InicioInfoLa crueldad de la guerra civil española

La crueldad de la guerra civil española

Info8/14/2013
Jay Allen
«Matanza de 4000 personas en Badajoz, “Ciudad de los horrores“,
contada por el corresponsal del Tribune»
Chicago Tribune, 30 de agosto de 1936



Las tropas marroquíes y los curtidos y experimentados legionarios de Yagüe acaban de conquistar la ciudad de Badajoz. La resistencia en la capital extremeña ha podido durar escasamente un día. Defendida por unos cuantos milicianos mal armados y peor entrenados y algunos soldados republicanos, su destino estaba escrito tras sufrir los crueles bombardeos de la aviación alemana e italiana a las órdenes de Franco y del fuego artillero de las numerosas piezas a disposición de Yagüe.





Furiosos por las numerosas bajas sufridas a manos de tan escasamente preparado enemigo, los moros y los legionarios se extienden por la ciudad comenzando una matanza salvaje e indiscriminada, violando, torturando y degollando con las bayonetas a todo el que se cruza en su camino.



Una orgía imparable de sangre recorría la ciudad de Badajoz y sus alrededores. Perseguían a los republicanos por las azoteas, cazándolos como a moscas, haciendo apuestas entre tropas moras, falangistas y legionarios; los marcaban a hierro como a las vacas. Manuel Ramallo y Antonio Almeida Segura, destacados falangistas, iban a por todas, dirigiendo y ejecutando torturas y asesinatos, mientras la Autoridad Militar jaleaba sus crímenes. En la Plaza de Menacho, los moros que integraban la Columna de Asensio, se divertían abriéndoles el cuerpo a los detenidos antes de matarlos y, aún vivos, les cortaban la cabeza y las metían en el propio cadáver del asesinado.



Mientras, en la Plaza de Toros iba a comenzar la ”fiesta”. En el tendido, junto a la barrera, habían instalado unos focos para iluminar la arena. Allí estaban atemorizados todos los presos republicanos.

Las ametralladoras habían sido fijadas en las contrabarreras del toril. Para este espectáculo hubo entradas e invitaciones, a él acudieron señoritos de Andalucía y de Extremadura, terratenientes sedientos de venganza y falangistas de reciente camisa; también acudieron invitadas respetables y “piadosas” damas. Asimismo, numerosos eclesiásticos, virtuosos frailes y monjas aplaudían entusiasmados.

Uno de los jefes moros, Muley Racbid, que se distinguía por su fiereza, se vistió de torero sin quitarse sus sempiternos atuendos. Con la bayoneta a modo de estoque, jaleaba a los prisioneros como si de reses bravas se trataran; y terminaba su faena clavándole el hierro en el cuello o en la cara. Así, bestialmente, acababa con ellos mientras los invitados aplaudían cada faena, coreando "olés" a los asesinos.

A primeras horas del día 15, el espectáculo continuaba. Entonces, Juan Gallardo Bermejo, miliciano preso, se lanzó sobre un legionario que lo toreaba y, después de arrebatarle la bayoneta, lo mató allí mismo. En ese momento, moros y legionarios se retiraron del coso. Sin esperar un minuto, empezaron a tronar las ametralladoras, mientras se oían el grito colectivo de los milicianos, mezclando los chillidos de horror con vivas a la República y a Extremadura socialista.



Los montones de muertos son enterrados en grandes fosas comunes, abiertas por presos que todavía quedaban vivos.

A la mañana siguiente, antes de que se hiciera de día, una nueva hornada de presos llenaba ya el coso de la Plaza de Toros. Badajoz no dormía, mientras aquella orgía sanguinaria continuaba sin parar; Se ponen en funcionamiento de nuevo las ametralladoras.

Eran casi las ocho cuando habían rematado definitivamente su faena; unos moros repasaban los cadáveres uno a uno para arrebatarles todos los anillos , las medallas, los dientes de oro y cada una de las prendas que les gustaban; cuando no podían sacarles el aro de oro de un dedo, lo cortaban con el machete y, aún ensangrentado, lo guardaban en su mochila. Le abrían la boca al cadáver y si tenía dentadura de oro, se la arrancaban con la hoja de su bayoneta.



Sin embargo los fascistas no habían contado con la prensa internacional. entraron, Al menos, cinco periodistas consiguieron entrar en Badajoz: Jacques Berthet, de Le Temps; Mario Neves, del Diario de Lisboa; otro francés llamado Marcel Dany, de la Agencia Havas; el norteamericano John T. Whitaker, del New York Herald Tribune; el fotógrafo y camerógrafo francés René Bru y, poco más tarde, Jay Allen, del Chicago Tribune y del News Chronicle. Todos ellos hablaron de las matanzas de Badajoz.

El domingo 16 de agosto, Le Populaire y Le Temps, en primera plana, y Le Figaro y Paris-Soir, en la página tres, anunciaron los sucesos de Badajoz.

