienden. –respondió la sombra. –Aunque el ser humano desaparezca, las sombras no necesitamos de ellos para continuar existiendo, mutaremos en distintas formas. Somos la consecuencia de la frustración de su propia especie que se cansó del sometimiento y logró hacerse inmune a ustedes, que se han olvidado del factor común de todas las existencias de vida de la Tierra, es decir, la evolución de los organismos que se adaptan de alguna forma al medio ambiente en el que viven. ¿Qué mejor para esta nueva especie que la ruina de una ciudad para multiplicarnos en millones?, están perdidos. Hagan estallar todo que soy una sombra ansiosa.
El juego por fin se acabó y la nueva era llegó a su fin.
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Ahora sí, antes del contenido del post propiamente dicho, los dos auspiciantes de Canibalismo:
Sarnicrem, cuando el remedio es peor que la enfermedad:
Comprá como un desquisiado con la nueva tarjeta CasperCard:
LAS MAQUINAS DOMINAN EL MUNDO
Año 2030.
Trompetas suenan 7AM anunciando el despertar de un nuevo día por soldados con ropas de bolchevique, bigotes nacionalsocialistas y patas de rana de buceadores en sus pies, dentro de un traje de astronauta que tiene un hueco en el casco para la entrada de la trompeta a través del vidrio.
Del balcón que está en la cima del edificio más alto, allí donde las nubes se convierten en niebla, salen las tres autoridades más importantes del Gobierno de facto que llevaba ya 25 años de poder.
-Bienvenidos a la buenaventura de un nuevo día como todos los días. –anunciaban –Repleto de instantes únicos, efímeros e intensos que podrán ustedes disfrutar con la salida del Sol en este nuevo amanecer. –escuchaba la sociedad entera el mensaje oficial a través de los parlantes del edificio que se los podía observar como es que comenzaban en planta baja, y uno sobre otro en fila formaban un sinfín de parlantes hasta llegar al último piso, en donde la conexión de los parlantes con el micrófono, que serviría de instrumento para masificar el sonido de las palabras de los autodenominados “tres supremos”.
Unidades móviles computarizadas del ejército nacional recorrían la ciudad, filmando con cámaras los movimientos de los ciudadanos en la calle, todas y cada una de sus más mínimas e íntimas acciones eran registradas por las intrometidas cámaras que todo lo grababan.
Lejos, en la torre de control, una máquina que tenía la capacidad de analizar y comprender el contenido de millones de pantallas que mostraban los accionares de todos los ciudadanos, emitía luego un mensaje a los tres supremos en base a un perfecto software de estadística que arroja un resultado del nivel de comportamiento ciudadano, en donde determina en una escala de 1 al 10 de acuerdo a 15.000x10^10 millones de datos cargados el “buen accionar” o “mal accionar” de la sumatoria de cada individuo. Arrojando también los resultados de quienes estaban fuera del rango de aprobación, si es que existían aquellos.
Los tres supremos se reunían una vez por día en la sala secreta del edificio, en donde se encontraba la pantalla que mostraba el mensaje emitido por la máquina estadística.
A la sala se accedía descendiendo al 10mo tercer subsuelo luego de una serie de 12 subsuelos consecutivos en donde los tres supremos se veían sometidos a intensos exámenes que determinaban múltiples factores sobre ellos mismos, los también llamados “test supremos” habían sido creados como mecanismo de seguridad y autocontrol y realmente cumplían con creces su función.
Al mismo tiempo, en las afueras de las puertas del único Shopping de la ciudad, que consistía en doce pisos repleto de locales de los más diversos, un niño peleaba con otro por un pedazo de pan en el suelo. Los dos estaban hambrientos y el más fuerte acabó por comerse todo el pan.
Los tres supremos, siempre desnudos, atravesaban entonces para llegar al 10mo tercer subsuelo los controles de cada piso, tras del encendido de una luz verde que indicaba que todo estaba correcto y que luego de prenderse, una puerta corrediza de metal abría un enorme ascensor con detalles de oro, repleto de espejos perfectamente limpios que permitían a los supremos observar su propia desnudez desde miles de ángulos.
