Israel inició en junio de 2002 la edificación de este muro, que atraviesa en gran parte la Cisjordania ocupada y que a su término debería extenderse a lo largo de 712 kilómetros, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
En 2013, ya estaba construido el 62% de este muro de hormigón de hasta nueve metros de altura, compuesto de alambradas, zanjas, carreteras y sensores electrónicos.
En Belén, las imponentes paredes grises cubiertas de grafitis de contenido político y de arte callejero se convirtieron en un lugar de peregrinación para los militantes de todo el mundo.
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya exigió en 2004 su desmantelamiento, al considerar su construcción "contraria al derecho internacional". La Asamblea General de Naciones Unidas también pidió su demolición.
Israel justifica su edificación como un medio para frenar los atentados palestinos en su territorio o contra los colonos judíos y para detener la "infiltración" de palestinos en Jerusalén Este, sector de mayoría árabe ocupado y anexionado por el Estado hebreo.
El gobierno del general Ariel Sharon concibió este proyecto, uno de los más costosos de Israel y cuyo presupuesto está estimado en 3.200 millones de dólares (2.350 millones de euros).
Los palestinos lo consideran un símbolo de la ocupación y lo califican de "muro del apartheid", en referencia al régimen segregacionista impuesto por la minoría blanca en Sudáfrica y vigente hasta 1994.
Los dirigentes palestinos señalan también que esta infraestructura perturba gravemente la vida de la población y acusan a Israel de crear así un "bantustán" (reserva étnica) de palestinos.
Según la OCHA, la construcción del muro privará a los palestinos de más de 6.289 hectáreas de su territorio.