«LOS FASCISTAS ASESINAN A LA POBLACION DE BADAJOZ» era el título de Le Populaire, que poseía la información del enviado de la Agencia Havas, y en su comunicado se pueden leer cosas como éstas: «Los legionarios y los moros continúan ejecutando en masa», «Están teniendo lugar ejecuciones en masa», «Los cadáveres cubren el suelo», «En la plaza del Ayuntamiento yacen los partidarios del Gobierno que fueron ejecutados contra el muro de la catedral», «La sangre corre por las aceras. Por todas partes se encuentran charcos coagulados».



El lunes 17, Le Temps publicaba una crónica de Jacques Berthet, en la que éste daba detalles de la lucha y de la represión en Badajoz: «En estos momentos -escribía el 15 de agosto a las 22,30- alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas (...) Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre (...) Los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, de tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos (...)».

El fotógrafo francés René Bru fue detenido por haber filmado los cadáveres que yacían por las calles y los prisioneros que ingresaban en masa en la Plaza de Toros, y pasó varias semanas en la prisión de Sevilla. Luego, René Bru fue liberado y expulsado de la zona rebelde, pero sus películas y sus fotos se quedaron en poder de los rebeldes.

Por ultimo, el 30 de agosto apareció en el Chicago Tribune el famoso artículo de Jay Allen, que relataba en un estilo crudo y apasionado las matanzas de Badajoz.



El inesperado eco del episodio por la presencia de corresponsales extranjeros marcó un punto de inflexión para los franquistas. Los periodistas fueron duramente presionados para que cambiasen sus crónicas, sin éxito, y en adelante los franquistas se vieron obligados a disimular. Además, algunos sectores que habían apoyado el golpe -en el ámbito estatal e internacional- empezaron a sentirse “incómodos” con tanta sangre.



Se inició así otra fase, en la primavera de 1937. No se dejó de reprimir a la población, pero los paseos y fusilamientos sin trámite dejaron paso a juicios sumarísimos -simulacros de justicia- sin ninguna garantía legal.

Las víctimas pasaron así de la categoría de “desaparecidos” a la de “ajusticiados”.

La diferencia, en el fondo, carece de importancia.


"Dicen que la primera noche la sangre alcanzó un palmo de profundidad. No lo dudo. Allí se asesinó a 1.800 hombres y mujeres en un plazo de 12 horas. En 1.800 cuerpos hay más sangre de la que imaginas"

Jay Allen, Chicago Tribune, 30 de Agosto de 1936.

«Es una espléndida victoria. Antes de avanzar de nuevo, y ayudados por los falangistas, vamos a acabar de limpiar Extremadura».

Juan Yagüe, en declaraciones a Jacques Berthet, de Le Temps, 16 de Agosto de 1936.

"Nos pasaron a la plaza de toros y nos alojaron en unos pasadizos que había por debajo de las gradas. No había más luz que la que pasaba por las ranuras o las aspilleras de las murallas. Al día siguiente empezaron los fusilamientos. El sistema que tenían era el siguiente: entraba un cabo de la Legión, contaba hasta 20, los sacaba al ruedo, donde ya esperaban los guardias civiles que componían el piquete de ejecución. Una vez fusilados, llamaban a algunos para que cargaran los muertos en una camionetilla chica y se los llevaban, creo, al cementerio".

Testimonio de un superviviente, entonces con 15 años, al investigador Francisco Pilo Ortiz, autor del libro que leva como título: "Ellos lo vivieron. Sucesos en Badajoz durante los meses de julio y agosto de 1936, narrados por personas que los presenciaron".

"A eso de las tres y media de la mañana llegamos a la plaza de toros. Me fijé que en los chiqueros había mucha gente vigilada por los legionarios. Muchos gritaban y lloraban. Dentro del ruedo había varios muertos en fila y nos dijeron que los cargáramos en el camión y los lleváramos al cementerio. Al salir por Puerta Pilar también había muchos muertos aquí y allí, desparramados por el campo. Muchos de ellos eran moros. Cuando llegamos [al cementerio] un paisano nos dijo que descargáramos lo que llevábamos al otro lado del camino. El enterrador decía que no sabía qué iba a hacer con tantos muertos, que no tenía preparadas tantas tumbas. Nos dijeron que volviéramos a la plaza de toros y así lo hicimos. Dentro de la plaza había esta vez más muertos, un montón aquí y otro más allá [...] Aquel día dimos lo menos seis viajes. Al día siguiente dimos cuatro o cinco viajes. En el primer viaje me fijé que los habían colocado a los muertos [en el cementerio] unos encima de otros, formando un montón. Cuando dimos el segundo viaje ya les habían dado fuego. Aquello era espantoso. El olor era terrible y algunos muertos parecía como si se quejaran cuando ardían. Ese día 15 y los que siguieron se mató a mucha gente en Badajoz, aunque no podría decir a cuántos..."

Testimonio -recogido, como el anterior, por Francisco Pilo Ortiz en su libro "Ellos lo vivieron"- de un hombre que en la madrugada del 14 al 15 recibió una orden sobrecogedora: cargar cadáveres en un camión y llevarlos desde la plaza de toros al cementerio
Datos archivados del Taringa! original
15puntos
411visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

a
Usuario
Puntos0
Posts16
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.