Contrario al sentido común que indica que allí el pudor se apodera de la situación y deja mostrar el rostro sonrojado de al menos uno de los supremos, ya sea por vergüenza ajena o propia, se creaba en cada uno de los momentos que permanecían encerrados en ese ascensor, un clima bañado en una atmósfera de verdadero olor a poder, éxtasis, inmunidad e impunidad. Eran seres completamente perversos que disfrutaban inmensamente del sabor de sentirse de esa manera.
Dos mujeres compraban en un local del Shopping el nuevo colchón de mercurio, que según la publicidad era el más cómodo, novedoso y multifuncional del mercado. Sus maridos, también de compras, determinaban cual sería la pantalla indicada para formar parte de la sala de estar de su departamento.
El primero de los controles, en el primer subsuelo, les realizaba a los tres supremos una resonancia magnética que una máquina se encargaba de contrastar contra un historial de resonancias hechas anteriormente y comprobaba su idoneidad con las recién sacadas. Luego de ello la luz verde se encendía en señal de aprobación y permitía entonces la continuación del recorrido, trasladándose de un piso a otro en el mismo ascensor.
Un gordo hipertenso en el patio de comidas del Shopping ingería desesperadamente papas fritas compradas en uno de los veinte locales de comidas rápidas atendido por máquinas velozmente programadas para satisfacer al cliente, y añadía a su vez más sal a las papas, estirando de esta manera el momento de devorar la hamburguesa, en una especie de juego de seducción con el pedazo de carne muerta. Hace años que el gordo hipertenso se ha olvidado que alguna vez intentó hacerse vegano por el sufrimiento que le generaba la muerte indiscriminada de animales.
En el segundo control, es decir en el 2do subsuelo, una orgía con menores de edad de ambos sexos los esperaba cada día, y tras realizarlas la cantidad de veces que los supremos dispongan según el ánimo propio de cada ocasión, tomaban una copa del más elaborado vino de laboratorio, dotado de la más perfecta combinación y porcentaje de sustancias alteradoras del sistema nervioso central, depresoras y activadoras del sistema inmune, psicodélicas y psicotrópicas a nivel cerebral. Luego del cóctel orgía-vino, el control realizaba el análisis que determinaría el grado de satisfacción en ese preciso instante de cada uno de los tres supremos. El resultado; 10. Siempre era el mismo y confirmaba el encendido de una nueva luz verde.
La mujer plástico aguardaba con una ansiedad en la sala de espera del consultorio del Shopping a ser llamada por la máquina cirujano. El olor a desinfectante le resultaba vomitivo pero por alguna extraña razón siempre volvía y jamás se percató de lo contradictorio que resultaba volver dos veces por semana a ser atendida por aquella máquina cirujano con la extensión de la tarjeta de crédito de su repugnante y putrefacto marido 20 años mayor que ella genéticamente, 45 a la vista.
Los controles atravesados por los tres supremos poseían una inmensa diversidad, en la que radicaba lo sofisticado del mecanismo y lo eficaz del desarrollo de los métodos. Eran sencillamente infalibles, y se enorgullecían de ello.
Al llegar al 10mo tercer subsuelo, los esperaba antecediendo a la puerta de ingreso a la sala, una máquina que de arrojar un resultado negativo lograría liberar una cantidad de hidrógeno capaz de aniquilar la existencia de vida de una ciudad entera tras explotar por su combustión. Telepáticamente, la máquina les consultaba cual es el objetivo de la vida para ellos, y analizaba lo que las tres conciencias pensaban al escuchar su pregunta, de manera que ninguno de ellos tres pueda manipular sus verdaderas intenciones más íntimas, y de esta manera ocultar en su raciocinio el sincero deseo mientras arrojan una mentira como respuesta expresada a través de sus propias palabras. Naturalmente, otra luz verde confirmaba la autorización del paso y la enorme sala, desprovista de todo mueble, sellada al exterior y tan opaca como muerta y oscura, se extendía ante sus codiciosos ojos.
El empleado del local de juguetes para niños bajaba corriendo las escaleras mecánicas del 5to piso del Shopping que lo acercaban a su lugar de trabajo. Fichaba 10min tarde y le descontaban el presentismo de su sueldo que tanta falta le hacía para pagar el tratamiento de su hermano menor discapacitado. Su sueño era ser músico y su realidad no superaba al del empleado promedio que le regala 72hs semanales a una máquina empleadora que lo contrató tras reconocer en él los patrones de un individuo capaz de dejarse ser explotado con tal de tener un empleo.
