
[font=Trebuchet MS]Tenemos una tendencia muy fuerte a considerar que si un suceso B está precedido en el tiempo por un suceso A es porque A ha causado B, sobre todo si la conexión temporal entre A y B ha sucedido en más de una ocasión. Es un error de razonamiento muy frecuente conocido como falacia post hoc ergo propter hoc.
La superstición está detrás de muchas pseudomedicinas, por mucho que sus adeptos y practicantes nieguen la mayor. He aquí una viñeta que lo deja meridianamente claro:
Evidentemente, una gran parte de las personas que tomen cartílago no padecerán la enfermedad (tampoco la hubieran padecido sin tomarlo), lo que supone una importante publicidad del producto. En este caso la relación no es temporal, pero es una falacia similar a la post hoc ergo propter hoc conocida (perdón por tanto latinajo) como cum hoc ergo propter hoc, que consiste en asumir que dos sucesos mantienen una relación causa-efecto si se dan juntos.
El “a mí me funciona” tan popular entre los usuarios de las pseudomedicinas sí que es un caso de la falacia post… en el sentido estricto: padezco un episodio alérgico, voy a mi terapeuta alternativo, sigo sus indicaciones y termino curado: es la “medicina” alternativa la que me ha curado, ¿no es así? ¡Qué bien funcionan estas timomedicinas en enfermedades con episodios agudos que se desvanecen por sí solos en unos días, o en enfermedades leves que duran menos de una semana!
La mágica ley de las similitudes de la homeopatía es otro ejemplo flagrante de superstición pura y dura. Según dicha ley, si una sustancia provoca una serie de síntomas en una persona sana, la misma sustancia tendrá efectos curativos sobre aquella persona que presenta síntomas similares. ¿Por qué? “Porque yo lo valgo”, parece ser que afirmó Hahnemman, aquel señor que se sacó la homeopatía de la chistera. De la ley de las similitudes se derivan estupideces como utilizar cebolla para tratar el resfriado y la fiebre del heno, afecciones que se manifiestan con mocos y lagrimeo, o muro de Berlín como remedio contra los sentimientos de opresión y angustia.
De verdad de la buena: podéis disfrutar de lo lindo con estos y otros ejemplos de fantástica (por lo de fantasía) homeopatía en la charla de Fernando Frías en Bilbao Amazings 2011.
Más magia representativa, más magia a lo Harry Potter, más superstición: las flores de Bach, esa aromática colección de esencias florales inventada por don Edward Bach para luchar contra la causa de un montón de enfermedades: los trastornos entre el alma y la personalidad. (Como todo buen gurú era un hombre muy modesto: “La gente como nosotros que ha saboreado la gloria del sacrificio, la gloria de ayudar a nuestros hermanos, una vez que se nos ha dado una joya de tal magnitud, nada puede apartarnos de nuestro camino de amor y de deber para mostrar al mundo su brillo puro y sin adornos”).
¿En qué se basa la terapia de las flores de Bach? En la teoría de las signaturas: las plantas llevan el signo de sus virtudes inscrito en su aspecto. Valga un ejemplo: la hepática tiene unas hojas cuya forma trilobulada recuerda a la del hígado (de ahí su nombre). Según esta teoría, por tanto, la hepática va fenomenal para tratar los males del hígado.
Este tipo de asociación mágica entre las formas, esta “medicina representativa”, aparece en otras pseudomedicinas. Por ejemplo, en la auriculoterapia, una variante de esa presunta medicina tradicional china conocida como acupuntura, pero que se centra en el pabellón auditivo externo, oreja para los amigos.
En una web del ramo aseguran que la auriculoterapia consigue “curar muchas afecciones (como jaquecas, lumbago, ciática, todas las dolencias artríticas, depresión, melancolía y tristeza profunda, falta de apetito, insomnio, problemas hepáticos y digestivos, impotencia entre otros) de forma eficaz con sólo estimular ciertos puntos de la oreja”.
¿Cuál es el fundamento fisiológico de tan peculiar tratamiento? Que la forma de la oreja recuerda la de un feto humano en las fases finales de la gestación. Ahí va una prueba que nadie debe ignorar:
Baste mencionar la anatheóresis, que con ese nombre tan heleno se refiere a una psicoterapia creada por el español Joaquín Grau, y que “tiene sus fundamentos en los distintos ritmos cerebrales -fundamentalmente emocionales- que condicionan nuestra percepción en el transcurso de nuestra fase de crecimiento, desde el momento en que somos concebidos hasta los siete a doce años en que la frecuencia cerebral es ya de ritmos beta maduros”. Desde la concepción… y más atrás. Según el señor Grau, magia potagia: “Si bien es cierto que utilizo, en algunos casos, una estrategia basada en vidas anteriores, ello tiene una razón puramente escenográfica, no doctrinal”.
Un último ejemplo, para ir terminando y no aburrir, que el tema daría para más, no crean. La iridología, otra forma de magiamedicina, esta vez en forma de diagnóstico, tiene su puntito de romanticismo: si los ojos son las “ventanas” a través de las cuales vemos el mundo, para los iridólogos, ¡ale hop! por las mismas “ventanas” se puede mirar al interior de la persona y ver así el estado funcional y de salud del paciente. Unas ventanas muy panorámicas, ya que el iris “nos muestra nuestros patrones genéticos, e incluso, nuestra tendencia psicológica. El iris es, por tanto, una importante fuente de información revelada a través de sus signos, formas y colores”.
En fin, creo que va quedando claro que vale la pena considerar que si no ponemos un poco de atención, es muy fácil que nuestro cerebro, a la hora de establecer relaciones causa-efecto, no sea más eficiente que el de una humilde paloma. Y claro, hay quien siempre está dispuesto a aprovechar la coyuntura para sacar tajada. Quedan ustedes advertidos.
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Gracias por pasar, espero que les haya gustado.