El haz de luz emitido por rayo láser desde la máquina conocida como “Madre Sistema” que era lo único que se encontraba en la sala secreta, reconocía a cada uno de los supremos tras su contacto con las huellas digitales de los cinco dedos de ambas manos. Una pantalla tras previa aprobación se encendía y les mostraba el número expresado como resultado de la medición de los comportamientos humanos en su totalidad, y como siempre, los tres supremos se reían tras observar el resultado brindando con otra copa más del mismo vino que once pisos hacia arriba habían tomado.
El dueño del Shopping mientras tanto, ingresaba al mismo en su modernísimo auto por un estacionamiento privado, con su rueda delantera derecha ensangrentada tras atropellar algunos minutos antes el cadáver del niño que murió de hambre luego de que su par con más fuerza se comiera todo el pan rescatado del piso por el que hacía un rato habían competido su propiedad. Ya sentado en su sillón, aspiraba los gérmenes que le daban el característico olor a los billetes de cien, mientras miraba un cuadro ubicado en un costado de uno de sus 25 estantes de su inmensa biblioteca de intelectuales libros jamás leídos. Enfocó su vista en un gordito de la foto de graduación del cuadro, que tenía perdida su mirada hacia una compañerita sumamente bonita, la más linda de su curso. Hoy, una prostituta más de su enorme edén de prostitutas.
Cierta vez, una sombra con forma humana se dejó ver detrás de la pantalla del 10mo tercer subsuelo, allí, en la sala secreta donde nadie entraba ni salía excepto los tres supremos. Los tres, tan confundidos como estupefactos no entendían como eso era posible y al unísono le consultaron a la sombra:
-¿Cómo es posible que hayas entrado?.
-¿Acaso no se dan cuenta?. –respondió con una pregunta la sombra y prosiguió en su respuesta.
–En toda pared existe una grieta, y ciertas sombras no encuentran grieta posible que no le permitan atravesarlas. Ustedes se han equivocado, y lo descubrí.
-¿Y a qué es que venís?. –dijo uno de los supremos, que parecía ser el primero en reconocer y aceptar su propio error.
-Las máquinas fueron diseñadas para analizar, cuantificar y determinar todo lo relacionado a estructuras orgánicas que comprenden al ser humano. La nueva era entonces, viene a ponerle fin a la antigua nueva era, es decir, la de ustedes y sus máquinas.
Los tres supremos se miraron y comprendieron que este podría ser el fin. Intentaron convencer a la sombra con lo último de esperanza que les quedaba tras el desmoronamiento del muro de su inmenso poder, y le propusieron en vano una especie de sugerencia.
-Si nosotros morimos, el sistema de control del edificio está diseñado para explotar. Es más, ni siquiera con solo morir, si en veinte minutos el sistema detecta infelicidad en nuestra psiquis; todo explotará también. Es mejor que tengas cuidado con lo que intentes hacer. –dijo el segundo de los supremos.
-Te dejamos salir sano y salvo, con vida. En vos está aprovechar o no esta oportunidad que te estamos dando. –añadió el tercero.
-Veo que evidentemente no entienden. –respondió la sombra. –Aunque el ser humano desaparezca, las sombras no necesitamos de ellos para continuar existiendo, mutaremos en distintas formas. Somos la consecuencia de la frustración de su propia especie que se cansó del sometimiento y logró hacerse inmune a ustedes, que se han olvidado del factor común de todas las existencias de vida de la Tierra, es decir, la evolución de los organismos que se adaptan de alguna forma al medio ambiente en el que viven. ¿Qué mejor para esta nueva especie que la ruina de una ciudad para multiplicarnos en millones?, están perdidos. Hagan estallar todo que soy una sombra ansiosa.
El juego por fin se acabó y la nueva era llegó a su fin.
SI TE GUSTO ALGO DE LO QUE LEISTE, Y TENES GANAS, DALE "ME GUSTA" EN FACEBOOK A "CANIBALISMO CEREBRAL"